martes, 6 de octubre de 2009

“Las venas de América Latina todavía siguen abiertas”

Por: Javier Rodríguez
Entrevista a Eduardo Galeano

Con cabeza de patricio romano y conciencia de tribuno de la plebe, Eduardo Galeano tiene siempre presente una frase de José Martí: “Todas las glorias del mundo caben en un grano de maíz”. Lo dice porque la semana pasada le dieron en Madrid la Medalla de oro del Círculo de Bellas Artes. “Es una alegría, claro. No practico la falsa humildad, pero tampoco me olvido de Martí y me digo: eh, tranquilo, despacito por las piedras”. Al día siguiente, además, recibió un premio de la ONG Save the Children.

A los 69 años, el escritor uruguayo es una piedra en el zapato de los vencedores de la historia, una especie de best seller furtivo de la izquierda. El año pasado, durante la gira española de presentación de su último libro, Espejos. Una historia casi universal (Siglo XXI), abarrotó cada salón de actos que pisó, llegando incluso a desbordar el Auditorio de Galicia, en Santiago de Compostela, con capacidad para 1.000 personas. El próximo día 14 cerrará esta nueva visita a España con una lectura de su obra en el Auditorio Marcelino Camacho de Comisiones Obreras, en Madrid.

Galeano ha conseguido levantar pasiones con libros sin género preciso, pero escritos con un estilo fragmentario y seco que él opone a “la tradición retórica del pecho inflado. Aprendí a disfrutar diciendo más con menos”, dice en su hotel madrileño de siempre, a un paso de la Puerta del Sol. Allí cuenta que su maestro, Juan Carlos Onetti, “que no daba consejos”, le dijo algo que no ha olvidado: “Como era bastante mentiroso, para dar prestigio a sus palabras solía decir que eran proverbios chinos. Un día me soltó: ‘Las únicas palabras dignas de existir son aquéllas mejores que el silencio”.

El autor de Días y noches de amor y guerra lleva años peleándose con el silencio. Ahora se pelea también con el miedo. Más que las elecciones presidenciales que se celebran en Uruguay el 25 de octubre, le interesan los dos plebiscitos que tendrán lugar ese día. Uno pretende derogar la ley que impide castigar a los militares de la dictadura: “El Estado no puede renunciar a hacer justicia porque la impunidad estimula el delito”. Hace 20 años se celebró un referéndum con igual objetivo. Y con mal resultado. “Lanzaron toneladas de bombas de miedo”, cuenta el escritor. “Se decía que si la ley se derogaba volvería la violencia, y la gente votó asustada”.

Aquel primer plebiscito de los años ochenta fue promovido por una comisión en la que, junto a Galeano estaba Mario Benedetti. Desde la muerte de éste, en mayo pasado, su amigo forma parte de la fundación que heredó el legado del poeta para promover la literatura joven: “Era un insólito caso de escritor generoso. El nuestro es un gremio egoísta que ocupa la jaula de los pavos reales. A cada uno le duele el éxito del otro. A Mario no”. Respecto a las reclamaciones del hermano de Be-nedetti, molesto con el testamento, Galeano es diplomático: “Eso está superado. De los líos de herencia no se salva nadie”.

El dinero mezclado con los líos lleva inevitablemente al fútbol, un asunto al que el escritor ha dedicado cientos de páginas, entre ellas, las que forman un clásico de la literatura deportiva: El fútbol a sol y sombra. ¿Es obsceno pagar millones de euros por un jugador? “El fútbol profesional es la industria de entretenimiento más importante del mundo. Además es un deporte que parece religión: la religión de todos los ateos. Lo que hay que tener claro es lo que decía Machado: ahora cualquier necio confunde valor y precio”.

Por otro lado, en el anecdotario diplomático internacional ha quedado grabado el hecho de que Hugo Chávez regalara a Obama el libro más popular (30 ediciones en inglés) del autor montevideano, Las venas abiertas de América Latina, un ensayo de 1971 que su propio autor describe como “una contrahistoria económica y política con fines de divulgación de datos desconocidos”. Y añade: “Lo que describía sigue siendo cierto. El sistema internacional de poder hace que la riqueza se siga alimentando de la pobreza ajena. Sí, las venas de América Latina todavía siguen abiertas”.

Galeano no cree que el presidente de Estados Unidos lo haya leído: “Lo dudo. Fue sólo un gesto. Además, la edición era en español”. La elección de Obama le pareció una victoria contra el racismo, pero le decepcionó que aumentara el presupuesto de Defensa: “Los políticos mejor intencionados terminan presos de una maquinaria que los devora”. ¿Y qué le parece su política hacia Latinoamérica? “Tiene buenas intenciones, pero hay problema de training. Los estadounidenses llevan siglo y medio fabricando dictaduras, y a la hora de entenderse con países democráticos, les cuesta. El desconcierto ante lo que ocurrió en Honduras es una muestra”.

El segundo plebiscito que espera al escritor al volver a casa busca otorgar el voto a los uruguayos que no viven allí, “¡una quinta parte de la población!”. Él mismo tuvo que exiliarse y sabe lo que es sobrevivir sin derechos: “No tenía documentos porque la dictadura me los negaba. Cuando vivía en Barcelona tenía que concurrir a la policía cada mes. Me hacían repetir los formularios y cambiar cien veces de ventanilla. Al final, en la casilla de la profesión yo ponía: escritor. Y entre paréntesis: de formularios”. Nadie se dio cuenta.

Fuente: El País (España)

El inicio de la decadencia política en Argentina

Por: Mario Bunge

Antes de que termine septiembre, no puedo olvidarme de escribir lo que se va a leer a continuación. Acostumbramos festejar las fechas faustas e ignorar las infaustas. ¿Por qué no conmemorar también los acontecimientos desgraciados? Esto podría ser más aleccionador que festejar los sucesos positivos. Por ejemplo, casi todos olvidamos el acontecimiento que comenzó la marcha atrás del país.

El golpe militar del 6 de septiembre de 1930 terminó un período de medio siglo de paz interior y progreso continuo del país en lo económico, político y cultural.

Fue también la primera vez en el continente que el fascismo levantó la cabeza; la primera en la historia del país que las Fuerzas Armadas encabezaron el poder político; la primera, desde la Semana Trágica (1919) y la represión de los obreros patagónicos (1922), que el gobierno fusiló a militantes sindicales; y también la primera vez, desde la caída de la tiranía de Rosas, que la Iglesia Católica volvió a meterse en política, esta vez con una orientación netamente fascista. El 6 de setiembre comenzó un período de inestabilidad política que duró quince años, hasta el ascenso del peronismo al poder.

Ese fue un período en que políticos hambrientos de poder golpeaban a las puertas de los cuarteles para proponer acciones conjuntas.

Y también comenzó un período de retroceso cultural marcado por la primera “limpieza” ideológica de la Universidad y por el reemplazo de intelectuales progresistas por sus contrapartidas oscurantistas.

Yo recuerdo vívidamente ese día aciago, porque esperaba ansiosamente el regreso de mi padre, que había faltado los últimos días, aunque telefoneaba todas las noches.

Al anochecer de aquel día, mi padre me telefoneó y, con voz ronca, me dijo: “Marucho, he estado todo el día acompañando a los soldados, marchando de Campo de Mayo a Plaza de Mayo. Acabamos de derribarlo al Peludo [el presidente Hipólito Yrigoyen]. Los militares han prometido llamar a elecciones dentro de tres meses. Veremos si cumplen su palabra. No me esperen a cenar. Hasta mañana.”

Aunque yo aún estaba por cumplir once años, creía estar bastante enterado de la política criolla porque en casa no se había estado hablando sino de los desaciertos del gobierno radical: intervención a cinco provincias, censura periodística (en particular del diario popular Crítica), culto a la persona del presidente, ataques a mano armada de los matones del Clan Radical, etc.

En particular, esa semana el Clan había tiroteado a grupos de civiles en Plaza del Congreso.

George Gaylord Simpson, el gran paleontólogo de Harvard, que acababa de llegar al país para estudiar los dinosaurios fósiles de la Patagonia, fue testigo ocular de esas refriegas, como lo cuenta en sus memorias.

El Ejército instaló en la presidencia al general José Félix Uriburu, hombre adusto y de pocas ideas, todas cuarteleras y fascistas, y que ostentaba un casco con un penacho ridículo.

Su gobierno era una selección de derechistas. El más notorio de ellos fue el ministro del interior, Matías Sánchez Sorondo, a quien Crítica apodó El Enterrador.

Como cuenta Ramón Columba en sus memorias, este individuo exhibía en su casa retratos firmados y dedicados por Mussolini e Hitler. A él se debe la inauguración de la tortura como herramienta de intimidación política.

El segundo gobierno de Yrigoyen había intervenido cinco provincias; el de Uriburu intervino las catorce. Y fue mucho más extremo y original que el de su mediocre predecesor: disolvió el Congreso, decretó el estado de sitio, inventó el “fraude patriótico”, intervino las universidades, prohijó a la Legión Cívica, fusiló a siete anarquistas, prohibió la participación de la Unión Cívica Radical en las elecciones, y exilió a la Patagonia a todo el gabinete del presidente anterior. (Mi padre me llevó a visitarlos en Puerto Madryn. Solamente recuerdo al eminente e inofensivo profesor Ricardo Rojas, posando para mi cámara fotográfica, de pie en la playa, vestido con chaleco y polainas.)

La dictadura de Uriburu era demasiado radical para un pueblo que había gozado los beneficios de la democracia política desde 1916, que seguía apoyando mayoritariamente al partido radical.

Uriburu fue reemplazado por el General Agustín P. Justo, fraudulento y corrupto, pero ingeniero culto y partidario del compromiso. Curiosamente, su hijo Liborio, también ingeniero, era uno de los tres trotskistas que había en Buenos Aires en esa época. Yo lo visité en su oficina, en la que no vi sino un mueble: un tablero de dibujo sin escuadras, compases, papeles ni lápices a la vista. ¿A quién se le podía ocurrir encargarle un proyecto? La carrera política de Liborio Justo duró unos segundos: lo que tardó en gritar, en plena Cámara de Diputados de la Nación, “¡Abajo la dictadura!”.

En la Capital Federal no se sintió mucho la dictadura: siguió habiendo elecciones y siguió funcionando el Concejo Deliberante.

En las provincias fue muy diferente. En particular, la provincia de Buenos Aires fue gobernada entre 1936 y 1940 por Manuel A. Fresco, hombre ligado a los ferrocarriles ingleses, que se había vuelto partidario fervoroso del fascismo italiano.

Se lo recuerda por su estrecha relación con Alberto Barceló, el patrón de Avellaneda, donde explotaba garitos y prostíbulos. Los médicos que hicieron su internado en el Hospital Fiorito recuerdan los certificados de defunción por “paro cardíaco” que tuvieron que firmar para heridos de bala.

(Yo recuerdo a Barceló. Vino una vez a mi casa acompañado del estanciero y patrono del Partido Demócrata Nacional, o sea, conservador, don Antonio Santamarina. Le propusieron a mi padre, quien estaba por cumplir el último de sus cinco períodos legislativos, que presentara su candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Ellos garantizaban su elección. Mi padre declinó la oferta.)

También se recuerda al gobernador Fresco por haber inventado el “voto cantado”. Sostenía que el hombre auténtico no temía declarar su convicción política: en lugar de hacer uso del voto secreto, al llegar a su mesa de escrutinio “cantaba” en voz alta sus candidatos. Otra novedad introducida por el gobierno de Fresco fue subir la edad de ingreso a la escuela primaria de seis a siete años. Cuanto más tarde se empezara a pensar y leer, tanto mejor le iría al fascismo.

El período de 1930 a 1940 se llamó la Década Infame. Yo lo extendería hasta 1945, fecha del triunfo electoral peronista. Es verdad que también hubo infamias bajo el peronismo, entre ellas el coartamiento de la libertad de prensa, la degradación de la educación en los tres niveles, la imposición de la “doctrina nacional” y la corrupción del movimiento sindical. Pero al menos, se respetó el voto e incluso se lo extendió a la mujer.

En todo caso, en 1945 el país salió de la sombra del 6 de setiembre de 1930. Fueron quince años de “fraude patriótico”, exclusión del ala avanzada (intransigente) del radicalismo, represión de las organizaciones de izquierda, y sumisión aun más servil a los intereses extranjeros, en particular británicos.

Todo eso le dio tanto asco al gran político santafesino Lisandro de la Torre que, en señal de protesta, se suicidó en pleno recinto del Senado cuando éste aprobó el pacto Roca-Runciman, que privilegiaba a los ganaderos argentinos y a los frigoríficos ingleses. (¿Se acuerdan de la diferencia de calidad entre el baby beef de exportación y el bife que nos vendía el carnicero?)

¿Cómo se explica el que demócratas como mi padre y sus amigos, entre ellos Natalio Botana, el gran periodista que había fundado y dirigido el popular vespertino democrático Crítica, participaran activamente en la preparación del golpe del 6 de setiembre, de lo que se arrepintieron oportunamente?

Creo que lo que ocurrió fue que aplicaron el más maquiavélico de los preceptos de El príncipe: “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Esta máxima sólo beneficia al más poderoso de los miembros de una alianza: los socios más débiles se ven forzados a seguirlo aun a costa de sus principios, con lo cual pierden su capital político y finalmente su razón de ser.

El oportunismo o utilitarismo que predicó el eminente Niccoló Machiavelli se justificaba en una época en que los partidos políticos no se distinguían por sus principios y programas sino solamente por los intereses materiales que defendían.

La emergencia de la democracia política en el siglo XIX cambió las cosas: hoy día incluso los dictadores más brutales e inescrupulosos tienen que disfrazar sus intenciones con una retórica que atraiga a gran parte de la ciudadanía.

En resumen, el 6 de setiembre nos enseña a evitar el oportunismo y, en particular, a no obrar conforme a la máxima “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Fuente: www.sinpermiso.info

Los muchachos anti-historia

Por: J. Bradford DeLong

Si le preguntaran a un historiador económico moderno como yo por qué el mundo actualmente es víctima de una crisis financiera y una profunda depresión económica, diría que es el último episodio en una larga historia de burbujas, colapsos, crisis y recesiones similares que se remontan al menos a la burbuja de la construcción del canal de principios de los años 1820, la quiebra de Pole, Thornton & Co en 1825-1826 y la subsiguiente primera recesión industrial en Gran Bretaña. También hemos visto este proceso en funcionamiento en muchos otros episodios históricos -en 1870, 1890, 1929 y 2000.

Por alguna razón, los precios de los activos se desestabilizan y suben hasta alcanzar niveles insostenibles. A veces los culpables son los pésimos controles internos en las firmas financieras que recompensan en exceso a los subordinados por asumir riesgos. A veces la causa son las garantías gubernamentales. Y a veces es simplemente una larga racha de buena suerte, que deja al mercado en manos de optimistas poco realistas.

Luego llega la crisis. Y cuando esto sucede, la tolerancia al riesgo se derrumba: todos saben que existen inmensas pérdidas no percibidas en los activos financieros y nadie sabe a ciencia cierta dónde están. A la crisis le sigue una fuga a la seguridad, que a su vez es seguida por una profunda caída de la velocidad del dinero mientras los inversores acaparan efectivo. Y esa caída de la velocidad monetaria trae aparejada una recesión.

No voy a decir que éste es el patrón de todas las recesiones; no lo es. Pero sí diré que es el patrón de esta recesión, y que ya antes hemos estado aquí.

Pero si le formulan la misma pregunta a un macroeconomista moderno -por ejemplo, el extremadamente brillante Narayana Kocherlakota de la Universidad de Minnesota-, descubrirán que dice que no sabe, y que los modelos macroeconómicos atribuyen las recesiones económicas a diversas causas. La mayoría, señala, "se basan en alguna forma de grandes movimientos trimestrales en la frontera tecnológica. Algunos tienen shocks colectivos a la utilidad marginal del ocio. Otros modelos tienen grandes shocks trimestrales a la tasa de depreciación del capital social (para generar altas volatilidades en los precios de los activos)…"

Esto es, las recesiones son el resultado de un gran olvido del conocimiento tecnológico y organizacional, de una gran vacación en vista de que los trabajadores de repente desarrollan un gusto por el ocio adicional o de una gran oxidación a medida que se acelera la velocidad a la que el oxígeno se correo, reduciendo el valor de las cosas grandes hechas de metal.

Pero los macroeconomistas modernos también dirán que todos estos modelos les parecen historias inverosímiles que no deben tomarse en serio. De hecho, según Kocherlakota, nadie realmente cree en ellos: "Los macroeconomistas los utilizan exclusivamente como atajos convenientes para generar los niveles requeridos de volatilidad" en sus modelos matemáticos.

Esto me lleva a formular dos preguntas:

Primero, ¿es realmente cierto que nadie cree estas historias? Ed Prescott de la Universidad del Estado de Arizona efectivamente cree que las recesiones de gran escala son causadas por episodios a nivel de toda la economía de un olvido del conocimiento tecnológico y organizacional que apuntalan la productividad total de los factores. Una excepción es la Gran Depresión que, según Prescott, fue causada por salarios reales que excedían en mucho los valores de equilibrio, debido a las políticas extraordinarias pro-trabajadores y pro-sindicatos del presidente Herbert Hoover.

De la misma manera, Casey Mulligan de la Universidad de Chicago realmente parece creer que las grandes caídas en la relación empleo-población deben considerarse como "grandes vacaciones" -y como el efecto colateral de políticas gubernamentales destructivas como las que están vigentes hoy, que llevan a los trabajadores a abandonar sus empleos para obtener mayores subsidios del gobierno a fin de refinanciar sus hipotecas (lo sé, yo también lo encuentro increíble).

Segundo, más allá de si los macroeconomistas modernos atribuyen nuestras dificultades actuales a causas que son "evidentemente poco realistas" o simplemente se declaran ignorantes, ¿por qué tienen una opinión tan diferente de la que tienen los historiadores económicos? Más allá de si han rechazado nuestras interpretaciones y entendimientos o simplemente han construido o dejado de construir los suyos por ignorancia de lo que nosotros hemos hecho, ¿por qué no usaron nuestro trabajo?

La segunda pregunta es particularmente perturbadora. Después de todo, la teoría económica debería ir de la mano de la historia económica. La teoría es historia cristalizada -no puede ser otra cosa-. Alguien observa algún caso instructivo o alguna regularidad anecdótica o empírica, y dice: "Esto es interesante; construyamos un modelo en base a esto". Después de la cristalización inicial, la teoría, por supuesto, se desarrolla de acuerdo con sus propios imperativos y procesos intelectuales, pero la semilla de la historia todavía está allí. ¿Qué pasó con la semilla?

Esto no quiere decir que la construcción de modelos macroeconómicos de la generación pasada haya sido inútil. Pero sí pienso que es necesario reunir a los macroeconomistas modernos, so pena de perder el trabajo, y enviarlos a un campamento de entrenamiento de reclutas un año entero con los historiadores monetarios reunidos del mundo como sus sargentos de instrucción. Necesitan escuchar y aprender de Dick Sylla sobre el rescate bancario de Alexander Hamilton de 1825; de Charlie Calomiris sobre la crisis de Overend y Gurney; de Michael Bordo sobre la primera quiebra de los hermanos Baring; y de Barry Eichengreen, Christy Romer y Ben Bernanke sobre la Gran Depresión.

Si los macroeconomistas modernos no vuelven a conectarse con la historia -si no toman conciencia de dónde se cristalizaron sus teorías y cuál es el objetivo de la tarea-, entonces su profesión se marchitará y morirá.

Fuente: www.project-syndicate.org

Ahora es nuestro momento

Por: Ban Ki-moon

Todos los años en el mes de septiembre los dirigentes del mundo se reúnen en las Naciones Unidas para reafirmar nuestra Carta fundacional: nuestra fe en los principios fundamentales de paz, justicia, derechos humanos e igualdad de oportunidades para todos. Evaluamos el estado del mundo, abordamos las cuestiones actuales principales y exponemos nuestra propia idea sobre cómo avanzar en el futuro.

Pero este año es diferente. La 64 ª inauguración de la Asamblea General nos pide que estemos a la altura de un momento excepcional. Estamos afrontando muchas crisis –la alimentaria, la energética, la recesión y la pandemia de gripe– que están produciéndose al mismo tiempo. Si alguna vez ha habido un momento en el que actuar con espíritu de multilateralismo renovado, un momento en el que devolver el adjetivo “unidas” a las Naciones Unidas es ahora.

Y eso es lo que estamos haciendo, como lo demuestran las medidas adoptadas en relación con tres cuestiones de importancia histórica.

En primer lugar, los dirigentes mundiales se están uniendo para abordar la mayor amenaza que afrontamos como familia humana: la del cambio climático catastrófico. La semana pasada, 101 dirigentes de 163 países se reunieron para trazar los nuevos pasos que dar con vistas a la importantísima conferencia de las NN.UU. sobre el cambio climático, que se celebrará en Copenhague y reconocieron la necesidad de un acuerdo que todas las naciones puedan hacer suyo, de conformidad con sus capacidades y con lo que la ciencia indique, y basado en “empleos verdes” y “crecimiento verde”, el salvavidas para una economía mundial en el siglo XXI.

En las NN.UU. nos hemos preparado cuidadosamente para este momento. Durante dos años y medio, desde que fui nombrado Secretario General, hemos procurado situar el cambio climático en el primer puesto del programa de trabajo mundial. Hoy hemos entrado en una nueva fase. La cumbre celebrada la semana pasada definió la cuestión claramente y centró la atención en las capitales de todo el mundo. Desde luego, se trata de cuestiones complejas y difíciles, en particular las relativas a la financiación de las medidas de adaptación y mitigación en los países más pobres. Aun así, los dirigentes abandonaron Nueva York comprometidos con unas instrucciones claras y firmes para sus negociadores: concluir un acuerdo en Copenhague.

El Japón formuló un desafío, al acordar reducir en un 25 por ciento las emisiones de CO2 de aquí a 2020, si otras naciones siguen su ejemplo. El Presidente de China, Hu Jintao, contó todo lo que su país está haciendo ya para reducir la intensidad energética e invertir en opciones “verdes” substitutivas. Subrayó que China está preparada para hacer más de conformidad con un acuerdo internacional, como también el Presidente de los EE.UU., Barack Obama.

Los negociadores se reunirán para celebrar otra ronda de conversaciones de las NN.UU, el 28 de septiembre, en Bangkok y estamos examinando la posibilidad de celebrar en noviembre una reunión menor de las naciones con más emisiones y las más vulnerables. Tenemos que dar un paso adelante en este año decisivo.

Ha habido otro punto de inflexión sobre una segunda cuestión de importancia existencial: el desarme nuclear. Por fin, la tesis de que esa clase de armas son necesarias para mantener la paz se está viniendo abajo. En una cumbre especial convocada por el Presidente Obama, el Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad una resolución que abre un nuevo capítulo en los esfuerzos de las NN.UU. para abordar la proliferación y el desarme nucleares.

Dicha resolución mejora las perspectivas para ampliar el próximo mes de mayo el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares e infunde esperanzas sobre la entrada en vigor del Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares. También establece los contornos de un marco jurídico para la adopción de medidas contra el uso indebido para fines militares de la tecnología nuclear destinada a usos civiles y refleja un consenso que se va perfilando y que se ha visto en una reunión tras otra, en el sentido de que ha llegado el momento de aumentar la presión a los países que no respeten esos principios.

El mundo está unido también en un tercer frente. Aunque algunos pueden hablar de que “se empieza a ver la recuperación”, vemos una nueva crisis que está perfilándose. Según un informe nuestro reciente, “Voces de los vulnerables”, los casi pobres están pasando a ser los nuevos pobres.

Este año un millón de personas, aproximadamente, podría quedar por debajo del umbral de la pobreza. Los mercados pueden estar subiendo de nuevo, pero no así los empleos y los ingresos. Ésa es la razón por la que, en fecha anterior de este año, las NN.UU. propusieron un Pacto Mundial para el Empleo con vistas a la consecución de un crecimiento equilibrado y sostenible. Es también la razón por la que estamos creando un nuevo sistema mundial de alerta en situaciones de impacto y vulnerabilidad, que nos ofrecerá datos en tiempo real y análisis sobre las condiciones socioeconómicas en todo el mundo. Necesitamos saber con exactitud quién está sufriendo las consecuencias de la crisis financiera y dónde para que podamos reaccionar del mejor modo posible.

Ésa es también la razón por la que, el año próximo por estas fechas, convocaremos una cumbre especial sobre los objetivos de desarrollo del milenio. Sólo faltan cinco años para alcanzar las metas en materia de salud, educación y seguridad humana que fijamos para 2015. En todas las diversas cumbres del G-20 celebradas durante el año transcurrido, incluida la más reciente, celebrada en Pittsburg, las NN.UU han adoptado una posición firme al hablar y al actuar en pro de todos los que se están quedando rezagados.

En la Asamblea General siempre ha abundado la retórica, pero a veces la adopción de medidas no tanto. Aun así, al escuchar los discursos de los dirigentes del mundo, me llamó la atención su pasión, compromiso y determinación colectiva con vistas a pasar página respecto de un pasado de países divididos por intereses partidistas a una situación de naciones unidas en pro de la causa de un bien común mundial.

Tanto en relación con la necesidad de afrontar el cambio climático como la de crear un mundo sin armas nucleares como la de construir una economía mundial más sostenible y equitativa, he visto un espíritu de multilateralismo renovado, con las NN.UU. al frente. Ningún país puede afrontar ninguna de esas amenazas por sí solo, pero, como naciones unidas que son, las Naciones Unidas, sí que pueden.

Fuente: www.project-syndicate.org.

domingo, 4 de octubre de 2009

Selección de artículos

Artículos publicados entre el 27 de septiembre y el 4 de octubre:

Sobre el realismo
Por: Paul Wolfowitz
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/sobre-el-realismo.html

Irlanda decide, otra vez
Por: John O'Brennan
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/irlanda-decide-otra-vez.html

Lecciones irlandesas
Editorial - Diario El País
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/editorial-el-pais-el-segundo-referendum.html

Misión no cumplida
Por: Paul Krugman
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/mision-no-cumplida.html

El candidato y la información privilegiada
Por: Eduardo Engel
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/el-candidato-y-la-informacion.html

Los trapos al sol
Por: Carlos Peña
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/los-trapos-al-sol.html

La China de Mao, 60 años después
Por: Chris Patten
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/la-china-de-mao-60-anos-despues.html

Cómo tratar a Al Qaeda
Por: Bernard Haykel
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/como-tratar-al-qaeda.html

No hay tiempo para bajar el ritmo
Por: Kofi A. Annan, Amartya Sen y Michel Camdessus
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/no-hay-tiempo-para-bajar-el-ritmo.html

Alfabetización Infantil: Una Revolución Educativa
Por: Manuel Bello
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/10/alfabetizacion-infantil-una-revolucion.html

La marcha corta de China
Por: Orville Schell
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/09/la-marcha-corta-de-china.html

Perú y Ejercicio Combinado Salitre 2009
Por: Cristian Leyton
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/09/peru-y-ejercicio-combinado-salitre-2009.html

Irán, 'in fraganti'
Editorial - El País
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/09/iran-in-fraganti.html

Pirotecnia contra los paraísos fiscales
Por: Claudi Pérez
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/09/pirotecnia-contra-los-paraisos-fiscales.html

Merkel gobernará con los liberales
Juan Gómez y Lluís Bassets
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/09/merkel-gobernara-con-los-liberales.html

El mercado de la política
Por: Jorge Navarrete P.
http://encrucijadaamericana.blogspot.com/2009/09/el-mercado-de-la-politica.html

Sobre el realismo

Por: Paul Wolfowitz

Sumidos en la guerra y la recesión, los estadounidenses no están para bromas. Pero eso, afirma uno de los principales arquitectos de la política exterior de George W. Bush, no es razón para abrazar una doctrina equivocada.

“Ahora todos somos realistas”

No. Pragmáticos tal vez, pero no realistas. La elección de Barack Obama como presidente de EE UU hechizó a mucha gente, sobre todo a los autodenominados “realistas” en materia de política exterior, que habían acusado a su predecesor, George W. Bush, de negar la realidad y auspiciar un peligroso idealismo. Obama ha elogiado la realpolitik de George H. W. Bush, el padre. Y un funcionario de la Casa Blanca declaró a The Wall Street Journal: “[Obama] conecta de alguna forma con esa generación de hombres sabios de la antigua escuela, de finales de la guerra fría”. El consejero de Seguridad Nacional de Bush padre, Brent Scowcroft, dijo que la victoria de Obama implicaba el rechazo de Bush hijo “a favor del realismo”.

Por supuesto, la política exterior debería estar basada en la realidad. Los estadounidenses creen que los objetivos de su diplomacia deben ser realizables, que EE UU debería ajustar sus fines a sus medios. ¿Qué persona con sentido común discreparía? Es sólo pragmatismo. Pero el realismo como doctrina va mucho más lejos. En palabras de uno de los realistas más importantes, el principal objetivo de la política exterior de Washington debería ser “gestionar las relaciones entre los Estados” más que "alterar la naturaleza de los Estados". Sin duda, lo que hace que el realismo parezca ahora tan razonable es el escepticismo sobre la guerra de Irak y la convicción de que el conflicto formó parte de una cruzada para imponer la democracia por la fuerza. Por contra, yo creo que su objetivo fue eliminar una amenaza para la seguridad nacional e internacional. Con razón o sin ella, la decisión de establecer un gobierno representativo una vez finalizado el conflicto fue la opción más realista, si se compara con las alternativas de instalar a otro dictador o prolongar la ocupación. En Afganistán, se tomó el mismo camino tras la caída del régimen talibán por idénticas razones, y muchos realistas no sólo apoyaron la decisión, sino que propusieron que se hicieran mayores esfuerzos de “construcción del Estado” (nation-building). Este no es lugar para volver a debatir sobre Irak. Por ello, lo que aquí va a discutirse es si ha de emplearse la fuerza para generar cambios en la naturaleza de los Estados o si ha de hacerse por medios pacíficos, y cómo conseguirlo. En este punto hay un genuino debate entre los realistas y sus detractores. Y el deseo de pragmatismo no debería confundirse con una doctrina específica de la política exterior que minimiza la importancia del cambio dentro de los Estados.

“Barack Obama es un realista”

No está claro. Los críticos del realismo, entre los que me incluyo, creemos que una gestión de corte empresarial de las “relaciones entre Estados” no debería llevarnos a descuidar los problemas que tienen que ver con “la naturaleza de los Estados”. En realidad, su organización interna tiene gran influencia en su comportamiento exterior, así que también debe tener relevancia en la política exterior estadounidense.

A juzgar por sus palabras, Obama parece estar de acuerdo con esto y no con el dogma realista. En Moscú, el presidente de EE UU pasó por encima de los líderes del Kremlin de forma deliberada y les dijo directamente a los rusos: “Los gobiernos que sirven a su pueblo sobreviven y triunfan; los que sólo sirven a su propio poder, no”. Y en Ghana fue aún más claro: “Nadie quiere vivir en una sociedad en la que el imperio de la ley cede paso al imperio de la brutalidad y del soborno. Eso no es democracia, es tiranía, y ha llegado el momento de que termine”. A mí me gusta cómo suena, pero a algunos realistas puede que no.

Los pasos anteriores de Obama tampoco muestran un realismo doctrinario. Está apoyando la democracia en Pakistán y, sobre todo, en Irak, donde su política mira hacia adelante y no hacia atrás, al mantener el compromiso de EE UU al tiempo que presiona a los iraquíes para que asuman sus responsabilidades. Por otro lado, su Administración no ofreció mucho apoyo al considerable movimiento reformista en Irán; al parecer, para evitar que pudiera ser etiquetado como agente estadounidense. Pero el régimen de Teherán le ha puesto la etiqueta de todos modos, y todo hace pensar que esta cautela refleja una inquietud sobre las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, que [Obama] espera emprender. No es que no sean importantes, pero su éxito dependerá de la influencia que Estados Unidos pueda ejercer. Y este momento es idóneo para que aumente su influencia. El presidente parece estar restando importancia a los derechos humanos en otros lugares también. El afán de su Administración por apretar el botón de reinicio con Rusia llevó a un grupo de países de Europa del Este a recordar a Obama en una carta abierta que su región “sufrió cuando Estados Unidos sucumbió al realismo”.

Washington también se ha excedido en cuanto a China –donde la capacidad de EE UU para influir en la evolución interna es, como todo el mundo sabe, limitada–, al declarar que no va a dejar que los derechos humanos interfieran con la cooperación bilateral. Así que aún no puede emitirse una sentencia definitiva, pero es de esperar que Obama y su equipo sean realistas en el verdadero sentido del término, abordando la naturaleza de los Estados y reconociendo una realidad: que la reforma democrática es una fuerza poderosa para hacer avanzar los intereses de EE UU.

“La política exterior está para defender el interés nacional”

Por supuesto. Pero, ¿qué es eso? Nadie está en contra del interés nacional, pero los realistas y sus detractores difieren bastante sobre su naturaleza. Este debate no es nuevo. En los 70, la gran polémica giraba en torno a la política de distensión, que obligó a hacer caso omiso de la brutalidad del régimen soviético en un intento de coexistir con él. Un ejemplo extremo fue la negativa del entonces presidente, Gerald Ford, a reunirse con el disidente soviético Alexander Solzhenitsin en 1975. Los críticos de la distensión, como el ex presidente Ronald Reagan y el difunto senador Henry Jackson, no se opusieron a las negociaciones con los soviéticos. Sin embargo, sostenían que las negociaciones debían realizarse en términos mucho más duros y acompañadas por una presión interna a favor del cambio.

Durante el tiempo que pasé en el Gobierno de EE UU, participé en muchas fases de este debate. En una de ellas se discutió si había que mantener la Oficina de Derechos Humanos del Departamento de Estado. Los realistas la veían como una molesta creación de la Administración de Jimmy Carter, y otros pensaban que era más realista mantener la presión sobre un tema de gran importancia en la competencia con la URSS. Del mismo modo, en los 80, la promoción de las reformas democráticas en Filipinas y Corea del Sur llevada a cabo por Reagan fue objeto de críticas no sólo por los realistas, sino también por la embajadora Jeane Kirkpatrick, más bien neoconservadora, que había abogado por trabajar con regímenes autoritarios. Y después de la caída del muro de Berlín, los realistas se opusieron, en líneas generales, a la entrada en la OTAN de países de Europa del Este, y se mostraron reacios a apoyar los movimientos independentistas en Ucrania y en otras repúblicas soviéticas.

Hoy en día, es difícil entender por qué los realistas siguen estando tan seguros acerca de su doctrina, dado que los cambios en la naturaleza de los Estados han sido ventajosos para el interés nacional de EE UU en muchas ocasiones: no sólo en los casos de la caída pacífica del imperio soviético y el fin del apartheid en Suráfrica, sino también en las múltiples transiciones de la dictadura a la democracia que han incrementado la seguridad en casi todas las regiones del mundo.

De hecho, muchos de los logros más destacados en materia de política exterior de la presidencia de Bush padre (la liberación de Kuwait, la unificación de Alemania, la restauración de la democracia en Panamá y la lucha contra el hambre en Somalia) fueron consecuencia de acciones decididas con un enfoque moral en el ámbito de la naturaleza de los Estados. Al mismo tiempo, algunos de los fallos más lamentables de la Administración (la falta de respuesta ante la masacre de chiíes iraquíes por parte de Sadam Husein tras la [primera] Guerra del Golfo, el fracaso en la gestión de la sangrienta guerra de Yugoslavia, la oposición a la independencia de Ucrania y la reticencia inicial a aceptar a Boris Yeltsin, el presidente reformista de Rusia) fueron expresiones de un rígido realismo.

El hecho de que yo estuviera de acuerdo con Scowcroft sobre la Guerra del Golfo y con el ex consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, en su apoyo a la ampliación de la OTAN y a la intervención en Bosnia no sé si hace de mí un realista o de ellos unos ideólogos. Pero sé que hacer caso omiso de la naturaleza de los Estados es ignorar una realidad que tiene una enorme influencia en el interés nacional de
EE UU. No es realista. Es un comportamiento dogmático e, incluso, ideologizado.

“El realismo implica hablar con regímenes que uno desaprueba”

Sí. Pero podemos impulsar la reforma también. Eso es lo que hizo Reagan. Llevó a cabo negociaciones serias con la Unión Soviética que produjeron avances reales, sin dejar de calificar al régimen como un imperio “del mal”, oponiéndose a su política exterior y presionando con dureza para que se realizaran reformas internas. Sí, Reagan suavizó su enfoque sobre los derechos humanos con el tiempo, pero ello reflejaba el progreso soviético sobre la cuestión, no la indiferencia estadounidense. Y, en última instancia, fueron los cambios en el interior del imperio soviético y no las conversaciones sobre el control de armamentos lo que puso fin a la guerra fría.

La política exterior de EE UU puede tener múltiples objetivos que hay que armonizar, pero impulsar las reformas es uno de ellos. Los regímenes crueles no se comportarán mejor si Washington habla bien de ellos. De hecho, que se perciba debilidad por parte de la Casa Blanca en el apoyo a sus amigos es una gran desventaja a la hora de negociar con regímenes como Corea del Norte e Irán, que en seguida aprecian su vulnerabilidad. Estos países negociarán –si lo hacen– cuando vean que les interesa, no porque Estados Unidos evite recalcar sus diferencias. Y para ello hay que presionar. Por ejemplo, el líder libio Muammar el Gadafi renunció a su programa de armas nucleares no porque la Administración Bush le tratara bien en sus declaraciones, sino porque temía la determinación estadounidense. A veces, la presión del propio pueblo o las propias élites de un país a favor de los cambios puede ser la mejor fuente de influencia de EE UU sobre esos regímenes. Impulsar cambios en la naturaleza de los Estados se hace más complicado cuando Washington tiene intereses comunes con éstos (como los tiene con Egipto sobre la paz árabe-israelí, o con China sobre la gestión de la economía mundial). Las reformas deben reclamarse en ocasiones con más discreción, pero no hay que dejar de demandarlas.

“EE UU no puede imponer sus valores a otros”

Suena familiar. Y ahora se dice en referencia al mundo árabe. Cuando Reagan y el secretario de Estado, George Shultz, impulsaban las reformas democráticas en Corea del Sur, muchos expertos coreanos avisaron de que el país nunca había tenido una democracia y de que no estaba preparado para ella. Entonces, los realistas sacaron a colación la idea de los “valores asiáticos”, alegando que los asiáticos eran intrínsecamente diferentes y que preferían la autocracia a la democracia. Cuando se realizan afirmaciones similares sobre el mundo árabe actual, es útil recordar cómo Estados Unidos presionó para lograr reformas en Filipinas y, en definitiva, obtener una transición democrática pacífica, sin imponer sus valores.

Después del asesinato del líder opositor filipino Benigno Aquino, en 1983, la Administración Reagan comenzó a presionar en público al presidente Ferdinand Marcos para que emprendiera reformas. Los realistas argumentaron que esto conduciría a algo peor, como había ocurrido en Irán pocos años antes. Como secretario adjunto de Estado, dije que la insurgencia comunista filipina era la mayor amenaza y que la reforma democrática era la mejor esperanza para derrotarla. Una vez que se puso de manifiesto que EE UU no se opondría a los cambios, los reformadores democráticos cobraron el valor necesario. En 1986, una oposición unificada ganó unas elecciones presidenciales y, cuando Marcos trató de anular el resultado, la presión de Estados Unidos unida al “poder del pueblo” filipino le obligaron a dimitir. No se “impusieron los valores estadounidenses”. Washington sólo sujetó la escalera al bando de las reformas.

No es raro escuchar a los realistas actuales argumentar que los musulmanes no quieren que EE UU apoye la democracia, sobre todo después de la guerra de Irak. Y, sin embargo, cuando Obama anunció, durante su importante discurso en la Universidad de El Cairo, que se ocuparía de la democracia, la audiencia aplaudió antes de que pudiera seguir hablando. Sus tres breves párrafos sobre la democracia fueron interrumpidos por aplausos dos veces más y, después, por alguien gritando: “Barack Obama, te queremos”, seguido de más aplausos. Aunque el presidente habló de “controversia” en torno a la promoción de la democracia, el público árabe acogió este tema supuestamente polémico con entusiasmo. Que una gran audiencia en el corazón del mundo árabe esté tan ansiosa por escuchar al líder de EE UU defendiendo la democracia es un hecho importante que toda la política exterior realista debe tener en cuenta. La tentación de la Administración Obama de distanciarse de las políticas de su predecesor es comprensible, pero esto no debe hacerle abandonar la promoción de las reformas democráticas.

“Promover la democracia es muy desestabilizador”

No necesariamente. Las elecciones, aunque sean imperfectas, pueden catalizar cambios positivos en los Estados autocráticos, como en el caso de Marcos y, más recientemente, en Irán. Aunque no son la panacea. La Administración Bush se sintió defraudada cuando grupos terroristas como Hamás y Hezbolá aumentaron su poder mediante las urnas. Unos comicios por sí solos no crean de forma automática las instituciones necesarias para proteger la libertad y fomentar la tolerancia. Pero, si la promoción de las reformas democráticas implica riesgos, no hacer nada también es arriesgado: perjudica la reputación de EE UU, en la medida en que la gente percibe que este país consiente la opresión.

Al promover reformas, es importante tener en cuenta una advertencia: no causar daños. El colapso del régimen del sha en Irán trajo algo peor para los iraníes y para los intereses de EE UU. Así que en el mundo árabe, la Casa Blanca debe moverse entre dos peligros: por un lado, que los extremistas aprovechan las oportunidades que ofrece una sociedad más abierta y, por otro, que el apoyo de Washington a los dictadores árabes genera hostilidad hacia EE UU. Durante décadas, las sucesivas administraciones han preferido la estabilidad a la democracia en el mundo árabe. Hemos visto el resultado: una estabilidad superficial, que ha fomentado el crecimiento del extremismo, el terrorismo y el antiamericanismo. Cuando se suprime toda oposición, las fuerzas del cambio quedan ocultas, y ahí es donde prospera el radicalismo. Encarcelar a un reformador democrático, como Ayman Nour en Egipto, no es la forma de luchar contra el extremismo.

El objetivo no debe ser la revolución, sino la evolución. Ésa es la mejor oportunidad para obtener una verdadera estabilidad a largo plazo. Sobre todo ahora que se abren posibilidades de lograr una verdadera reforma, como sucede no sólo en Irak y en Líbano, sino también en Marruecos y en otros lugares, EE UU debe ofrecer todo el apoyo que sea posible a los reformistas. Por supuesto, Washington dependerá de algunos autócratas árabes para fomentar una solución pacífica a los problemas entre árabes e israelíes, que constituyen otra fuente de antiamericanismo, quizá la mayor.

“Paul Wolfowitz es un utópico”

No, sólo soy realista. Me han llamado muchas cosas, y utópico no es de las peores. Irónicamente, mientras utopía significa en griego “ningún lugar”, por todas partes se encuentran personas que creen en la democracia. En Europa del Este, el telón de acero ha desaparecido porque los verdaderos realistas –“los realistas democráticos”– combatieron el origen de la amenaza soviética. En toda Asia, cientos de millones de personas disfrutan de sociedades libres en lugares donde esto era imposible hace tan sólo 70 años. En África, lograr gobiernos que rindan cuentas ante sus ciudadanos se percibe cada vez más como la clave para mejorar la gobernanza y, por tanto, el progreso económico. Y en América Latina, la respuesta al peligro de las dictaduras populistas no es volver a los dictadores de derechas, sino más bien apuntalar las instituciones de la democracia liberal.

Hoy vemos las semillas de la democracia incluso en Irak, que está haciendo frente a sus enormes retos a través de medios democráticos. Es alentador escuchar a un político iraquí decir, hace poco, que abordaría las denuncias sobre los resultados de unos comicios mediante la negociación. Eso es algo nuevo en el mundo árabe, y el mensaje se recibe en los países vecinos. La Administración Obama también parece haber tomado nota. Hay muchas razones para ser cautos en cuanto a la todavía frágil situación en Irak, y no hay motivo para declarar el éxito de forma precipitada. Pero no debe permitirse que el exceso de cautela –o un deseo de que se reconozcan como correctas nuestras opiniones pasadas– nos impida ver la realidad positiva que está surgiendo en el país mesopotámico. Obama a menudo cita a Martin Luther King Jr. (“el brazo del universo moral es largo, pero se dobla hacia la justicia”). Ese brazo puede ser muy amplio. Pasaron muchos años desde la Guerra de Corea antes de que Corea del Sur fuera la brillante historia de éxito que es hoy. Y ese brazo puede ser incluso más largo en Oriente Medio; pero, si la región alcanza la justicia y una verdadera estabilidad, el mundo será más seguro. Y esto se conseguirá gracias a dirigentes que apliquen un verdadero realismo, un realismo democrático.

Fuente: Foreign Policy Edición española

Irlanda decide, otra vez

Por: John O'Brennan

El 2 de octubre, los votantes irlandeses acudirán a las urnas por segunda vez para decidir si aprueban el Tratado de Lisboa de la Unión Europea. En las capitales de la UE cunde el nerviosismo, a medida que se acerca el día de la votación, con el futuro de la UE en manos de unos votantes imprevisibles. En dos de las tres últimas ocasiones en que se ha pedido a los irlandeses que votaran sobre un tratado de la UE han rechazado la propuesta.

Para la UE, lo que está en juego no podía ser más importante. El Tratado de Lisboa fue la avenencia acordada por los dirigentes de la UE a raíz del rechazo del Tratado Constitucional en referéndums populares celebrados en Francia y en los Países Bajos en 2005. En las negociaciones sobre el Tratado se ha derramado mucha sangre y su rechazo por segunda vez por los votantes irlandeses dejaría a la Unión imposibilitada para ratificar y aplicar sus disposiciones, lo que propiciaría inevitablemente una parálisis en materia de formulación de políticas y un deterioro institucional.

Durante la campaña para el referéndum de Irlanda ha habido un resurgimiento del conflicto entre una constelación, ya conocida, de fuerzas. En el bando del “sí” figuran todos los principales partidos políticos, los sindicatos, la comunidad empresarial y una amplia red de grupos de la sociedad civil. Su campaña ha estado mejor coordinada y ha sido más intensa que la última vez con vistas a movilizar el máximo número de apoyos y lograr una gran participación de votantes, que, según la mayoría de los comentaristas, ayudaría al bando del “sí”.

En el bando del “no” figura una coalición dispar procedente tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda, incluidos los ultracatólicos y los marxistas recalcitrantes, que ha intentado provocar histeria sobre supuestas amenazas que van desde el servicio militar hasta la eutanasia, pasando por el aborto, pero ese bando se ha esforzado por encontrar un punto de referencia coherente y parece carecer del dinamismo y del vigor de que dio muestras la última vez.

La razón principal es la de que Irlanda ha quedado traumatizada por la desgracia económica sufrida durante el año pasado. El engreimiento de los años del Tigre Celta es un recuerdo lejano, en vista de que se trata de la peor recesión de la historia de Irlanda como Estado independiente. En 2009, los economistas esperan que el crecimiento se contraiga hasta un ocho por ciento y que el año próximo haya otra pronunciada reducción.

El déficit presupuestario es ahora el mayor de la UE y la deuda pública se ha disparado, pues el Gobierno se ha esforzado por compensar el pronunciado descenso de los ingresos. El sistema bancario irlandés estuvo cerca del colapso total en septiembre de 2008 y sólo se salvó gracias a una garantía estatal de 400.000 millones de euros para todos los depósitos bancarios. En fecha más reciente, el Estado se hizo cargo de las responsabilidades de promotores inmobiliarios sin escrúpulos con la creación de un “banco malo” que podría hacer cargar a los contribuyentes irlandeses con una montaña de deuda durante los próximos decenios.

La intensidad del desplome de la economía ha ayudado al Gobierno irlandés en sus esfuerzos por conseguir el voto afirmativo. El Banco Central Europeo ha facilitado un salvavidas monetario que ha aportado una liquidez muy necesaria al sistema financiero y ha ayudado al Gobierno a contener la crisis de confianza creada por el desplome bancario. Los ministros del Gobierno y los representantes de la UE citan repetidas veces el ejemplo de Islandia, al señalar lo que podría haber ocurrido a Irlanda, si hubiese estado fuera de la UE.

Así, la segunda campaña para el referéndum ha hecho entrar en juego de nuevo la dimensión económica de la pertenencia de Irlanda a la UE, que estuvo en gran medida ausente del debate de 2008 sobre el Tratado. Irlanda se ha beneficiado desproporcionadamente de la generosidad de la UE durante sus treinta y cinco años de pertenencia a ella y en 2008 siguió recibiendo una suma neta de 500 millones con cargo al presupuesto de la UE. Cuando se recuerda a los votantes el posible costo catastrófico de quedar excluidos, y no ya sólo de la zona del Mercado Único, sino también de las estructuras de adopción de decisiones del Consejo de Ministros y del Banco Central Europeo, resulta claro lo que está en juego en el referéndum.

Además, el Gobierno irlandés ha obtenido garantías jurídicas de sus socios de la UE sobre las cuestiones que más preocupan a quienes votaron negativamente o se abstuvieron en el primer referéndum. Esos compromisos manifiestan que nada hay en los tratados que vaya a afectar a las prerrogativas irlandesas sobre el aborto, la neutralidad militar y la fiscalidad. El Gobierno ha conseguido también un acuerdo a escala de la UE por el cual, en lugar de reducir el tamaño de la Comisión Europea, se permitirá a Irlanda conservar un puesto permanente en la mesa de la Comisión. Ese éxito negociador ha brindado al Gobierno considerable margen de maniobra gracias al cual hacer una campaña más eficaz para el referéndum.

Esa combinación de garantías jurídicas y circunstancias económicas diferentes está contribuyendo a movilizar a una mayoría a favor del Tratado. Las encuestas de opinión hechas en las últimas semanas indican que el bando partidario del “sí” cuenta con una fuerte mayoría del 62 por ciento frente al 23 por ciento, mientras que los indecisos representan el 15 por ciento del electorado.

Pero el panorama dista de ser nítido. Las encuestas indican que los irlandeses son muy partidarios de la pertenencia a la UE y del proceso de integración. El problema estriba en que esas actitudes favorables varían considerablemente en intensidad y constituyen un “bloque blando” de apoyo a la UE; en el referéndum de 2008, ese bloque blando se desplomó en la semana final de la campaña.

Parece claro que un segundo rechazo del Tratado de Lisboa por el electorado irlandés hundiría a la UE en una nueva crisis y amenazaría con desbaratar los considerables beneficios en materia de legitimidad democrática y capacidad colectiva para la adopción de decisiones que se desprenden del nuevo Tratado. Todo indica que los votantes parecen ahora dispuestos a aprobar el Tratado, pero nadie debería dar por sentados los votos irlandeses en los últimos días de la campaña.

Fuente: www.project-syndicate.org

Lecciones irlandesas

Editorial - Diario El País

El segundo referéndum irlandés sobre el Tratado de Lisboa arrojó ayer un resultado positivo abrumador: el 67% de los ciudadanos votó a favor. Con ello se supera el obstáculo más espinoso para la entrada en vigor de la pospuesta reforma, que rescata el contenido esencial de la Constitución europea, aunque eliminando sus elementos más simbólicos. Pero la superación de un obstáculo no permite compartir el entusiasmo del Gobierno irlandés. Ni tampoco el comprensible alivio que se expandió ayer por las instituciones y las cancillerías europeas.

Porque acechan aún otros peligros: la reserva polaca, de menor cuantía; el aplazamiento checo, por cuenta de un grupo de parlamentarios afectos al euroretrógrado presidente Václav Klaus, que han recurrido el nuevo tratado ante su Constitucional; y la posibilidad de que el débil Gobierno laborista del Reino Unido se derrumbe en cualquier momento y su previsible sucesor tory someta el texto a otro referéndum, sin duda perdedor.

Los Gobiernos más europeístas, pero no sólo ellos, debieran extraer algunas lecciones de este referéndum irlandés, que les ha tenido meses en vilo, sumiendo por segunda vez a la Unión (ya ocurrió lo mismo en 2001, con el Tratado de Niza) en la inseguridad jurídica y la anemia política. Lecciones que vayan más allá de las aburridas disquisiciones sobre la proximidad ciudadana a la UE o la consabida necesidad de pedagogía.

La primera es que no debe darse luz verde a ninguna ampliación más sin que previamente medie la reforma que resulte indispensable. Ni hacia Croacia, ni hacia Islandia, para la que la presidencia sueca pretende un curso acelerado. Hasta ahora todas las grandes ampliaciones (la mediterránea, que incluyó a España, o la nórdica) fueron precedidas o inmediatamente seguidas de las oportunas reformas institucionales. No ha sucedido así con la de la Europa oriental: la casaca jurídica que le da viabilidad es el Tratado de Lisboa, y éste verá la luz años después del ingreso de los antiguos súbditos de la URSS. Y como la reforma o profundización llega mucho después de la ampliación, aquélla ha sido víctima de coyunturas adversas, egoísmos nacionales y toda suerte de chantajes nacionalistas.

La segunda lección irlandesa apela al sinsentido de la ausencia de reglas para la exclusión de un socio desleal o falto de voluntad de compromiso en la continua adaptación de la Unión: lo que la conduce a la parálisis. La próxima presidencia española y la designación de un presidente para el Consejo Europeo debieran trocar el falso alivio en alternativas para evitar la repetición de esta crisis. El Parlamento de Estrasburgo debe exigir que el nuevo presidente le someta sus planes al respecto. Y España podría proponer fórmulas para que los próximos tratados de ingreso incluyan cláusulas de salida del club, o suspensión de los derechos, a los socios renuentes. Resulta insólito que éstos paguen un coste cero por su bloqueo.

Fuente: EL País (España)

Misión no cumplida

Por: Paul Krugman

Las acciones suben. Ben Bernanke dice que la recesión ha terminado. Y percibo una disposición cada vez mayor entre los mandamases a declarar la "misión cumplida" en cuanto a la lucha contra la crisis. No paro de oír que es hora de dejar de centrarnos en el estímulo económico para ocuparnos del déficit presupuestario.

Pues no, no es así. Y la complacencia que ahora se está adueñando de la visión de la situación de la economía es tan absurda como peligrosa.

Sí, la Reserva Federal y la Administración de Obama nos han "apartado del borde del precipicio" (el título de un nuevo informe de Christina Romer, que dirige el Consejo de Asesores Económicos). Sostiene de forma convincente que la política expansionista nos ha salvado de una posible repetición de la Gran Depresión.

Pero, aunque no tener otra depresión es bueno, todo indica que, a menos que el Gobierno haga mucho más de lo que actualmente está previsto para ayudar a la economía a recuperarse, el mercado laboral (un mercado en el que actualmente hay seis veces más personas buscando trabajo que puestos vacantes) seguirá en una situación terrible durante años.

De hecho, la previsión económica de la propia Administración (una previsión que tiene en cuenta los puestos de trabajo adicionales que el Gobierno dice que se crearán gracias a sus políticas) es que la tasa de paro, que estaba por debajo del 5% hace tan sólo dos años, será de media del 9,8% en 2010, del 8,6% en 2011 y del 7,7% en 2012.

Esto no debería considerarse una perspectiva aceptable. Por un lado, implica una enorme cantidad de sufrimiento durante los próximos años. Además, un paro que siga tan alto durante tanto tiempo hará que el futuro de Estados Unidos sea muy sombrío.

Cualquiera que piense que estamos haciendo lo suficiente para crear empleo debería leer un nuevo informe de John Irons, del Instituto de Política Económica, que describe la "cicatriz" que es probable que deje un paro alto y prolongado. Entre otras cosas, Irons señala que una prolongada tasa de paro de la magnitud que ahora se prevé conduciría a un enorme aumento de la pobreza infantil; y que hay pruebas innegables de que los niños que crecen en la pobreza tienen una probabilidad preocupante de arruinar su vida.

Este coste humano debería ser nuestra principal preocupación, pero las consecuencias en dólares y céntimos también son funestas. Las previsiones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, por ejemplo, indican que durante el periodo de 2010 a 2013 (es decir, sin contar las pérdidas que ya hemos sufrido), la "brecha de producción", la diferencia entre lo que la economía podría haber producido y lo que realmente produce, será de más de dos billones de dólares. Eso son billones de dólares de potencial productivo tirados por la borda.

Pero esperen. La cosa se pone peor. Un nuevo informe del Fondo Monetario Internacional muestra que la clase de recesión que hemos tenido, una recesión causada por una crisis financiera, suele producir daños a largo plazo en las perspectivas de crecimiento de un país. "La trayectoria de la producción tiende a caer sustancial y persistentemente después de las crisis bancarias".

Sin embargo, el mismo informe indica que no se trata de algo inevitable: "Encontramos que una respuesta de política fiscal a corto plazo más enérgica" -y con esto se refieren a un aumento temporal del gasto público- "se asocia de forma significativa a unas pérdidas de producción menores a medio plazo".

Así que deberíamos estar haciendo mucho más de lo que hacemos para impulsar la recuperación económica, no sólo porque así se reduciría nuestro sufrimiento actual, sino también porque mejorarían nuestras perspectivas a largo plazo.

¿Pero podemos permitirnos hacer más: ofrecer más ayuda a los parados y los gobiernos estatales que se ven acorralados, gastar más en infraestructuras, ofrecer créditos fiscales a los empresarios que creen empleo? Sí, podemos.

Es una creencia generalizada que tratar de ayudar a la economía ahora genera beneficios a corto plazo a costa de pérdidas a largo plazo. Pero, como acabo de señalar, desde el punto de vista del país en su conjunto, las cosas no funcionan así en absoluto. La crisis está causando daños a largo plazo en nuestra economía y sociedad, y mitigar esa crisis nos conducirá a un futuro mejor.

Lo que es verdad es que gastar más en la recuperación y en reconstrucción empeoraría la situación fiscal del Gobierno. Pero, incluso en eso, la creencia generalizada exagera muchísimo las cosas. Los verdaderos costes fiscales de apoyar la economía son sorprendentemente pequeños.

Ya ven, gastar dinero ahora equivale a una economía más fuerte, tanto a corto como a largo plazo. Y una economía más fuerte equivale a más ingresos, lo que compensa una gran parte del coste inicial. Los cálculos, grosso modo, indican que la compensación no llega al 100%, de modo que el estímulo fiscal no sale del todo gratis. Pero cuesta mucho menos de lo que uno pensaría tras escuchar lo que se supone que es una discusión informada.

Miren, yo sé que más estímulo es una política difícil de vender. Pero es urgentemente necesario. La pregunta no debería ser si podemos permitirnos hacer más para impulsar la recuperación. Debería ser si podemos permitirnos no hacerlo. Y la respuesta es no.

Fuente: El País (España)

El candidato y la información privilegiada

Por: Eduardo Engel

A las 15.30 del 24 de julio de 2006 concluyó la reunión del directorio de Lan donde se aprobaron los estados financieros del primer semestre de ese año y se acordó los dividendos a repartir. Entre los directores que asistieron estaba Sebastián Piñera, quien 29 minutos más tarde compró tres millones de acciones de la empresa. Luego de que los estados financieros se hicieran públicos al día siguiente, las acciones de Lan subieron 110 pesos, lo cual se tradujo en una ganancia de 330 millones de pesos para el afortunado comprador.

Teniendo en cuenta lo anterior, el 6 de julio de 2007 la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) aplicó al empresario una sanción de UF 19.470 por "infracción al deber de abstención" al haber comprado acciones de Lan "contando con información privilegiada". Piñera decidió no apelar y pagó la multa.

Lo más probable es que quienes vendieron sus acciones a Piñera se habrían abstenido de vender si hubiesen conocido la información que tenía el directorio en ese momento. Porque cada vez que alguien con acceso a información privilegiada hace una ganancia, hay una contraparte que hace una pérdida de igual magnitud. La situación es más grave, porque los accionistas minoritarios e inversionistas extranjeros son renuentes a invertir en mercados accionarios poco transparentes, lo cual termina encareciendo el financiamiento de las empresas, reduciendo su inversión y la creación de mejores empleos.

En su defensa, Piñera argumentó que es discutible que los estados financieros contengan información privilegiada. Este argumento me parece impresentable. Los estados financieros contienen información que puede ser mejor, igual o peor que lo esperado por el mercado. Si es mejor, la acción subirá, si es peor, caerá. Aun si es igual, saber con certeza que no hay novedades constituye una ventaja respecto de quienes estiman que es así, pero no están seguros al respecto.

Un segundo argumento que utilizó Piñera fue que la controvertida compra de acciones fue sugerida por el modelo con que maneja sus inversiones en Lan, modelo que no utilizó la información revelada en los estados financieros. Este argumento es prácticamente imposible de refutar, porque dado un patrón de compraventa observado, no es difícil construir un modelo consistente con dicho patrón.

Es así como la distinción entre "utilizar información privilegiada" y "comprar poseyendo información privilegiada" es de poca relevancia en la práctica. Motivo por el cual las legislaciones de varios países desarrollados prohíben que los directores de empresas realicen transacciones antes de hacerse públicos los estados financieros.

Porque existe una variada gama de opciones para presentar una transacción que utilizó información privilegiada como una que no consideró dicha información y detectar martingalas de este tipo es prácticamente imposible.

¿En qué pensaba Piñera cuando decidió comprar acciones de Lan antes de que se conocieran los resultados financieros de la empresa? Ya había sido candidato presidencial y evidentemente pensaba postular de nuevo.

Lo sucedido sugiere, en el mejor de los casos, una falta de criterio grave. Dos destacados partidarios le sugirieron, en columna publicada en este diario en mayo, que venda Chilevisión y se deshaga ya de sus acciones en Lan para evitar conflictos de interés evidentes. ¿Por qué no sigue estos sabios consejos?

Conviene analizar lo que dice el Informe de Transparency International (TI) publicado hace poco más de una semana sobre la compra de acciones de Piñera a la luz de lo expuesto anteriormente. Los puntos de fondo me parecen válidos. Se establecen los hechos, se menciona los principales argumentos de la SVS y la defensa del empresario. En lo formal hay afirmaciones innecesarias, por ejemplo, cuando se afirma que se trata de uno de los hombres más ricos de Chile. Sin embargo, si se eliminan estas afirmaciones el informe sigue siendo una fuente potencialmente atractiva para quienes quieren ilustrar el pobre manejo del candidato de la Alianza de los conflictos de interés que nacen de su actividad empresarial.

Este episodio también ha puesto de manifiesto el gran desafío que significa definir el modus operandi de una organización no gubernamental como Chile Transparente. Mucho se ha comentado que el directorio no conoció el informe antes de su publicación. Sin embargo, la solución no pasa porque el directorio apruebe dichos informes. Una institución de este tipo no puede cumplir su misión sin incomodar, una y otra vez, a quienes detentan el poder en nuestra sociedad. Si en el futuro los informes de Chile Transparente que sirven de insumo para los informes anuales de TI van a ser aprobados por el directorio, seguramente se termine optando por no ofender ni al gobierno ni a la oposición y esta organización habrá perdido su razón de ser.

La reacción de los partidarios de Piñera a propósito de este episodio me parece destemplada. Han utilizado todo el poder de que disponen para atacar y desprestigiar a quienes ven como parte de un complot para evitar que su candidato gane la elección presidencial. Han argumentado la existencia de conflictos de interés de todo tipo luego de negarse a reconocer que existen conflictos de interés evidentes entre quienes han liderado el diseño programático del candidato de la centroderecha. Si se comportan de esta forma mientras son oposición, no quiero ni imaginar el enorme costo personal y profesional que pagará todo aquel que se atreva a cruzarse en su camino en caso de que lleguen a ser gobierno.

Fuente: La Tercera (Chile)

Los trapos al sol

Por: Carlos Peña

El caso de Chile Transparente muestra algunos rasgos de nuestra élite: pretenciosa, endogámica y desprolija.

Veamos.

Desde luego, pretenciosa.

Algunos integrantes del directorio y del consejo de Chile Transparente parecen creer -o hasta antes de este incidente creían- que ese tipo de nombramientos eran galardones o sucedáneos de títulos de nobleza, distinciones morales, reconocimientos honoríficos, adornos. Y no cargos que imponen deberes que hay que cumplir.

¿De qué otra forma se explica que confesaran, sin pudor alguno, que ejercían de directores y de consejeros de una institución cuyo principal, y casi único producto, sin embargo, ni siquiera leían? ¿Qué diríamos de los directores de una sociedad anónima o de una universidad que declararan no conocer los actos fundamentales de la institución que dirigen? Si no están alertas a aquello que compromete a la institución de que forman parte, ¿por qué ostentan entonces el cargo de director?

No se trata propiamente de irresponsabilidad, sino de algo peor. De un profundo malentendido que está muy arraigado en ciertos grupos: confundir los deberes con reconocimientos, los nombramientos con galardones, el protagonismo con aristocracia.

En una palabra, creer que tienen derecho a estar en ciertos lugares por lo que son, y no por lo que hacen.

Mal entonces.

Pero eso no es todo. El incidente muestra también el grado de endogamia y de promiscuidad de nuestra élite.

En vez de haber diferenciación de tareas y funciones (del lado de acá los que son objeto de control, del lado de allá los que controlan), el caso de Chile Transparente muestra que, entre nosotros, todos están mezclados, como si los conflictos de interés no existieran y como si trabajar a ambos lados del mesón (un día como empresario astuto, el otro como custodio de la moral corporativa; un día defendiendo intereses parciales ante un juez, el otro hablando en nombre del interés de todos; hoy de asesor de campaña, mañana de la transparencia) fuera lo más natural del mundo.

Una somera mirada a esta institución muestra -salvo dos o tres excepciones- que en ella están las mismas personas que aparecen en los litigios importantes, detrás de las candidaturas presidenciales, en los medios, los think tanks y los directorios.

Y es que Chile Transparente -no se necesita ser sociólogo para darse cuenta- también cumple tareas como la del Club de Golf o el Club de la Unión. Es una instancia para cultivar eso que Bourdieu llamaba distinción, tejer tupidas redes sociales y acumular capital social y simbólico.

Pero como si la pretensión y la endogamia no bastaran, en este caso nuestra élite además mostró ser desprolija.

El informe de Chile Transparente -si Frei lo hubiera leído, se habría dado cuenta- es de simples conjeturas. Como todos esos informes que tratan de parecer prudentes y equilibrados, la redacción del de Chile Transparente está llena de supuestos y contrafácticos del tipo si esto fuera así las cosas serían asá. Demasiado poco como para sustentar una imputación de envergadura como la que hizo Frei.

Pero Piñera y sus partidarios -incluidos los que hasta ahora disfrutaban del prestigio de Chile Transparente- tampoco han estado mejor. Han negado lo obvio -que Piñera ha tropezado con la ley dos o tres veces como si tal cosa- y han eludido la pregunta del millón: ¿cuál es el estándar de comportamiento para quienes aspiran a dirigir el Estado? Si nos parece reprochable que los diputados hagan trampas con las leyes del tránsito, ¿por qué no ocurre lo mismo cuando un candidato infringe la ley de valores?

Así, entonces, lo que ha aparecido en este incidente -organizaciones que emiten informes que, sin embargo, no avalan; directores que no los leen; candidatos presidenciales que no los entienden, acusando a los que les cuesta defenderse- muestra, sin que nadie se lo propusiera, los defectos de nuestra élite, esa que se encuentra cotidianamente en las misas, oenegés, directorios, litigios, clubes, partidos y candidaturas: desprolija, promiscua y pretenciosa.

Fuente: El Mercurio (Chile)

sábado, 3 de octubre de 2009

La China de Mao, 60 años después

Por: Chris Patten

Todo país está formado por su historia, pero los países inventan y reescriben sus historias también. La historia de cómo llegamos a ser como somos tiene que adaptarse a nuestro sentido tribal de solidaridad y nuestros logros. Exageramos nuestros triunfos y virtudes, ponemos a los villanos afuera, disimulamos nuestras falencias. Todo esto hace que el estudio de la historia sea potencialmente revolucionario, y enormemente valioso. Los buenos historiadores nos incitan a ser honestos acerca de nosotros mismos y destruyen nuestros autoengaños.

Esto es particularmente cierto en lo relativo a nuestros héroes de varios rostros, como vemos en el tratamiento del Partido Comunista chino a Mao Zedong. En octubre se cumplen 60 años del momento en que Mao se plantó en Tiananmen, Puerta de la Paz Celestial en Beijing, y declaró la fundación de la República Popular. Ese momento marcó el comienzo de años de guerras y terribles privaciones; la revolución se había ganado con sangre, sacrificio, heroísmo, los errores de los enemigos y la ayuda manipuladora de Stalin, que se presentó como un amigo. Atrás quedaron las décadas de avaros señores de la guerra, codiciosos imperialistas e invasores japoneses, aunque había por delante todavía mucha miseria que sufrir, a medida que se iba arraigando la tiranía de Mao.

Los juicios acerca de Mao difieren grandemente. Para los comunistas de línea dura, fue un triple héroe: histórico, patriótico y de la clase trabajadora mundial. Para el valiente carismático disidente Wei Jingsheng, Mao “sumió prácticamente a China entera en un estado de violencia, duplicidad y pobreza.”

El veredicto oficial del Partido Comunista, indudablemente producto de fieras disputas ideológicas, es que fue un gran marxista y revolucionario, cuyos "grandes errores" durante la Revolución Cultural han tenido como suficiente contrapeso su contribución general a China. “Sus méritos”, arguye, “son primarios y sus errores son secundarios.”

En Partido Comunista chino no tolerará ningún cuestionamiento a esta visión. La implantación de la autoridad de Mao sobre China, su inyección de orgullo patriótico en un país que había sido oprimido y humillado terriblemente por fuerzas internas y externas por más de siglo y medio, y su romántica leyenda como líder revolucionario global contribuyen a la legitimidad moral y política que buscan los líderes chinos. Lo que no pueden ganar a través de elecciones democráticas lo adquieren mediante la historia de la revolución y los triunfos económicos de hoy en día.

Sin embargo, no se puede expurgar del todo el lado oscuro de Mao. Demasiada gente recuerda lo que ocurrió: es una parte íntima que sus historias familiares.

Cómo olvidar el Gran Salto hacia Adelante, que produjo hambrunas masivas y probablemente cerca de 38 millones de muertes. Luego vino la locura de la Revolución Cultural, cuando millones sufrieron terriblemente, muchos murieron y muchos más se comportaron vergonzosamente mientras Mao buscaba destruir a quienes habían rescatado a China de sus insensateces anteriores. La famosa biografía de Mao escrita por Jung Chang y publicada en 2005 da cuenta de estos terribles acontecimientos con un nivel de sombrío detalle que pone nerviosos a los propagandistas comunistas, y a algunos sinólogos académicos que critican el que los logros de Mao no hayan sido reconocidos lo suficiente.

Ciertamente, Mao es una figura más interesante que muchos otros tiranos: un poeta, un intelectual, un estudioso de la historia así como un mujeriego que, según su doctor Li Zhisui, gustaba de nadar en el agua, no de bañarse en ella. No conozco retrato mejor ni más fascinante de algún líder político que el libro de Li, La vida privada del Presidente Mao.

Recuerdo haber escuchado una historia acerca de China que da crédito al generoso veredicto de los líderes comunistas sobre Mao. La madre de un periodista chino que ahora vive fuera del país se había contado entre quienes regresaron después de 1949 a su patria con su marido y familia, dejando atrás una cómoda vida en una universidad estadounidense. Consideraban que regresar era su deber patriótico.

La familia lo sacrificó todo. Fueron víctimas de una ronda tras otra de las tiránicas campañas de Mao contra los “derechistas”, que comenzaron con el silenciamiento de los críticos tras el Movimiento de las Cien Flores en 1956. La familia sufrió penurias y escasez, y el padre murió por los maltratos sufridos durante la Revolución Cultural...

No obstante, la madre nunca se quejó, ya que consideraba que los sacrificios de su familia estaban justificados por la liberación y el ascenso de China. Hacia el fin de su vida, su ánimo cambió. En los años 90 dio el comienzo del auge económico chino, en los primeros años de su espectacular crecimiento. Fue testigo del regreso que la avaricia y la corrupción que creía habían destruido al Kuomintang en los años 30 y 40. Se preguntó entonces si su familia había sufrido tanto simplemente para preparar el camino para eso.

Y, aún así, el renacimiento económico de China -algunos de cuyos efectos perturbaron tanto a esta patriótica mujer- ha sido el acontecimiento más notable de la historia mundial reciente. La recuperación económica comenzó en el gobierno de Deng Xiaoping, que había sobrevivido a las purgas de Mao, siendo capaz de dar continuidad a su legado y convertirse en el arquitecto del ascenso de China a la categoría de potencia mundial. Con el tiempo, los cientos de millones de chinos que han salido de la pobreza gracias a las reformas de Deng lo verán como un héroe de mayor estatura que Mao.

Sin embargo, sean cuales hayan sido los terribles defectos de Mao, durante sus años de poder absoluto había una sensación de fines comunes y solidaridad que iban a la par de las penurias que todos sufrían. El maoísmo fue una mezcla curiosa y única de guerra de clases e igualdad socialista, enunciado por un hombre que creía que las personas –o al menos, él mismo- podían dar forma a la historia en lugar de ser víctimas de sus mareas y corrientes.

Es evidente que este credo no ha sobrevivido a su creador. Hoy domina un pragmatismo con un rostro leninista. Las glorias de enriquecerse han superado con creces a las privaciones de auto sacrificio patriótico. Mao hizo que China sintiera por orgullo de sí misma. Deng la hizo próspera.

¿Qué ocurrirá ahora? Por el bien de todos, espero que el futuro no desbarate el progreso económico que China, aunque sería una sorpresa si no supone un reto a su sistema político crítico y anquilosado.

Fuente: www.project-syndicate.org

Cómo tratar a Al Qaeda

Por: Bernard Haykel

Si bien el liderazgo, las creencias y la ideología de Al Qaeda están arraigados en Arabia Saudita, la organización ha resultado aplastada en el reino por una política gubernamental que combina una zanahoria grande y un palo aún mayor. El intento de asesinato en Jeddah el mes pasado del príncipe Muhammad bin Nayef, el viceministro del Interior para Asuntos de Seguridad, demuestra ambos elementos de la estrategia saudita y cómo ha fallado un intento audaz de parte de Al Qaeda de revivir sus fortunas.

El atacante era Abdullah Asiri, un ciudadano saudita y miembro de Al Qaeda que había regresado de Yemen, diciendo que había renunciado al terrorismo y que quería entregarse directamente al príncipe Muhammad en su palacio. Más temprano ese día, el príncipe había hecho traer al atacante en su avión privado desde la frontera yemení-saudita y, según se dice, había ordenado que no lo requisaran meticulosamente. Pero Asiri había escondido una bomba dentro de su cuerpo, un explosivo de medio kilo que detonó cerca del príncipe. Sin embargo, la bomba no estaba recubierta en metal y el terrorista fue la única persona que murió.

Para un observador externo, el episodio parece un fracaso colosal de seguridad, como si el jefe del FBI personalmente le diera la bienvenida a uno de los lugartenientes de Bin Laden en una fiesta al aire libre. Pero esta forma altamente personalizada de hacer política es precisamente la que la realeza saudita ha adoptado para con los miembros que desertan de Al Qaeda. De hecho, esta política, incluso con sus riesgos, explica en parte la derrota de Al Qaeda en Arabia Saudita. La política altamente personalizada forma parte de lo que podría llamarse el teatro de estado de Arabia Saudita, que mantiene a la realeza bien asentada en el poder.

Desde 2003, el príncipe Muhammad ha estado a cargo de una exitosa campaña contra el islamismo violento en el reino. En términos de acción de seguridad armada, ha desarrollado una fuerte inteligencia doméstica y un servicio de policía que es eficiente y a la vez brutal en sus tácticas. Al mismo tiempo, el príncipe ha utilizado astutamente las normas culturales y religiosas profundamente arraigadas para presionar a los reclutas de Al Qaeda a abandonar la violencia.

Por ejemplo, ofrece importantes incentivos financieros a los jihadistas individuales, así como a sus familias, a cambio de obediencia política. En efecto, al no aceptar la generosidad saudita, el militante le estará sacando comida de la mesa a su propia familia -una limitación poderosa en una cultura y una religión en la que los padres son altamente considerados y respetados.

El príncipe Muhammad también ha establecido un programa de rehabilitación que intenta desprogramar a los jihadistas de sus creencias radicales a través de un curso de estudio que enseña que el Islam requiere obediencia a un gobernante musulmán. A los jihadistas arrepentidos se les enseña que la violencia perpetrada por los individuos -no por el gobernante legítimo- es pecaminosa y será castigada por Dios. Estas lecciones no descartan del todo la violencia; se concentran más bien en los justificativos de Al Qaeda para sus ataques y las formas que adopta la violencia. Así, pelear sin el permiso explícito del gobernante y los ataques suicidas están fuera de la ley.

El ingreso al programa suele implicar una audiencia personal con el príncipe saudita, en una ceremonia que destaca la naturaleza paternalista y personal de gobernancia en el reino, donde todos los súbditos son considerados como hijos bien cuidados por la realeza.

Finalmente, el príncipe Muhammad ha lanzado una campaña de monitoreo y desinformación por Internet que mantiene una vigilancia estrecha de los sitios web y los foros online de los jihadistas. Como resultado, los servicios de seguridad sauditas pueden rastrear el pulso de los debates jihadistas, así como las estrategias de reclutamiento de los radicales.

Al Qaeda también se ha perjudicado a sí misma frente al público saudita, que ha sido víctima repetidamente de los ataques terroristas. Los atentados suicidas contra edificios públicos y los ataques a las instalaciones petroleras y del gobierno han alienado a muchos sauditas. Con una población que, al menos en un 80%, depende de los salarios o los préstamos del gobierno, los ataques han resultado ser muy impopulares.

Por otra parte, los ciudadanos sauditas ven el caos en el vecino Irak y no quieren la misma confusión en casa. Para la mayoría de la gente, la estabilidad, aunque esté impuesta mediante medios autoritarios, triunfa sobre el desorden.

En los dos últimos años, los crecientes fracasos de Al Qaeda en el reino han obligado a los miembros sobrevivientes a reagruparse del otro lado de la frontera en Yemen. El terreno montañoso escarpado, una población religiosamente conservadora y un gobierno débil con una historia de colaboración con Al Qaeda han creado un refugio relativamente protegido. En consecuencia, Al Qaeda ha tenido un respiro que le permitió intentar reconstruirse y organizar ataques en Arabia Saudita y otras partes. Con dos rebeliones domésticas en curso, una población numerosa y la rápida desaparición de los recursos de petróleo y agua, Yemen se está proyectando vertiginosamente como una pesadilla para los estrategas políticos de Occidente.

No obstante, por ahora la realeza saudita tiene un príncipe que es considerado un héroe valiente por haber sobrevivido a un intento de asesinato al mismo tiempo que ofrece una mano generosa a un fanático impenitente. El rey saudita Abdullah reprendió al príncipe Muhammad por imprudencia, pero el rey también debe estar agradecido de que su familia haya creado un jefe de seguridad que ha logrado desestabilizar a Al Qaeda, al menos dentro del reino.

Fuente: www.project-syndicate.org

jueves, 1 de octubre de 2009

No hay tiempo para bajar el ritmo

Por: Kofi A. Annan, Amartya Sen y Michel Camdessus

Hace casi seis meses, en un momento de gran alarma por la crisis económica y financiera mundial, los líderes del G-20 se reunieron en una cumbre histórica en Londres. Sus compromisos colectivos para estimular, regular y reestructurar la actividad económica global ayudaron a calmar los nervios en todo el mundo.

Muchos de los problemas que dieron lugar a la cumbre de Londres siguen siendo una realidad. Puede ser que los niveles de ansiedad hayan disminuido entre los altos directivos y en los mercados de valores, pero continúa el drama diario por la supervivencia. En efecto, para muchas personas se ha profundizado, en los pueblos y en las calles de los países menos desarrollados del mundo -en particular en África.

Las Naciones Unidas y el Banco Mundial prevén que los efectos directos e indirectos de la crisis económica se sentirán durante mucho tiempo en los países en desarrollo. Los empleos han desaparecido, los ingresos y las oportunidades se han perdido. Decenas de millones de personas se han sumado a los millones de individuos que actualmente viven por debajo de la línea de pobreza, dando marcha atrás a los avances logrados con miras a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio del mundo.

En la reunión del G-20 de Londres se reconoció que no se debía castigar a los países y pueblos más pobres del mundo por una crisis de la que no eran culpables. Con esto en mente, los líderes del G-20 establecieron una ambiciosa agenda para preparar una respuesta incluyente y de gran alcance. Si no se quiere que la cumbre de Pittsburg se convierta en el anticlímax de la creciente importancia del G-20 como foro para las acciones decisivas, se debe mantener el impulso generado. Hay cuatro asuntos que ofrecen la oportunidad de hacerlo.

Primero, los líderes del G-20 necesitan cumplir los compromisos que han asumido con respecto a un Plan Global de Recuperación y Reforma. Al reconocer “su responsabilidad colectiva de mitigar el impacto social de la crisis y minimizar los daños a largo plazo al potencial global”, el grupo ahora necesita revisar cuánto apoyo ha llegado o se ha puesto a disposición de los países en desarrollo.

Hay algunas señales alentadoras. Por ejemplo, en julio, el FMI de modo encomiable anunció un incremento considerable en los préstamos en condiciones favorables a los países menos desarrollados. A muchos de ellos, incluidos Etiopía, Malawi y Sudáfrica, ya se les han asignado derechos especiales de giro (DEG) para ayudarles a afrontar la crisis económica. Sin embargo, algunos países vulnerables todavía están luchando para financiar las inversiones anticíclicas y ampliar la protección de los servicios sociales. Eso plantea preguntas sobre la severidad de los criterios de elegibilidad y modelos de asignación del Banco Mundial que pueden impedir que llegue el apoyo a los más necesitados.

Esto pone de relieve los argumentos en favor de una segunda área de acción –la de garantizar que los países en desarrollo, incluidos los menos adelantados, tengan más influencia en las instituciones financieras globales, y fortalecer los organismos regionales como el Banco Africano de Desarrollo. Una arquitectura global más equitativa y justa significa no sólo dar un mayor peso a las economías emergentes. También significa la inclusión sistemática de otros países en desarrollo.

Las instituciones de Bretton Woods, como el Banco Mundial y el FMI, reconocen ellas mismas que al hacerse más incluyentes tendrán más importancia ante la realidad y diversidad de la comunidad global de hoy, y serán más eficaces como vehículos para abordar la adaptación al cambio climático y la reducción de la pobreza. Pero el ritmo de los cambios necesita acelerarse para garantizar que el FMI en particular sea capaz de adaptarse a los desafíos posteriores a la crisis.

Esto exige una ampliación del mandato de supervisión del FMI más allá de las políticas monetarias y macroeconómicas a fin de que pueda hacer frente a cuestiones reglamentarias y financieras más extensas. Ello significa el establecimiento de un consejo político de muy alto nivel que tome decisiones estratégicas cruciales para la estabilidad global. También requiere reformar el sistema de votación para garantizar que las decisiones cuenten con el apoyo de la mayoría de los miembros.

Las reformas estructurales e institucionales tienen que complementarse con un tercer logro: acordar una agenda para tratar la variedad de reglas comerciales parciales, los programas de subsidios obesos, las reglas de propiedad intelectual y otras formas de distorsión de los mercados que ponen en grave desventaja al mundo en desarrollo. Aquí, el G-20 podría desempeñar un papel particularmente constructivo, especialmente en lo que se refiere a la reactivación de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales, la reducción de los derechos, aranceles y cuotas aplicados a las exportaciones de los países menos adelantados, y la eliminación gradual de los subsidios internos.

Por último, el G-20 también podría ayudar a fortalecer el impulso en el tema del cambio climático. Sus miembros representan la enorme mayoría de las emisiones globales de gases de efecto invernadero; un acuerdo entre ellos en Pittsburg sería un gran avance para garantizar que la Conferencia Internacional para el Cambio Climático que se celebrará en diciembre en Copenhague vaya más allá de las palabras.

Se necesita avanzar en el establecimiento de objetivos de reducción de emisiones de gas y un intercambio más amplio del conocimiento y la tecnología. También tenemos que encontrar una forma de ofrecer fondos para la adaptación y la mitigación – a fin de proteger a las personas del impacto del cambio climático y permitir que las economías crezcan al tiempo que mantienen bajos niveles de contaminación- mientras prevenimos el proteccionismo comercial en nombre de la mitigación del cambio climático.

Los retos de nuestro tiempo son numerosos, complejos y están entrecruzados. En Londres, el G-20 se mostró atento a las preocupaciones y a las circunstancias especiales del mundo en desarrollo, lo que dio como resultado reflexiones profundas. Los escépticos temen que ahora que se percibe, con o sin razón, que el riesgo financiero colectivo es controlable, de la cumbre de Pittsburg surgirá un compromiso débil que reflejará más los intereses nacionales divergentes que un sentimiento de urgencia por hacer frente al cambio climático, la pobreza crónica y la ineficaz gobernanza mundial. Los líderes del G-20 deben otra vez manejar presiones internas difíciles, superar agendas miopes y resistir las tentaciones populistas- y probar a los escépticos que están equivocados.

Fuente: Project Syndicate, 2009

Alfabetización Infantil: Una Revolución Educativa

Por: Manuel Bello

Deberíamos estar viviendo tiempos de urgencia, de movilización ordenada y de cambios profundos. Deberíamos estar invirtiendo en desarrollo humano tanto o más que en puentes, caminos, puertos y fábricas. Deberíamos estar asegurando el crecimiento sano y el florecimiento de las capacidades y los talentos de todos los nuevos peruanos y peruanas. Deberíamos estar realizando una revolución educativa.

Dentro de la complejidad de una auténtica revolución educativa es posible identificar unos pocos indicadores que de manera contundente nos dirán si está o no cambiando lo sustancial, si avanzamos o no en la dirección correcta, sin necesidad de esperar que transcurran los largos años que toma la maduración de un proceso de transformación social tan importante. Uno de esos indicadores potentes es el grado de éxito de la sociedad en la alfabetización de sus niños y niñas, sin la cual no puede existir la igualdad de oportunidades en un mundo de conocimiento y de aprendizaje permanente.

En nuestro país, la medición de este indicador mediante pruebas censales aplicadas por la Unidad de Medición de la Calidad del Ministerio de Educación en 2007 y 2008 reveló que sólo 16 o 17 de cada 100 niños de segundo grado de primaria habían logrado el nivel esperado de comprensión de textos escritos; la misma medición mostró que en ámbitos rurales los lectores exitosos no llegaban al 6% del total, mientras que en medios urbanos este dato pasaba del 20%, lo que da cuenta de una desigualdad educativa muy grande entre niños de apenas 7 años de edad.

Cuando constatemos que todos los niños y niñas de nuestro país avanzan en los primeros grados de la escuela primaria dominando lo esencial de las habilidades para comunicarse, para interrogar y para solucionar problemas, para seguir aprendiendo con independencia creciente y en relación de colaboración y de respeto con sus semejantes y diferentes y amando la naturaleza, podremos decir con seguridad plena que la revolución educativa está en marcha.

Existe abundante investigación sobre los procesos y los factores que hacen posible un buen inicio de la escolaridad y el éxito de la alfabetización de los niños y las niñas. Sobre esos factores han actuado y actúan políticamente las sociedades que en pocos años han transformado su educación y que ahora muestran al mundo los signos indiscutibles del progreso social, cultural y económico.

Se sabe que se tiene que actuar sobre las condiciones para enseñar y las condiciones para aprender en el período inicial de la escolaridad. Espacios acogedores y estimulantes, clima social propicio, recursos educativos suficientes y eficaces, maestros motivados y hábiles, relaciones de cooperación y de complementariedad entre la familia y la escuela, interculturalidad, atención a las necesidades diversas de los estudiantes, altas expectativas de todos acerca de los resultados a ser alcanzados, son condiciones necesarias para una enseñanza exitosa.

También se sabe, sin embargo, que el mejor modelo de atención educativa al inicio de la escolaridad puede ser incapaz de revertir las consecuencias de las carencias y maltratos que puedan haber existido en los años previos, en el contexto familiar y preescolar. Es increíble la magnitud y la profundidad de las huellas, cicatrices y vacíos que, en apenas cinco o seis años, puede producir una vida cotidiana en la que no se han satisfecho bien necesidades elementales o se han descuidado aspectos del desarrollo personal que están a la base del aprendizaje escolar.

Se sabe que en la más temprana infancia es fundamental –en el sentido más potente de esta palabra- la alimentación, el abrigo, el cuidado de la salud, la estimulación oportuna, la protección, el juego y el cariño. Y también se sabe que en el Perú muchas familias no están en condiciones de proveer de manera adecuada la satisfacción de todas estas necesidades básicas, como es el caso de más de la mitad de los hogares rurales, que viven en condiciones de pobreza (INEI-ENAHO 2007). Son indispensables, por eso, los programas sociales dirigidos al cuidado y a la estimulación de los niños pequeños más vulnerables, en áreas rurales y urbanas desfavorecidas. Es indispensable, asimismo, asegurar el acceso de estas poblaciones de niños y niñas a educación inicial y preescolar de alta calidad, que potencie su desarrollo aprovechando sus experiencias positivas y compensando las carencias de su contexto familiar y comunitario.

La mayor revolución educativa que puede realizar el Perú en un período de tiempo relativamente corto es alfabetizar con éxito a todos sus niños y niñas en la etapa de inicio de la escolaridad. Para lograrlo se requiere de voluntad política y de decisión del Estado y de la sociedad en su conjunto para llevar a la práctica una idea poderosa: invertir en la infancia.

Fuente: www.inversionenlainfancia.net