lunes, 14 de diciembre de 2009

La derrota de Lavín que complica la segunda vuelta de Piñera

Por: Claudia Rivas

Aunque, tal como se especulaba, Sebastián Piñera pasó holgadamente a la segunda vuelta (44 por ciento era de las mejores cifras proyectadas con antelación), la derrota de Joaquín Lavín frente a un Francisco Chahuán, a quien en un comienzo la UDI vio como a un débil adversario, puede complicar al candidato de la derecha con miras al balotaje.

No por nada, antes de conocer el destino del ex alcalde, un alto dirigente del gremialismo reconocía que el fracaso del por dos veces abanderado presidencial del partido “seria un impacto muy fuerte” para la tienda. A lo que se suma la caída del presidente de la Cámara, Rodrigo Álvarez -ex delfín de Longueira y reconocido por todos sus pares- frente a su contrincante de RN, Marcela Sabat.

Si bien resulta llamativo que, por segunda vez en su trayectoria política, Lavín no haya logrado hacerse con un cupo parlamentario, lo es más el hecho de que haya caído frente a un oponente que en el gremialismo nunca fue visto como un digno adversario. Pero más allá de cualquier análisis en caliente, lo cierto es que la UDI está devastada. Porque pese a los 39 diputados que logró, manteniendo la supremacía parlamentaria, resultó herida en su alma. Quien encarna lo que la tienda ha llamado “el motor del cambio popular” quedó fuera del Senado. Y eso se puede terminar transformando en un serio escollo para las aspiraciones presidenciales de Piñera.

“La madre de todas las batallas”, como fue conocida la contienda por la Quinta Costa en la derecha, podría sacar a flote muchas de las rencillas que esta campaña parlamentaria produjo en la derecha y que se mantuvieron acalladas para no afectar la presidencial. Y pese a que nadie en la UDI se atrevería a reconocer abiertamente que la derrota de Lavín pone en entredicho el apoyo al abanderado opositor, no faltan quienes responsabilizan a Piñera de lo sucedido. En la tienda de calle Suecia ronda como un fantasma la imagen de la última franja parlamentaria de sus socios. La misma en que el abanderado agradeció el apoyo para Francisco Chahuán y Lily Pérez y que fue interpretada en el gremialismo como una muestra flagrante de falta de ecuanimidad.

En la misma línea, del tozudo apoyo del timonel de RN Carlos Larraín a Chahuán se responsabiliza a Piñera. En la UDI sienten que el abanderado “no cuidó” como debiera al ex alcalde, considerando que será él quien tendrá la misión de atraer los votos que todavía faltan para ganar. Y que dejó hacer a Larraín permitiendo que embarcara a Chahuán en una contienda que siempre tuvo como objetivo impedir la llegada de Lavín a la Cámara Alta.

Aunque la UDI aún no se resigna a dar por perdido a Lavín, hay una escena que grafica con claridad el estado de ánimo que rondaba ayer domingo antes de conocer los últimos cómputos. Mientras, pasadas las 21:30 horas Piñera subía al escenario levantado en el frontis del Hotel Crowne Plaza, junto a su esposa Cecilia Morel y a sus hijos, el presidente de la UDI, Juan Antonio Coloma y un grupo de dirigentes gremialistas se encontraba reunido en un salón analizando los últimos resultados. Junto a Coloma se encontraban el secretario general del partido, Víctor Pérez; el senador Jovino Novoa, el experto electoral Andrés Tagle y el asesor comunicacional de la tienda Manfredo Mayol.

Tras su discurso Piñera volvió al hotel y Coloma abandonaba el salón para hacer un punto de prensa, y fue sólo en ese momento cuando el abanderado y el timonel gremialista se encontraron y se abrazaron. Después, rápidamente cada uno a lo suyo.

Paradójicamente, la derrota de Lavín también podría constituirse en un nada insignificante problema interno para Coloma. No es un misterio que durante la campaña se le ha criticado cierta falta de liderazgo para imponer la posturas de la UDI en el comando piñerista. Y aunque a nivel parlamentario el partido salió bastante bien parado, nada que hacer… perdió a dos figuras emblemáticas. Algo nada fácil de digerir en el partido más grande de Chile.

Sobre todo porque la derrota del ex alcalde sume nuevamente a la UDI en el dilema del candidato presidencial. Resulta difícil levantar la figura de Lavín con otra derrota a cuestas, pero tampoco hay otro que concite el apoyo masivo que él ha logrado atraer. Otro elemento de preocupación, que no es menor, es el hecho de que para algunos lo ocurrido con el ex alcalde de alguna manera grafica la relación que podría llegar a darse entre Piñera y el gremialismo, en un eventual gobierno de la derecha encabezado por el empresario.

A la UDI, acostumbrada a ser el partido eje de la coalición, no le sería fácil aceptar convertirse de un día para otro en el pariente pobre. Por lo que es esperable que superado el shock de las derrotas de Lavín y Álvarez, los líderes de calle Suecia exijan clarificar desde ya su rol en una administración de Piñera. De lo contrario, el desbande podría ser incontrolable.

Fuente: El Mostrador

Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek

Por: Paul Samuelson

El capitalismo puro se impuso entre 1915 y 1919, cuando yo era niño. ¿Quién lo mató? El presidente republicano Herbert Hoover y su multimillonario secretario del Tesoro Andrew Mellon fueron culpables antes y después del hecho. ¿Quién lo devolvió a la vida? El New Deal de posición intermedia impuesto por Franklin Roosevelt. Pero tuvieron que pasar siete años desde la investidura de Roosevelt, en marzo de 1933, para conseguirlo.

Permítanme avanzar rápidamente en el tiempo hasta el actual estallido financiero mundial. Los sistemas de mercado no regulados acaban destruyéndose a sí mismos. ¿Ha llegado el sistema de mercado a su fin? Como persona apegada a los valores tradicionales, espero que no. Mil años de historia económica atestiguan objetivamente lo indispensables que son los sistemas de mercado.

Marx, Lenin y Stalin eran paletos en lo que a economía se refiere. Mao era incluso peor. Y olvidémonos de Castro en Cuba, de Chávez en Venezuela y de quienquiera que fuese el que sumió a Corea del Norte en la hambruna y el estancamiento.

¿Qué es entonces lo que ha causado, desde 2007, el suicidio del capitalismo de Wall Street? En el fondo de este caos financiero, el peor en un siglo, encontramos lo siguiente: el capitalismo libertario del laissez-faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. Ésta es la fuente primaria de nuestros problemas de hoy. Hoy estos dos hombres están muertos, pero sus envenenados legados perduran.

Son palabras duras que deben justificarse. Pero permítaseme advertir a los lectores que mi larga y variada experiencia en historia económica me ha convertido en un centrista incurable. Peor que eso: he aprendido por las malas a ser incurablemente ecléctico.

Fui un estudiante brillante en la conservadora Universidad de Chicago desde 1932 hasta 1935. Mis profesores de Economía mundialmente famosos me encantaban, y me colmaron de notas altas. Pero. Pero. Siempre que miraba al exterior por las ventanas de la universidad veía tasas de desempleo cercanas al 50%. (La situación en la Alemania prehitleriana era más o menos la misma). Nada de eso cuadraba con lo que se escribía en los libros de texto que me mandaban leer.

¿Por qué pasé mis cuatro vacaciones de verano universitarias en la arenosa playa del lago Michigan? Mi familia no era pobre, pero tampoco asquerosamente rica. Por aquel entonces no había ningún trabajo. Ninguno significa eso, ninguno. Prácticamente todos los bancos de Indiana, Illinois y Wisconsin habían quebrado.

¿Cómo se las apañaron el benévolo presidente Roosevelt y el pérfido Adolf Hitler para restaurar casi el pleno empleo en los seis largos años que siguieron a 1933? Lo que finalmente resolvió el problema fue un enorme gasto deficitario que aumentó la deuda pública. Esta historia, tal y como yo acabo de contarla, no se encuentra en casi ninguna de las tesis doctorales de las grandes universidades privadas después de 1970. (Evidentemente, la ciencia mejora y desmejora).

Mis frases conectan con el desconcertante futuro de las iniciativas de rescate que están teniendo lugar en los cinco continentes. Primero, aclaremos quién tiene la culpa de que la estabilidad y el crecimiento que se produjeron en torno a 1995 se convirtieran en el caos de 2008.

1. No olvidemos nunca las idioteces que ha hecho George Bush en geopolítica. La historia futura documentará ese aspecto.

2. Desde que Ronald Reagan fue elegido para ocupar la Casa Blanca, en 1980, Estados Unidos se ha ido convirtiendo gradualmente en un país de derrochadores en los planos familiar, empresarial y público, como buenos derechistas radicales partidarios de la oferta.

En una fecha futura incierta, cuando se produzca un ataque mortal y desordenado contra el dólar como divisa, los gestores de fondos de cobertura que sobrevivan en Estados Unidos serán los principales vendedores al descubierto de dólares. Esos legados de Reagan habrán desempeñado una función crucial.

3. Los programas de "conservadurismo compasivo (sic)" prometidos por George Bush resultaron ser un programa de enormes recortes tributarios exclusivamente para gente como mis prósperos vecinos.

4. El fomento deliberado de la desigualdad no aceleró la productividad total de los factores en Estados Unidos. Por el contrario, la obscena subida de los emolumentos de los altos directivos volvió disfuncional todo el sistema de gobernanza empresarial. Los directores generales de carrera se lo montaron muy bien contando mentiras sobre los verdaderos beneficios de las empresas. Incluso después de que los descubriesen, se fueron al banco con una sonrisa de oreja a oreja.

De hecho, los candidatos de Bush para la Comisión de Control del Mercado de Valores, como el primer presidente que nombró, Harvey Pitt, fueron elegidos sólo porque liberalizarían el sistema, en lugar de mantener una sensata regulación centrista. Pitt fue escogido principalmente porque había sido abogado de las cuatro empresas contables principales, que a su vez estaban fabricando nuevas formas engañosas de medir la verdadera rentabilidad.

5. Pongan a estos contables en el estrado de los testigos. Les pagan aquellos a quienes se supone que deben vigilar, un caso flagrante en el que la vigilancia y la reglamentación son una necesidad fundamental.

6. Dejen sitio en el juzgado para las tres grandes agencias de clasificación: Fitch, Moody's y S&P-McGraw Hill. Se supone que sólo dan aprobaciones AAA al material seguro. Pero si una de las tres se volviera objetivamente veraz, las otras dos se quedarían con todo el negocio. Eso apesta a conflicto de intereses. Que tome nota el Congreso.

7. Por ahorrar espacio, pasaré a los nuevos "diabólicos monstruos Frankenstein" de la nueva "ingeniería financiera". Puede que yo y otros compañeros del MIT de Chicago, de Wharton, Penn y otras universidades, lo pasemos mal cuando nos enfrentemos a san Pedro en las puertas del cielo.

¿Cuál es el problema? Es verdad que los derivados y los créditos recíprocos pueden proporcionar un reparto racional del riesgo y, por consiguiente, reducir el riesgo total, pero también pueden destruir por completo cualquier transparencia.

Durante décadas he participado en consejos directivos sin ánimo de lucro con directores generales desde Nueva York hasta California. Ninguno de ellos entendió nunca nada de las fórmulas de Black, Scholes y Merton para valorar activos. Todo lo que sabían, o pensaban que sabían, era que los nuevos y maravillosos centros de beneficios libres de riesgo habían invadido sus despachos. Era mejor que la alquimia que convertía el estiércol en oro.

Por lo visto, nadie aprendió la lección de 1998, cuando Long Term Capital Management (LTCM) estuvo a punto de quebrar y necesitó un rescate pactado por parte del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. La ingeniería financiera es lo que nos permite pasar del apalancamiento cero hasta, pongamos, un apalancamiento de 50 a 1. Y cuando el riesgo acumulado resultante explota, de nuevo todo lo que ocurre es que el director general y el director financiero se van al banco partiéndose de risa por el camino.

Bear Stearns convirtió de la noche a la mañana a sus multimillonarios en millonarios. El emperador Nerón tocaba la lira mientras Roma ardía. El jefe de Bear Stearns jugaba torneos de bridge mientras sus accionistas quedaban hechos polvo. Teniendo en cuenta que ésta era una de las casas de corretaje que manejaban muchas de las transacciones de LTCM, ¿no debería haber aprendido lo letal que es el hiperapalancamiento?

Lo primordial es que la mayoría de las pérdidas será permanente, como entre 1929 y 1932. Sin embargo, si la Reserva Federal y el Tesoro de EE UU crean suficiente dinero nuevo, la recuperación y la estabilidad serán posibles.

De haber seguido la línea intermedia de Roosevelt, Truman, Kennedy y Clinton, podrían haberse evitado el caos y las quiebras de hoy. Los académicos siguen debatiendo si Colón introdujo la sífilis en el Nuevo Mundo o fue al revés. Pero no cabe duda de que la crisis mundial de 2008 lleva en su etiqueta las palabras made in USA.

Desde Islandia hasta la Antártida, niños aún por nacer aprenderán a temblar ante los nombres de Bush, Greenspan y Pitt. Por supuesto, estoy exagerando, pero sólo un poco.

Fuente: El País

"El mejor economista de la historia"

Por: Joaquín Estefanía

Hace menos de un lustro, cuando Paul Samuelson cumplió sus primeros 90 años, tuve que escribir un artículo en este periódico que titulé Los maestros nonagenarios y en el que pretendí rendir homenaje a dos de esos economistas, leyenda vida de nuestro tiempo: el propio Samuelson y John Kenneth Galbraith. Hoy los dos han muerto. El primero lo hizo este domingo, a los 94 años de edad. En ambos se unía esa cualidad que caracteriza a los grandes científicos sociales: sus intereses iban más allá de la especialidad en la que trabajaron y se hicieron famosos, y participaron activamente en la vida pública de sus entornos. No fueron economistas de campanario ni intelectuales encerrados en sus torres de marfil.

Nacido en Indiana, Samuelson estudió en la Universidad de Chicago y se doctoró en la de Harvard, en un tribunal en el que figuraba Joseph Schumpeter, el gran economista austriaco. Se cuenta una anécdota que dice que los miembros del tribunal quedaron tan impresionados por la capacidad científica del joven Samuelson, que Schumpeter comentó abrumado: "Con nuestros conocimientos en relación con los de este chico, ¿podríamos haber aprobado nosotros?". Además de Schumpeter, en Harvard estudió con otros economistas como Wassily Leontieff o Alvin Hansen, uno de los discípulos favoritos de Keynes, quien publicó un libro titulado ¿Recuperación total o estancamiento?, que vuelve a estar de actualidad ahora, y en el que defendía que el capitalismo puede permanecer en un estado de crecimiento lento, alto desempleo o subempleo, y exceso de capacidad o, lo que es lo mismo, de estancamiento. En 1970, un año después de su creación, Samuelson obtuvo el Nobel de Economía "por el trabajo científico a través del cual ha desarrollado la teoría económica estática y dinámica, y contribuido activamente a elevar el nivel de análisis en la ciencia económica".

Catedrático, escritor de periódicos (colaboró en decenas de ocasiones en las páginas de EL PAÍS), asesor de los presidentes demócratas Kennedy y Johnson, no hubo debate en el siglo XX y estos primeros años del XXI en el que no participase. En el año 2000, ante la posibilidad de que Bush ganase las primeras elecciones un grupo de tres centenares de economistas norteamericanos (entre ellos Samuelson y Galbraith) firmaron un manifiesto avisando de las desastrosas consecuencias que tendría para que el bienestar llegase a la mayoría. Ante la invasión de Irak, esos economistas volvieron a manifestarse en contra. En ambas ocasiones acertaron.

Pero si Samuelson tuvo influencia fue por sus libros. Su manual Curso de economía moderna: una descripción analítica de la realidad económica ha sido uno de los más vendidos entre los estudiantes de Ciencias Económicas de todo el mundo, y el más popular en la historia de la economía. Hizo rico a Samuelson y contribuyó a formar a muchas generaciones de técnicos. Publicado a finales de la década de los cuarenta, no llegó a España hasta 1965, traducido por otro maestro nonagenario como José Luis Sampedro, éste afortunadamente entre nosotros. En el prólogo, el economista traza su objetivo: brindar al ciudadano "una teoría que le permita comprender las instituciones y los problemas básicos de la civilización de mediados del siglo XX".

Samuelson se consideraba a sí mismo un centrista incurable. Hace poco tiempo, en unos de sus artículos recomendaba a Obama que se situase en esas posiciones para arreglar los problemas económicos que asolan a EEUU dentro de la Gran Recesión. Como consecuencia de tal equidistancia intelectual, fue atacado a izquierda y derecha. La izquierda consideraba que con sus reflexiones había contribuido a domar la parte más insurgente del pensamiento keynesiano, al insertarla en el análisis neoclásico: lo que acabó llamándose la "síntesis neoclásica keynesiana", que fue apodada por Joan Robinson (una economista que mereció el Nobel) como "keynesianismo bastardo". La derecha se cebó en él por sus ataques inmisericordes a Milton Friedman y Friedrich Hayek, los padres del neoliberalismo, a los que consideraba culpables de lo que ha ocurrido en el planeta en los últimos años. En un artículo titulado Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek , publicado en el último trimestre del año pasado, cuando todo parecía posible, escribió: "En el fondo de este caos financiero, el peor en un siglo, encontramos lo siguiente: el capitalismo libertario del laissez faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. Esta es la fuente primaria de nuestros problemas de hoy. Hoy estos dos hombres están muertos, pero sus envenenados legados continúan".

En el último artículo publicado en EL PAÍS, hace apenas un mes, Samuelson pronosticaba una nueva era mundial en la que el liderazgo de EEUU se vería combatido por una cada vez más potente China, a través de un ataque masivo contra el dólar. Pero indicaba: "Muchas veces, a lo largo de siete décadas de enseñanza de la economía y creación de libros de texto, me he equivocado. Aún así, recuerden dónde leyeron todo esto antes. Como decían los griegos clásicos, no maten al mensajero que les trae malas noticias". Un buen testamento intelectual en una coyuntura en la que todavía estamos discutiendo si los economistas se equivocaron al no predecir la crisis que se venía encima porque ignoraron los factores claves de la misma, o porque los excluyeron intencionadamente por motivos ideológicos, para propiciar una determinada agenda política favorable a la desregulación. En uno de sus artículos finales Paul Samuelson sentenciaba "Los sistemas de mercado no regulados tarde o temprano se suicidan". Él no se suicidó sino que vivió más de nueve décadas de enseñanzas fecundas para muchos. Por eso fue un maestro. Y por ello Kenneth Arrow, otro Nobel de Economía, le consideró "el mejor economista de la Historia".

Fuente: El País

sábado, 12 de diciembre de 2009

La política exterior de Obama, a prueba

Por: Joseph S. Nye

Ya cerca del término de su primer año como presidente, Barack Obama ha dado un valiente paso al decidir aumentar la cantidad de tropas estadounidenses en Afganistán hasta llegar a más de 100.000. Los críticos a la izquierda señalan que la Guerra de Corea ahogó la presidencia de Harry Truman, del mismo modo como la Guerra de Vietnam definió la Presidencia de Lyndon Johnson. Así, Obama se arriesga a ser el tercer presidente demócrata cuya agenda interna se vea sobrepasada por una guerra complicada.

Sin embargo, los críticos a la derecha se han quejado de que el enfoque de política exterior de Obama ha sido débil, demasiado en tono de disculpa y excesivamente dependiente del poder blando. Les preocupa la promesa de Obama de comenzar a retirar las tropas de Afganistán 18 meses después de este aumento.

Obama heredó una agenda de política exterior llena de baches: una crisis económica global, dos guerras difíciles, la erosión del régimen de no proliferación nuclear por parte de Corea del Norte e Irán, y el deterioro del proceso de paz del Medio Oriente. El dilema de Obama fue cómo manejar este complicado legado y, al mismo tiempo, crear una nueva visión de cómo los estadounidenses deberían relacionarse con el mundo.

A través de una serie de gestos simbólicos y discursos (en Praga, El Cairo, Accra, las Naciones Unidas y otros lugares), Obama ayudó a restablecer el poder blando de EE.UU. Como señalara hace poco el informe Pew: "...en muchos países la opinión sobre los Estados Unidos es hoy tan positiva como lo era al comienzo de la década en que George W. Bush estuvo en el poder."

Es un error pasar por alto el papel que los líderes transformadores pueden jugar para cambiar el contexto de problemas difíciles. El poder implica definir temas y crear preferencias en los demás, tanto como intentar influir y presionar. Por eso es que la administración Obama habla de un "poder inteligente", que combine de manera adecuada los recursos de poder duro y blando en diferentes contextos. El poder blando puede crear un ambiente que abre posibilidades, en lugar de obstaculizar las políticas.

Sus críticos dicen que Obama ha sido muchas palabras y nada de hechos. Lo retratan como una estrella de rock que ganó el premio Nobel por promesas más que por resultados. Se burlan de su popularidad, y hacen notar que el Oriente Próximo sigue siendo intratable, que siguen sin resolverse los problemas de Corea del Norte, Irak y Afganistán, y que Irán se está poniendo difícil. Sin embargo, ningún analista serio esperaría algo distinto en el corto plazo. Ciertamente, el enfoque de poder duro de Bush-Cheney no solucionó estos problemas.

Más aún, además de las palabras, ha habido algunos hechos importantes. Primero que todo, el manejo de Obama de la crisis económica. Cuando asumió el cargo, sus asesores económicos le decían que había una posibilidad entre tres de caer en una depresión al estilo de la de 1930.

Si Obama no hubiera evitado ese desastre, todo lo demás habría palidecido en comparación. Para lograrlo fue necesario no sólo un paquete de estímulo a nivel nacional, sino coordinación internacional. A pesar de las medidas estadounidenses contra las importaciones de neumáticos chinos, el nivel de proteccionismo ha sido mucho más bajo que en los años 30 y que lo predicho por muchos observadores. Más aún, Obama utilizó la crisis para lograr lo que muchos habían sugerido durante años: transformar el G-8 en el marco institucional más amplio del G-20, que incluye a las principales economías emergentes.

En estrecha relación con la crisis económica ha estado el manejo de Obama de las relaciones con China. Cómo responda Estados Unidos al ascenso del poderío chino es uno de los retos de política exterior más importantes del siglo veintiuno. Obama amplió las reuniones encabezadas por el Tesoro a un diálogo estratégico co-presidido por el Departamento de Estado, con un temario que incluye el cambio climático, así como asuntos multilaterales.

Contrariamente a algunos informes de prensa escépticos, la cumbre de Obama con el Presidente Hu Jintao en noviembre fue un éxito silencioso. Al mismo tiempo, ha reconocido que mantener alianzas estrechas con Japón y Australia -y buenas relaciones con India- ayuda a mantener las capacidades de poder duro que dan forma al ambiente de una China en ascenso.

Un tercer logro importante del primer año de Obama ha sido la reformulación del problema de la no proliferación nuclear, que muchos expertos consideraban en crisis al final de la era Bush. Al abrazar el objetivo de largo plazo de un mundo sin armas nucleares (aunque tal vez no durante su vida), Obama reiteró el tradicional compromiso de Estados Unidos, consagrado en el Artículo 6 del Tratado de No Proliferación, de reducir el papel de las armas nucleares. Más aún, dio seguimiento a esto negociando con Rusia un sucesor del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas para fines de año, y ha puesto el tema de la no proliferación entre los principales asuntos que tratar en las Naciones Unidas y en el G-20.

Los críticos dicen que estos logros, así como los esfuerzos por desbloquear los puntos muertos de Sudán y Birmania, se han alcanzado al precio de renunciar a la claridad moral en torno a los derechos humanos. Sin embargo, las proclamas públicas a menudo son menos eficaces que las estrategias de largo plazo para la promoción de estos temas. El discurso de Obama en Ghana, para el que se seleccionó cuidadosamente un país africano que últimamente ha tenido un traspaso democrático de gobierno, ilustra ese enfoque.

Otros críticos a la izquierda se han quejado de que no ha sido capaz de lograr que el Congreso apruebe un exigente proyecto de ley antes de la Conferencia de Copenhague sobre el cambio climático. Sin embargo, Obama ha ayudado a persuadir a China e India para que hagan anuncios importantes, y establecerá una meta estadounidense de reducción de emisiones de gases de invernadero que debería evitar que la conferencia termine siendo un fracaso.

Por supuesto, la gran prueba será Afganistán. ¿Puede Obama combinar el poder blando y duro en una estrategia de poder inteligente que funcione? ¿Producirá el aumento de tropas estadounidenses y aliadas, y de la ayuda para el desarrollo, suficiente estabilidad para la retirada, cuyo inicio tiene previsto en 2011? ¿Puede el gobierno afgano comenzar a dar seguridad para proteger a sus ciudadanos de la violencia de los talibanes? ¿O el país terminará siendo un atolladero que defina la presidencia de Obama?

A medida que Obama se acerca el fin de su primer año en el cargo, debe saber que Afganistán será la prueba mayor por la cual los historiadores del futuro calificarán su política exterior.

Fuente: Project Syndicate, 2009.

Haciéndole lugar a China

Por: Dani Rodrik

La moneda subvalorada y el gigantesco excedente comercial de China plantean grandes riesgos para la economía mundial. Amenazan con una importante reacción proteccionista en Estados Unidos y Europa, al tiempo que socavan la recuperación en los mercados en desarrollo y emergentes. Si no se los controla, generarán una creciente acrimonia entre China y otros países. Pero la solución no es, ni por cerca, tan simple como quieren hacerla parecer algunos expertos.

Si escuchamos lo que se dice en Washington y Bruselas, o lo que se lee en la prensa financiera, pensaríamos que estamos presenciando una clara obra de moralidad. Al decir de estos funcionarios y comentaristas, está en el propio interés de China permitir que se aprecie el renminbi. Después de todo, la economía china ya no puede basarse en la demanda externa y en las exportaciones para sustentar su asombroso crecimiento, y los consumidores chinos, que en promedio todavía son pobres, merecen un respiro y ser estimulados para gastar más que para ahorrar.

Esta historia coloca a los estrategas políticos de China en el papel de manipuladores malvados y desorientados de la moneda que, inexplicablemente, optan por perjudicar no sólo al resto del mundo, sino también a su propia sociedad. De hecho, una apreciación del renminbi probablemente le asestaría un duro golpe al crecimiento de China, que esencialmente se basa en una receta simple y probada en el tiempo: fomentar la industrialización. La subvaloración de la moneda hoy es el principal instrumento del gobierno chino para subsidiar el sector industrial y otros sectores comerciales, y por lo tanto promover el crecimiento a través de un cambio estructural.

Antes de sumarse a la Organización Mundial de Comercio en 2001, China tenía una gama más amplia de instrumentos de política interna para alcanzar este objetivo. Podía promover sus industrias a través de aranceles elevados, subsidios explícitos, requisitos de contenido interno a firmas extranjeras, incentivos para la inversión y muchas otras formas de política industrial. Pero pertenecer a la OMC hizo difícil, si no imposible, recurrir a estas formas tradicionales de apoyo industrial. Los aranceles de China decayeron precipitosamente a fines de los años 1990, y muchos de los otros incentivos también fueron eliminados. La subvaloración de la moneda se convirtió en el sustituto.

No sólo China se beneficia con una moneda competitiva. Existe una fuerte relación positiva en todos los países en desarrollo entre la subvaloración monetaria y el crecimiento económico. Pero esta relación es mucho más fuerte en China, supuestamente porque la brecha de productividad entre los sectores rurales tradicionales de la economía y los sectores industriales modernos es muy grande.

El problema con la subvaloración monetaria es que, a diferencia de la política industrial convencional, incide en la balanza comercial. Funciona como un subsidio a la producción de bienes comercializables (lo cual es deseable), junto con un impuesto a su consumo interno (lo cual es incidental y no deseable). De hecho, el desequilibrio de cuenta corriente de China, que se había mantenido moderado hasta la década actual, comenzó su inexorable ascenso en 2001 -precisamente cuando el país se sumó a la OMC.

Dado que las reglas de la OMC atan las manos de China en materia de política industrial, ¿en cuánto se vería afectado el crecimiento de la economía china si se apreciara el renminbi? Mis estimaciones, crudas como son, sugieren una desventaja pronunciada. Una apreciación del 25% -aproximadamente la dimensión de la subvaloración actual del renminbi- reduciría el crecimiento de China en algo más que dos puntos porcentuales. Se trata de un efecto significativo, incluso según los parámetros de crecimiento superlativo de China.

Más importante aún, una desaceleración de esta magnitud colocaría a China por debajo del umbral de crecimiento del 8% que su liderazgo aparentemente cree necesario para evitar el antagonismo social. Nadie sabe de dónde surge realmente la cifra del 8%, y muchos expertos creen que la sociedad y el gobierno de China pueden manejar un crecimiento mucho más bajo. Pero, aún si se dejan de lado las implicancias políticas, sería una tragedia si el motor de reducción de pobreza más poderoso que el mundo haya conocido hasta la fecha experimentara una desaceleración importante.

Por cierto, otros países que se basaron en las exportaciones para crecer rápidamente –como Alemania, Japón y Corea del Sur- llegado el caso tuvieron que dejar que sus monedas se apreciaran. Pero China sigue siendo un país muy pobre, con un nivel de ingresos que es apenas una décima parte del de Estados Unidos. Tiene un enorme reservorio de mano de obra excedente en las zonas rurales. Además, China debe convivir con restricciones a sus políticas industriales que ninguno de estos otros países, en los días previos a la OMC, tuvieron que tolerar.

Entonces, al parecer, nos quedamos con dos opciones igualmente carentes de atractivo. China puede mantener sus prácticas monetarias, pero a riesgo de grandes desequilibrios macroeconómicos globales y una importante reacción política en Estados Unidos y otras partes. O puede dejar que su moneda se aprecie, a riesgo de inducir una desaceleración del crecimiento y un malestar político y social fronteras adentro. No resulta claro que los defensores de esta opción hayan comprendido plenamente sus consecuencias adversas potencialmente graves.

Existe, por supuesto, una tercera vía, pero ésta exigiría reescribir las reglas de la OMC. Si a China se le diera mano libre en materia de políticas industriales, podría promover manufacturas de manera directa permitiendo a la vez que se apreciara el renminbi. De esta manera, la mayor demanda de su producción industrial provendría de los consumidores domésticos y no de los consumidores extranjeros.

No es una solución bonita, pero es la única. La gran ventaja de las políticas industriales es que permiten un cambio estructural que promueve el crecimiento sin generar excedentes comerciales. Son la única manera de reconciliar la continua necesidad de industrialización de China con el requerimiento de la economía mundial de menores desequilibrios de cuenta corriente.

Fuente: Project Syndicate, 2009.

El hombre que asombra al mundo

Por: José Luis Rodríguez Zapatero

Este es un hombre cabal y tenaz, por el que siento una profunda admiración. Lo conocí en septiembre de 2004, tras la incorporación de España a la Alianza contra el Hambre que él lideraba, en una cumbre organizada por Naciones Unidas en Nueva York. No podía haber sido mejor la ocasión.

Luiz Inácio Lula da Silva es el séptimo de los ocho hijos de una pareja de labradores analfabetos, que vivieron el hambre y la miseria en la zona más pobre del Estado brasileño nororiental de Pernambuco.

Tuvo que simultanear sus estudios con el desempeño de los más variopintos trabajos y se vio obligado a dejar la escuela, con tan sólo 14 años, para trabajar en la planta de una empresa siderometalúrgica dedicada a la producción de tornillos. En 1968, en plena dictadura militar, dio un paso que marcó su vida: afiliarse al Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema.

De la mano de este hombre, siguiendo el sendero abierto por su predecesor en la Presidencia, Fernando Henrique Cardoso, Brasil, en apenas 16 años, ha dejado de ser el país de un futuro que nunca llegaba para convertirse en una formidable realidad, con un brillante porvenir y una proyección global y regional cada vez más relevante. Por fin, el mundo se ha dado cuenta de que Brasil es muchísimo más que carnaval, fútbol y playas. Es uno de los países emergentes que cuenta con una democracia consolidada, y está llamado a desempeñar en las décadas siguientes un creciente liderazgo político y económico en el mundo, tal y como ya viene haciendo en América Latina con notable acierto.

Lula tiene el inmenso mérito de haber unido a la sociedad brasileña en torno a una reforma tan ambiciosa como tranquila. Está sabiendo, sobre todo, afrontar, con determinación y eficacia, los retos de la desigualdad, la pobreza y la violencia, que tanto han lastrado la historia reciente del país. Como consecuencia de ello, su liderazgo goza hoy en Brasil del respaldo y del aprecio mayoritarios, pero mucho más importante aún es la irreversible aceptación social de que todos los brasileños tienen derecho a la dignidad y la autoestima, por medio del trabajo, la educación y la salud.

Superando adversidades de todo orden, Lula ha recorrido con éxito ese largo y difícil camino que va desde el interés particular, en defensa de los derechos sindicales de los trabajadores, al interés general del país más poblado y extenso del continente suramericano. Sin dejar de ser Lula, en esa larga marcha ha conseguido, además, ilusionar a muchos millones de sus conciudadanos, en especial aquellos más humillados y ofendidos por el azote secular de la miseria, proporcionándoles los medios materiales para empezar a escapar de las secuelas de ese círculo vicioso.

Al mismo tiempo, en los siete años de su presidencia, Brasil se ha ganado la confianza de los mercados financieros internacionales, que valoran la solvencia de su gestión, la capacidad creciente de atraer inversiones directas, como las efectuadas por varias compañías españolas, y el rigor con que ha gestionado las cuentas públicas. El resultado es una economía que crece a un ritmo del 5% anual, que ha resistido los embates de la recesión mundial y está saliendo más fortalecida de la crisis.

Tras convertirse en el presidente que accedía al cargo con un mayor respaldo electoral, en su cuarto intento por lograrlo, Lula manifestó que es inaceptable un orden económico en el que pocos pueden comer cinco veces al día y muchos quedan sin saber si lograrán comer al menos una. Y apostilló: "Si al final de mi mandato los brasileños pueden desayunar, almorzar y cenar cada día, entonces habré realizado la misión de mi vida".

En ese empeño sigue este hombre honesto, íntegro, voluntarioso y admirable, convertido en una referencia inexcusable para la izquierda del continente americano al sur de Río Grande. Tiene una visión del socialismo democrático que pone el acento en la inclusión social y en la justicia medioambiental para hacer posible una sociedad más justa, decente, fraterna y solidaria.

Brasil ocupará pronto un lugar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, está a punto de convertirse en toda una potencia energética y en 2014 albergará el Campeonato Mundial de Fútbol. Cuando nos vimos en octubre en Copenhague, Lula lloraba de felicidad, como un niño grande, porque Río de Janeiro acababa de ser elegida ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de 2016. La euforia que le inundaba no le impidió tener el temple necesario para venir a consolarme porque Madrid no había sido elegida y fundirnos en un abrazo.

A mí no me extraña nada que este hombre asombre al mundo.

Fuente: El País

El escritor en la plaza pública

Por: Mario Vargas Llosa

Claudio Magris está en Lima y se presta sin desánimo a las servidumbres de la fama: entrevistas, conferencias, autógrafos, doctorados honoris causa. Tanto en sus presentaciones públicas como en sus respuestas a los periodistas que lo acosan evita los lugares comunes, no hace concesiones a la galería ni a la corrección política y se esfuerza de manera denodada para no sacrificar la complejidad y el matiz cada vez que habla de política. Todo lo que ha dicho sobre Berlusconi, la situación en Italia, el problema de la inmigración, las tendencias xenófobas y racistas y el temor al integrismo islámico en la Europa de nuestros días es de una rigurosa lucidez, como suelen serlo sus ensayos y artículos. Resulta estimulante comprobar que, en plena civilización de la frivolidad y el espectáculo, todavía quedan intelectuales que creen, como decía Sartre, que "las palabras son actos" y que la literatura ayuda a vivir a la gente y puede cambiar la historia.

Desde que, a fines de los años ochenta, leí El Danubio tengo a Magris por uno de los mejores escritores de nuestro tiempo y, acaso, entre sus contemporáneos el que mejor ha mostrado en sus libros de viaje, sus estudios críticos, sus ficciones y artículos periodísticos cómo la literatura, junto con el placer que nos depara cuando es original y profunda, nos educa, y enriquece como ciudadanos obligándonos a revisar convicciones, creencias, conocimientos, percepciones, enfrentándonos a una vida que es siempre problemática, múltiple e inapresable mediante esquemas ideológicos o dogmas religiosos, siempre más sutil e inesperada que las elaboradas construcciones racionales que pretenden expresarla.

Ésa es una de las grandes lecciones de El Danubio: para encontrar un rumbo y no extraviarse en esa vorágine de lenguas, razas, costumbres, religiones, mitos e historias que han surgido a lo largo de los siglos en las orillas del gran río que nace en un impreciso rincón de Alemania y va a desaguar en el Mar Negro luego de regar Austria, Chequia, Eslovaquia, Yugoslavia, Hungría, Bulgaria y Rumanía, son más útiles las fantasías novelescas y los poemas de los escritores danubianos que los voluminosos tratados sociológicos, históricos y políticos surgidos en su seno a los que a menudo las querellas nacionalistas y étnicas privan de objetividad y probidad. En cambio, sin siquiera proponérselo, la literatura que inspiró -Kafka, Céline, Canetti, Joseph Roth, Attila József y muchos otros menos conocidos- revela los secretos consensos que prevalecen soterrados bajo esa diversidad, un denominador común que delata lo artificial y sanguinario de las fronteras que erizan esa vastísima región bautizada, creo que por él, como Mitteleuropa.

Libro de viajes, autobiografía, análisis político-cultural, El Danubio es ante todo un libro de crítica literaria, entendida ésta, en contra de la tendencia dominante en nuestro tiempo de autopsia filológica o deconstrucción lingüística de un texto separado de su referente real, como una aproximación a la realidad histórica y social a través de las visiones que de ella nos da la creación literaria y su cotejo con las que las ciencias sociales nos proponen. Para Magris, en las antípodas de un Paul de Man o un Jacques Derrida, la literatura no remite sólo a ella misma, no es una realidad autosuficiente, sino una organización fantaseada de esa protoplasmática confusión que es la vida que se vive sin poder tomar distancia ni perspectiva sobre ella, un orden creado que da sentido, coherencia y cierta seguridad al individuo. Lo mismo hacen las religiones, filosofías e ideologías, desde luego. Pero la gran diferencia entre la literatura y estos otros órdenes inventados para enfrentar el caos de lo vivido, según explica Magris en uno de sus más sutiles y persuasivos ensayos incluido en su libro La historia no ha terminado, 'Laicidad, la gran incomprendida', es el carácter "laico" de aquella, un conocimiento no sectario ni dogmático sino crítico y racional. Laico no significa enemigo de la religión sino ciudadano independiente, emancipado del rebaño, que piensa y actúa por sí mismo, de manera lúcida, no por reflejos condicionados: "Laico es quien sabe abrazar una idea sin someterse a ella, quien sabe comprometerse políticamente conservando la independencia crítica, reírse y sonreír de lo que ama sin dejar por ello de amarlo; quien está libre de la necesidad de idolatrar y de desacralizar, quien no se hace trampas a sí mismo encontrando mil justificaciones ideológicas para sus propias faltas, quien está libre del culto de sí mismo". ¿Qué mejor manera de decir que la literatura contribuye de manera decisiva a formar ciudadanos responsables y libres?

Borges dijo alguna vez: "Estoy podrido de literatura". Quería decir que gracias a la irrealidad creada por las fantasías de los grandes escritores había vivido más tiempo fuera del mundo real que dentro de él. La suya es una metáfora que contiene una visión de la literatura como una realidad paralela que permite a los lectores refugiarse en ella para huir del mundo real y confinarse en la pura fantasía. La literatura, para Claudio Magris, es, por el contrario, no una fuga sino una inmersión intensa y profunda en la realidad, acaso la más acerada, exquisita e instructiva manera de entender esa realidad de la que formamos parte, en la que aparecemos y desaparecemos y de la cual jamás tendríamos aquella distancia que permite el conocimiento si, creyendo sólo contar y escribir historias para entretenimiento de las gentes, no hubiéramos inventado un mecanismo que nos emancipa de lo vivido para entenderlo mejor.

Él también está "podrido" de literatura y por eso suele ser tan certero cuando, en sus artículos y ensayos del Corriere Della Sera, en el que escribe hace más de cuarenta años, opina sobre política, religión, economía, arte, sociedad, la mafia, el terrorismo, la guerra y demás temas de actualidad. Sea cual sea el asunto sobre el que opina, la literatura siempre asoma, no como adorno ni desplante erudito, más bien como un punto de vista que enriquece, matiza o cuestiona las lecturas supuestamente objetivas e imparciales de lo que ocurre a nuestro alrededor. Tal vez ningún otro escritor de nuestra época haya hecho tanto como Magris para demostrar prácticamente cómo la literatura, en vez de estar disociada de la vida y ser una realidad aparte, confinada en sí misma, es una manera privilegiada y excelsa de vivir, entendiendo lo que se vive y para qué se vive: cómo en la vida hay jerarquías, valores y desvalores, opciones que defender y que criticar y combatir, por ejemplo las fronteras.

Nacido en Trieste, lugar que ha sido nudo y crucero de culturas, Magris es un especialista en fronteras. Equipado con esa arma literaria que en sus manos puede ser mortífera ha dedicado buena parte de su vida a estudiarlas y a demolerlas. Germanista de formación, también domina las lenguas románicas y esa rica asimilación de tantas literaturas le permite mostrar que la llamada globalización no es un fenómeno de nuestra época, sino la extensión actual, al campo económico y político, de una vieja herencia que en el campo de la cultura practicaron los fundadores de la literatura occidental, empezando por Homero. Leer a los clásicos sirve para advertir lo artificiales y efímeras que son las fronteras cuando se trata de encarar lo esencial de la condición humana, la vida, la muerte, el amor, la amistad, la pobreza y la riqueza, la enfermedad, la cultura, la fe. Las fronteras físicas, culturales, religiosas y políticas sólo han servido para incomunicar a los seres humanos e intoxicarlos de incomprensión y de prejuicios hacia el prójimo y nada lo ha mostrado de manera más dramática que la buena literatura. Por eso, todo lo que contribuya a debilitar y desvanecer las fronteras es positivo, la mejor manera de vacunarse contra futuros apocalipsis como las dos guerras mundiales del siglo XX. La construcción europea puede merecer muchas críticas, sin duda, pero sólo a partir de un reconocimiento imprescindible: que el mero hecho de que semejante proyecto sea una realidad en marcha, la progresiva desaparición de las fronteras entre pueblos que se han entrematado por ellas a lo largo de siglos, es un paso formidable en el camino de la civilización.

En estos días grisáceos con los que el invierno se despide de Lima, ha sido grato leer y escuchar a Claudio Magris, un anuncio de los días buenos días de cielo despejado y luz cálida que se avecinan.

Fuente: El País

Relaciones Chile-Bolivia pos elecciones: Todo o nada

Por: Cristian Leyton Salas

A partir del 22 de enero del 2006 las relaciones entre Chile y Bolivia mutaron. Un cambio experimentó la tradicional postura boliviana hacia Chile, aquella que impulsaba una “denuncia” sistemática y pública de su condición mediterránea. Esta relación pasó desde la lógica revidicacionista inaugurada allá en 1925 por Bautista Saavedra, profundamente conflictiva e irreverente, hacia otra de dialogo “sin imposiciones, sin exclusiones, pero sin excepciones”.

Con Evo Morales a la cabeza del ejecutivo boliviano, el Gobierno chileno logró encontrar un interlocutor válido para sentarse a conversar y plantear las bases de una Agenda de 13 puntos que incluía exponer los intereses y objetivos bolivianos tras su demanda de “reintegración marítima”. Un aspecto central en dicha postura era y sigue siendo la accesión a una costa y una proyección marítima “útil y soberana": Biolivia reclama "soberanía" sobre dicho espacio.

Desde la implantación de dicha Agenda, una diplomacia militar y política se ha instaurado. Una estrategia de “paso a paso” se ha implementado. Desde los puntos más básicos y administrativos hasta la “alta política”, que incluye identificar el espacio territorial que sería cedido a Bolivia, asi como su naturaleza jurídica internacional y emplazamiento espacial. Incluso se ha avanzado lam idea de "enclaves" para Bolivia.

Podríamos decir que desde el 2006 hasta la fecha se inauguró una fase de conocimiento y de confianza mutua entre ambos estamentos. Lo anterior posibilitado por un cierto "pacto de no agreasión" ideológico entre ambos Gobiernos. A la luz del seguimiento del comportamiento político exterior de Evo Morales, podemos constatar que éste ha tendido a "ideologizar" sus relaciones internacionales. Frente a una administración de naturaleza “reaccionaria”, el Gobierno del MAS en Bolivia ha optado por la política de la denuncia y la confrontación mediática. Alán García en Perú (con su retórica antibolivariana) y Álvaro Uribe en Colombia, por ejemplo.

Las condiciones que permitieron este acercamiento sin precedentes entre el Gobierno de Michelle Bachelet con el régimen de Evo Morales son fundamentalmente coyunturales. La primera dice relación con un “frente interno” boliviano altamente explosivo. Una división de facto de Bolivia entre el Occidente y el Oriente liderado por Santa Cruz y su Comité Cívico Cruceño que puso al país al borde de la fragmentación. Evo Morales dirigió todas sus capacidades a afianzar su liderazgo y legitimidad interno, hecho consumado con la última elección en donde obtuvo casi un 60% de apoyo.

Otro aspecto coyuntural está dado por el enfriamiento o casi congelamiento de las relaciones entre el régimen de corte neoliberal de Alán García (APRA) y régimen colectivista de Evo Morales. Una ventana de oportunidad hábilmente explotada por la Cancilleria chilena y que permitió ofrecer al gobierno del MAS un respiradero diplomático y político en la región.

La postura chilena en orden a no establecer “limites” a las conversaciones bilaterales, asumiendo la lógica de la negociación “sin imposiciones, pero sin exclusiuones”. Postura aceptada por Evo Morales, y sobre todo el movimiento del MAS en su conjunto. Las bases identificaron un factor cohesionador aun más movilizador que el “factor Chile”, en este caso, la “oligarquía cruceña”.

Hoy, estamos ad portas de una nueva configuración de las condiciones que permitieron el desarrollo del escenario anterior.
De toda evidencia, en Chile un cambio mayor se producirá en la dirección política del país. La "Derecha" llegaría a La Moneda. Y con ella, un cambio en la postura dominante que ha permitido un acercamiento sorprendente entre ambos Estados. Si los peruanos llaman hoy a “desideologizar” su relación con Evo Morales, hace tres años que esto viene ocurriendo con Chile.

No solo dependerá de la visión y del programa político de la próxima administración en La Moneda si mantiene la Agenda de 13 puntos con el régimen indigenista de Evo, también y sobre todo del mismísimo presidente reelegido en Bolivia.

Evo ya no tiene el “frente interno”, ahora podrá trabajar decididamente a pasar a la historia como el presidente que obtuvo la salida al mar de Bolivia por el Pacífico. Un acercamiento con Perú no es de extrañar a fin de presionar a la nueva administración chilena. Ahora, Evo Morales buscará el “todo o nada”. Todo: una salida “útil y soberana” al mar. Nada: reinstitucionalizar la tradicional política de denuncia internacional en contra de Chile.

El “orden regional y vecinal” sigue mutando. El próximo año será uno de incertidumbre, en especial con nusetros vecinos "nortinos".

Fuente: La Tercera

La última movida de Alan García

Por: José Rodríguez Elizondo

La designación de Manuel Rodríguez Cuadros como embajador peruano en Bolivia confirma que en política no se muere, a lo más se hiberna.

Es que Rodríguez Cuadros hace tiempo dejó de ser un simple y disciplinado profesional de la diplomacia. Como canciller de Alejandro Toledo fue el motor de la demanda marítima contra Chile y quien mejor implementó la estrategia de dar al conflicto “un tratamiento eminentemente jurídico, en cuerdas separadas en relación con el resto de la agenda bilateral”. En esa linea, no vaciló en fijar plazo a la canciller Soledad Alvear para que aceptara la tesis del vacío de tratado fronterizo y en hacer firmar a Ignacio Walker una declaración con sorpresa incorporada: decodificada con amplitud, hacía aparecer a Chile aceptando la existencia de una controversia jurídica.

Por eso, el hombre fue un incordio para García cuando, en aras de la ideología aprista, quiso zafar de esa herencia peligrosa. Entonces, su canciller José Antonio García Belaunde llegaría a declarar que Toledo (obviamente a través de Rodríguez Cuadros) había “maltratado gratuitamente la relación con Chile”. A ese garrotazo abstracto el Presidente agregó uno más personalizado: pidió la renuncia del criticado al cargo que desempeñaba a la sazón: embajador ante los Organismos Internacionales en Ginebra. Además, despotricó contra el servicio exterior peruano, que se permitía alquilar viviendas por 25.000 dólares. Quienes todo lo saben, aseguraron que “los versos van para Manuel”.

Pero el ex canciller y ex diplomático no se rindió. Proyectando su gestión chilena, escribió un detalloso libro sobre el componente jurídico de la estrategia peruana, comenzó a dar conferencias por todo el país y se convirtió en columnista estable del diario La Primera, conocido por la escasa simpatía con que trata a los chilenos. Desde tal ubicación, hoy está compitiendo con Carlos Ferrero –también ministro prominente de Toledo - por el liderazgo de un nacionalismo de sectores medios, con base en el partido Perú Posible.

Está claro, entonces, que García no ha designado a un simple e intercambiable profesional de la diplomacia, sino a un político inteligente, de ideolología nacionalista, para que le rescate una relación que se ha vuelto conflictiva. Digamos, para ayude a que Evo Morales olvide ciertas andanadas suyas y recuerde que Bolivia, al menos para el nacionalismo peruano, sigue siendo el Alto Perú de siempre.

Lo señalado confirma lo que escribiera el analista peruano Mirko Lauer, respecto a que, en materia de la relación con Chile, el canciller García Belaunde está “en una linea de continuidad con lo que hizo Rodríguez”. Pero –aquí esta el detalle no expresado- no porque éste haya cambiado de opinión, sino porque Alan García ha contradicho a su propio canciller. En efecto, García Belaunde ya no podría criticar la gestión chilena de Rodríguez Cuadros, pues hoy está ejecutando su legado.

Si miramos más arriba de los cancilleres, está claro que el gran timonel del cambio es Alan García. Con su ultrapragmatismo, ha devuelto a la vida política a quien maltratara a inicios de su mandato, encomendándole una misión literalmente estratégica. Junto con ello, y no casualmente, ha cedido un espacio político decisivo a uno de los líderes más connotados del nacionalismo peruano actual.

Fuente: La Tercera

martes, 8 de diciembre de 2009

Cobrar impuestos a los especuladores

Por: Paul Krugman

Es hora de echar arena a las ruedas de las finanzas. ¿Deberíamos usar los impuestos para frenar la especulación financiera? Sí, dicen las autoridades británicas, que supervisan la City de Londres, uno de los dos grandes centros bancarios del mundo. Otros Gobiernos europeos se muestran de acuerdo, y tienen razón.

Por desgracia, las autoridades estadounidenses -en especial el secretario del Tesoro Timothy Geithner- se oponen rotundamente a la propuesta. Esperemos que recapaciten: gravar las transacciones financieras es una idea de lo más oportuna en este momento.

El debate se inició en agosto, cuando Adair Turner, máximo regulador financiero británico, propuso un impuesto sobre las transacciones financieras como forma de disuadir actividades "socialmente inútiles". La propuesta atrajo a Gordon Brown, el primer ministro británico, que decidió presentarla este mes en la reunión del Grupo de las 20 economías más importantes.

¿Por qué es ésta una buena idea? La propuesta de Turner-Brown es la versión moderna de una idea lanzada en 1972 por el fallecido James Tobin, economista de Yale y ganador del Premio Nobel. Tobin sostenía que la especulación monetaria -dinero que se mueve a escala internacional para apostar por las fluctuaciones de los tipos de cambio- tenía un efecto perturbador en la economía mundial. Para reducir estas perturbaciones, proponía cobrar un pequeño impuesto cada vez que se cambiase moneda.

Dicho impuesto representaría un gasto sin importancia para quienes se dedicasen al comercio internacional o realizasen inversiones a largo plazo; pero supondría una importante traba para quienes intentasen ganar dólares (o euros o yenes) rápidamente prediciendo la evolución de los mercados en unos días o unas semanas. Como decía Tobin, "arrojaría un poco de arena a las ruedas bien engrasadas" de la especulación.

La idea de Tobin no cuajó en su día. Más tarde, para gran disgusto suyo, se convirtió en el caballo de batalla preferido de la izquierda antiglobalización. Pero la propuesta de Turner y Brown, según la cual se aplicaría la tasa Tobin a todas las transacciones financieras -no sólo a las que impliquen divisas extranjeras-, sigue en gran medida la estela de Tobin. Sería un gasto sin importancia para los inversores a largo plazo, pero frenaría gran parte de las compras y ventas para generar comisiones que ahora tienen lugar en nuestros hiperactivos mercados financieros.

Esto sería malo si la hiperactividad financiera fuese productiva. Pero, tras el desastre de los dos últimos años, son muchos -casi todos los que no reciben su paga del sector financiero, me siento tentado a decir- los que están de acuerdo con la afirmación de Turner de que buena parte de lo que hacen Wall Street y la City es "socialmente inútil".

Y el impuesto sobre las transacciones podría generar ingresos considerables, y de ese modo, calmar los temores que suscita el déficit público. ¿Qué objeciones se le puede poner?

El principal argumento que esgrimen quienes se oponen al impuesto sobre las transacciones financieras es que sería inviable porque los agentes encontrarían formas de evitarlo. También hay quien sostiene que no haría nada para frenar la conducta socialmente perjudicial que provocó la actual crisis. Pero ninguna de esas afirmaciones resiste un examen a fondo.

Respecto a la aserción de que no se pueden gravar las transacciones financieras: la contratación actual es un asunto muy centralizado. Consideremos, por ejemplo, la propuesta original de Tobin de gravar las operaciones de cambio. ¿Cómo se podría hacer, cuando hay operadores de divisas en todo el mundo? La respuesta es que, aunque hay operadores por todas partes, la mayoría de sus transacciones se realizan -es decir, se pagan- en una única institución con sede en Londres. Esta centralización mantiene bajo el coste de las transacciones, y eso es lo que hace posible la enorme cantidad de tejemanejes. Sin embargo, también hace que estas transacciones sean relativamente fáciles de identificar y gravar.

¿Y respecto a la aseveración de que un impuesto sobre operaciones financieras no resuelve el verdadero problema? Es cierto que un impuesto sobre las operaciones no habría impedido que los prestamistas concedieran préstamos malos, ni que los crédulos inversores compraran los residuos tóxicos respaldados por dichos préstamos.

Pero las malas inversiones no son toda la historia de esta crisis. Lo que convirtió esas malas inversiones en catástrofe fue la excesiva dependencia que el sistema tiene del dinero a corto plazo.

Como han demostrado Gary Gorton y Andrew Metrick, de la Universidad de Yale, en 2007 el sistema bancario estadounidense dependía esencialmente de las transacciones "repo", en las que las instituciones financieras venden activos a los inversores prometiéndoles recomprarlos al cabo de poco tiempo (a menudo, un solo día). Las pérdidas en los activos subpreferenciales y en otros activos desencadenaron una crisis bancaria porque socavaron este sistema: se produjo una "retirada masiva de repos".

Y un impuesto sobre las transacciones financieras, al desincentivar la dependencia de la financiación a plazo ultracorto, habría hecho mucho menos probable esa retirada masiva. Por consiguiente, en contra de lo que afirman los escépticos, dicho impuesto habría ayudado a prevenir la crisis actual, y podría ayudarnos a evitar que se repita en el futuro.

¿Resolvería una tasa Tobin todos nuestros problemas? Por supuesto que no. Pero podría formar parte del proceso para deshinchar nuestro inflado sector financiero. En esto, como en otras cuestiones, el Gobierno de Obama necesita liberar su mente del yugo de Wall Street.

Fuente: www.sinpermiso.info

lunes, 7 de diciembre de 2009

¿Élites o neoliberalismo?

Por: Martín Tanaka

La semana pasada terminaba mi comentario al texto de Nelson Manrique dedicado a Haya de la Torre aludiendo a la falta de compromiso democrático de nuestras élites, lo que me lleva a comentar un par de libros más esta semana, que se pueden conseguir en la Feria del Libro Ricardo Palma que termina este jueves en el Museo de la Nación.

El hecho de que nuestras élites privilegian sus agendas e intereses particulares y subordinan la importancia de las reglas de competencia democrática está en el centro del análisis de Eduardo Dargent en su libro Demócratas precarios. Élites y debilidad democrática en el Perú y América Latina (Lima, IEP, 2009). Tanto la derecha como la izquierda tienden a ser autoritarias cuando se trata de apoyar a gobiernos con los que simpatizan, pero invocan el respeto a las garantías democráticas cuando tratan de oponerse a fuerzas que pueden avasallar sus intereses. Dargent señala que si la democracia como régimen ha tenido una importante continuidad en los últimos años en nuestros países ha sido más por presiones externas que por fuerzas internas; consolidar la democracia requiere de élites más “maduras”, por así decirlo.

Es interesante contrastar el libro de Dargent con otro de reciente aparición, El argumento democrático sobre América Latina. La excepcionalidad peruana en perspectiva comparada (Lima, UNMSM, 2009), de Nicolás Lynch, que se presentará este miércoles en el Centro de Convenciones del Colegio Médico. Según Lynch, la debilidad democrática de nuestros países está asociada no a la conducta de las élites sino a la aplicación de políticas neoliberales, que el autor caracteriza como excluyentes, e incluso autoritarias y corruptas. Por ello los avances en la profundización de la democracia en la región están asociados al “giro a la izquierda” ocurrido en los últimos años; y el atraso del Perú en cuanto a democratización estaría en la continuidad de las políticas neoliberales.

¿Dónde estaría entonces el problema: en las élites o en el neoliberalismo? ¿Se trata de romper con el modelo económico neoliberal o de lograr un consenso básico entre las élites? Se trata de una discusión muy interesante. Creo que Lynch tiene razón al subrayar la importancia de pensar la democracia más allá del régimen político y considerar el contenido de las políticas y sus efectos; pero siguiendo a Dargent podría decirse que el compromiso entre las élites es fundamental también para el desarrollo y la inclusión social. Acaso la clave del éxito democrático implique que las élites en general asuman el respeto al pluralismo y la alternancia, que las de derecha reconozcan la necesidad de políticas de Estado más integradoras, y que las de izquierda reconozcan la centralidad de los mecanismos de mercado. ¿No serían consensos de este tipo, expresados en la continuidad básica Cardoso-Lula o DC-socialistas en Brasil y Chile, respectivamente, la clave de sus buenos resultados?

Fuente: La República

Demasiado grandes para vivir

Por: Joseph E. Stiglitz

Una controversia global está en pleno furor: qué regulaciones se necesitan para restablecer la confianza en el sistema financiero y asegurar que no estalle una nueva crisis dentro de pocos años. Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, ha exigido restricciones a los tipos de actividades en las que se puedan involucrar los megabancos. El primer ministro británico, Gordon Brown, ruega que se hagan las cosas de otro modo: después de todo, el primer banco británico en caer –a un costo de unos 50.000 millones de dólares- fue Northern Rock, que se involucró en el negocio “sencillo” de los préstamos hipotecarios.

La implicancia de la observación de Brown es que este tipo de restricciones no son garantía de que no se produzca otra crisis; pero King tiene razón de exigir que se controle estrictamente a los bancos que son demasiado grandes para quebrar. En Estados Unidos, el Reino Unido y otras partes, los bancos grandes han sido responsables del grueso del costo que recayó sobre los contribuyentes. Estados Unidos ha permitido que 106 bancos más pequeños quebraran sólo este año. Los megabancos son los que presentan megacostos.

La crisis es el resultado de, por lo menos, ocho fracasos diferentes pero relacionados:

· Los bancos demasiado grandes para quebrar tienen incentivos perversos; si apuestan y ganan, se retiran con las ganancias; si fracasan, los contribuyentes pagan la cuenta.

· Las instituciones financieras están demasiado entrelazadas como para quebrar; la parte de AIG que le costó a los contribuyentes norteamericanos 180.000 millones de dólares era relativamente pequeña.

· Aunque los bancos individuales sean pequeños, si se involucran en un comportamiento correlacionado –utilizando los mismos métodos-, sus acciones pueden alentar el riesgo sistémico.

· Las estructuras de incentivos dentro de los bancos están pensadas para alentar un comportamiento con poca visión de futuro y una toma de riesgos excesiva.

· Al evaluar su propio riesgo, los bancos no analizan las externalidades que ellos (o su quiebra) le impondrían a los demás –una de las razones por las que necesitamos regulación antes que nada.

· Los bancos han hecho un mal trabajo a la hora de evaluar el riesgo –los modelos que utilizaban eran profundamente defectuosos.

· Los inversores, aparentemente menos informados aún sobre el riesgo de un apalancamiento excesivo que los bancos, ejercieron una enorme presión sobre los bancos para que asumieran un riesgo excesivo.

· Los reguladores, que supuestamente tienen que entender todo esto e impedir toda acción que desate un riesgo sistémico, fallaron. Además, emplearon modelos defectuosos y tenían incentivos defectuosos; y muchos de ellos fueron “capturados” por aquellos a los que supuestamente tenían que estar regulando.

Si pudiéramos tener más confianza en nuestros reguladores y supervisores, podríamos estar más relajados frente al resto de los problemas. Pero los reguladores y supervisores son falibles, razón por la cual necesitamos atacar los problemas desde todos los ángulos.

Las regulaciones, por supuesto, tienen sus costos, pero los costos de tener una estructura regulatoria inadecuada son enormes. No hemos hecho todo lo suficiente para impedir otra crisis, y los beneficios de una regulación fortalecida superan con creces cualquier incremento de los costos.

King tiene razón: los bancos que son demasiado grandes para quebrar son demasiado grandes para existir. Si siguen existiendo, deben existir en lo que a veces se llamó un modelo “de utilidad”, que implica que estén fuertemente regulados.

En particular, permitir que estos bancos sigan involucrándose en la compra y venta de inmuebles distorsiona los mercados financieros. ¿Por qué se les debería permitir correr riesgos y que los contribuyentes financien sus pérdidas? ¿Cuáles son las “sinergias”? ¿Pueden superar los costos? Algunos bancos grandes hoy están involucrados en una porción de la comercialización tan grande (ya sea por cuenta propia o en nombre de sus clientes) que, en efecto, han ganado la misma ventaja injusta que tiene cualquier operador con información privilegiada.

Esto puede generarles mayores ganancias, pero a expensas de los demás. Es un campo de juego inclinado –cada vez más inclinado en desmedro de los jugadores más pequeños-. Quién no preferiría una permuta de riesgo crediticio respaldada por el gobierno de Estados Unidos o el Reino Unido; no sorprende que las instituciones demasiado grandes para quebrar dominen este mercado.

Lo único en lo que hoy concuerdan los economistas es que los incentivos importan. Los funcionarios bancarios fueron recompensados por obtener mayores ganancias –ya sea como resultado de un mejor desempeño (obteniendo mejores resultados que el mercado) o simplemente de una toma de riesgo mayor (más apalancamiento). O estaban estafando a los accionistas e inversores, o no entendían la naturaleza del riesgo y la recompensa. Posiblemente ambas cosas sean ciertas. Como fuera, es desalentador.

Dada la falta de entendimiento del riesgo por parte de los inversores, y las deficiencias en la gobernancia corporativa, los banqueros tenían un incentivo para no diseñar buenas estructuras de incentivos. Es vital corregir ese tipo de errores –a nivel de la organización y de la gerencia individual.

Eso implica disolver las instituciones demasiado importantes para quebrar (o para ser solventadas). Donde esto no sea posible, implica restringir rigurosamente lo que pueden hacer e imponer mayores impuestos y requisitos de adecuación de capital, ayudando así a nivelar el campo de juego. El diablo, por supuesto, está en los detalles –y los grandes bancos todo lo posible para asegurar que, no importa los cargos que se impongan, estos sean lo suficientemente bajos como para no superar las ventajas ganadas al ser respaldados por los contribuyentes.

Aún si fijamos estructuras de incentivos bancarios a la perfección –algo que no está en las cartas-, los bancos seguirán representando un gran riesgo. Cuanto más grande el banco, y cuanta más toma de riesgo se les permita asumir a los grandes bancos, mayor la amenaza a nuestras economías y nuestras sociedades.

Estas no son cuestiones de blanco y negro: cuanto más limitemos el tamaño, más relajados podremos estar frente a estos y otros detalles de la regulación. Es por esto que King, Paul Volcker, la Comisión de las Naciones Unidas de Expertos en Reformas del Sistema Monetario y Financiero Internacional y otros tienen razón respecto de la necesidad de poner freno a los grandes bancos. Lo que se necesita es una estrategia de múltiples puntas, que incluya impuestos especiales, mayores requisitos de capital, una supervisión más estrecha y limitaciones al tamaño y las actividades de toma de riesgo.

Una estrategia de esta naturaleza no impedirá otra crisis, pero podría hacer que resultara menos probable –y menos costosa en caso de que ocurriera.

Fuente: Project Syndicate, 2009.

domingo, 6 de diciembre de 2009

El presidente guerrillero

Por: Soledad Galego-Díaz

Muchos argentinos contemplan a su vecino Uruguay con una cierta envidia. "¡Un país en el que los sindicalistas no son ricos!", ironiza en televisión el periodista Pepe Eliaschev. "¡Un país en el que la izquierda ha sido capaz de formar un Frente Amplio y gobernar unida y razonablemente!", comenta el gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner. "Si yo tuviera 15 años menos, me voy para Argentina y me pongo a hacer política", aseguró el nuevo presidente uruguayo, José Mujica, durante la campaña electoral. "Allí son totalmente irracionales. (...) Tienen reacciones de histérico, de loco. El problema es político", añadió. Y casi nadie se enfadó en Argentina porque miran al pequeño Uruguay y se asombran de su estabilidad y de su sensatez y porque adoran a Mujica. "Yo dije un día a los argentinos que tenían que quererse más, y a partir de ahí soy Dios en la Argentina", bromea Mujica.

"Yo soy de los que se equivocan. Meto la pata por excesivamente sincero. ¡Pero no tengo precio!". El Pepe, como llaman afectuosamente a Mujica muchos uruguayos, no tiene precio, efectivamente, en ninguno de los sentidos de la expresión. Es, fuera de toda duda, un hombre honrado. Y también, un personaje inusitado, no sólo por las cosas extraordinarias que ocurrieron en su complicada vida, sino por la increíble capacidad que tiene para mantener una imagen de sencillez. Sus críticos le reprochan una frase que repite con alguna frecuencia: "Como digo una cosa, digo la otra", pero Mujica no cree que represente incoherencia, sino voluntad de negociar, de llegar a acuerdos que permitan avances estratégicos para Uruguay. Y promete que su presidencia se caracterizará precisamente por "negociar, negociar y negociar. Hasta que resulte insoportable".

"Estoy tomando dos cursos: uno para aprender a callarme un poco más la boca, porque ahora tengo otras responsabilidades políticas; Y otro, intensivo, para no ser tan nabo (ingenuo). Parece increíble que a estas alturas me agarre un periodista y me tenga hablando durante 28 horas", dijo, a raíz del escándalo provocado por la publicación de un libro en el que arremetía contra todo el mundo.

El Pepe es capaz, efectivamente, de hablar durante 28 horas sobre lo divino y lo humano y de hacerlo, además, con su extenso vocabulario de tacos y con su aguda e independiente mirada. Pero José Mujica, de 74 años, es cualquier cosa menos un nabo. Más bien es uno de los casos más representativos del éxito de la nueva izquierda latinoamericana, que pasó de defender sus objetivos con las armas a considerar que de las revoluciones de los años sesenta y setenta "no quedó ni la ceniza" y que los programas de lucha contra la desigualdad pueden ser compatibles con el respeto a las reglas básicas del mercado y de la democracia. En definitiva, que el gradualismo también puede ser de izquierda.

El mayor símbolo en toda América Latina de esa nueva izquierda es el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, pero Mujica significa todavía algo más, porque Lula fue un sindicalista, que peleó con huelgas y manifestaciones, y el uruguayo, un guerrillero tupamaro, que defendió la lucha armada y que, con un fusil en la mano, secuestró y combatió a la Policía y al Ejército no sólo durante la dictadura, sino también, al principio, durante la democracia.

Mujica pagó muy caro. Estuvo once años en la cárcel. Dos, directamente enterrado en una especie de pozo, con muy poca movilidad. Siete años sin leer nada. Fue uno del llamado "grupo de los rehenes", nueve dirigentes tupamaros que el Ejército uruguayo amenazaba con fusilar en cuanto se produjera algún acto que amenazara la seguridad de la dictadura.

Otro de esos rehenes, Mauricio Rosencof, contó en un libro su alegría cuando consiguió comunicarse, gracias a una especie de morse propio, con un colega al otro lado del muro. La primera palabra entera que le hizo llegar fue: "Felicidades". Recordaba que era Navidad. Mujica, como Rosencof, pertenece a ese formidable tipo de personas que es capaz de conservar el sentido del humor y la capacidad de dialogar en condiciones infrahumanas.

"Durante aquellos dos años en el pozo, descubrí que las hormigas gritan: basta con acercarlas al oído para comprobarlo", relató Mujica en una famosa entrevista que concedió al poco de salir de la cárcel, en 1985. Pero los propios soldados encargados de la custodia no eran capaces de soportar ese tratamiento y, poco a poco, empezaron a intercambiar unas palabras con los detenidos y, algo más adelante, incluso a pedirles que les escribieran cartas para sus enamoradas.

"Nosotros tuvimos una experiencia que no buscamos ni planeamos. No podemos vivir esclavizados por las cuentas pendientes de la vida. Yo tengo memoria y recuerdos, pero una cosa está bien clara: es importante mirar el pasado, pero también es necesario perderle el respeto", explicó en una entrevista con el periodista brasileño Marco Aurelio Weissheimer. "La vida es porvenir", insistió.

A la llegada de la democracia, con ahorros familiares y de su compañera de toda la vida, Lucía Topolansky, que también fue tupamara y también estuvo encarcelada, Mujica se compró una pequeña chacra (granja) a 20 minutos de Montevideo. Allí vive la pareja y allí quiere seguir viviendo, incluso durante la presidencia, porque su mayor alegría es cultivar flores, plantar verduras y fabricar un vino casero con las uvas de sus parras. Pese a sus 74 años, Mujica mantiene la granja en producción y no es extraño encontrarle subido a un tractor, con ropa de faena, con una de sus dos perras (Victoria y Manuela) en el regazo. Manuela se metió un día entre el tractor y perdió una pata. Ahora está casi todo el tiempo encima de uno de sus amos. La chacra es muy importante, asegura Mujica. "No soy ningún tarado. Cuando acabe mi etapa política, llegará el momento de dejar de ser figura pública. Yo admiro al general Giap y a Moshe Dayan, que se borraron y se fueron a vivir a aldeas perdidas", explicó en la campaña electoral.

Es precisamente ese aspecto algo desaliñado de Mujica lo que más irrita a algunos sectores de la sociedad uruguaya, que le reprochan "no vestir el cargo". Claro que la acusación básica contra Mujica es la posible existencia de una agenda autoritaria, que el nuevo presidente ha desmentido una y otra vez. Hay quienes le reprochan no haber condenado explícitamente la violencia de los tupamaros, lo que es verdad, pero siempre ha dicho que, a su juicio, lo único que ha quedado de la izquierda no ha sido su lucha armada ni la imposición del Estado sobre todas las cosas, sino el fenómeno socialdemócrata. "Yo le digo a Hugo Chávez: mirá que vos no vas a construir ningún socialismo con eso. Lo que va a quedar a favor acá, en Uruguay, es que van a tener mejor casa, van a comer más y va a ser una reforma decente". Para Mujica, el mayor peligro de la izquierda es que "tiene la mala costumbre de perder de vista ese pensamiento estratégico".

Abrazado y zarandeado por sus seguidores, El Pepe se lamenta de que un exceso de cariño también le puede matar. "Yo aguanto por temperamento. Los buenos matungos (pencos) un día se mueren con los arreos puestos...", comentó cuando fue elegido senador.

Fuente: El País

Obama va a la guerra

Por: Moisés Naím

¿Qué ocupará más espacio en la biografía de Barack Obama: la guerra en Afganistán o la reforma sanitaria de Estados Unidos? Ambas son audaces apuestas históricas que Obama se jugó durante su primer año como presidente. Una ya la ganó: el sistema de salud de su país será reformado, menos de lo necesario pero más de lo que ninguno de sus predecesores había logrado. El resultado será un sistema mejor que el actual.

En cambio, la apuesta de Obama en Afganistán es mucho más arriesgada y, lamentablemente, tiene menos probabilidades de ganarla. Para comenzar, la escalada militar en Afganistán ni siquiera se puede considerar como apuesta. Un alto funcionario de la Administración de Obama íntimamente involucrado en el proceso de decisión me dijo: "Una apuesta es algo opcional. La puedes hacer o no. Pero en este caso, el presidente nunca tuvo la opción de no aumentar nuestra presencia militar en Afganistán. Los generales [David Petraeus y Stanley McCrystal] nunca le ofrecieron una alternativa creíble a la de enviar más tropas. Desde el comienzo del debate, la escalada militar fue su preferencia y el presidente terminó complaciéndolos".

Aunque Obama complació al Pentágono, lo hizo de manera reticente e imponiendo condiciones. La primera fue la de ponerle fecha a la retirada. En su discurso, Obama anunció que la escalada militar duraría hasta julio de 2011, es decir, tan sólo 14 meses después de la llegada de 30.000 soldados adicionales.

Pero al día siguiente del discurso, tanto Robert Gates, el secretario de Defensa, como otros altos funcionarios flexibilizaron este compromiso. "Es la fecha en la que comenzamos a reducir gradualmente nuestras tropas", dijo Gates, y destacó que la velocidad de la reducción dependerá de las condiciones en ese momento. "Odio el concepto de exit strategy y no vamos a tirar al agua a los afganos e irnos sin cumplir la misión", añadió Gates.

Él sabe que se está enfrentando a un enemigo paciente que piensa en décadas y que no puede ser combatido con eficacia por un país que piensa en meses y anuncia su retirada antes de comenzar el ataque. Ésta va a ser una contradicción difícil de resolver: o los estadounidenses alargan su estancia militar o disminuyen la ambición de su misión. Debilitar sustancialmente a los insurgentes, impedir que Al Qaeda utilice Afganistán como base de operaciones y dotar a las Fuerzas Armadas afganas de la capacidad suficiente para mantener la seguridad nacional son tareas que seguramente requerirán más de 14 meses.

J. Alexander Thier, un experto que ha vivido en Afganistán durante siete años, señala que a pesar del sustancial aumento de tropas extranjeras y de fondos destinados a impulsar la economía, la situación es cada vez peor. En el 2002 murieron en acción 69 soldados de la coalición internacional liderada por EE UU. Este año las bajas alcanzan los 485 soldados (sólo en agosto fueron 77). Según cálculos de Thier, el número de civiles afganos muertos en el conflicto se ha duplicado cada año desde 2002.

Las bombas y los ataques suicidas que antes eran casi inexistentes son ahora cotidianos. La producción de opio saltó de las 3.400 toneladas en 2002 a las 7.700 en 2008, lo que significa que el dinero disponible para financiar a los insurgentes también ha aumentado dramáticamente. Todo esto sucede después de ocho años de presencia de una coalición militar formada por 40 naciones y a pesar de que solamente EE UU ha gastado en ese periodo 227.000 millones de dólares tratando de estabilizar a Afganistán.

Todo el mundo entiende que la escalada militar contra los talibanes y demás insurgentes en Afganistán no tendrá éxito a menos que vaya acompañada de una eficaz estrategia destinada a lograr el apoyo de la sociedad. Esto requiere, entre otras cosas, proteger mejor a la población civil, aumentar el empleo y disminuir la corrupción. Nada de esto es fácil.

Una de las condiciones más importantes que los estadounidenses han exigido al presidente afgano, Hamid Karzai, es la de mostrar un claro progreso en la disminución de la corrupción. No hay duda de que Karzai puede hacer más. Pero, ¿cuánto más? No mucho. Por un lado, los líderes corruptos que lo rodean tienen más fuerza política y financiera que él; por otro, ¿recuerda usted el nombre de algún país que en las últimas décadas haya logrado disminuir la corrupción? No creo.

En resumen: los generales pidieron más tropas y Obama se las dio con condiciones. Las tropas llegarán, pero las condiciones no se cumplirán. Lo leeremos en las memorias de Obama.

Fuente: El País

viernes, 4 de diciembre de 2009

Montañas y minaretes

Por: Ian Buruma

Suiza tiene cuatro mezquitas con minaretes y una población de 350.000 musulmanes censados, principalmente europeos de Bosnia y Kosovo, de los cuales un 13% va regularmente a orar. Uno pensaría que no se trata de un gran problema. Sin embargo, un 57,5% de los votantes suizos optó en un referendo por una prohibición constitucional de los minaretes, supuestamente debido a la preocupación por el “fundamentalismo” y la “soterrada islamización” de Suiza.

¿Son los suizos más intolerantes que otros europeos? Probablemente no. Los referendos son una medida de los sentimientos viscerales del pueblo, en lugar de la opinión bien ponderada, y raramente esos tipos de sentimientos son liberales. Es muy probable que, si se hicieran en otros países europeos, los referendos sobre este tema darían resultados similares.

Atribuir al voto suizo sobre los minaretes –idea promovida por el derechista Partido del Pueblo Suizo, pero por ninguno de los demás partidos políticos- a la "islamofobia" es quizás equivocado. No hay duda de que un largo historial de hostilidad mutua entre cristianos y musulmanes y los casos recientes de violencia islamista radical han hecho que mucha gente sienta temor hacia el Islam, a diferencia del hinduismo o el budismo, por ejemplo. Y el minarete, que apunta al cielo como un misil, es fácil de caricaturizar como una imagen amenazante.

Si los suizos y otros europeos se sintieran seguros sobre sus identidades, sus conciudadanos musulmanes no gatillarían ese temor en sus corazones. Es posible que ése sea el problema. Hace no tanto tiempo, la mayoría de los ciudadanos del mundo occidental tenían sus propios símbolos indudables de fe e identidad colectivas. Las torres de las iglesias que embellecen muchas ciudades europeas todavía significaban algo para la mayor parte de la gente. Pocos se casaban fuera de su propia fe.

También hasta hace poco muchos europeos creían en sus reyes y reinas, hacían ondear sus himnos nacionales, aprendían versiones heroicas de las historias de sus patrias. los viajes al extranjero eran para los soldados, los diplomáticos y los ricos. Todavía no se veía la "identidad" como un problema.

Mucho ha cambiado, debido al capitalismo global, la integración europea, la estigmatización del sentimiento nacional por dos guerras mundiales catastróficas y, quizás lo que es más importante, la pérdida generalizada de la fe religiosa. La mayoría de nosotros vivimos en un mundo secular, liberal, desencantado. Las vidas de la mayor parte de los europeos son más disfrutan de mayores niveles de libertad que nunca. Los sacerdotes y superiores sociales ya no nos dicen qué hacer o pensar, y cuando lo intentan tendemos a no prestarles demasiada atención.

Sin embargo, ha habido un precio que pagar por nuestro mundo liberado. Liberarnos de la fe y la tradición no nos ha llevado a una mayor satisfacción sino, por el contrario, a un estado de aturdimiento, miedo y rencor. Si bien las manifestaciones de identidad colectiva no han desaparecido por completo, están confinadas en gran medida a estadios de fútbol, donde las celebraciones (y la desilusión) pueden convertirse rápidamente en violencia y resentimiento.

Los demagogos populistas culpan a las elites políticas, culturales y comerciales por las ansiedades del mundo moderno. Las acusan, no sin parte de razón, de imponer una inmigración masiva, crisis económicas y la pérdida de la identidad nacional a los ciudadanos de a pie. Sin embargo, si se odia a las elites por causar nuestros males modernos, se envidia a los musulmanes por seguir teniendo fe, saber quiénes son y tener algo por lo que valga la pena morir.

Es irrelevante el que muchos musulmanes europeos se sientan tan desencantados y seculares como sus conciudadanos no musulmanes. Lo que importa es la percepción. Esos minaretes que se alzan sobre el resto y esos velos negros son amenazantes porque echan limón en las heridas de quienes sienten la pérdida de su propia fe.

No es de sorprender el que el populismo antimusulmán haya encontrado entre ex gente de izquierdas a algunos de sus partidarios más encarnizados, porque ellos también han perdido su fe, en este caso en la revolución mundial. Muchos de estos izquierdistas, antes de dirigir sus esperanzas a la revolución, venían de círculos religiosos, por lo que sufrieron una doble pérdida. En su hostilidad hacia el Islam hablan de defender los "valores de la Ilustración", cuando de hecho lo que lamentan es el colapso de la fe, sea religiosa o secular.

Lamentablemente, no hay una cura inmediata para el tipo de males sociales expuesto por el referendo suizo. Por supuesto, el Papa tiene una respuesta. Le gustaría ver al pueblo de regreso al redil de Roma. Los predicadores evangélicos también tienen una receta para la salvación. Por su parte, los neoconservadores ven el mal europeo como una forma de típica decadencia del Viejo Mundo, un estado colectivo de nihilismo alimentado por los estados de bienestar y la blanda dependencia del poder militar estadounidense. Su respuesta es un mundo occidental con nuevos bríos, liderado por los Estados Unidos y dedicado a una cruzada armada por la democracia.

Sin embargo, a menos que uno sea católico, evangélico o neocon, ninguna de estas visiones resulta prometedora. Lo mejor que podemos esperar es que las democracias liberales puedan abrirse paso por este periodo de dificultades, resistiéndose a las tentaciones demagógicas y conteniendo los impulsos violentos. Después de todo, han resistido crisis peores en el pasado.

Habiendo dicho eso, sin duda sería de ayuda el tener menos referendos. Al contrario de lo que creen algunos, no fortalecen la democracia sino que debilitan a nuestros representantes electos, cuya tarea es ejercer el buen juicio en lugar de servir de voceros de los instintos viscerales de un pueblo ansioso y enfadado.

Fuente: Project Syndicate, 2009.

martes, 1 de diciembre de 2009

Presentación Revista Encrucijada Americana

Miércoles 4 de noviembre 2009
15:00 – 16:30

A nombre del equipo de la Revista –Isabel Rodríguez (directora) y Reinaldo Tan (co-editor)- les damos las gracias por asistir a esta actividad, que forma parte de las actividades organizadas por el Departamento (de CP y RRII) por la Semana de Ciencia Política.

El propósito de este encuentro es –básicamente- el de presentar y promocionar la nueva edición de la Revista Encrucijada Americana, que como saben es la publicación electrónica del Departamento de Ciencia Política y RRII, de nuestra Universidad.

Para esto hemos querido, no sólo hablar en abstracto de las bondades de la revista –cosa que haré intentando ser breve-, sino también resaltar las ideas y reflexiones contenidas en ella, razón por la que invitamos a tres de los autores que colaboraron en esta edición (todos ellos alumnos egresados de los programas de magíster del Departamento) para que expongan sus trabajos.

- Propósito de la revista

Quiero partir recordando –brevemente- las ideas primigenias que motivaron la creación de Encrucijada Americana.

o Promover la acción de publicar como elemento indispensable en el proceso de desarrollo de todo estudiante.

Como estudiantes de postgrado sentimos que hacía falta un espacio en el que pudiéramos plasmar los conocimientos adquiridos en las salas de clases, y que fuera un factor de motivación para dos cosas importantes: profundizar en lo aprendido –adquiriendo en el acto nuevos conocimientos-, y ejercitar el arte del bien escribir.

o Extender los espacios académicos más allá del aula de clases – necesidad de construir espacios de encuentro, de confluencias.

Sentimos también que era importante constituir un espacio en el que pudiéramos sacar provecho a una de las mayores virtudes –a nuestro entender- de los magísteres del Departamento: la diversidad de procedencia, tanto geográfica como disciplinaria, de los estudiantes. De esta idea deriva el nombre de la revista: una encrucijada americana, un punto de encuentro, un centro de convergencia, un polo de atracción hacia el que fluyen las subjetividades de todos aquellos que emprendieron alguna vez la travesía en busca de respuestas... (Como escribimos en el prólogo de la primera edición)

Al iniciar esta aventura -tal como dijera un gran intelectual del siglo XIX, estando en similar posición-:

“No se nos ocultaba la debilidad de nuestras fuerzas para llevar a cabo tamaña empresa; pero creíamos que en abrir solamente el camino hacíamos ya un servicio importante a nuestros compatriotas (yo diría compañeros, para no pecar de soberbia); y nos lisonjeábamos de que, reconocida la utilidad de la obra, y lo difícil del acierto, se nos auxiliaría con luces y noticias, y se mirarían con indulgencia los defectos de la ejecución, sobre todo en los primeros ensayos. No nos equivocamos en este concepto”

Andrés Bello y Juan García del Río. 1826. El Repertorio Americano. Londres.

- Logros de la revista

o Existir y sobrevivir.

Como dicen Sara Mendoza y Tatiana Paravic (2006): “el primer desafío que debe enfrentar una revista de país en desarrollo es la de subsistir en la llamada “periferia” del conocimiento” (p. 60).

No es tan sencillo -como podría parecer- echar a andar una publicación como la nuestra (en un contexto como el nuestro, en el que –como sabemos- los recursos no abundan), lograr cierto nivel, y mantenerlo en el tiempo (desafío que tenemos por delante).

Por esto quiero reiterar y hacer público el agradecimiento a Fabián Pressacco (director del Departamento y primer director de la Revista) y a los directores de los programas de magíster, Pablo Salvat e Isabel Rodríguez (actual directora de la Revista), quienes apoyaron desde un principio esta iniciativa, soporte sin el cual hoy –simplemente- no estaríamos en esto. Muchas gracias.

o Nueva página Web (www.encrucijadaamericana.cl)

Gracias justamente a este apoyo hemos podido adquirir un dominio propio, cosa que permite reforzar la identidad de la revista, facilitando así su inserción en el espacio académico latinoamericano.

o Visibilidad en la Web

Algo que hemos logrado, y que creo importante destacar, es una cierta visibilidad, tanto de la revista en sí misma, como del blog de noticias vinculado a ella. Tenemos -en promedio- mil visitas mensuales, de 30 países distintos.

Sorprendentemente Chile se encuentra en segundo lugar como país de procedencia de las visitas, siendo superado por México. Las visitas provienen mayoritariamente de: México, Chile, Colombia, España, Perú, Argentina, Venezuela, Bolivia, Estados Unidos y Ecuador (10 primeros).

o Obtención de ISSN: Número de serie internacional, que permite identificar a cada revista en la constelación de decenas de miles de publicaciones existentes en el mundo, paso previo indispensable para ingresar a cualquier catálogo.

o Ingreso al Directorio de Latindex (Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal). Esto significa básicamente que Latindex aprueba los aspectos formales de la publicación, segundo paso en el proceso de indexación.

- Metas de la revista

o La principal meta a corto plazo es ingresar al Catálogo de Latindex (no es lo mismo que el Directorio), y a otros catálogos: RedAlyc, Dialnet, DOAJ, CIBERA, CLASE.

La presencia en estos catálogos certifica la calidad de las publicaciones, lo que permite que estas sean más apreciadas por quienes buscan información y por quienes quieren socializar sus propios trabajos. De esta forma se genera un círculo virtuoso que tiende a mejorar el nivel de lo publicado y de la revista en términos generales.

(Con esto no quiero decir que los artículos publicados actualmente sean de bajo nivel, por el contrario creo que el nivel es muy bueno –no puedo decir lo contrario habiendo tantos articulistas presentes, incluyéndome a mí mismo-).

Quiero terminar –antes de darle paso a Reinaldo y a los expositores- con unas palabras escritas el año 1826 -a razón de la presentación de la revista El Repertorio Americano-, por uno de los más importantes editores y pensadores de América Latina:

“Felices nosotros si conseguimos, en premio de nuestras tareas, que la verdad esparza sus rayos por todo el ámbito del nuevo mundo; que la naturaleza despierte al ingenio de su dilatado sueño, y nazcan a su voz los talentos y las artes; que a la luz de la filosofía se disipen mil errores funestos; que civilizado el pueblo americano por las letras y las ciencias, sienta el benéfico influjo de las bellas creaciones del entendimiento, y recorra a pasos gigantescos el vasto camino abierto a través de las edades por los pueblos que le han precedido; hasta que llegue la época dichosa, en que la América, a la sombra de gobiernos moderados, y de sabias instituciones sociales, rica, floreciente, libre, vuelva con usura a la Europa el caudal de luces que hoy le pide prestado, y llenando sus altos destinos, reciba las bendiciones de la posteridad”.

Andrés Bello y Juan García del Río. 1826. El Repertorio Americano. Londres.

Muchas gracias.

Daniel Bello Arellano
Editor

Presentación de la edición Primavera/Verano de la Revista Encrucijada Americana