martes, 15 de diciembre de 2009

Chile, donde dos más dos no suma

Por: Antonio Skármeta

Amigos de distintas partes de Europa me han escrito asombrados por el resultado de la elección presidencial de este domingo en Chile donde el candidato de la derecha Sebastián Piñera se distancia tan fuertemente del candidato de la Centroizquierda que les hace pensar que la coalición que gobierna con éxito en Chile desde hace 20 años perderá el gobierno en la vuelta definitoria programada para el 17 de enero.

Se preguntan qué llevó a la prestigiosa coalición que hoy encabeza Michelle Bachelet a esta melancólica y riesgosa situación.

La Centroizquierda perdió la primera vuelta de las elecciones porque a lo largo de los 20 años que ha gobernado en Chile se han ido produciendo fricciones dentro de los partidos que ha llevado a que algunos socialistas, democratacristianos, y militantes del Partido por la Democracia, renuncien a la Concertación para intentar ellos corregir como independientes los errores del conglomerado.

En parte tienen razón, pues ha habido episodios de corrupción, otros de ineficiencia (por ejemplo el escandaloso fracaso inicial de un nuevo sistema de transporte público en Santiago) y las reformas no han sido lo bastante profundas para satisfacer las necesidades de la gente.

Pero por otra parte, han dado rienda a sus vanidades personales, a sus aspiraciones a ser ellos mismos posibles candidatos a la Presidencia de la República que no encontraron eco en las directivas de sus partidos de Centroizquierda. Que estas veleidades eran inviables se vio confirmado con el fracaso rotundo de los candidatos díscolos en las elecciones parlamentarias. No concitaron el cariño del electorado y perdieron sus postulaciones.

Estos "individualistas" no entendieron que era el momento de la Democracia Cristiana(Frei) para postular a un presidente después de dos gobiernos socialistas (Lagos y Bachelet) que mantuviera así un equilibrio dentro de la Concertación formada por Democratacristianos y Socialistas y agitaron de modo poco fraternal a la fuerzas no democratacristianas de la Concertación para llevar votos a sus candidatos.

Entre ellos, el ex-socialista Arrate no daña a Frei pues no hace sino consagrar muy oportunamente, a través de un pacto con los gobiernistas, el apoyo que los comunistas les han dado en todas las segundas vueltas que ha permitido siempre a la Concertación ganar las elecciones.

Los votantes del ex-socialista Marco Enríquez Ominami sí pueden dañar las chances de la Centro-Izquierda en la segunda vuelta de enero si dividen sus votos entre Frei (se espera que mayoritariamente), entre el candidato de la derecha Piñera, o entre el voto en blanco, como rechazo a ambas opciones.

Si los votantes independientes de Centroizquierda fueran fieles a su tradición y no votaran por el candidato de la Derecha, las frías matemáticas hablarían de esta manera en la segunda vuelta:

Piñera como candidato único de la Derecha obtuvo el 44% de los votos y de repetir esta votación no le alcanzaría para ser elegido Presidente de Chile.

Y si se agrupan los votos de "corazón centroizquierdista y antiderechista" en el candidato Frei tendríamos la siguiente suma: Frei 30%, Enriquez Ominami 20%, Arrate 6%.Total 56%, que alcanzaría holgadamente para que Frei ganara la elección en Enero del 2010.

¡Pero en Chile 2+2 no suma 4!

Parte minoritaria de los votos de Enríquez Ominami irán al derechista Piñera y otra parte minoritaria votará en Blanco o Nulo. Además es posible pensar que los candidatos independientes derrotados de centroizquierda tengan ánimo de venganza contra el eje de todos sus males: las dirigencias de los partidos Socialista y Democratacristiano que le cerraron el camino a sus ambiciones. Nada de raro que negocien su apoyo a Frei pidiendo las cabezas de los presidentes de los partidos concertacionistas, aunque es poco probable que lo consigan.

Así las cosas, el próximo mes verá una campaña sin treguas de Piñera y Frei por conseguir los votos díscolos de Enríquez Ominami. Sobre sus jóvenes hombros pesan responsabilidades y dilemas muy difíciles de abordar. Si mantiene la postura actual de no dar instrucciones a sus partidarios dejándolos en libertad de acción debilitará la posición de Frei y arriesga finalmente ser visto como un peón instrumental a la Derecha. Esto puede pesarle en su futuro.

Con sus actos de independencia ha conseguido agitar en la Concertación la necesidad de dar espacio a los jóvenes y de renovar dirigentes en forma más imaginativa. Si valora este logro y muestra afecto hacia el tronco del que se desprendió y consiguió remecer, lo sensato sería que hiciera las del Hijo Pródigo y volviera a casa. Es allí donde tiene un destino. La población política flotante en Chile a la larga tiende a disolverse en la anonimia y la ineficacia. ¿Pero las pasiones y frustraciones que lo rodean hoy serán buenas consejeras en la cortas cuatro semana que faltan para la gran definición?

Haga lo que haga, esta elección hoy no la tiene ganada nadie. Lo más probable es que en la recta final haya un duelo cabeza a cabeza entre Piñera y Frei que -como dicen los hípicos- sea ganada por nariz: algo así como 51% a 49%.

Fuente: El País

El fin de los díscolos

Por: Ascanio Cavallo

Los partidos fueron bastante zamarreados en las elecciones presidenciales del domingo. No sólo quedaron abollados en esa competencia los de la Concertación (gobierno incluido), sino, de manera un poco menos visible, los de la Coalición por el Cambio, porque Piñera obtuvo su buena votación después de una última fase de campaña en que se liberó de sus condicionantes. Enríquez-Ominami construyó su campaña contra los partidos, y les arrebató 20 puntos valiosos en la presidencial.

Esta constatación es, posiblemente, la que llevó a algunos entusiastas a pedir la renuncia de los jefes partidarios. Pero sólo un análisis muy liviano puede limitarse a la presidencial y dejar de lado los resultados parlamentarios.

Y lo que pasó allí es que en ambas cámaras se fortalecieron los partidos grandes, la UDI y la DC, los otros se defendieron bastante bien (sólo el PRSD tuvo un retroceso significativo) y desaparecieron casi todos los inventos de los últimos años. El Chile Primero de Flores no obtuvo ningún representante, el MAS se quedó con Navarro (al que no le tocó competir), la Nueva Mayoría de Enríquez no tuvo ni un solo elegido y el PRI de Adolfo Zaldívar se redujo a tres heroicos diputados (de siete), aunque con votaciones tan personalísimas que más bien confirman la regla.

Entre los 120 elegidos para la Cámara obtuvieron escaños sólo dos independientes: Miodrag Marinovic, haciendo honor al particularismo puntarenense, y Pedro Velásquez, figura histórica de la DC en pugna con facciones internas en Coquimbo.

En el Senado, lo que se llegó a llamar "la bancada independiente" desapareció. Por fuera de las dos grandes coaliciones sólo quedó Navarro, mientras que la DC y el PPD arrasaron con los candidatos alternativos. El caso más significativo, tanto por su calidad política como por su trayectoria, fue la derrota de Carlos Ominami, inmolado en el altar de la candidatura de su hijo.

Desde el punto de vista parlamentario, esta elección marca el fin de los "díscolos". O por lo menos, de la manera en que algunos parlamentarios entendieron la forma de ejercer la discrepancia: La idea de que un parlamentario es "dueño" de sus votos se volvió recurrente, principalmente desde la Concertación. Esto se terminó el domingo.

Ningún "díscolo" conservó su asiento. Incluso un senador sólo ocasionalmente "díscolo", como Jaime Naranjo, fue vencido por un símbolo partidario, Ximena Rincón. Andrés Zaldívar le ganó a un capitoste socialista permaneciendo en la DC, no imitando a su hermano Adolfo.
A pesar del descrédito discursivo con que se lo ha rodeado, el binominal puede haberse fortalecido este domingo. O, para decirlo de otra forma: ¿Tienen los partidos hoy más, o menos, incentivos para modificarlo?

Resuelto el problema de la inclusión del PC a una escala realista -su porcentaje no permitiría una representación mayor-, otras objeciones contra el sistema son ahora un poco más dudosas. Tres en particular:

1) El sistema impide la renovación. Aunque es evidente que favorece a los incumbentes, al menos esta vez, más de un tercio de los diputados son nuevos y la mitad de los 18 senadores elegidos también lo son en sus circunscripciones.

2) El sistema no es competitivo. Sigue siendo cierto que, una vez designado un candidato, tiene muchas posibilidades de triunfo y esto da una importancia tan grande a la nominación como a la campaña.

3) El sistema concentra votos en las dos grandes coaliciones. De esto no cabe duda. Pero si los votantes creyesen que esto es negativo, no habrían apoyado a muchos de los candidatos de los grandes bloques.

Fuente: La Tercera

La India recordada

Por: Dominique Moisi

“No olvidar a la India”. Esa advertencia tenía sentido hace diez o quince años; ya, no. Ahora es imposible pasar por alto a la India y mucho más olvidarla, no sólo por su rápido crecimiento económico, sino también por su cada vez mayor dimensión geopolítica.

Los europeos hablan con frecuencia de un “G-3” en ascenso, con lo que se refieren a un sistema internacional dominado por los Estados Unidos, China y la Unión Europea, pero esa ambición, por legítima que sea, parece cada día más presuntuosa e irrealista, sobre todo dadas las opciones por las que Europa acaba de inclinarse al nombrar a su nuevo “Presidente” –el Primer Ministro de Bélgica, Herman van Rompuy– y su “ministra de Asuntos Exteriores”, la nunca elegida para nada lady Catherine Ashton, de Gran Bretaña. ¿Cómo puede pretender Europa enviar un mensaje ambicioso cuando elige a tan modestos mensajeros –de hecho, prácticamente anónimos– para entregarlo?

En vista de esa demostración de instintos liliputienses por parte de Europa, si un G-3 llega a hacerse realidad alguna vez, el único aspirante serio en la actualidad a unirse a los EE.UU. y China es la India. La calurosísima bienvenida y la cena de Estado dadas al Primer Ministro de la India, Manmohan Singh, por el Presidente Barack Obama en Washington hace dos semanas es un testimonio más que suficiente de la nueva categoría internacional de la India.

Naturalmente, su recepción iba encaminada a halagar el ego colectivo de la India, que había notado una inclinación chinocéntrica en la política americana desde el momento en que Obama llego a ser presidente, pero hay mucho más que eso. En 1991, la caída de la Unión Soviética representó para la India una difícil prueba estratégica, que el país ha aprobado con una nota excelente. En parte como reacción al hundimiento soviético, la India abrazó sin reservas el capitalismo, lo que ha producido un progreso espectacular y, como la economía, la confianza de la India en sí misma se ha disparado.

En la actualidad la India ve que el mundo en sentido amplio, en particular Occidente, la considera cada vez con mayor respeto, no sólo por sus resultados, sino también por su esencia: un país joven y que también es una civilización antigua. Hace poco más de sesenta años, la India seguía siendo la joya de la corona del imperio británico. Hace cincuenta años, lo que encontraba más que nada quien intentara leer algo sobre la India en Occidente eran libros sobre espiritualidad. Hoy, entre los temas que abordan los libros sobre la India figuran la administración de empresas y la estrategia nuclear.

Naturalmente, a la India, al contrario que a China, le sigue resultando difícil verse como una potencia mundial, aunque sabe perfectamente que ha llegado a ser un gigante regional. Sin embargo, al menos durante el futuro inmediato, dicha categoría depende en gran medida de la relación con los Estados Unidos. El gran éxito diplomático de George W. Bush (y puede que sea el único auténtico) fue el de formar una asociación estratégica con la India.

Sin embargo, una de las consecuencias indirectas de esa privilegiada relación ha sido la profundización de la crisis de identidad del Japón. Hace cuarenta años, el Japón representaba al “Asía occidental”. Hoy, el surgimiento de la modernidad de estilo chino y de estilo indio resulta mentalmente desestabilizadora para el Japón. Al fin y al cabo, si China es el principal socio económico de los Estados Unidos en Asia y si la India es su principal socio diplomático, ¿qué queda para el Japón? Su envejecida población contempla resignada cómo el Asia más joven pasa a ser tan importante para los EE.UU. como Europa durante la Guerra Fría.

El planteamiento de George W. Bush fue el de considerar a la India como la “anti-China” y con ello equilibrar la “mayor democracia del mundo” con la ”más antigua civilización del mundo”. A consecuencia, de ello, los dirigentes de la India no parecen haber entendido el cambio de la diplomacia de los EE.UU. para con China en los primeros meses de la presidencia de Obama. ¿Por qué –parecían preguntarse los funcionarios indios– cambiar lo que funciona y en un momento en que los EE.UU. necesitan a la India más que nunca?

Desde el punto de vista de la democracia, no hay competencia, desde luego, entre la India y China, pero la India es también cada vez más consciente de que nada se puede hacer sin su ayuda en las cuestiones que van del Pakistán al Afganistán, pasando por el Irán. Por ejemplo, si el Pakistán ha de dedicar todas sus fuerzas a la lucha contra Al Qaeda y los talibanes, la India debe convencer al ejército pakistaní de que no debe temer una puñalada por la espalda.

Ha llegado el momento de que la India reconozca que el poder va acompañado de la responsabilidad y actúe como la nación indispensable para la seguridad regional y mundial que ha llegado a ser. El período en que la India estaba olvidada o se tardaba en recordarla toca a su fin y con él el período en que la India podía olvidarse del mundo.

Fuente: Project Syndicate, 2009.

¿Demasiado grande como para una reforma?

Por: Howard Davies

Se dice que el mejor periodismo es el primer borrador de la historia. Too Big to Fail de Andrew Ross Sorkin sin duda merece esa designación. Como actor secundario de los eventos dramáticos descritos por Sorkin (soy director independiente de Morgan Stanley en mi tiempo libre), puedo confirmar que refleja con exactitud la atmósfera de caos e incertidumbre que reinaba en Nueva York en el otoño de 2008.

Fue una época en que las placas tectónicas parecían estar moviéndose debajo de nosotros. Las instituciones que parecían sólidas como peñones de Gibraltar se revelaron como volcanes humeantes, en riesgo de disolución inminente en lava y cenizas. Incluso Goldman Sachs siguió existiendo gracias a las amables atenciones de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Al otro lado del Atlántico, el gobierno británico se encontró orgulloso propietario del 80% del Royal Bank of Scotland, que, según algunas mediciones, había sido desde hace algún tiempo el banco más grande del mundo.

La experiencia fue una lección para los bancos, los reguladores, los bancos centrales y los tesoros, que comprensiblemente no estaban preparados para una crisis así de amplia. No tenían ni las herramientas ni las competencias.

La conclusión primordial que se desprende de cualquier análisis de estos eventos desafortunados es que nada volverá a ser igual: la relación entre el Estado y los mercados tendrá que reconsiderarse. Se requerirá de un nuevo “contrato social” entre las finanzas y las personas a través por sus gobiernos.

Es fácil decirlo, pero los gobiernos, individual y colectivamente, siguen luchando por la redefinición de los términos de ese contrato. El progreso ha sido insoportablemente lento, en parte porque los funcionarios han sido los que apagan el fuego, y en parte porque los urgentes imperativos políticos internos compiten con el deseo de establecer nuevos mecanismos que sean globalmente aplicables y que ofrezcan una base estable para el sistema financiero internacional y eviten un arbitrio reglamentario y la desglobalización de las finanzas.

Como resultado, estamos viendo surgir diferentes enfoques nacionales de regulación. En los Estados Unidos, el principal motor de la toma de decisiones de las instituciones más grandes lo constituyen las pruebas de resistencia a la crisis de la Reserva, que en esencia suponen que todo lo que podría salir mal saldrá mal. En Suiza, la relación endeudamiento-capital ahora es central. En otros lados, varias versiones de los acuerdos de Basilea 1y 2 sobre las normas bancarias internacionales están operando, en algunos casos con suplementos ad hoc .

Un nuevo Consejo global de estabilidad financiera está tratando de entender todo esto, y también de trabajar en un nuevo “mecanismo macro-prudencial” que refleje los riesgos en todo el sistema. No obstante, carece de autoridad formal para imponer un enfoque común de capital (el G-20 debería darle uno).

No hay muchos avances que informar en lo relativo al problema de muy grande como para quebrar. ¿Qué debería hacerse en cuanto a los gigantes de la jungla financiera? –algunos de ellos creados expresamente por los propios gobiernos en el punto crítico de la crisis. El libro de Sorkin nos recuerda que hace sólo 18 meses, la administración estadounidense encontró la respuesta al crear bancos cada vez más y más grandes, bajo el débil argumento de que al unir dos barcos que se hunden de algún modo se lograría hacerlos aptos para navegar. El gobierno británico hizo lo mismo, al actuar como comadrona de la combinación Lloyds-Halifax Bank of Scotland, generalmente ahora visto como un gran error.

No es un secreto que las autoridades públicas están fuertemente divididas en este asunto. En la esquina roja, por así decirlo, tenemos al ex presidente de la Reserva, Paul Volcker y al actual gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, revolucionarios no naturales. Les gustaría dividir los megabancos y especialmente separar la banca minorista de la que realiza operaciones con valores, o lo que ahora frecuentemente se llama “banca de casino” (de hecho, la analogía es injusta para los propietarios de casinos, que tienen un historial mucho más fuerte de gestión de riesgo que muchos de los bancos de inversión).

En la esquina azul está el secretario del tesoro estadounidense, Tim Geithner, y su homólogo británico, Alistair Darling, que señalan que un reavivamiento de la Ley Glass-Steagall, la cual separaba la banca de inversión de la banca comercial, no es apropiado para los mercados actuales. Creen que las instancias reguladoras pueden cercar el capital respaldando diferentes líneas de negocios, para prevenir el riesgo de contagio, y tal vez imponer una sobrecarga a las grandes firmas “sistémicas”, a fin de reflejar el precio de su respaldo implícito del banco central y el gobierno. Dependiendo del tamaño, esto podría limitar las ambiciones de las instituciones que han sido claramente “muy grandes como para gestionar”, así como “muy grandes como para quebrar”, que es la combinación más temible.

¿Cuál es mi postura en este animado debate? Pienso que es deseable más diversidad en la banca y más competencia. Ciertamente tras la crisis ha habido demasiada concentración en Reino Unido y en otras partes de Europa. Neelie Kroes, la comisaria de competencia saliente de la UE, con seguridad tenía la razón al exigir algo de desinversión de las ramas de los grupos más grandes, aunque se dice que no llegó lo suficientemente lejos. También es alentador que los fondos de capital privado estén interesados en la creación y financiamiento de nuevos operadores. Necesitamos capital nuevo, y nuevos enfoques de gestión, en el sector bancario.

Sin embargo, estoy nervioso por la idea de que los reguladores estén en mejor posición para determinar la forma futura de los mercados. ¿Si las autoridades aparecen como las que permitieron la creación de nuevas instituciones, podrían no sentirse obligadas a apoyarlas, pase lo que pase? Con el tiempo, el objetivo debe ser indudablemente reducir al mínimo la proporción del sector financiero que está sujeto a alguna forma de garantía estatal. Un sistema bancario diseñado por reguladores dificultaría más la consecución de ese objetivo.

Fuente: Project Syndicate, 2009.

lunes, 14 de diciembre de 2009

¿Y ahora qué puede hacer Frei?

Por: Ascanio Cavallo

Las elecciones presidenciales de ayer arrojaron un par de sorpresas y un par de confirmaciones. Entre las primeras deben contarse, obligadamente, las votaciones de Sebastián Piñera y Eduardo Frei, que fueron superiores por mucho a lo que les otorgaban encuestas tan valoradas como la del CEP: 8 puntos más en un caso, 6 puntos más en el otro. Como margen de error, escalofriante.

Las confirmaciones fueron las votaciones de Marco Enríquez-Ominami y Jorge Arrate, que no amenazaron finalmente a nadie y se mantuvieron en las cotas anunciadas. Lo que decía la encuesta, no el entusiasmo de los comandos ni el supuesto secreto de los indecisos.
Como se suponía desde el primer día de campaña, Piñera y Frei pasan a segunda vuelta. ¿Qué se puede esperar de esta marcha forzada de 30 días que se inicia hoy?

Los voceros más importantes de la Concertación han sostenido en estos días -y aun ayer- que la campaña de segunda vuelta será durísima, en el sentido de que polarizará las opciones: entre ricos y pobres, privatistas y estatistas, víctimas y victimarios, autoritaristas y demócratas. Una pantografía del Sí y el No, hasta donde ella sea posible 20 años después.

El caso es que esta versión de la campaña necesitaría una correlación con los resultados. Esto es: si Piñera obtenía menos del 43%, y la distancia con Frei era inferior a los 10 puntos, habría excelentes posibilidades de derrotarlo en el balotaje, extremando las amenazas y las memorias dolorosas. En ese caso, todo el aparato de la Concertación se volcaría, sin la menor fisura, a recomponer su votación histórica, por las buenas o por las malas, para impedir el triunfo de la oposición.

Pero ninguna de las dos condiciones básicas se cumplió: Piñera se empinó hasta poco más de cinco puntos de la mayoría absoluta (cerca de la votación de Michelle Bachelet en el 2005), le sacó a Frei una ventaja potencialmente irremontable y las candidaturas alternativas se redujeron a la irrisión que siempre se les supuso desde las opiniones no interesadas.

Hay un inevitable contrabalance entre ganadores y perdedores. Los seguidores de Piñera tendrán razonables motivos para sentir que están en los márgenes del triunfo final. Los seguidores de Frei, en cambio, no sólo deben aceptar el segundo lugar (algo verdaderamente serio para un ex presidente), sino sobre todo la posibilidad cierta de perder en la recta final. La diferencia de ánimo tiene siempre un papel en la política.

La Concertación dispone de una gran soldadera para las batallas difíciles. Pero nunca antes había afrontado una amenaza tan radical y tan inextricable como el porcentaje obtenido por Piñera. Nunca están menos disponibles los soldados que para la derrota, sobre todo cuando se las anuncian con un mes de anticipación.

Lo que esto quiere decir es que una estrategia de confrontación excesiva, agresiva, dramatizada, puede ser una idea pobre dentro de una situación complicada. El oficialismo requiere medir con cuidado el despliegue de sus esfuerzos en lo que desde ahora aparece como un escenario de derrota presidencial, aunque no parlamentaria.

En el cortísimo plazo, el freísmo tendrá que asegurar los votos de Arrate (un tanto decepcionantes, cualesquiera fuesen las expectativas) y tratar de negociar con Enríquez-Ominami, una cosa bastante inviable, desde que el proyecto central del diputado ex socialista envolvía la jubilación de Frei, el alejamiento de la DC y la reorganización de la Concertación de una manera tal que no fuese ella misma. Al fin y al cabo, la idea de que Enríquez-Ominami pudiese ser el líder de una "nueva" Concertación se reveló ayer como lo que siempre fue: una entelequia de aficionados. Porque si tiene algún valor, el proyecto de este diputado debería ir algo más lejos, en otros tiempos. Para la pelea de este mes, su peso relativo se aproxima al cero.

¿Qué puede hacer Frei? Lo que hizo antes de ser proclamado candidato: esperar, aguantar y mantener el estoicismo que hasta sus peores enemigos le reconocen como su principal valor.

Y poco más.

Fuente: La Tercera

¿Crucifijos sí y minaretes no?

Por: Eugenia Relaño

Con palabras proféticas escribía Oriana Fallaci en La rabia y el orgullo: "Nuestra identidad cultural no puede soportar una oleada migratoria compuesta por personas que pretenden cambiar nuestro sistema de vida, nuestros principios (...) En Italia, en Europa, no hay sitio para los muecines, minaretes, los falsos abstemios, el maldito chador y el aún más jodido burka". El 57,7% de los votantes suizos ha dado la razón a la escritora y ha optado por la prohibición de la construcción de nuevos minaretes.

Dos semanas antes, el cardenal Bertone, al comentar la polémica sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que considera que la presencia del crucifijo en las escuelas públicas italianas constituye una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones, y de la libertad religiosa de los alumnos, señaló: "Esta Europa del tercer milenio sólo nos deja las calabazas de Halloween y nos quita los símbolos más queridos". Idea compartida por las autoridades italianas y reforzada por la Conferencia Episcopal italiana que afirmó en comunicado de prensa que el crucifijo no es sólo un símbolo religioso, sino también cultural y un signo fundamental de los valores religiosos en la historia y la cultura italiana. Y el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi, entre otras consideraciones, añadió que "la religión es un componente esencial de nuestra civilización; por este motivo, es equivocado y miope querer excluirla de la realidad educativa".

¿Existe alguna similitud entre el voto suizo y la actitud de las autoridades italianas y la respuesta de la iglesia católica italiana? Sí, ninguna favorece la convivencia pacífica entre religiones y culturas. En el país helvético temen por el peligro abstracto de "la islamización del país" -según Walter Wobmann, presidente del comité Sí a la prohibición de los minaretes- y en tierras italianas se teme por la pérdida de la identidad italiana vinculada a la religión católica mayoritaria. Ambas situaciones nos dan una oportunidad para ajustar los criterios europeos de justicia y ocasión para reflexionar sobre el concepto de ciudadanía europea.

La idea de justicia está asociada al respeto de los derechos fundamentales y a la idea de igualdad como paridad. La prohibición de construir minaretes vulnera directamente, entre otros, el derecho fundamental de manifestar la religión mediante el culto o la libertad de expresión, derechos ampliamente reconocidos en los tratados internacionales ratificados por Suiza. Limitar el ejercicio de un derecho fundamental por razones imaginarias y potenciales significa un retroceso muy grave en las garantías democráticas. Apoyar socialmente esta iniciativa es legitimar los discursos del peligro islámico que estereotipan el islam como religión violenta y desestabilizadora. La campaña a favor del sí mostrando los minaretes (sólo existen cuatro en toda Suiza), junto a una mujer velada, en forma de misiles confina a los musulmanes suizos a un estado de barbarie sospechosa y terrorista. Desde luego esta discriminación y expulsión de la esfera pública no es la mejor manera de cohesionar una sociedad.

Tampoco fortalece la convivencia entre los diferentes credos -y no credos- en la escuela pública si las autoridades estatales optan por un símbolo religioso de una determinada confesión. Nadie duda del significado cultural del crucifijo, como tampoco se cuestiona la importancia de los valores cristianos en la historia constitucional europea, pero la cruz es, ante todo, un símbolo cristiano. Y desde la óptica de los derechos humanos su prohibición en la escuela pública tendrá sentido, atendiendo al contexto concreto, cuando el símbolo sea lesivo para las creencias de algunos alumnos. La libertad negativa del alumno significa el derecho a mantenerse alejado de actos de culto o símbolos propios de una religión que no se profesa. Esto no quiere decir que el menor tenga el derecho a no ser expuesto a ningún símbolo religioso. Al contrario, la escuela es un espacio vital para la manifestación de la pluralidad y la diferencia, como lo es la sociedad en general. Pero existe una diferencia sustancial entre la muestra de un símbolo religioso como decisión de la autoridad pública o como consecuencia de una decisión individual. El Estado no puede identificarse con ninguna opción religiosa.

La laicidad europea debe ser flexible y estar muy atenta a las derivas del laicismo, a las discriminaciones de las minorías religiosas y a las coacciones de las identidades religiosas mayoritarias. Los mensajes de exclusión e imposición, suizo e italiano respectivamente, no pueden estar más lejos del europeísmo contemporáneo que alberga tanto la noción de igualdad como la de diversidad: unidad en la diversidad. El aspecto clave de la ciudadanía europea es construir una ética común abierta a la diversidad.

Tomarse en serio el pluralismo en nuestra Europa significa quitarse los velos de la indiferencia, del rechazo y de las cruces hegemónicas. El ideal de universalidad se construye desde el reconocimiento y desde la equidad, lo cual implica eliminar las interferencias a la libertad y asegurarla respetando e integrando a creyentes y no creyentes. Prohibir e imponer no integra, sino que disgrega, excluye y disuelve los vínculos entre ciudadanos. Este camino no conduce ni a la paz social, ni a una ciudadanía europea inclusiva y plural.

Fuente: El País

Brasil-Honduras: un Gulliver frustrado

Por: Iván Witker

Una pelea propia de Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift -entre liliputanos y blefuscuences-, esta vez en Tegucigalpa, parece estar convirtiéndose en el primer rayón de pintura que tiene ese aspirante a gigante llamado Brasil.

Su errático manejo del caso Zelaya-Micheletti amenaza con empañar gravemente el vasto reconocimiento obtenido en los últimos años por ese país en el plano internacional, y que le ha valido, entre otros, integrarse al BRIC, junto a los grandes emergentes del mundo de hoy, India, Rusia y China, o bien al admirado G-20.

Pero Zelaya y Micheletti –un liliputano y un blefuscuence- han conseguido dejar al descubierto falencias muy relevantes. Y es que el Gulliver sudamericano parece no haber desarrollado suficientemente aún esa conciencia e instinto, sine qua non de cada potencia, característicos de todo gran actor del sistema internacional –de cada estado pivotal como lo denomina Brzezinski- para estar dispuesto a lidiar con problemas grandes, chicos y medianos en cualquier parte del globo; y muchas veces de manera simultánea. Y convengamos que Honduras es un problema chico. Y más aún, dentro del hemisferio.

Transcurridos varios meses de ese sainete protagonizado por Zelaya y Micheletti, con sus respectivos socios y adláteres, parece evidente que ambos han enredado a la diplomacia brasileña de una manera tal, que ni el más agudo politólogo hubiese podido avizorar. Tampoco un historiador de las relaciones internacionales encontrará fácilmente en la política exterior de Brasil un episodio tan marginal como éste, y que haya tenido a sus tomadores de decisión tan en ascuas. De hecho, Clodoaldo Bueno, el gran historiador de la política exterior brasileña no menciona casos análogos en sus principales obras.

En Tegucigalpa, Itamaraty no sólo fue sorprendido con el intempestivo ingreso del hombre del sombrero a su embajada, sino que cada día ha ido quedando en evidencia una asombrosa perplejidad debido a una situación que no evoluciona como esperaba. Lo que ha rebasado todo lo imaginable es el episodio del avión mexicano, solicitado de conjunto con Argentina.

En el fracaso de esa operación subyace la terrible realidad de que Itamaraty jamás imaginó estar como hoy, donde el grande va a la zaga. Verse superados por la picardía y el doble juego, tan presentes en el caso hondureño, ha sido un golpe al ego institucional. A ojos de cualquier observador, parece un Gulliver estupefacto ante su nula incidencia en un submundo de enanos. Inmensamente revelador de su desazón es la petición de que, ante la realidad –tan insoslayable como siempre- el depuesto mandatario se tome la molestia de abandonar la legación a fines de enero. Habrá que ver si tan magnánimo gesto será correspondido en el futuro con alguna palabra de deferencia o agradecimiento. A simple vista, se ve difícil. Zelaya gusta de la teatralidad y la grandilocuencia, vive con fuerza cada momento, y aunque es algo atarantado en sus decisiones, en el fondo es un jugador de póker, que sabe muy bien lanzar sus cartas.

Claro. Podría argumentarse que este problema, Itamaraty no lo buscó, o que no es prioritario en la agenda externa. Podría ser. Pero lo que definitivamente no calza es que un país de tales dimensiones, y especialmente de tales aspiraciones, no haya resuelto el caso de manera satisfactoria para sus propios intereses y en un lapso relativamente breve, acorde al tamaño del problema planteado. Por añadidura debe tenerse en consideración que el caso Zelaya-Micheletti es, en lo fundamental, un asunto político relativamente pacífico, sin las dosis de sangre y violencia que deben enfrentar países similares. Una simple oteada a sus socios del BRIC da una idea de los avernos que viven potencias de esos rangos. Un vistazo a la India, con el cual comparte además la legítima aspiración a un sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU, siempre es útil. No está demás recordar que los miembros de éste se ganaron el derecho a estar allí en el campo de batalla; ninguno fue invitado. Lamentablemente, en la pequeña Honduras, el Gulliver regional no ha sido incapaz de indicar por dónde deben partirse los huevos.

Este caso ilustra además lo erróneo de ciertas apreciaciones teóricas en orden a que los Estados son actores poderosos o débiles según lo determinen sus capacidades estructurales. Ciertamente que países con instituciones sólidas y convicciones profundas sobre su lugar en el mundo son la base de la proyección de poder, pero la evidencia apunta –con cierta porfía- a la naturaleza humana, como elemento clave. Esta sigue siendo inmensamente poderosa en el proceso de toma de decisiones. Por eso no basta con decir que se trata de un “compromiso con la democracia”. Al día de hoy, esa es un recurso retórico vago y demasiado elemental. Hoy existen varios tipos de democracia. Por eso, y no por simple “extravío metafísico”, se han desarrollado criterios de medición y se le estudia como un proceso. Ergo, si se busca jugar un rol de mediador, de negociador, de puente, de conexión –o como quiera llamársele- una de las condicionantes del éxito es indicar qué se promueve.

Las falencias aludidas en el caso Zelaya-Micheletti serán motivo de estudio en los próximos meses y años. Pero se puede adelantar que dejan de manifiesto, que los tomadores de decisión de una potencia interviniente deben estar en condiciones de medir las subjetividades propias del acontecer político; por lo menos las más fundamentales. Cómo actuar, por dónde presionar, cómo calibrar las reacciones ante movimientos sutiles y otros no tanto, cómo adentrarse en los imaginarios de los demás actores y cómo conocer los sótanos y cañerías de desagüe de los Estados. Ese algo que ocupa y desvela día a día a los aparatos diplomáticos, de defensa y seguridad de las potencias. Asuntos que los países chicos y marginales son incapaces de comprender.

Por lo mismo, mientras no se tenga como punto de partida aquello que Bloch llamaba la “simultaneidad de lo no contemporáneo” (situaciones incongruentes que proceden de épocas diversas), no se entenderá lo que ocurre en Honduras. Y si un Gulliver acepta inmiscuirse en los submundos liliputanos, debe ser capaz de fijar sus parámetros, ritmos y objetivos. En lenguaje swiftiniano: debe clarificarles a liliputanos por dónde se rompen los huevos.

¿En qué parará la pre-moderna Honduras? “En lo que Dios quiera”. Así decía acertadamente el ilustre historiador mexicano del siglo 19, Lucas Alaman para describir la inestabilidad crónica de Mesoamérica.

Fuente: El Mostrador

Marambio impone tesis de los duros y ME-O le da portazo al oficialismo

Por: Claudia Urquieta

Poco antes de que se entregara el primer cómputo oficial, que arrojaba poco menos del 18 por ciento para el candidato independiente Marco Enríquez Ominami, se respiraba nerviosismo en el comando instalado en el Palacio Concha y Toro.

Porque aunque el diputado Esteban Valenzuela había asegurado que tenían un “resultado extraordinario” y que aún no se había definido si pasaban o no a segunda vuelta, lo cierto es que las cifras decían lo contrario.

De hecho, las palabras del díscolo diputado que se suponía daría acompañando los primeros resultados, no se entregaron hasta pasadas las 9 de la noche, cuando el porcentaje bordeaba el 20 por ciento. A esas alturas ya no era un misterio que los candidatos que seguían en carrera eran Sebastián Piñera y Eduardo Frei.

Junto a Karen Doggenweiler, sus dos hijas, y varios de sus adherentes, ME-O dio un discurso asumiendo que no pasaría al balotaje, pero que no dejó dudas sobre quién había ganado la pugna interna entre las “palomas” y los “halcones”.

“A los que quieren negociar les digo fuerte y claro, con la mejor dicción, que no hay nada que negociar”. De esta forma Max Marambio, el líder de los “halcones”, impuso su postura de dinamitar los puentes con el oficialismo.

Y dejó fuera la estrategia de las “palomas”, partidarios de un pacto con el freísmo para la segunda vuelta y de la necesidad de pactar con la Concertación. Aunque muy probablemente muchos de ellos se allegarán al oficialismo en los próximos días. De esta forma, el padre adoptivo de Marco Enríquez, Carlos Ominami, perdió el gallito en el ring del comando frente al jefe político de su hijo, en cuya casa el comando y sus adherentes realizarían una fiesta luego de la jornada.

Entre los halcones también se encuentra Camilo Feres, encargado de estrategia y contenido, que junto al ex revolucionario y actual empresario, apostaron a la fórmula del todo o nada, ya que su aspiración era construir una nueva alianza pero bajo sus propias condiciones. Además, ninguno de los dos mantiene buenas migas con los partidos de la Concertación y sus presidentes. Y ninguno vive del Estado, así que pueden dedicarse sin problemas a otros asuntos. A diferencia de Ominami, que fue uno de los grandes derrotados del mundo de los díscolos.

El complicado futuro de los díscolos
La apuesta de Carlos Ominami de renunciar al PS, y de paso a su reelección segura en la V Cordillera por respaldar la candidatura de su hijo, terminó con su salida del mundo parlamentario, dejando atrás la posibilidad de transformarse en un héroe político y en la figura más importante del marquismo. Aunque no fue una sorpresa.

Quizás la derrota menos esperada fue la del vocero de ME-O y ex PPD, Álvaro Escobar frente al presidente de dicho partido, Pepe Auth, que finalmente se impuso en el distrito 20 de Cerrillos, Estación Central y Maipú. Escobar fue colocado en dicho distrito por Marambio con el fin de impedir el puente entre Ominami y Guido Girardi, accionista mayoritario del PPD.

Auth, junto al secretario del PS Marcelo Schilling, que iba como candidato a diputado por el distrito 12, eran los emblemáticos a derrotar para el marquismo, que han mantenido duras divergencias con las cúpulas de los partidos oficialistas. Pero ambos fueron electos.

Un escenario bastante lúgubre para los díscolos, que quizás se la pensarán dos veces antes de embarcarse en un nuevo proyecto por “fuera” del sistema binominal. En definitiva, la experiencia del marquismo desincentiva el discolaje futuro a la luz de la praxis política.

¿Y qué hará ME-O?
Aunque ME-O dejó libres a sus adherentes para votar en el próximo balotaje según su conciencia, fue bastante duro con sus contrincantes, asegurando que Frei y Piñera “se parecen demasiado”.

Los dardos contra Piñera fueron extremadamente duros, ya que aseguró que al ser el candidato “del mundo conservador y de la derecha en particular sería un retroceso histórico para Chile… Sebastián Piñera no es el cambio. Que nadie se engañe. El cambio propuesto por él es un espejismo. La historia y sus actos lo avalan”.

“Él es la continuidad más triste del statu quo. Él es el conservador más opaco en educación pública. Representa lo más cruel del mercado. Debemos ser claros en nuestra decisión de descartarlo como una opción que parezca ser distinta entre dos males: las dos candidaturas que ganaron electoralmente hoy”.

Enríquez-Ominami señaló que entre el candidato de la Alianza y Frei “lo único distinto son lo sectores sociales que los apoyan. Para mi es claro que el pueblo llano de la Concertación es tributario de un mundo de ideales y convicciones que han sido secuestrados por dirigencias, cúpulas, lideres del pasado. Partidarios de un Chile del pasado”.

Cúpulas partidarias, que según aseguró, se han transformado “en meros administradores de un modelo de cuotas de poder, de privilegios, de capturas y que han capturado no sólo la política sino también el Estado para propósitos distintos del bien común”. Por eso llamó, como un acto de “decencia política”, a que los dirigentes de los partidos oficialistas renuncien a sus cargos.

A pesar de las duras críticas a Piñera, el escenario más potente políticamente para Enríquez-Ominami es justamente que sea él y no Frei quien gane las elecciones. Básicamente porque de ser así podría transformarse en un claro opositor, construir e impulsar una plataforma y perfilarse para los comicios de 2014, tarea que se le complicaría si el elegido es el ex mandatario.

El llamado del díscolo ex candidato fue a que sus adherentes continuarán trabajando y recorriendo Chile a partir del lunes, probablemente con miras a ver la forma en que se alineará el Congreso después de la segunda vuelta, lo que será clave, ya que será un Parlamento bastante difícil de ordenar y, como explicó Camilo Feres, “requerirá de figuras que conciten ciertos niveles de apoyo. En ese sentido ME-O será el único referente en Chile que agrupa el 20% de las ciudadanía”.

Fuente: El Mostrador

La humillación cuesta cara

Por: Santiago Escobar

El resultado de la elección de este domingo 13 dejó al empresario y candidato de la derecha con una ventaja de más de 14% puntos sobre Eduardo Frei, con quien deberá definir la Presidencia en una segunda vuelta electoral el 17 de enero próximo.

En circunstancias normales ella sería irremontable. Pero una falla de cálculo de su entorno lo deja en situación de que el pan se le queme a la salida del horno por la humillante derrota que el piñerismo le inflingió a Joaquín Lavín en la Circunscripción V Costa y a Rodrigo Álvarez en el Distrito 21 Ñuñoa- Providencia. A vista y paciencia del candidato Presidencial.

Las humillaciones en política generan rencores y se pagan caras. En este caso se trata de candidatos emblemáticos de la UDI que a juicio del partido merecían a lo menos un trato de amistad cívica por parte de sus aliados, lo que evidentemente no ocurrió. En el caso de Joaquín Lavín fue el propio presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín, quien se empeñó en una virulenta vocería en contra, a propósito de la judicialización de la campaña por destrucción de la propaganda electoral entre él y Francisco Chahuán. En vez de mediar y atemperar le salió del alma la rivalidad y le echó más leña a la hoguera.

En el comando de Lavín se sostiene que la actitud de Carlos Larraín, quien además habría financiado la millonaria campaña de Chahuán, se debe a pequeños ajustes de cuentas originadas en el tiempo en que Lavín era alcalde de Las Condes y Larraín concejal, y durante el cual tuvieron públicos desacuerdos por la conducción municipal.

Algo parecido ocurrió con Rodrigo Álvarez Zenteno, actual Presidente de la Cámara de Diputados y uno de los cuadros jóvenes más promisorios del gremialismo, quien fue derrotado por Marcela Sabat, hija del alcalde de Ñuñoa, quien intervino abiertamente a favor de su hija con los recursos municipales, hecho que fue denunciado por Álvarez.

Al hacer su discurso la noche de ayer fue evidente la ausencia de rostros políticos en torno a Sebastián Piñera. El candidato leyó un bien estudiado discurso en el que no faltó ningún tema excepto el de los derechos humanos, y en el cual hizo un abierto llamado al electorado de Marco Enríquez-Ominami con quien dijo compartir el diagnóstico de una Concertación agotada.

En un tono bíblico y movimientos de pastor protestante, el candidato vencedor de la primera vuelta se notó sereno pero distante de los partidos y de la euforia de un triunfo asegurado, e hizo un ofrecimiento de protección y trabajo para la clase media, dejando planteada su idea de un gobierno de unidad nacional.

La prudencia se explica porque si bien le falta algo menos que el 6% para la mayoría absoluta, aún está a cuatro puntos debajo de la votación obtenida por la derecha en la primera vuelta de las presidenciales del año 2005, cuando él y Lavín eran candidatos. Y como a ésta le cuesta crecer sobre sus umbrales electorales, la humillación a que se sometió a la UDI podría traer serias complicaciones y la desafección de los aliados. Habrá que preguntarle a Pablo Longueira qué opina.


Marco Enríquez para la casa

Mientras tanto, el espectacular resultado de Marco Enríquez-Ominami se vio claramente opacado por el fracaso electoral de sus hombres políticos más cercanos. Álvaro Escobar, Marcelo Trivelli y Esteban Valenzuela perdieron sus diputaciones dejando un vacío sobre a dónde orientar la fuerza electoral construida en estos meses.

Desde la gestación de su campaña fue evidente que ME-O hizo un diseño que pasaba exclusivamente por él. Nunca aceptó la posibilidad de que tal proceso sirviera también para construir una fuerza política con un mínimo de estructura orgánica que le permitiera participar como incumbente real en las decisiones posteriores a la elección.

Tampoco se jugó por construir una lista parlamentaria competitiva y dejó el tema a la potencia individual de sus hombres más cercanos que eran candidatos. Al revés de los otros candidatos, especialmente Frei que tenía que pedirle a sus parlamentarios que hicieran campaña con él, ME-O se desentendió del tema. Aparentemente ello fue un gran error de apreciación del escenario político pues la máquina electoral de la Concertación, usando el binominal, molió a sus hombres.

De ahí que su discurso final la noche del domingo sea una señal esperada pero sin mayor repercusión política. No tuvo un solo premio que mostrar a sus seguidores y pese a lo espectacular de lo alcanzado sólo pudo mostrar derrotas. Su declaración de libertad de acción no tiene nada de novedoso. Es honesta y consecuente, pero es evidente que la gente que lo apoyaba ahora decide por sí misma.

Sin embargo es una gran oportunidad para gente de su entorno, entre ellos su padre, y aquella vinculada al PS y al PPD. El giro electoral que llevó a tres comunistas al Parlamento tiene un sello democrático importante como rechazo a la exclusión. Pero es un giro doctrinariamente conservador y hacia el pasado. Que llega atrasado a la vida real como todas las cosas que pasan en Chile. Es de esperar que los nuevos representantes comunistas no vengan con los mismos discursos trasnochados acerca de la democracia en Cuba o el anti iemperialismo de Chávez o se afirmen en la convicción de que en 20 años la Concertación no hizo nada.

La izquierda moderna y los sectores liberales democráticos y progresistas que acompañaron a ME-O han quedado fuera del escenario y carecen de expresión política. Lo más lógico es esperar de ellos un intento por consolidar un movimiento que los represente, y una revuelta frente al conservadurismo de los partidos a los cuales pertenecen. Con todo, parece evidente que Marco Enríquez-Ominami en este aspecto no tuvo una buena lectura del futuro.

Frei cuesta arriba
No le será fácil a Eduardo Frei remontar los catorce puntos que le separan de Piñera. Y aunque las matemáticas de la política son lo suficientemente compuestas y complejas para que las cosas no varíen con tanta facilidad, en estricto rigor no está dicha la última palabra.

Por lo mismo será relevante su discurso para captar a quienes apoyaron a Marco Enríquez-Ominami. Porque tal apoyo expresa un profundo malestar al interior de la Concertación que no va a cambiar tan fácilmente si no se dan muestras claras de cambio.

No basta decir que se comparten los mismos sueños. Se requieren pruebas concretas, entre ellas nuevos rostros, además de un discurso claro de autocrítica de una Concertación desgastada por la especulación y el cálculo desde el Estado y no desde y para la sociedad.

Y no es precisamente lo que se le escuchó de manera clara a un candidato que volvió a estar solo ayer en la noche, recordando al Frei del desempeño de campaña espectacular mientras los partidos estuvieron lejos y él era un candidato por fuera de la Concertación.

Es posible que la potencia de Eduardo Frei sea la parquedad, esa seriedad sencilla y empaquetada de la república de antaño, la del cuello duro y la actitud fome. Eso aparentemente lo distancia de los nuevos electores, pero es aliciente para un padrón donde predominan los mayores de cuarenta años. Es cálido y familiar, y sus aciertos son mayores que sus errores, pese a que entre estos está su distancia histórica de los derechos humanos y que hoy, paradoja de la vida, le afecta de manera muy cercana.

No le gusta la polémica. Fue el gobierno de Eduardo Frei el que disciplinó a los llamados autoflagelantes y terminó con el debate sobre la necesidad de renovar la Concertación ya el año 1997. Uno de sus asesores actuales, Eugenio Tironi, haciendo vocería de aquellos que decían que todo era perfecto, llegó a afirmar que el debate estaba inducido por aquellos que no habían obtenido cargos en el Estado. Esta concepción de la coalición oficialista como negocio es la que hizo entrar en crisis a la Concertación.

Según sus cercanos, Eduardo Frei no es un orador brillante, sino sencillo y franco, y puede decir la verdad de una manera ruda y descarnada. La pregunta es si para obtener el apoyo de los desencantados de la Concertación está convencido y es capaz de decirle, ruda y descarnadamente a alguna gente que le rodea que es hora de irse para la casa.

Fuente: El Mostrador

La derrota de Lavín que complica la segunda vuelta de Piñera

Por: Claudia Rivas

Aunque, tal como se especulaba, Sebastián Piñera pasó holgadamente a la segunda vuelta (44 por ciento era de las mejores cifras proyectadas con antelación), la derrota de Joaquín Lavín frente a un Francisco Chahuán, a quien en un comienzo la UDI vio como a un débil adversario, puede complicar al candidato de la derecha con miras al balotaje.

No por nada, antes de conocer el destino del ex alcalde, un alto dirigente del gremialismo reconocía que el fracaso del por dos veces abanderado presidencial del partido “seria un impacto muy fuerte” para la tienda. A lo que se suma la caída del presidente de la Cámara, Rodrigo Álvarez -ex delfín de Longueira y reconocido por todos sus pares- frente a su contrincante de RN, Marcela Sabat.

Si bien resulta llamativo que, por segunda vez en su trayectoria política, Lavín no haya logrado hacerse con un cupo parlamentario, lo es más el hecho de que haya caído frente a un oponente que en el gremialismo nunca fue visto como un digno adversario. Pero más allá de cualquier análisis en caliente, lo cierto es que la UDI está devastada. Porque pese a los 39 diputados que logró, manteniendo la supremacía parlamentaria, resultó herida en su alma. Quien encarna lo que la tienda ha llamado “el motor del cambio popular” quedó fuera del Senado. Y eso se puede terminar transformando en un serio escollo para las aspiraciones presidenciales de Piñera.

“La madre de todas las batallas”, como fue conocida la contienda por la Quinta Costa en la derecha, podría sacar a flote muchas de las rencillas que esta campaña parlamentaria produjo en la derecha y que se mantuvieron acalladas para no afectar la presidencial. Y pese a que nadie en la UDI se atrevería a reconocer abiertamente que la derrota de Lavín pone en entredicho el apoyo al abanderado opositor, no faltan quienes responsabilizan a Piñera de lo sucedido. En la tienda de calle Suecia ronda como un fantasma la imagen de la última franja parlamentaria de sus socios. La misma en que el abanderado agradeció el apoyo para Francisco Chahuán y Lily Pérez y que fue interpretada en el gremialismo como una muestra flagrante de falta de ecuanimidad.

En la misma línea, del tozudo apoyo del timonel de RN Carlos Larraín a Chahuán se responsabiliza a Piñera. En la UDI sienten que el abanderado “no cuidó” como debiera al ex alcalde, considerando que será él quien tendrá la misión de atraer los votos que todavía faltan para ganar. Y que dejó hacer a Larraín permitiendo que embarcara a Chahuán en una contienda que siempre tuvo como objetivo impedir la llegada de Lavín a la Cámara Alta.

Aunque la UDI aún no se resigna a dar por perdido a Lavín, hay una escena que grafica con claridad el estado de ánimo que rondaba ayer domingo antes de conocer los últimos cómputos. Mientras, pasadas las 21:30 horas Piñera subía al escenario levantado en el frontis del Hotel Crowne Plaza, junto a su esposa Cecilia Morel y a sus hijos, el presidente de la UDI, Juan Antonio Coloma y un grupo de dirigentes gremialistas se encontraba reunido en un salón analizando los últimos resultados. Junto a Coloma se encontraban el secretario general del partido, Víctor Pérez; el senador Jovino Novoa, el experto electoral Andrés Tagle y el asesor comunicacional de la tienda Manfredo Mayol.

Tras su discurso Piñera volvió al hotel y Coloma abandonaba el salón para hacer un punto de prensa, y fue sólo en ese momento cuando el abanderado y el timonel gremialista se encontraron y se abrazaron. Después, rápidamente cada uno a lo suyo.

Paradójicamente, la derrota de Lavín también podría constituirse en un nada insignificante problema interno para Coloma. No es un misterio que durante la campaña se le ha criticado cierta falta de liderazgo para imponer la posturas de la UDI en el comando piñerista. Y aunque a nivel parlamentario el partido salió bastante bien parado, nada que hacer… perdió a dos figuras emblemáticas. Algo nada fácil de digerir en el partido más grande de Chile.

Sobre todo porque la derrota del ex alcalde sume nuevamente a la UDI en el dilema del candidato presidencial. Resulta difícil levantar la figura de Lavín con otra derrota a cuestas, pero tampoco hay otro que concite el apoyo masivo que él ha logrado atraer. Otro elemento de preocupación, que no es menor, es el hecho de que para algunos lo ocurrido con el ex alcalde de alguna manera grafica la relación que podría llegar a darse entre Piñera y el gremialismo, en un eventual gobierno de la derecha encabezado por el empresario.

A la UDI, acostumbrada a ser el partido eje de la coalición, no le sería fácil aceptar convertirse de un día para otro en el pariente pobre. Por lo que es esperable que superado el shock de las derrotas de Lavín y Álvarez, los líderes de calle Suecia exijan clarificar desde ya su rol en una administración de Piñera. De lo contrario, el desbande podría ser incontrolable.

Fuente: El Mostrador

Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek

Por: Paul Samuelson

El capitalismo puro se impuso entre 1915 y 1919, cuando yo era niño. ¿Quién lo mató? El presidente republicano Herbert Hoover y su multimillonario secretario del Tesoro Andrew Mellon fueron culpables antes y después del hecho. ¿Quién lo devolvió a la vida? El New Deal de posición intermedia impuesto por Franklin Roosevelt. Pero tuvieron que pasar siete años desde la investidura de Roosevelt, en marzo de 1933, para conseguirlo.

Permítanme avanzar rápidamente en el tiempo hasta el actual estallido financiero mundial. Los sistemas de mercado no regulados acaban destruyéndose a sí mismos. ¿Ha llegado el sistema de mercado a su fin? Como persona apegada a los valores tradicionales, espero que no. Mil años de historia económica atestiguan objetivamente lo indispensables que son los sistemas de mercado.

Marx, Lenin y Stalin eran paletos en lo que a economía se refiere. Mao era incluso peor. Y olvidémonos de Castro en Cuba, de Chávez en Venezuela y de quienquiera que fuese el que sumió a Corea del Norte en la hambruna y el estancamiento.

¿Qué es entonces lo que ha causado, desde 2007, el suicidio del capitalismo de Wall Street? En el fondo de este caos financiero, el peor en un siglo, encontramos lo siguiente: el capitalismo libertario del laissez-faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. Ésta es la fuente primaria de nuestros problemas de hoy. Hoy estos dos hombres están muertos, pero sus envenenados legados perduran.

Son palabras duras que deben justificarse. Pero permítaseme advertir a los lectores que mi larga y variada experiencia en historia económica me ha convertido en un centrista incurable. Peor que eso: he aprendido por las malas a ser incurablemente ecléctico.

Fui un estudiante brillante en la conservadora Universidad de Chicago desde 1932 hasta 1935. Mis profesores de Economía mundialmente famosos me encantaban, y me colmaron de notas altas. Pero. Pero. Siempre que miraba al exterior por las ventanas de la universidad veía tasas de desempleo cercanas al 50%. (La situación en la Alemania prehitleriana era más o menos la misma). Nada de eso cuadraba con lo que se escribía en los libros de texto que me mandaban leer.

¿Por qué pasé mis cuatro vacaciones de verano universitarias en la arenosa playa del lago Michigan? Mi familia no era pobre, pero tampoco asquerosamente rica. Por aquel entonces no había ningún trabajo. Ninguno significa eso, ninguno. Prácticamente todos los bancos de Indiana, Illinois y Wisconsin habían quebrado.

¿Cómo se las apañaron el benévolo presidente Roosevelt y el pérfido Adolf Hitler para restaurar casi el pleno empleo en los seis largos años que siguieron a 1933? Lo que finalmente resolvió el problema fue un enorme gasto deficitario que aumentó la deuda pública. Esta historia, tal y como yo acabo de contarla, no se encuentra en casi ninguna de las tesis doctorales de las grandes universidades privadas después de 1970. (Evidentemente, la ciencia mejora y desmejora).

Mis frases conectan con el desconcertante futuro de las iniciativas de rescate que están teniendo lugar en los cinco continentes. Primero, aclaremos quién tiene la culpa de que la estabilidad y el crecimiento que se produjeron en torno a 1995 se convirtieran en el caos de 2008.

1. No olvidemos nunca las idioteces que ha hecho George Bush en geopolítica. La historia futura documentará ese aspecto.

2. Desde que Ronald Reagan fue elegido para ocupar la Casa Blanca, en 1980, Estados Unidos se ha ido convirtiendo gradualmente en un país de derrochadores en los planos familiar, empresarial y público, como buenos derechistas radicales partidarios de la oferta.

En una fecha futura incierta, cuando se produzca un ataque mortal y desordenado contra el dólar como divisa, los gestores de fondos de cobertura que sobrevivan en Estados Unidos serán los principales vendedores al descubierto de dólares. Esos legados de Reagan habrán desempeñado una función crucial.

3. Los programas de "conservadurismo compasivo (sic)" prometidos por George Bush resultaron ser un programa de enormes recortes tributarios exclusivamente para gente como mis prósperos vecinos.

4. El fomento deliberado de la desigualdad no aceleró la productividad total de los factores en Estados Unidos. Por el contrario, la obscena subida de los emolumentos de los altos directivos volvió disfuncional todo el sistema de gobernanza empresarial. Los directores generales de carrera se lo montaron muy bien contando mentiras sobre los verdaderos beneficios de las empresas. Incluso después de que los descubriesen, se fueron al banco con una sonrisa de oreja a oreja.

De hecho, los candidatos de Bush para la Comisión de Control del Mercado de Valores, como el primer presidente que nombró, Harvey Pitt, fueron elegidos sólo porque liberalizarían el sistema, en lugar de mantener una sensata regulación centrista. Pitt fue escogido principalmente porque había sido abogado de las cuatro empresas contables principales, que a su vez estaban fabricando nuevas formas engañosas de medir la verdadera rentabilidad.

5. Pongan a estos contables en el estrado de los testigos. Les pagan aquellos a quienes se supone que deben vigilar, un caso flagrante en el que la vigilancia y la reglamentación son una necesidad fundamental.

6. Dejen sitio en el juzgado para las tres grandes agencias de clasificación: Fitch, Moody's y S&P-McGraw Hill. Se supone que sólo dan aprobaciones AAA al material seguro. Pero si una de las tres se volviera objetivamente veraz, las otras dos se quedarían con todo el negocio. Eso apesta a conflicto de intereses. Que tome nota el Congreso.

7. Por ahorrar espacio, pasaré a los nuevos "diabólicos monstruos Frankenstein" de la nueva "ingeniería financiera". Puede que yo y otros compañeros del MIT de Chicago, de Wharton, Penn y otras universidades, lo pasemos mal cuando nos enfrentemos a san Pedro en las puertas del cielo.

¿Cuál es el problema? Es verdad que los derivados y los créditos recíprocos pueden proporcionar un reparto racional del riesgo y, por consiguiente, reducir el riesgo total, pero también pueden destruir por completo cualquier transparencia.

Durante décadas he participado en consejos directivos sin ánimo de lucro con directores generales desde Nueva York hasta California. Ninguno de ellos entendió nunca nada de las fórmulas de Black, Scholes y Merton para valorar activos. Todo lo que sabían, o pensaban que sabían, era que los nuevos y maravillosos centros de beneficios libres de riesgo habían invadido sus despachos. Era mejor que la alquimia que convertía el estiércol en oro.

Por lo visto, nadie aprendió la lección de 1998, cuando Long Term Capital Management (LTCM) estuvo a punto de quebrar y necesitó un rescate pactado por parte del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. La ingeniería financiera es lo que nos permite pasar del apalancamiento cero hasta, pongamos, un apalancamiento de 50 a 1. Y cuando el riesgo acumulado resultante explota, de nuevo todo lo que ocurre es que el director general y el director financiero se van al banco partiéndose de risa por el camino.

Bear Stearns convirtió de la noche a la mañana a sus multimillonarios en millonarios. El emperador Nerón tocaba la lira mientras Roma ardía. El jefe de Bear Stearns jugaba torneos de bridge mientras sus accionistas quedaban hechos polvo. Teniendo en cuenta que ésta era una de las casas de corretaje que manejaban muchas de las transacciones de LTCM, ¿no debería haber aprendido lo letal que es el hiperapalancamiento?

Lo primordial es que la mayoría de las pérdidas será permanente, como entre 1929 y 1932. Sin embargo, si la Reserva Federal y el Tesoro de EE UU crean suficiente dinero nuevo, la recuperación y la estabilidad serán posibles.

De haber seguido la línea intermedia de Roosevelt, Truman, Kennedy y Clinton, podrían haberse evitado el caos y las quiebras de hoy. Los académicos siguen debatiendo si Colón introdujo la sífilis en el Nuevo Mundo o fue al revés. Pero no cabe duda de que la crisis mundial de 2008 lleva en su etiqueta las palabras made in USA.

Desde Islandia hasta la Antártida, niños aún por nacer aprenderán a temblar ante los nombres de Bush, Greenspan y Pitt. Por supuesto, estoy exagerando, pero sólo un poco.

Fuente: El País

"El mejor economista de la historia"

Por: Joaquín Estefanía

Hace menos de un lustro, cuando Paul Samuelson cumplió sus primeros 90 años, tuve que escribir un artículo en este periódico que titulé Los maestros nonagenarios y en el que pretendí rendir homenaje a dos de esos economistas, leyenda vida de nuestro tiempo: el propio Samuelson y John Kenneth Galbraith. Hoy los dos han muerto. El primero lo hizo este domingo, a los 94 años de edad. En ambos se unía esa cualidad que caracteriza a los grandes científicos sociales: sus intereses iban más allá de la especialidad en la que trabajaron y se hicieron famosos, y participaron activamente en la vida pública de sus entornos. No fueron economistas de campanario ni intelectuales encerrados en sus torres de marfil.

Nacido en Indiana, Samuelson estudió en la Universidad de Chicago y se doctoró en la de Harvard, en un tribunal en el que figuraba Joseph Schumpeter, el gran economista austriaco. Se cuenta una anécdota que dice que los miembros del tribunal quedaron tan impresionados por la capacidad científica del joven Samuelson, que Schumpeter comentó abrumado: "Con nuestros conocimientos en relación con los de este chico, ¿podríamos haber aprobado nosotros?". Además de Schumpeter, en Harvard estudió con otros economistas como Wassily Leontieff o Alvin Hansen, uno de los discípulos favoritos de Keynes, quien publicó un libro titulado ¿Recuperación total o estancamiento?, que vuelve a estar de actualidad ahora, y en el que defendía que el capitalismo puede permanecer en un estado de crecimiento lento, alto desempleo o subempleo, y exceso de capacidad o, lo que es lo mismo, de estancamiento. En 1970, un año después de su creación, Samuelson obtuvo el Nobel de Economía "por el trabajo científico a través del cual ha desarrollado la teoría económica estática y dinámica, y contribuido activamente a elevar el nivel de análisis en la ciencia económica".

Catedrático, escritor de periódicos (colaboró en decenas de ocasiones en las páginas de EL PAÍS), asesor de los presidentes demócratas Kennedy y Johnson, no hubo debate en el siglo XX y estos primeros años del XXI en el que no participase. En el año 2000, ante la posibilidad de que Bush ganase las primeras elecciones un grupo de tres centenares de economistas norteamericanos (entre ellos Samuelson y Galbraith) firmaron un manifiesto avisando de las desastrosas consecuencias que tendría para que el bienestar llegase a la mayoría. Ante la invasión de Irak, esos economistas volvieron a manifestarse en contra. En ambas ocasiones acertaron.

Pero si Samuelson tuvo influencia fue por sus libros. Su manual Curso de economía moderna: una descripción analítica de la realidad económica ha sido uno de los más vendidos entre los estudiantes de Ciencias Económicas de todo el mundo, y el más popular en la historia de la economía. Hizo rico a Samuelson y contribuyó a formar a muchas generaciones de técnicos. Publicado a finales de la década de los cuarenta, no llegó a España hasta 1965, traducido por otro maestro nonagenario como José Luis Sampedro, éste afortunadamente entre nosotros. En el prólogo, el economista traza su objetivo: brindar al ciudadano "una teoría que le permita comprender las instituciones y los problemas básicos de la civilización de mediados del siglo XX".

Samuelson se consideraba a sí mismo un centrista incurable. Hace poco tiempo, en unos de sus artículos recomendaba a Obama que se situase en esas posiciones para arreglar los problemas económicos que asolan a EEUU dentro de la Gran Recesión. Como consecuencia de tal equidistancia intelectual, fue atacado a izquierda y derecha. La izquierda consideraba que con sus reflexiones había contribuido a domar la parte más insurgente del pensamiento keynesiano, al insertarla en el análisis neoclásico: lo que acabó llamándose la "síntesis neoclásica keynesiana", que fue apodada por Joan Robinson (una economista que mereció el Nobel) como "keynesianismo bastardo". La derecha se cebó en él por sus ataques inmisericordes a Milton Friedman y Friedrich Hayek, los padres del neoliberalismo, a los que consideraba culpables de lo que ha ocurrido en el planeta en los últimos años. En un artículo titulado Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek , publicado en el último trimestre del año pasado, cuando todo parecía posible, escribió: "En el fondo de este caos financiero, el peor en un siglo, encontramos lo siguiente: el capitalismo libertario del laissez faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. Esta es la fuente primaria de nuestros problemas de hoy. Hoy estos dos hombres están muertos, pero sus envenenados legados continúan".

En el último artículo publicado en EL PAÍS, hace apenas un mes, Samuelson pronosticaba una nueva era mundial en la que el liderazgo de EEUU se vería combatido por una cada vez más potente China, a través de un ataque masivo contra el dólar. Pero indicaba: "Muchas veces, a lo largo de siete décadas de enseñanza de la economía y creación de libros de texto, me he equivocado. Aún así, recuerden dónde leyeron todo esto antes. Como decían los griegos clásicos, no maten al mensajero que les trae malas noticias". Un buen testamento intelectual en una coyuntura en la que todavía estamos discutiendo si los economistas se equivocaron al no predecir la crisis que se venía encima porque ignoraron los factores claves de la misma, o porque los excluyeron intencionadamente por motivos ideológicos, para propiciar una determinada agenda política favorable a la desregulación. En uno de sus artículos finales Paul Samuelson sentenciaba "Los sistemas de mercado no regulados tarde o temprano se suicidan". Él no se suicidó sino que vivió más de nueve décadas de enseñanzas fecundas para muchos. Por eso fue un maestro. Y por ello Kenneth Arrow, otro Nobel de Economía, le consideró "el mejor economista de la Historia".

Fuente: El País

sábado, 12 de diciembre de 2009

La política exterior de Obama, a prueba

Por: Joseph S. Nye

Ya cerca del término de su primer año como presidente, Barack Obama ha dado un valiente paso al decidir aumentar la cantidad de tropas estadounidenses en Afganistán hasta llegar a más de 100.000. Los críticos a la izquierda señalan que la Guerra de Corea ahogó la presidencia de Harry Truman, del mismo modo como la Guerra de Vietnam definió la Presidencia de Lyndon Johnson. Así, Obama se arriesga a ser el tercer presidente demócrata cuya agenda interna se vea sobrepasada por una guerra complicada.

Sin embargo, los críticos a la derecha se han quejado de que el enfoque de política exterior de Obama ha sido débil, demasiado en tono de disculpa y excesivamente dependiente del poder blando. Les preocupa la promesa de Obama de comenzar a retirar las tropas de Afganistán 18 meses después de este aumento.

Obama heredó una agenda de política exterior llena de baches: una crisis económica global, dos guerras difíciles, la erosión del régimen de no proliferación nuclear por parte de Corea del Norte e Irán, y el deterioro del proceso de paz del Medio Oriente. El dilema de Obama fue cómo manejar este complicado legado y, al mismo tiempo, crear una nueva visión de cómo los estadounidenses deberían relacionarse con el mundo.

A través de una serie de gestos simbólicos y discursos (en Praga, El Cairo, Accra, las Naciones Unidas y otros lugares), Obama ayudó a restablecer el poder blando de EE.UU. Como señalara hace poco el informe Pew: "...en muchos países la opinión sobre los Estados Unidos es hoy tan positiva como lo era al comienzo de la década en que George W. Bush estuvo en el poder."

Es un error pasar por alto el papel que los líderes transformadores pueden jugar para cambiar el contexto de problemas difíciles. El poder implica definir temas y crear preferencias en los demás, tanto como intentar influir y presionar. Por eso es que la administración Obama habla de un "poder inteligente", que combine de manera adecuada los recursos de poder duro y blando en diferentes contextos. El poder blando puede crear un ambiente que abre posibilidades, en lugar de obstaculizar las políticas.

Sus críticos dicen que Obama ha sido muchas palabras y nada de hechos. Lo retratan como una estrella de rock que ganó el premio Nobel por promesas más que por resultados. Se burlan de su popularidad, y hacen notar que el Oriente Próximo sigue siendo intratable, que siguen sin resolverse los problemas de Corea del Norte, Irak y Afganistán, y que Irán se está poniendo difícil. Sin embargo, ningún analista serio esperaría algo distinto en el corto plazo. Ciertamente, el enfoque de poder duro de Bush-Cheney no solucionó estos problemas.

Más aún, además de las palabras, ha habido algunos hechos importantes. Primero que todo, el manejo de Obama de la crisis económica. Cuando asumió el cargo, sus asesores económicos le decían que había una posibilidad entre tres de caer en una depresión al estilo de la de 1930.

Si Obama no hubiera evitado ese desastre, todo lo demás habría palidecido en comparación. Para lograrlo fue necesario no sólo un paquete de estímulo a nivel nacional, sino coordinación internacional. A pesar de las medidas estadounidenses contra las importaciones de neumáticos chinos, el nivel de proteccionismo ha sido mucho más bajo que en los años 30 y que lo predicho por muchos observadores. Más aún, Obama utilizó la crisis para lograr lo que muchos habían sugerido durante años: transformar el G-8 en el marco institucional más amplio del G-20, que incluye a las principales economías emergentes.

En estrecha relación con la crisis económica ha estado el manejo de Obama de las relaciones con China. Cómo responda Estados Unidos al ascenso del poderío chino es uno de los retos de política exterior más importantes del siglo veintiuno. Obama amplió las reuniones encabezadas por el Tesoro a un diálogo estratégico co-presidido por el Departamento de Estado, con un temario que incluye el cambio climático, así como asuntos multilaterales.

Contrariamente a algunos informes de prensa escépticos, la cumbre de Obama con el Presidente Hu Jintao en noviembre fue un éxito silencioso. Al mismo tiempo, ha reconocido que mantener alianzas estrechas con Japón y Australia -y buenas relaciones con India- ayuda a mantener las capacidades de poder duro que dan forma al ambiente de una China en ascenso.

Un tercer logro importante del primer año de Obama ha sido la reformulación del problema de la no proliferación nuclear, que muchos expertos consideraban en crisis al final de la era Bush. Al abrazar el objetivo de largo plazo de un mundo sin armas nucleares (aunque tal vez no durante su vida), Obama reiteró el tradicional compromiso de Estados Unidos, consagrado en el Artículo 6 del Tratado de No Proliferación, de reducir el papel de las armas nucleares. Más aún, dio seguimiento a esto negociando con Rusia un sucesor del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas para fines de año, y ha puesto el tema de la no proliferación entre los principales asuntos que tratar en las Naciones Unidas y en el G-20.

Los críticos dicen que estos logros, así como los esfuerzos por desbloquear los puntos muertos de Sudán y Birmania, se han alcanzado al precio de renunciar a la claridad moral en torno a los derechos humanos. Sin embargo, las proclamas públicas a menudo son menos eficaces que las estrategias de largo plazo para la promoción de estos temas. El discurso de Obama en Ghana, para el que se seleccionó cuidadosamente un país africano que últimamente ha tenido un traspaso democrático de gobierno, ilustra ese enfoque.

Otros críticos a la izquierda se han quejado de que no ha sido capaz de lograr que el Congreso apruebe un exigente proyecto de ley antes de la Conferencia de Copenhague sobre el cambio climático. Sin embargo, Obama ha ayudado a persuadir a China e India para que hagan anuncios importantes, y establecerá una meta estadounidense de reducción de emisiones de gases de invernadero que debería evitar que la conferencia termine siendo un fracaso.

Por supuesto, la gran prueba será Afganistán. ¿Puede Obama combinar el poder blando y duro en una estrategia de poder inteligente que funcione? ¿Producirá el aumento de tropas estadounidenses y aliadas, y de la ayuda para el desarrollo, suficiente estabilidad para la retirada, cuyo inicio tiene previsto en 2011? ¿Puede el gobierno afgano comenzar a dar seguridad para proteger a sus ciudadanos de la violencia de los talibanes? ¿O el país terminará siendo un atolladero que defina la presidencia de Obama?

A medida que Obama se acerca el fin de su primer año en el cargo, debe saber que Afganistán será la prueba mayor por la cual los historiadores del futuro calificarán su política exterior.

Fuente: Project Syndicate, 2009.

Haciéndole lugar a China

Por: Dani Rodrik

La moneda subvalorada y el gigantesco excedente comercial de China plantean grandes riesgos para la economía mundial. Amenazan con una importante reacción proteccionista en Estados Unidos y Europa, al tiempo que socavan la recuperación en los mercados en desarrollo y emergentes. Si no se los controla, generarán una creciente acrimonia entre China y otros países. Pero la solución no es, ni por cerca, tan simple como quieren hacerla parecer algunos expertos.

Si escuchamos lo que se dice en Washington y Bruselas, o lo que se lee en la prensa financiera, pensaríamos que estamos presenciando una clara obra de moralidad. Al decir de estos funcionarios y comentaristas, está en el propio interés de China permitir que se aprecie el renminbi. Después de todo, la economía china ya no puede basarse en la demanda externa y en las exportaciones para sustentar su asombroso crecimiento, y los consumidores chinos, que en promedio todavía son pobres, merecen un respiro y ser estimulados para gastar más que para ahorrar.

Esta historia coloca a los estrategas políticos de China en el papel de manipuladores malvados y desorientados de la moneda que, inexplicablemente, optan por perjudicar no sólo al resto del mundo, sino también a su propia sociedad. De hecho, una apreciación del renminbi probablemente le asestaría un duro golpe al crecimiento de China, que esencialmente se basa en una receta simple y probada en el tiempo: fomentar la industrialización. La subvaloración de la moneda hoy es el principal instrumento del gobierno chino para subsidiar el sector industrial y otros sectores comerciales, y por lo tanto promover el crecimiento a través de un cambio estructural.

Antes de sumarse a la Organización Mundial de Comercio en 2001, China tenía una gama más amplia de instrumentos de política interna para alcanzar este objetivo. Podía promover sus industrias a través de aranceles elevados, subsidios explícitos, requisitos de contenido interno a firmas extranjeras, incentivos para la inversión y muchas otras formas de política industrial. Pero pertenecer a la OMC hizo difícil, si no imposible, recurrir a estas formas tradicionales de apoyo industrial. Los aranceles de China decayeron precipitosamente a fines de los años 1990, y muchos de los otros incentivos también fueron eliminados. La subvaloración de la moneda se convirtió en el sustituto.

No sólo China se beneficia con una moneda competitiva. Existe una fuerte relación positiva en todos los países en desarrollo entre la subvaloración monetaria y el crecimiento económico. Pero esta relación es mucho más fuerte en China, supuestamente porque la brecha de productividad entre los sectores rurales tradicionales de la economía y los sectores industriales modernos es muy grande.

El problema con la subvaloración monetaria es que, a diferencia de la política industrial convencional, incide en la balanza comercial. Funciona como un subsidio a la producción de bienes comercializables (lo cual es deseable), junto con un impuesto a su consumo interno (lo cual es incidental y no deseable). De hecho, el desequilibrio de cuenta corriente de China, que se había mantenido moderado hasta la década actual, comenzó su inexorable ascenso en 2001 -precisamente cuando el país se sumó a la OMC.

Dado que las reglas de la OMC atan las manos de China en materia de política industrial, ¿en cuánto se vería afectado el crecimiento de la economía china si se apreciara el renminbi? Mis estimaciones, crudas como son, sugieren una desventaja pronunciada. Una apreciación del 25% -aproximadamente la dimensión de la subvaloración actual del renminbi- reduciría el crecimiento de China en algo más que dos puntos porcentuales. Se trata de un efecto significativo, incluso según los parámetros de crecimiento superlativo de China.

Más importante aún, una desaceleración de esta magnitud colocaría a China por debajo del umbral de crecimiento del 8% que su liderazgo aparentemente cree necesario para evitar el antagonismo social. Nadie sabe de dónde surge realmente la cifra del 8%, y muchos expertos creen que la sociedad y el gobierno de China pueden manejar un crecimiento mucho más bajo. Pero, aún si se dejan de lado las implicancias políticas, sería una tragedia si el motor de reducción de pobreza más poderoso que el mundo haya conocido hasta la fecha experimentara una desaceleración importante.

Por cierto, otros países que se basaron en las exportaciones para crecer rápidamente –como Alemania, Japón y Corea del Sur- llegado el caso tuvieron que dejar que sus monedas se apreciaran. Pero China sigue siendo un país muy pobre, con un nivel de ingresos que es apenas una décima parte del de Estados Unidos. Tiene un enorme reservorio de mano de obra excedente en las zonas rurales. Además, China debe convivir con restricciones a sus políticas industriales que ninguno de estos otros países, en los días previos a la OMC, tuvieron que tolerar.

Entonces, al parecer, nos quedamos con dos opciones igualmente carentes de atractivo. China puede mantener sus prácticas monetarias, pero a riesgo de grandes desequilibrios macroeconómicos globales y una importante reacción política en Estados Unidos y otras partes. O puede dejar que su moneda se aprecie, a riesgo de inducir una desaceleración del crecimiento y un malestar político y social fronteras adentro. No resulta claro que los defensores de esta opción hayan comprendido plenamente sus consecuencias adversas potencialmente graves.

Existe, por supuesto, una tercera vía, pero ésta exigiría reescribir las reglas de la OMC. Si a China se le diera mano libre en materia de políticas industriales, podría promover manufacturas de manera directa permitiendo a la vez que se apreciara el renminbi. De esta manera, la mayor demanda de su producción industrial provendría de los consumidores domésticos y no de los consumidores extranjeros.

No es una solución bonita, pero es la única. La gran ventaja de las políticas industriales es que permiten un cambio estructural que promueve el crecimiento sin generar excedentes comerciales. Son la única manera de reconciliar la continua necesidad de industrialización de China con el requerimiento de la economía mundial de menores desequilibrios de cuenta corriente.

Fuente: Project Syndicate, 2009.

El hombre que asombra al mundo

Por: José Luis Rodríguez Zapatero

Este es un hombre cabal y tenaz, por el que siento una profunda admiración. Lo conocí en septiembre de 2004, tras la incorporación de España a la Alianza contra el Hambre que él lideraba, en una cumbre organizada por Naciones Unidas en Nueva York. No podía haber sido mejor la ocasión.

Luiz Inácio Lula da Silva es el séptimo de los ocho hijos de una pareja de labradores analfabetos, que vivieron el hambre y la miseria en la zona más pobre del Estado brasileño nororiental de Pernambuco.

Tuvo que simultanear sus estudios con el desempeño de los más variopintos trabajos y se vio obligado a dejar la escuela, con tan sólo 14 años, para trabajar en la planta de una empresa siderometalúrgica dedicada a la producción de tornillos. En 1968, en plena dictadura militar, dio un paso que marcó su vida: afiliarse al Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema.

De la mano de este hombre, siguiendo el sendero abierto por su predecesor en la Presidencia, Fernando Henrique Cardoso, Brasil, en apenas 16 años, ha dejado de ser el país de un futuro que nunca llegaba para convertirse en una formidable realidad, con un brillante porvenir y una proyección global y regional cada vez más relevante. Por fin, el mundo se ha dado cuenta de que Brasil es muchísimo más que carnaval, fútbol y playas. Es uno de los países emergentes que cuenta con una democracia consolidada, y está llamado a desempeñar en las décadas siguientes un creciente liderazgo político y económico en el mundo, tal y como ya viene haciendo en América Latina con notable acierto.

Lula tiene el inmenso mérito de haber unido a la sociedad brasileña en torno a una reforma tan ambiciosa como tranquila. Está sabiendo, sobre todo, afrontar, con determinación y eficacia, los retos de la desigualdad, la pobreza y la violencia, que tanto han lastrado la historia reciente del país. Como consecuencia de ello, su liderazgo goza hoy en Brasil del respaldo y del aprecio mayoritarios, pero mucho más importante aún es la irreversible aceptación social de que todos los brasileños tienen derecho a la dignidad y la autoestima, por medio del trabajo, la educación y la salud.

Superando adversidades de todo orden, Lula ha recorrido con éxito ese largo y difícil camino que va desde el interés particular, en defensa de los derechos sindicales de los trabajadores, al interés general del país más poblado y extenso del continente suramericano. Sin dejar de ser Lula, en esa larga marcha ha conseguido, además, ilusionar a muchos millones de sus conciudadanos, en especial aquellos más humillados y ofendidos por el azote secular de la miseria, proporcionándoles los medios materiales para empezar a escapar de las secuelas de ese círculo vicioso.

Al mismo tiempo, en los siete años de su presidencia, Brasil se ha ganado la confianza de los mercados financieros internacionales, que valoran la solvencia de su gestión, la capacidad creciente de atraer inversiones directas, como las efectuadas por varias compañías españolas, y el rigor con que ha gestionado las cuentas públicas. El resultado es una economía que crece a un ritmo del 5% anual, que ha resistido los embates de la recesión mundial y está saliendo más fortalecida de la crisis.

Tras convertirse en el presidente que accedía al cargo con un mayor respaldo electoral, en su cuarto intento por lograrlo, Lula manifestó que es inaceptable un orden económico en el que pocos pueden comer cinco veces al día y muchos quedan sin saber si lograrán comer al menos una. Y apostilló: "Si al final de mi mandato los brasileños pueden desayunar, almorzar y cenar cada día, entonces habré realizado la misión de mi vida".

En ese empeño sigue este hombre honesto, íntegro, voluntarioso y admirable, convertido en una referencia inexcusable para la izquierda del continente americano al sur de Río Grande. Tiene una visión del socialismo democrático que pone el acento en la inclusión social y en la justicia medioambiental para hacer posible una sociedad más justa, decente, fraterna y solidaria.

Brasil ocupará pronto un lugar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, está a punto de convertirse en toda una potencia energética y en 2014 albergará el Campeonato Mundial de Fútbol. Cuando nos vimos en octubre en Copenhague, Lula lloraba de felicidad, como un niño grande, porque Río de Janeiro acababa de ser elegida ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de 2016. La euforia que le inundaba no le impidió tener el temple necesario para venir a consolarme porque Madrid no había sido elegida y fundirnos en un abrazo.

A mí no me extraña nada que este hombre asombre al mundo.

Fuente: El País

El escritor en la plaza pública

Por: Mario Vargas Llosa

Claudio Magris está en Lima y se presta sin desánimo a las servidumbres de la fama: entrevistas, conferencias, autógrafos, doctorados honoris causa. Tanto en sus presentaciones públicas como en sus respuestas a los periodistas que lo acosan evita los lugares comunes, no hace concesiones a la galería ni a la corrección política y se esfuerza de manera denodada para no sacrificar la complejidad y el matiz cada vez que habla de política. Todo lo que ha dicho sobre Berlusconi, la situación en Italia, el problema de la inmigración, las tendencias xenófobas y racistas y el temor al integrismo islámico en la Europa de nuestros días es de una rigurosa lucidez, como suelen serlo sus ensayos y artículos. Resulta estimulante comprobar que, en plena civilización de la frivolidad y el espectáculo, todavía quedan intelectuales que creen, como decía Sartre, que "las palabras son actos" y que la literatura ayuda a vivir a la gente y puede cambiar la historia.

Desde que, a fines de los años ochenta, leí El Danubio tengo a Magris por uno de los mejores escritores de nuestro tiempo y, acaso, entre sus contemporáneos el que mejor ha mostrado en sus libros de viaje, sus estudios críticos, sus ficciones y artículos periodísticos cómo la literatura, junto con el placer que nos depara cuando es original y profunda, nos educa, y enriquece como ciudadanos obligándonos a revisar convicciones, creencias, conocimientos, percepciones, enfrentándonos a una vida que es siempre problemática, múltiple e inapresable mediante esquemas ideológicos o dogmas religiosos, siempre más sutil e inesperada que las elaboradas construcciones racionales que pretenden expresarla.

Ésa es una de las grandes lecciones de El Danubio: para encontrar un rumbo y no extraviarse en esa vorágine de lenguas, razas, costumbres, religiones, mitos e historias que han surgido a lo largo de los siglos en las orillas del gran río que nace en un impreciso rincón de Alemania y va a desaguar en el Mar Negro luego de regar Austria, Chequia, Eslovaquia, Yugoslavia, Hungría, Bulgaria y Rumanía, son más útiles las fantasías novelescas y los poemas de los escritores danubianos que los voluminosos tratados sociológicos, históricos y políticos surgidos en su seno a los que a menudo las querellas nacionalistas y étnicas privan de objetividad y probidad. En cambio, sin siquiera proponérselo, la literatura que inspiró -Kafka, Céline, Canetti, Joseph Roth, Attila József y muchos otros menos conocidos- revela los secretos consensos que prevalecen soterrados bajo esa diversidad, un denominador común que delata lo artificial y sanguinario de las fronteras que erizan esa vastísima región bautizada, creo que por él, como Mitteleuropa.

Libro de viajes, autobiografía, análisis político-cultural, El Danubio es ante todo un libro de crítica literaria, entendida ésta, en contra de la tendencia dominante en nuestro tiempo de autopsia filológica o deconstrucción lingüística de un texto separado de su referente real, como una aproximación a la realidad histórica y social a través de las visiones que de ella nos da la creación literaria y su cotejo con las que las ciencias sociales nos proponen. Para Magris, en las antípodas de un Paul de Man o un Jacques Derrida, la literatura no remite sólo a ella misma, no es una realidad autosuficiente, sino una organización fantaseada de esa protoplasmática confusión que es la vida que se vive sin poder tomar distancia ni perspectiva sobre ella, un orden creado que da sentido, coherencia y cierta seguridad al individuo. Lo mismo hacen las religiones, filosofías e ideologías, desde luego. Pero la gran diferencia entre la literatura y estos otros órdenes inventados para enfrentar el caos de lo vivido, según explica Magris en uno de sus más sutiles y persuasivos ensayos incluido en su libro La historia no ha terminado, 'Laicidad, la gran incomprendida', es el carácter "laico" de aquella, un conocimiento no sectario ni dogmático sino crítico y racional. Laico no significa enemigo de la religión sino ciudadano independiente, emancipado del rebaño, que piensa y actúa por sí mismo, de manera lúcida, no por reflejos condicionados: "Laico es quien sabe abrazar una idea sin someterse a ella, quien sabe comprometerse políticamente conservando la independencia crítica, reírse y sonreír de lo que ama sin dejar por ello de amarlo; quien está libre de la necesidad de idolatrar y de desacralizar, quien no se hace trampas a sí mismo encontrando mil justificaciones ideológicas para sus propias faltas, quien está libre del culto de sí mismo". ¿Qué mejor manera de decir que la literatura contribuye de manera decisiva a formar ciudadanos responsables y libres?

Borges dijo alguna vez: "Estoy podrido de literatura". Quería decir que gracias a la irrealidad creada por las fantasías de los grandes escritores había vivido más tiempo fuera del mundo real que dentro de él. La suya es una metáfora que contiene una visión de la literatura como una realidad paralela que permite a los lectores refugiarse en ella para huir del mundo real y confinarse en la pura fantasía. La literatura, para Claudio Magris, es, por el contrario, no una fuga sino una inmersión intensa y profunda en la realidad, acaso la más acerada, exquisita e instructiva manera de entender esa realidad de la que formamos parte, en la que aparecemos y desaparecemos y de la cual jamás tendríamos aquella distancia que permite el conocimiento si, creyendo sólo contar y escribir historias para entretenimiento de las gentes, no hubiéramos inventado un mecanismo que nos emancipa de lo vivido para entenderlo mejor.

Él también está "podrido" de literatura y por eso suele ser tan certero cuando, en sus artículos y ensayos del Corriere Della Sera, en el que escribe hace más de cuarenta años, opina sobre política, religión, economía, arte, sociedad, la mafia, el terrorismo, la guerra y demás temas de actualidad. Sea cual sea el asunto sobre el que opina, la literatura siempre asoma, no como adorno ni desplante erudito, más bien como un punto de vista que enriquece, matiza o cuestiona las lecturas supuestamente objetivas e imparciales de lo que ocurre a nuestro alrededor. Tal vez ningún otro escritor de nuestra época haya hecho tanto como Magris para demostrar prácticamente cómo la literatura, en vez de estar disociada de la vida y ser una realidad aparte, confinada en sí misma, es una manera privilegiada y excelsa de vivir, entendiendo lo que se vive y para qué se vive: cómo en la vida hay jerarquías, valores y desvalores, opciones que defender y que criticar y combatir, por ejemplo las fronteras.

Nacido en Trieste, lugar que ha sido nudo y crucero de culturas, Magris es un especialista en fronteras. Equipado con esa arma literaria que en sus manos puede ser mortífera ha dedicado buena parte de su vida a estudiarlas y a demolerlas. Germanista de formación, también domina las lenguas románicas y esa rica asimilación de tantas literaturas le permite mostrar que la llamada globalización no es un fenómeno de nuestra época, sino la extensión actual, al campo económico y político, de una vieja herencia que en el campo de la cultura practicaron los fundadores de la literatura occidental, empezando por Homero. Leer a los clásicos sirve para advertir lo artificiales y efímeras que son las fronteras cuando se trata de encarar lo esencial de la condición humana, la vida, la muerte, el amor, la amistad, la pobreza y la riqueza, la enfermedad, la cultura, la fe. Las fronteras físicas, culturales, religiosas y políticas sólo han servido para incomunicar a los seres humanos e intoxicarlos de incomprensión y de prejuicios hacia el prójimo y nada lo ha mostrado de manera más dramática que la buena literatura. Por eso, todo lo que contribuya a debilitar y desvanecer las fronteras es positivo, la mejor manera de vacunarse contra futuros apocalipsis como las dos guerras mundiales del siglo XX. La construcción europea puede merecer muchas críticas, sin duda, pero sólo a partir de un reconocimiento imprescindible: que el mero hecho de que semejante proyecto sea una realidad en marcha, la progresiva desaparición de las fronteras entre pueblos que se han entrematado por ellas a lo largo de siglos, es un paso formidable en el camino de la civilización.

En estos días grisáceos con los que el invierno se despide de Lima, ha sido grato leer y escuchar a Claudio Magris, un anuncio de los días buenos días de cielo despejado y luz cálida que se avecinan.

Fuente: El País

Relaciones Chile-Bolivia pos elecciones: Todo o nada

Por: Cristian Leyton Salas

A partir del 22 de enero del 2006 las relaciones entre Chile y Bolivia mutaron. Un cambio experimentó la tradicional postura boliviana hacia Chile, aquella que impulsaba una “denuncia” sistemática y pública de su condición mediterránea. Esta relación pasó desde la lógica revidicacionista inaugurada allá en 1925 por Bautista Saavedra, profundamente conflictiva e irreverente, hacia otra de dialogo “sin imposiciones, sin exclusiones, pero sin excepciones”.

Con Evo Morales a la cabeza del ejecutivo boliviano, el Gobierno chileno logró encontrar un interlocutor válido para sentarse a conversar y plantear las bases de una Agenda de 13 puntos que incluía exponer los intereses y objetivos bolivianos tras su demanda de “reintegración marítima”. Un aspecto central en dicha postura era y sigue siendo la accesión a una costa y una proyección marítima “útil y soberana": Biolivia reclama "soberanía" sobre dicho espacio.

Desde la implantación de dicha Agenda, una diplomacia militar y política se ha instaurado. Una estrategia de “paso a paso” se ha implementado. Desde los puntos más básicos y administrativos hasta la “alta política”, que incluye identificar el espacio territorial que sería cedido a Bolivia, asi como su naturaleza jurídica internacional y emplazamiento espacial. Incluso se ha avanzado lam idea de "enclaves" para Bolivia.

Podríamos decir que desde el 2006 hasta la fecha se inauguró una fase de conocimiento y de confianza mutua entre ambos estamentos. Lo anterior posibilitado por un cierto "pacto de no agreasión" ideológico entre ambos Gobiernos. A la luz del seguimiento del comportamiento político exterior de Evo Morales, podemos constatar que éste ha tendido a "ideologizar" sus relaciones internacionales. Frente a una administración de naturaleza “reaccionaria”, el Gobierno del MAS en Bolivia ha optado por la política de la denuncia y la confrontación mediática. Alán García en Perú (con su retórica antibolivariana) y Álvaro Uribe en Colombia, por ejemplo.

Las condiciones que permitieron este acercamiento sin precedentes entre el Gobierno de Michelle Bachelet con el régimen de Evo Morales son fundamentalmente coyunturales. La primera dice relación con un “frente interno” boliviano altamente explosivo. Una división de facto de Bolivia entre el Occidente y el Oriente liderado por Santa Cruz y su Comité Cívico Cruceño que puso al país al borde de la fragmentación. Evo Morales dirigió todas sus capacidades a afianzar su liderazgo y legitimidad interno, hecho consumado con la última elección en donde obtuvo casi un 60% de apoyo.

Otro aspecto coyuntural está dado por el enfriamiento o casi congelamiento de las relaciones entre el régimen de corte neoliberal de Alán García (APRA) y régimen colectivista de Evo Morales. Una ventana de oportunidad hábilmente explotada por la Cancilleria chilena y que permitió ofrecer al gobierno del MAS un respiradero diplomático y político en la región.

La postura chilena en orden a no establecer “limites” a las conversaciones bilaterales, asumiendo la lógica de la negociación “sin imposiciones, pero sin exclusiuones”. Postura aceptada por Evo Morales, y sobre todo el movimiento del MAS en su conjunto. Las bases identificaron un factor cohesionador aun más movilizador que el “factor Chile”, en este caso, la “oligarquía cruceña”.

Hoy, estamos ad portas de una nueva configuración de las condiciones que permitieron el desarrollo del escenario anterior.
De toda evidencia, en Chile un cambio mayor se producirá en la dirección política del país. La "Derecha" llegaría a La Moneda. Y con ella, un cambio en la postura dominante que ha permitido un acercamiento sorprendente entre ambos Estados. Si los peruanos llaman hoy a “desideologizar” su relación con Evo Morales, hace tres años que esto viene ocurriendo con Chile.

No solo dependerá de la visión y del programa político de la próxima administración en La Moneda si mantiene la Agenda de 13 puntos con el régimen indigenista de Evo, también y sobre todo del mismísimo presidente reelegido en Bolivia.

Evo ya no tiene el “frente interno”, ahora podrá trabajar decididamente a pasar a la historia como el presidente que obtuvo la salida al mar de Bolivia por el Pacífico. Un acercamiento con Perú no es de extrañar a fin de presionar a la nueva administración chilena. Ahora, Evo Morales buscará el “todo o nada”. Todo: una salida “útil y soberana” al mar. Nada: reinstitucionalizar la tradicional política de denuncia internacional en contra de Chile.

El “orden regional y vecinal” sigue mutando. El próximo año será uno de incertidumbre, en especial con nusetros vecinos "nortinos".

Fuente: La Tercera