sábado, 15 de agosto de 2009

Chávez: El lenguaje como arma política

Por: José Rodríguez Elizondo

Publicado el 14 de agosto, Que Pasa

En su fallido golpe de Estado de 1992, el coronel Hugo Chávez se rindió, reconociendo que sus objetivos no fueron logrados... “por ahora”. Lo que quedó vivo en la imaginación venezolana no fueron los 400 muertos, sino esa promesa indómita.

Los políticos tradicionales de la región lo encasillaron como otro excéntrico tropical, pero el siempre listo Fidel Castro descubrió, al toque, que ahí tenía al apóstol ejecutivo de su profecía sesentera. Esa según la cual el petróleo venezolano garantizaba el éxito de la revolución continental.

En 1998, hastiados con sus propios políticos tradicionales, los venezolanos votaron por Chávez para Presidente. Histriónico y con formulación inédita, éste anunció, en la toma de posesión, su voluntad de refundarlo todo: “Juro, sobre esta moribunda Constitución…”

En 2002, con Venezuela polarizada, incluídas sus FF.AA, Chávez experimentó el golpismo en carne propia. Sus homólogos de la región suspiraron aliviados pero, con excepción del chileno, cumplieron con condenar el golpe. Total, uno nunca sabe cuando le toca. Su vicepresidente José Vicente Rangel, demasiado lírico, le aconsejó inmolarse como Allende. Castro, interpretándolo mejor, le aconsejó rendirse.

Así, Chávez se rindió por segunda vez, pero arreglándoselas para filtrar un mensaje en el cual constaba que “no he renunciado al poder político que el pueblo me dio ¡¡¡para siempre!!!”…. Tal convicción vitalicia, con énfasis triple, cerraba el círculo del previo “por ahora”.

Su estrella quiso que el Presidente impuesto –el civil Pedro Carmona- se cayera solo, tras romper el record mundial de errores por minuto. De ese modo, el líder volvió a palacio y, como veneno que no mata engorda, hoy supera en poder a su modélico Castro. Cuenta con una base dura de cuatro gobiernos afines –Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua; amarró a Argentina, tras socorrer a los esposos Kirchner; las FARC podrían ser su quinta columna en Colombia, y tiene en barbecho a Manuel Zelaya, en Honduras y a Ollanta Humala, en Perú. No puede arrebatar el liderazgo geopolítico al Brasil de Lula, pero le impide ejercerlo a cabalidad.

Para muchos analistas astutos del siglo pasado, Mussolini y Hitler también lucieron, al inicio, como simples políticos marginales. Bueno es evocar esos pronósticos para decir que, cuando Chávez toca a zafarrancho y sopla “vientos de guerra”, sería tonto soslayar su ejecutoria y seguir mirando para el lado.

Sin embargo, es lo que sucede en las cumbres regionales… por ahora.

Fuente: La Tercera

viernes, 14 de agosto de 2009

¿Caerá el régimen de Irán como cayó el del Sha?

Por: Abolhassan BaniSadr

Tan sólo dos meses después de las últimas elecciones, el Gobierno de la república islámica está dividido, ha perdido legitimidad y ha sido recusado y menoscabado públicamente. Ello nos permite trazar algunos paralelismos analíticos entre el régimen actual y el régimen monárquico anterior a 1979, y entre los dos momentos de malestar social y político.

Históricamente, son cuatro los pilares sobre los que el Gobierno iraní construyó su legitimidad: su capacidad para administrar el Estado (y de ahí el consentimiento del pueblo); el hecho de ser la autoridad religiosa oficial; su compromiso con la independencia del país, y una base estable de apoyo social.

El gran fraude electoral del pasado 12 de junio puso bajo un intenso escrutinio público la capacidad de Gobierno del presidente Mahmud Ahmadineyad, y el alzamiento popular espontáneo a que dio lugar acabó públicamente con la legitimidad política del Gobierno.

Poco después, en su alocución de la oración del viernes, el ayatolá Alí Jamenei, la máxima autoridad religiosa, declaró la guerra al pueblo, amenazando con tomar medidas violentas si no se avenía a aceptar el resultado de las elecciones. Esto acabó también con los últimos vestigios de la legitimidad religiosa del régimen.

Dicha legitimidad ya venía estando en entredicho desde hace algún tiempo, no sólo porque se opone a la idea del Islam como discurso de liberación, sino también en el propio seno del régimen y entre los tradicionalistas. El ayatolá Alí Sistani (el gran clérigo chií de Irak) se oponía al principio de la Velayat-e Faqih (la regla del imanato), y el ayatolá Hossein Alí Montazeri (el aspirante a sucesor de Jomeini antes de convertirse en su crítico más acérrimo) afirmaba que la doctrina era sencillamente una demostración de shirk, de idolatría.

Incluso la sharia o ley musulmana, que el Gobierno había utilizado para justificar muchos de sus actos, había sido vaciada de su contenido original y reducida a una teoría general de la violencia. En su libro Guerra y Yihad en el Islam, el ayatolá Mohammad Taqi Mesbah-Yazdí, a quien se puede considerar el gran gurú de Ahmadineyad, afirma que la violencia no sólo es intrínseca al ser humano, sino también necesaria. Y termina diciendo que puesto que el jefe supremo es elegido por Dios, su uso de la violencia es legítimo.

Sin embargo, lejos de fortalecerla, la teoría de la violencia legítima defendida por Yazdí resquebrajó la autoridad religiosa del régimen. Además violaba otra de las principales fuentes de su legitimidad: la Constitución. La Constitución iraní establece claramente que la autoridad del jefe supremo de la

iglesia, del presidente y del Parlamento no emana de Dios, sino del voto popular.

La regla del imanato puso la Constitución en peligro desde el principio. Aparte de esto, el régimen ya había perdido dos de los tres puntales del poder que habían hecho históricamente posible el despotismo en Irán: la monarquía, el dominio económico de la ley del bazar en las ciudades y del latifundio en el medio rural, y el clero. De estos tres sólo queda el clero, y su poder es hoy muy precario. Por consiguiente, a fin de afianzarse, el régimen recurrió al cuarto puntal del despotismo iraní: el uso de la amenaza por parte de las potencias extranjeras para justificar sus constantes tratos secretos y las crisis abiertas con otros países, fundamentalmente Estados Unidos.

La presidencia de Georges W. Bush fue así un momento fructífero para el régimen iraní, ya que la amenaza constante de acción militar y de sanciones económicas fortaleció su control de la población.

El acercamiento a Irán que propone Barack Obama ha puesto al régimen en una posición difícil. Ya no puede aparecer como defensor de la soberanía nacional contra la intromisión extranjera. Muy al contrario, muchas de las nuevas consignas populares, como "Muerte a Rusia", sugieren que el pueblo critica la política exterior gubernamental. También en este dominio ha perdido legitimidad el régimen gobernante.

Finalmente, el clero, que hasta ahora había sido el soporte fundamental del régimen, ha sido sustituido por una mafia militar y económica. El Gobierno está dominado por una Guardia Revolucionaria para la cual la función del clero no es gobernar, sino prestar su legitimidad a quienes lo hacen.

Al igual que en el caso de la monarquía anterior al régimen actual, el poder de éste está cimentado tanto dentro como fuera del país, lo que lo hace muy vulnerable al descontento popular. Se puede establecer una comparación entre la elección de Jimmy Carter en 1976 y la de Obama en 2008. Para los iraníes, la elección de Carter ponía en peligro la fuente fundamental de poder externo de la monarquía, el apoyo de Estados Unidos al Gobierno del Sha. De manera semejante, si Obama persiste en su intento de abandonar la línea dura en las relaciones con Irán, privando así al régimen del factor crisis, este levantamiento podría seguir una trayectoria similar.

Hay otras similitudes. Algunas consignas populares, como, por poner un ejemplo, la de "la regla del imanato ha muerto", recuerdan a los eslóganes que se cantaban en el periodo previo a la revolución de 1979, en la que el pueblo gritaba a los cuatro vientos que el régimen del Sha era ilegítimo. E, igualmente también que en 1979, este alzamiento es pacífico.

Pero el movimiento actual difiere en varios e importantes aspectos del malestar político que llevaría a la revolución de 1979. Mientras que las primeras demostraciones de disconformidad en 1979 provenían de sectores exteriores al régimen, la oposición actual empezó en el seno mismo del régimen, cuando se amañaron las elecciones a fin de que no saliera elegido Mir Hosein Musaví. No faltan, por supuesto, indicadores que señalan que el levantamiento ha trascendido la esfera del régimen para convertirse en un movimiento verdaderamente popular. Pero todavía necesita tiempo para extenderse por todo el país; tiempo para que "las flores venzan a las balas", como fue el caso en el levantamiento de 1979.

La revolución de 1979 es hoy un acontecimiento histórico, mientras que este levantamiento todavía está en proceso. ¿Adónde puede llevar? El futuro depende, en parte, de qué consecuencias tenga el impasse político creado por el propio Jamenei. El hecho de que se amañaran las elecciones, por un lado, y de que Jamenei intentara perpetrar "un golpe de Estado de terciopelo", por el otro, han polarizado a ambos bandos.

Cambiar de posición en cualquiera de los dos equivaldría a un suicidio político. Jamenei y Ahmadineyad no pueden admitir que amañaron las elecciones; de hacerlo, perderían la poca credibilidad legal y política que les queda. El anterior presidente, Alí Akbar Rafsanyani, es hoy uno de los principales objetivos de los ataques de los partidarios de Jamenei; y Musaví y Mehdi Karrubí, otro de los candidatos presidenciales, saben que, si se pliegan a las demandas de Jamenei, no sólo perderán el respaldo popular, sino también quedarán a merced de un régimen implacable, que nunca los perdonaría.

Esta crisis puede tener varias consecuencias. Históricamente, la principal táctica del régimen para mantener el control ha sido dividir a las élites de la sociedad en dos grupos irreconciliables y eliminar uno de ellos. Pero hoy, como el proceso ha tocado el corazón mismo del régimen, esta táctica se ha vuelto letal. Ciertos altos cargos gubernamentales se oponen a Ahmadineyad y la crisis económica ha privado al régimen de unos recursos necesarios, provocando aún más descontento público. Esto abre una oportunidad para que el pueblo iraní decida hasta dónde quiere llevar su lucha.

Si deja de resistir, el pueblo iraní verá tiempos peores; si continúa resistiendo, su levantamiento se transformará en una revolución con todas las de la ley, con lo que el establecimiento de la democracia en Irán sería una posibilidad real. Todo indica hoy que los iraníes están decididos a llevar este alzamiento hasta el final.

Fuente: El País

Estimular o morir

Por: Joseph E. Stiglitz

Como los brotes verdes de la recuperación económica que muchos advirtieron la pasada primavera se han vuelto marrones, surgen preguntas sobre si ha fracasado la política de hacer arrancar la economía mediante un estímulo fiscal en gran escala. ¿Se ha demostrado la inadecuación de la teoría económica keynesiana, una vez puesta a prueba?

Sin embargo, esa pregunta sólo tendría sentido si se hubiera probado a aplicar de verdad dicha teoría económica. De hecho, lo que ahora se necesita es otra dosis de estímulo fiscal. Si no se hace, podemos esperarnos un período aún más largo en el que la economía funcione por debajo de su capacidad y con un gran número de desempleados.

El gobierno de Obama parece extrañado y decepcionado con el gran número –que va en aumento– de desempleados. No debería estarlo. Todo eso era previsible. El verdadero criterio para calibrar el éxito del estímulo no es el nivel real de desempleo, sino el de cuál habría sido sin el estímulo. El gobierno de Obama siempre dijo con claridad que crearía unos tres millones de puestos de trabajo más que en caso contrario. El verdadero problema es el de que la sacudida que la crisis financiera asestó a la economía fue tan fuerte, que incluso el estímulo fiscal de Obama, aparentemente enorme, no ha sido suficiente.

Pero hay otro problema: en los Estados Unidos, sólo una cuarta parte, aproximadamente, del estímulo de casi 800.000 millones de dólares estaba destinado a gastarse este año y se ha tardado en aplicarlo incluso en el caso de los proyectos que se podían empezar a ejecutar rápidamente. Entretanto, los estados que componen los Estados Unidos han tenido que afrontar déficits de ingresos en gran escala, que excedían los 200.000 millones de dólares. La mayoría de ellos afrontan obligaciones constitucionales de presupuestos equilibrados, lo que significa que dichos estados están ahora aumentando los impuestos o reduciendo los gastos, estímulo negativo que contrarresta al menos una parte del estímulo positivo del Gobierno Federal.

Al mismo tiempo, casi una tercera parte del estímulo fue destinado a la reducción de impuestos, que, como predijo correctamente la teoría económica keynesiana, sería relativamente ineficaz. Las familias, cargadas de deudas, mientras se reducen sus ahorros para la jubilación y las perspectivas laborales siguen siendo remotas, sólo han gastado una fracción de las reducciones de impuestos.

En los EE.UU. y en otros países, se ha centrado gran parte de la atención en la reparación del sistema bancario, cosa que puede ser necesaria para restablecer un crecimiento intenso, pero no es suficiente. Si la economía está estancada, los bancos no prestarán y las familias americanas serán particularmente reacias a pedir préstamos, al menos con la avidez con que lo hicieron antes de la crisis. El todopoderoso consumidor americano fue el motor del crecimiento mundial, pero lo más probable es que dicho motor siga petardeando, aun después de que se hayan reparado los bancos. Entretanto, será necesaria alguna forma de estímulo gubernamental.

Algunos están preocupados por el aumento de la deuda nacional americana, pero, si un nuevo estímulo está bien concebido y se dedica la mayor parte del dinero a la compra de activos, se puede fortalecer, en realidad, la situación presupuestaria y el crecimiento futuro.

Constituye un error tener en cuenta sólo las deudas de un país y pasar por alto sus activos. Naturalmente, se trata de un argumento contra los rescates bancarios mal concebidos, como el de los Estados Unidos, que ha costado a sus contribuyentes centenares de miles de millones de dólares, gran parte de los cuales nunca se recuperarán. La deuda nacional ha aumentado sin que se hayan colocado activos compensatorios en el balance gubernamental, pero no se debe confundir la ayuda a las empresas con un estímulo keynesiano.

A algunos (no muchos) les preocupa que esta ronda de gasto gubernamental cree inflación. Pero el problema más inmediato sigue siendo el de la deflación, en vista del importante desempleo y el exceso de capacidad existentes. Si la economía se recupera con mayor fuerza de lo previsto por mí, se puede suprimir el gasto. Mejor aún: si se dedica gran parte de la próxima ronda de estímulo a los estabilizadores automáticos –como, por ejemplo, la compensación del déficit de ingresos de los estados– y si la economía se recupera efectivamente, en ese caso no habrá gasto. El riesgo es mínimo.

No obstante, existe cierto motivo de preocupación por que las perspectivas inflacionarias, cada vez mayores, tengan como consecuencia un aumento a largo plazo de los tipos de interés, lo que contrarrestaría los beneficios del estímulo. A ese respecto, las autoridades monetarias deben vigilar y continuar con sus intervenciones “especiales”: las de dirigir los tipos de interés a corto y a largo plazo.

Todas las políticas entrañan un riesgo. De no estar preparados ahora para un segundo estímulo, se corre el riesgo de una economía más débil... y de que no haya los fondos necesarios cuando se necesiten. La estimulación de una economía requiere tiempo, como demuestran las dificultades del gobierno de Obama para gastar lo consignado; los efectos plenos de esas medidas pueden tardar medio año o más en sentirse.

Una economía más débil significa quiebras, ejecuciones de hipotecas y mayor desempleo. Aun dejando de lado el sufrimiento humano, eso significa, a su vez, más problemas para el sistema financiero y, como hemos visto, un sistema financiero más débil significa una economía más débil y posiblemente la necesidad de más fondos de emergencia para salvarla de una catástrofe. Si intentamos ahorrar fondos ahora, corremos el riesgo de gastar muchos más en el futuro.

El gobierno de Obama erró al solicitar un estímulo demasiado pequeño, en particular después de que llegara a transacciones políticas que lo volvieron menos eficaz de lo que podría haber sido. Cometió otro error al formular un rescate bancario que concedió demasiados fondos con demasiado pocas restricciones y condiciones demasiado favorables a quienes causaron el lío económico en primer lugar, política que ha quitado el deseo de más gasto a los contribuyentes.

Pero así es la política. La teoría económica está clara: el mundo necesita que todos los países industriales avanzados se comprometan a lanzar otra gran ronda de gasto de estímulo real. Ése debe ser uno de los asuntos fundamentales de la próxima reunión del G-20 en Pittsburgh.

Fuente: Project Syndicate

lunes, 10 de agosto de 2009

Woody Allen y la inmigración

Por: Carla Guimarães

El jueves pasado, en Madrid, me sentí como un personaje de una obra de Woody Allen. Acababa de salir de mi terapia e iba de camino a tomar un café con una amiga que había decidido poner punto final a una conflictiva relación amorosa. De repente, como pasa en las películas, ocurrió un hecho que lo cambió todo. Una ráfaga de viento hizo que un periódico viejo levantara vuelo y fuera a parar justo en mis manos, como en un truco de magia. Iba a tirar el periódico a la basura pero mi curiosidad me lo impidió, deseando, quizá, encontrar un mensaje secreto del destino.

"Europa limita la inmigración por la crisis económica y refuerza la política de expulsiones". En una primera mirada, me pareció soso, aburrido, incluso decepcionante. Hasta que me di cuenta de que esta noticia no era tan irrelevante. Regresé a casa, olvidándome completamente de la cita con mi amiga, me serví una taza de café y empecé a escribir este artículo.

La inmigración para mí no es únicamente un titular de prensa. Hace siete años decidí dejar mi país, Brasil, y emigrar a España. Dicho así parece algo muy simple, pero dejar tu país para establecerse en otro es una tarea complicada. Freud dice que la persona que emigra sufre una especie de duelo, una pena profunda por la pérdida de algo y una lucha interna para reacomodarse a la vida después de haber sufrido dicha pérdida. Existe incluso un nombre para este proceso psicológico: el duelo migratorio. Yo creo haber superado ya mi periodo de duelo.

¿Se han dado cuenta de la cantidad de veces que la palabra "inmigración" sale en los periódicos? ¿Cuántas de estas veces está asociada a algo positivo? Muy pocas. O al menos ésta es la sensación que tengo. Leemos las noticias tal como aparecen en los medios y nos quedamos con una impresión, con un eslogan: la inmigración es "un problema". Y ahora, en plena crisis, se ha convertido en "un problema muy grave".

Sin embargo, según el informe Inmigración y Economía Española: 1996 a 2006, de la Oficina del Presidente de Gobierno, el 50% del empleo creado en España esa década ha sido inmigrante. Los inmigrantes pasaron de contribuir al crecimiento del PIB desde un 7% a casi un 40%. En el año 2008, al comienzo de la afamada crisis económica, el Gobierno reveló que los españoles tienen garantizados el cobro de sus pensiones hasta el 2020 gracias, en buena parte, a la mano de obra inmigrante.

¿Entonces por qué la insistencia en tratar la inmigración sólo como un problema? ¿Por qué de pronto cada país debe defender a sus nacionales y expulsar a los inmigrantes?

Muy simple, porque Europa ha encontrado la justificación perfecta para prescindir de los ideales de igualdad que tanto defiende: la crisis. Existe un pensamiento general en la sociedad española de que los esfuerzos de integración son una tarea exclusiva del inmigrante, y una tendencia a ver la aceptación de la inmigración como un acto solidario (casi caritativo). Las ideas de que la integración debe ser el resultado de un esfuerzo conjunto y de que la inmigración ha sido importante para el crecimiento de este país no son las más difundidas. Y, claro, podemos ser solidarios cuando hay mucho, pero no cuando hay escasez...

Según la investigación Discurso de los españoles sobre los extranjeros, del CIS, cuando la población nacional se ve obligada a elegir entre prácticas igualitarias o acceso a recursos escasos pasando por encima de los extranjeros, opta por lo segundo. De esta manera, la población española pasa a verse como "víctima" y a ver a los inmigrantes como "una amenaza". Y de pronto la crisis excusa el racismo o, como mínimo, justifica el endurecimiento de las ya deficitarias leyes de extranjería.

Pero los trabajadores extranjeros no necesitan de caridad, sino de derechos. Porque es cierto: la inmigración es un gran problema en este país, especialmente si eres inmigrante.

Llegada a este punto, el café se me había acabado y vi que había dos mensajes en el móvil, ambos de mi amiga olvidada. Definitivamente he llegado al fin del segundo acto de mi película y ya es momento de terminar este artículo. Hace siete años me mudé de país, pasé por mi duelo y establecí lazos con esta tierra. Me he integrado sin la necesidad de una ley que me obligue a hacerlo, y actualmente tengo incluso la nacionalidad española. Una ráfaga de viento y un periódico viejo me han dado la oportunidad de escribir sobre algo que hace muy poco era simplemente mi día a día. Aunque es verdad que este artículo está escrito por una inmigrante, también es cierto que está escrito por una española.

Fuente: El País

domingo, 9 de agosto de 2009

Venegas vs. Sotomayor

Por: Carlos Peña

El miércoles que recién pasó, Marcelo Venegas fue elegido, por unanimidad, como presidente del Tribunal Constitucional de Chile. Al día siguiente, Sonia Sotomayor fue confirmada como integrante de la Suprema Corte de los Estados Unidos.

Hasta ahí llegan las semejanzas. El resto son alarmantes diferencias.

Sonia Sotomayor -nacida en el Bronx y graduada a punta de talento en Yale- fue nominada por Obama hace dos meses. Luego fue sometida a un intenso escrutinio en el Senado. Se le interrogó acerca del aborto, el activismo judicial y los derechos de las minorías y se le pidieron cuentas por otra serie de declaraciones suyas. Los profesores de derecho discutieron acerca de sus méritos y la prensa siguió de cerca el debate. En suma, se la allanó sin pudores y sin clemencia a fin de verificar que sus opiniones y sus actos estuvieran a la altura de lo que se espera de un juez constitucional.

Y es que ese tipo de jueces son quienes están a cargo de decir qué derechos tenemos y cuáles son las reglas en base a las cuales los diversos poderes del estado deben comportarse.

No es poco. Y eso justifica que en el Congreso de los Estados Unidos se registre a los nominados hasta los últimos intersticios.

El caso de Marcelo Venegas, recién elegido presidente del Tribunal Constitucional de Chile, es muy diferente.

Aunque tiene casi el mismo poder que el que tendrá Sotomayor, el proceso que lo condujo a ese cargo y los méritos que exhibe son muy distintos.

Su carrera pública -juzgada desde la altura en que hoy está- deja harto que desear. Toda su vida profesional la hizo como funcionario de la dictadura hasta culminarla como director de la Dinacos, el órgano que manejaba las comunicaciones del régimen y que, cuando era necesario, imponía la censura. Algo que Venegas hizo sin problema.

No parece un muy buen antecedente como para ser la cabeza del Tribunal que custodia la Constitución y los derechos de las personas.

Pero nada de eso importó. Y es que a la hora de designarlo, nadie -ni un solo diputado, ni un solo senador- miró siquiera el currículum del juez Venegas ni le consultó nada. Su nominación fue el resultado de un juego de toma y daca (hoy por ti mañana por mí) que le confería a cada sector político el derecho a llenar uno de los cupos del Tribunal. De escrutinio público ante los ojos de la ciudadanía, nada.

Y así Venegas se hizo de un sillón.

El resto fue más o menos sencillo. Una vez allí (y sentado en medio de otros jueces nombrados con similar método) surgió el inevitable espíritu corporativo que elude el debate y el control. De ahí a asignar el cargo de presidente sin ningún cuidado por las formas, en base a un sistema de turnos, y sin atender a la importancia pública del asunto -que es lo que ocurrió con la nominación del juez Venegas- hay un paso.

La pregunta por cuál era el estándar que debía cumplir un juez constitucional al margen de cualquier otra consideración, nadie se la hizo. Ni los senadores y diputados que participaron de su nombramiento, ni los jueces que acaban de designarlo. Ninguno estuvo a la altura. Los primeros trataron el asunto como si fuera un botín a repartir. Los segundos como si la Presidencia del Tribunal pudiera resolverse con criterios privados como la amistad y el compañerismo.

Mientras la brillante y esforzada jueza Sotomayor sudaba lágrimas cuando respondía preguntas y los senadores registraban su vida, el juez Venegas, sentado en su sillón, sólo esperaba que sus colegas del Tribunal cumplieran con el turno acordado. Mientras Sotomayor exhibía su vida como garantía de su fidelidad a la ley, Venegas guardaba silencio y cruzaba los dedos para que nadie recordara su época de funcionario de la dictadura. Mientras los senadores norteamericanos revisaban el desempeño de Sotomayor buscando algún tropiezo, los diputados y senadores chilenos ni se enteraron de qué cosa hacía Venegas antes de que fuera nominado.

Simplemente impresentable.

El único a quien no es posible reprender es al juez Venegas quien, en su defensa, siempre podrá decir que después de todo nunca nadie le preguntó nada.

Fuente: EL Mercurio

Flor de pareja

Por: Mario Vargas Llosa

Crisis del capitalismo? Sí, es verdad, en los últimos años el poderoso sistema capitalista, tan denostado y tan extendido al mismo tiempo, que parecía indestructible, pareció derrumbarse a escala planetaria, no por acción de sus viejos enemigos, los comunistas y los socialistas radicales, sino por efecto de lo que el profeta Marx llamaba sus "contradicciones internas", es decir, la corrupción e irresponsabilidad de sus banqueros, financistas, empresarios, especuladores, estafadores y piratas, que, enceguecidos por la fiebre del lucro y la voracidad crematística, fueron empujándolo hacia el abismo, donde terminó por rodar y hacerse trizas (bueno, casi).

Las consecuencias resultaron catastróficas, desde luego: quebraron bancos, las bolsas se escurrieron hasta quedar exánimes, desaparecieron millones de puestos de trabajo, los niveles de vida de tres cuartas partes del globo cayeron en picada, prestigiosos hombres de empresa fueron a la cárcel porque el naufragio sacó a la superficie sus pillerías y embauques y, en resumen, los ricos dejaron de serlo tanto, la clase media se empobreció brutalmente y los pobres se volvieron miserables.

Ahora bien, hubo algunas excepciones a la regla, felizmente, que dejan entrever una esperanza para la supervivencia del sistema, es decir, para su recuperación sobre bases más firmes y exitosas. Tomemos, como ejemplo, a dos capitalistas ejemplares, que no sólo sortearon felizmente la crisis que descuajeringaba a sus colegas sino que, en estos tiempos de tragedia y quebranto, consiguieron multiplicar siete veces su capital. ¿De quiénes hablo? De los esposos Néstor Kirchner y Cristina Fernández, por supuesto. El ex presidente de la Argentina y su sucesora, la actual mandataria, eran poseedores en el año 2003 de un patrimonio, que ellos presentaron en su declaración jurada, y que la Oficina Anticorrupción, dependiente del Ministerio de Justicia, evaluó en el equivalente de un 1.200.000 euros de la época. En el año 2007, cuando la señora Kirchner ocupó la Casa Rosada, este capital se había casi triplicado, hasta alcanzar unos 3.200.000 euros. Pero fue en diciembre de 2008 cuando dio un salto espectacular y en sólo 12 meses alcanzó la cifra (vertiginosa para cualquier bípedo común y corriente) de 8.500.000 euros.

¡Aprendan, capitalistas de pacotilla, mediocres y ramplones, tipo Madoff, que como éste merecerían pasar el resto de sus años en la cárcel por ineptos! Eso es ser unos capitalistas de verdad, audaces, ingeniosos, creativos, que, cuando todos a su alrededor perdían lo que tenían y lo que no tenían, fueron capaces de disparar a las nubes sus ingresos demostrando de este modo que el sistema tiene recursos y vericuetos para sortear las peores calamidades y aún medrar con ellas.

¿Cómo consiguieron este milagro Néstor Kirchner y Cristina Fernández? Lo ha sacado a la luz en Buenos Aires la diputada de oposición, Patricia Bullrich, del Acuerdo Cívico y Social, según leo en una crónica de Alejandro Rebossio (EL PAÍS, 26 de julio) que no tiene desperdicio y que debería ser estudiada como un catecismo por todo capitalista que aspire a emular a esa pareja excepcional.

Los esposos Kirchner, ambos abogados, eran ya, en 2003, cuando don Néstor subió a la Presidencia de su país, bastante prósperos. Tenían 23 inmuebles, que alquilaban, y cuentas bancarias. Sin que ello los distrajera de sus responsabilidades políticas -doña Cristina era senadora y colaboraba estrechamente con el mandatario en sus tareas de gobierno- este patrimonio se fue revaluando mediante la compra, rehabilitación y venta de inmuebles y sagaces inversiones financieras. Además de alquilar algunas de sus propiedades para que sirvieran de hoteles, constituyeron, en sociedad con uno de sus hijos, una consultoría que asesoraba a sus clientes en "economía, finanzas, derecho, ciencias sociales, educación y administración y otras disciplinas". ¿Cómo no hubiera tenido gran éxito una empresa de servicios semejante? ¿Quién, que tenga dos dedos de frente, no hubiera querido ser asesorado en sus negocios e inversiones por ese par de presidentes tan enterados y prósperos?

Pero las operaciones, rayanas en la genialidad, que hicieron de verdad la fortuna de la pareja, tuvieron como escenario la muy bella localidad de Calafate. Un paisaje divino, aire purísimo, y glaciares, el más hermoso de los cuales fue bautizado Perito Moreno, que quitan el habla, hacen pensar en las historias de Jack London y atraen a ese rincón de la Patagonia argentina a millares de turistas cada año. Pues bien, gracias a la generosidad del alcalde del lugar, un caballero llamado Néstor Méndez, los Kirchner compraron en 2005 unos terrenos de 60.000 metros cuadrados, pagando 69 céntimos de euro por metro cuadrado. Al año siguiente lo revendieron ¡a 50 euros el metro cuadrado! Así financiaron el lindo hotel -lo conozco- El Calafate. Ese mismo año se hicieron dueños de otros 129.000 metros cuadrados (a 69 centavos de euro por metro cuadrado) y los revendieron, pocos meses después, a 50 y a 57 euros el metro.

En su crónica, Alejandro Rebossio cita una declaración de Aníbal Fernández, jefe de Gabinete del Presidente argentino, respondiendo a los maliciosos que ven gato encerrado en estas formidables operaciones empresariales: "Nadie que ejerza el poder está impedido de tener un patrimonio propio y que éste tenga vida, lo que es la esencia del capitalismo". Tiene toda la razón del mundo, por supuesto, y estoy seguro que la deficiente mafia rusa -deficiente porque, a diferencia de los Kirchner, parece haber perdido, por culpa de la crisis, la mitad de los incontables billones que tenía- debía impregnarse de esta filosofía y enfrentar al mundo, sin complejos de inferioridad, proclamando que, haciendo lo que hacen, no roban, ni contrabandean, ni piratean, sino mantienen viva y llameando la esencia metafísica del capitalismo.

El mérito de los esposos Kirchner es tanto mayor si se tiene en cuenta que, a ellos, a juzgar por los discursos con que suelen hipnotizar a los electores que los llevaron al poder y que he tenido la ocasión de padecer, el capitalismo no les gusta nada. Más todavía, son sus encarnizados adversarios. Y abominan de él porque lo consideran explotador, egoísta, abusivo y corruptor. Sus verdaderos amigos y afines son gentes como el comandante Hugo Chávez de Venezuela o el comandante Daniel Ortega de Nicaragua, con quienes a menudo se estrechan en efusivos abrazos y profetizan la próxima derrota del imperialismo. Sus corazones son de izquierda (sólo sus bolsillos y los vestidos de doña Cristina son de derecha) y por eso a muchos capitalistas, durante sus dos gobiernos, además de injuriarlos, les han hecho pasar muy malos ratos, nacionalizándolos, abrumándolos con regulaciones y nuevos impuestos, al extremo de que la fuga de capitales en Argentina, según un despacho de la Agencia EFE del día 2 de agosto, alcanzó sólo en el primer semestre de este año los 7.860 millones de euros. Las cifras proceden del Banco Central, una institución según la cual, desde que comenzó la crisis financiera, unos 30.300 millones de euros en ahorros de argentinos escaparon al exterior o fueron escondidos en cajas de seguridad o bajo el colchón.

O sea que, mientras la empresa Kirchner hacía pingües negocios, el capitalismo se desmoronaba en Argentina y ganaba terreno esa peculiar filosofía de los esposos gobernantes según la cual no hay contradicción alguna en ejercitar y aprovecharse de un sistema odioso al mismo tiempo que se obra desde el gobierno por su ruina y extinción.

Quizás ésta sea la explicación del enredo: la benemérita pareja no se ha hecho rica por codicia ni muchísimo menos sino para dar una lección ideológica práctica a su pueblo. Su conducta responde a un propósito laberíntico, semejante a esas deslumbrantes y sutiles construcciones intelectuales de los cuentos de su compatriota Jorge Luis Borges. Un propósito altruista y pedagógico destinado a mostrar, en carne viva, inmolándose en el intento, lo sucio y pestilente que es el sistema capitalista, pues permite a un par de políticos del común volverse millonarios en un plazo brevísimo, pese a las inclemencias y zozobras que vive su país, mientras millones de argentinos se empobrecían, los agricultores se sentían amenazados, las empresas quebraban y los ahorristas veían cómo la inflación volatilizaba las reservas con que esperaban afrontar la vejez. Héroes y mártires del capitalismo, pues. ¡Flor de pareja!

Fuente: El País

Premiar a los malos actores

Por: Paul Krugman

Los estadounidenses están enfadados con Wall Street, y con razón. Primero, el sector financiero nos hundió en una crisis económica, y luego fue rescatado a costa del contribuyente. Y ahora, con la economía todavía profundamente deprimida, el sector está pagándose a sí mismo primas gigantescas. Si no están furiosos, es que no han estado prestando atención.

Pero aplastar la economía y desplumar al contribuyente no son los únicos pecados de Wall Street. Incluso antes de la crisis y las ayudas de emergencia, muchos tiburones del sector financiero amasaron fortunas mediante actividades que eran inútiles, si no destructivas, desde un punto de vista social.

Y siguen erre que erre. Fíjense en dos noticias recientes. Una tiene que ver con el aumento de las operaciones de alta velocidad: algunas instituciones, Goldman Sachs incluida, han estado usando ordenadores superrápidos para adelantarse a otros inversores, comprando o vendiendo acciones una fracción de segundo antes de que nadie pueda reaccionar. Las ganancias derivadas de las operaciones de alta velocidad son una de las razones por las que Goldman está obteniendo beneficios récord y probablemente pague primas también récord.

En un frente al parecer distinto, el New York Times del domingo pasado informaba sobre el caso de Andrew J. Hall, que dirige una rama de Citigroup que especula con petróleo y otras mercancías. Su sección ha ganado mucho dinero últimamente, y de acuerdo con su contrato, a Hall le deben 100 millones de dólares.

¿Qué tienen en común estas historias? La respuesta políticamente relevante, al menos por ahora, es que en ambos casos vemos enormes bonificaciones por parte de empresas que han sido las principales receptoras de las ayudas federales. Citi ha recibido alrededor de 45.000 millones de dólares de los contribuyentes; Goldman ha reembolsado los 10.000 millones que recibió en ayuda directa, pero se ha beneficiado enormemente tanto de los avales federales como de los rescates de otras instituciones financieras. ¿Qué se supone que tienen que pensar los contribuyentes cuando estos casos de beneficencia tienen nóminas de nueve dígitos?

Pero supongamos que admitimos que tanto Goldman como el señor Hall son muy buenos en lo suyo y que es posible que hubieran obtenido beneficios enormes incluso sin toda esa ayuda. Aún así, lo que hacen es malo para Estados Unidos.

Pero dejemos las cosas claras: la especulación financiera puede tener un propósito útil. Por ejemplo, es bueno que los mercados de futuros ofrezcan un incentivo para almacenar combustible para la calefacción antes de que empiece a hacer frío o para acumular gasolina antes de la temporada de verano cuando todo el mundo saca el coche.

Pero la especulación basada en información que no está al alcance de la población en general es un asunto muy distinto. Como demostró en 1971 el economista de la Universidad de California en Los Ángeles Jack Hirshleifer, esa clase de especulación suele combinar "rentabilidad privada" con "inutilidad social".

Es difícil imaginar un ejemplo mejor que las operaciones de alta velocidad. Se supone que el mercado de valores encauza el capital hacia sus usos más productivos, como por ejemplo ayudar a empresas con buenas ideas a recaudar dinero. Pero resulta difícil ver de qué manera los agentes que colocan sus órdenes una treintava parte de segundo antes de que los demás hacen algo por mejorar esa función social.

¿Y qué hay de Hall? La información del Times da a entender que gana dinero básicamente siendo más listo que otros inversores, en lugar de dirigiendo los recursos donde se necesitan. Una vez más, es difícil encontrarle alguna utilidad social a lo que hace.

Y hay buenas razones para afirmar que dichas actividades son de hecho perjudiciales. Por ejemplo, las operaciones de alta velocidad probablemente degradan la función del mercado, porque es una especie de carga para los inversores que no tienen accesos a ordenadores superrápidos, lo cual quiere decir que el dinero que Goldman gasta en esos ordenadores tiene un efecto negativo para la riqueza nacional. Como dijo en 1973 el gran economista de Stanford Kenneth Arrow, la especulación basada en información privada impone una "pérdida social doble": consume recursos y debilita los mercados.

Ahora bien, a lo mejor se sienten ustedes tentados a desestimar la especulación destructiva por considerarla una cuestión sin importancia (y hace 30 años habrían tenido razón). Pero desde aquel entonces, las altas finanzas -operaciones con valores y mercancías, en comparación con la banca normal y corriente- se han convertido en una parte muchísimo más importante de nuestra economía, y su proporción del PIB se ha multiplicado por seis. Y los sueldos por las nubes en el sector financiero han desempeñado un importante papel en el drástico aumento de la desigualdad de ingresos.

¿Qué debemos hacer? La semana pasada la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que establece las normas para los convenios salariales de una amplia variedad de instituciones financieras. Ése sería un paso en la dirección correcta, pero lo cierto es que debería ir acompañado de una normativa mucho más amplia sobre las prácticas financieras y, diría yo, por unos tipos impositivos más altos para las rentas de gran tamaño.

Por desgracia, la medida de la Cámara tropieza con la oposición de la Administración de Obama, que todavía parece regirse por el principio de que lo que es bueno para Wall Street es bueno para Estados Unidos. Ni el Gobierno ni nuestro sistema político en general parecen dispuestos a enfrentarse al hecho de que nos hemos convertido en una sociedad en la que el dinero con mayúsculas va a parar a los actores malos, una sociedad que recompensa generosamente a quienes nos hacen más pobres.

Fuente: El País

sábado, 8 de agosto de 2009

¿Por qué la Iglesia teme a los diferentes?

Por: Juan Arias

Con el papa Benedicto XVI, el miedo de la Iglesia católica hacia los diferentes se ha agudizado. Se estudian incluso nuevas formas de castigo a los sacerdotes que se casen civilmente. A Roma le da miedo todos los distintos, los que disienten de las rígidas normas de conducta por ella trazadas. Teme a los diferentes sexuales: gays, lesbianas, transexuales, prostitutas; a los diferentes religiosos: ateos, agnósticos, animistas, protestantes, judíos o musulmanes. Le irritan los divorciados, los sacerdotes que dejan los hábitos, las mujeres que abortan, los que practican la eutanasia, los suicidas, los adúlteros, los drogadictos. Arrecia sus castigos contra todos ellos.

Viví de cerca el drama de un embajador español ante el Vaticano, que se había separado de su mujer y se acababa de enamorar de otra. Lo vi algunas semanas desesperado. Pasó, de ser considerado un embajador simpático, preparado y fiable a ser persona non grata. Desesperado y desorientado, pidió ayuda y consejo a un alto prelado de Roma. "Hijo mío, eso tiene sólo una solución y está en las manos de Dios", le espetó con la mayor naturalidad. Se refería a que Dios tendría que enviar la muerte a su ex mujer, para que pudiese casarse con la otra. El embajador saltó del sillón horrorizado.

¿De dónde nace este miedo al diferente en la Iglesia, cuando Jesús de Nazareth, en quien dice inspirarse, era un ser diferente, que actuaba fuera de las normas, más aún, estaba contra las normas de su iglesia, la judía, cuando consideraba que contradecían la libertad del hombre? Se pronunció contra la ley del sábado, sagrada para los creyentes judíos; contra los sacrificios de animales en el Templo y las especulaciones económicas derivadas de aquellos sacrificios. La tomó a latigazos contra aquellos mercaderes.

A la Iglesia le da miedo todo lo que no se encuadra en el orden por ella trazado. Le gusta sólo la familia tradicional, por ejemplo, y cualquier intento de búsqueda de nuevas formas de relación humana más aptas a la mentalidad del tiempo, lo castra antes aun de ponerlo en discusión.

Lo mismo ocurre con el doloroso modo de la mujer de deshacerse de una gestación que puede ser su muerte psíquica, social o física. Y aún aquí la Iglesia tiene dos pesos y dos medidas, si se trata de una mujer seglar o de una religiosa. ¿Qué aconseja a los responsables de las monjas que, por ejemplo, en las Misiones, son violadas y quedan embarazadas? ¿Les deja libertad para dar a luz a ese hijo? ¿Qué haría con él la religiosa a la que no podría echársele de la Congregación pues había sido injustamente agredida? Me consta, de buenas fuentes que Roma da normas secretas a sus obispos al respecto.

En lo relativo al celibato obligatorio para los sacerdotes, se trata de algo realmente absurdo históricamente ya que sabemos que no sólo Jesús, los apóstoles y los primeros Papas estaban casados, sino también los obispos en los primeros siglos del cristianismo. Lo único que se les pedía a esos obispos casados era que tuvieran una sola mujer, para dar ejemplo a los fieles. ¿Cabe mayor hipocresía que el caso de dos parroquias en una misma ciudad, en las que en una, el sacerdote puede estar casado porque se convirtió del protestantismo al catolicismo cuando ya estaba casado, y en la de al lado el cura católico, que si quiere casarse, tiene que dejar la parroquia y el sacerdocio?

Al Jesús hombre, la Iglesia lo divinizaría más tarde para cubrir sus flaquezas. Él nunca se dijo Dios, sólo "hijo del hombre" que en arameo significa uno como los demás. Lo divinizó para cubrir sus miedos, a la muerte por ejemplo: sudó sangre de pavor en el Huerto de los Olivos y pidió a Dios que le ahorrase los horrores de la crucifixión. No era un héroe. Fue tildado de bebedor y comilón. En ninguna circunstancia de su vida fue un hombre de orden. Fue un antisistema. Su vida y sus dichos eran una paradoja y una contradicción. Arremetió contra la familia tradicional, algo sagrado entre los judíos: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" (Lucas 13,31ss), se preguntaba. Defendía a las mujeres adúlteras (Juan 8,3ss) contra la hipocresía de los fariseos, y exaltaba a las prostitutas: "Ellas tendrán un lugar mejor que vosotros en el Reino de los Cielos" (Mateo 21,31). Era amigo de todos a los que el sistema y el Templo marginaba, de los considerados de mala reputación como publicanos y pecadores.

Fue tachado de todo lo que puede ser acusado un diferente. Sobre todo fue considerado un endemoniado y un loco y en aquel tiempo la locura daba más miedo y producía más rechazo que hoy. Lo consideraban loco sus mismos hermanos: "está fuera de sus cabales", decían de él, como se lee en Marcos 3,20. Tan loco que los suyos fueron a recogerlo para llevárselo a casa. Tan fuera de sí, que quisieron despeñarle. Llegaron hasta a apedrearle, algo muy serio en aquel tiempo si se piensa que la pena de muerte más conocida entre los judíos era la lapidación o apedreamiento. La muerte en la cruz no era judía, era romana.

La Iglesia ha tenido y sigue teniendo miedo del Jesús hombre. Profesa que "se encarnó", que nació de una mujer, que tuvo todas las pasiones humanas, pero en realidad, cubre su humanidad con un tupido velo divino, para alejarlo de los hombres. Para los de su tiempo, Jesús era un profeta loco, que había salido de una aldea insignificante como Nazareth cuyo nombre ni aparecía en los mapas de aquellos tiempos, que no tenía miedo al poder al que más bien desafiaba. Al rey Herodes que le mandó un aviso para que dejase de predicar, les respondió llamándolo "zorra". Lo desobedeció.

Jesús no era un diplomático, ni hombre de medias tintas. Tenía alergia a la hipocresía y a la violencia. No condenaba, salvaba. No soportaba a los que juzgaban a los demás. Lo perdonaba todo. Sufría viendo sufrir. Curaba las enfermedades. No tenía miedo de la alegría, de la felicidad, ni del sexo. Multiplicó el vino en las Bodas de Canaá para que siguiera corriendo la fiesta. No dejaba ayunar a sus apóstoles. Comía y bebía en las mesas de los ricos fariseos, aunque personalmente era pobre, sin casa y a veces sin qué comer. Era un inconformista.

¿Cómo encajar este perfil del hombre-Jesús, un verdadero diferente en su sociedad, en la Iglesia católica, que aparece cada día más lejana de sus orígenes, con sus condenas, con sus alergias a todo lo que no comulga con ella, con sus adversiones al sexo, con su miedo a los que no piensan como ella, con su arrogancia de creerse la única fe verdadera?

Los Evangelios son escritos que la Iglesia considera inspirados por Dios, pero en la práctica los teme. Quizás por ello, poco a poco, los ha ido endulzando, tergiversando o sustituyendo por la teología, por el derecho, por los catecismos, por las encíclicas, por las bulas, por millones de decretos, generalmente de condenas.

Hasta a Francisco de Asís, el santo más parecido al profeta de Nazareth, que no quería para sus discípulos más reglas que las que están escritas en los Evangelios, le obligó el Papa de entonces a sintonizar con la Iglesia oficial de Roma. Le obligó a escribir una Constitución para su nueva Orden. A la Iglesia nunca le han bastado los Evangelios.

A mi mujer, autora de libros de poesía la invitaron una Navidad a ir a visitar un manicomio femenino de Río. Colocaron una mesita con sus libros para que los locos pudieran abrirlos y leer algunos de sus versos. Le pusieron a una enfermera de protección. No hizo falta. La poesía fue su mejor calmante aquel día. Una esquizofrénica, tras haber leído uno de sus poemas se le acercó y le dijo: "Dime la verdad, tú tienes que ser una loca como nosotras para poder escribir estas cosas".

Existe la locura del arte, la locura de la ciencia, la locura de la pasión amorosa, la locura por las aventuras, la dura locura de la mente. La de Jesús era la locura por todos los marginales, por los diferentes y sus debilidades. ¿Y la locura de la Iglesia? Desgraciadamente, la de la Iglesia oficial, la de la Iglesia de Roma, la de Benedicto XVI -no la de las periferias- sigue siendo más bien la locura del poder y de los anatemas. Aquel Jesús diferente, se ha quedado ya muy lejos de ella.

Fuente: El País

Hacia un nuevo Estado

Editorial

El presidente boliviano Evo Morales aprobó el pasado domingo un decreto para celebrar un referéndum, el próximo 6 de diciembre junto a las elecciones presidenciales y parlamentarias, para aprobar la reconversión de unos 180 municipios en autonomías indígenas. Al mismo tiempo, presentó oficialmente el anteproyecto de ley marco de autonomías y descentralización. Ha dado así un paso adelante para poner en marcha uno de los desafíos más delicados que contiene la nueva Constitución aprobada en el referéndum de enero de este año con más del 60% de votos afirmativos, el de transformar el país en un Estado plurinacional con un amplio régimen de autonomías y descentralización.

La iniciativa de Morales ha sido rápidamente contestada por la oposición por una cuestión de procedimiento, ya que la Constitución establece en el capítulo séptimo sobre Autonomía Indígena Originaria Campesina que la ley marco que ha de regular ese proceso debe ser discutido por la Asamblea Legislativa que se elegirá en diciembre. Morales, al convocar una consulta sobre la reconversión de municipios en autonomías indígenas para ese mismo día, estaría violando así las reglas de juego, adelantándose a lo que debería ser discutido en el Parlamento al forzar la aprobación de sus iniciativas a través de consultas plebiscitarias.

Desde que en 1992 los pueblos indígenas del norte y el oriente de Bolivia iniciaran una dramática marcha para reclamar su derecho a ser tenidos en cuenta las cosas han cambiado, y sus reivindicaciones han llegado ya a la Constitución. Autonomía es la palabra clave para esas comunidades. Lo verdaderamente complejo es articular en un marco legal viable la autonomía que reclaman las provincias rebeldes (Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija), y que tiene que ver sobre todo con una descentralización en la toma de decisiones económicas, con las autonomías que defienden los indígenas y en las que, además de recuperar el control perdido sobre sus posesiones territoriales, se incluye la defensa de cuestiones identitarias (lengua, democracia comunitaria) y gestión de los recursos.

El complejo reto (si no imposible) de articular y hacer viables autonomías de distinto nivel territorial (departamentales, regionales, municipales e indígenas) debe de ser el resultado de un acuerdo parlamentario. Cada vez más difícil de conseguir en ese clima de enorme división que enfrenta a los andinos con los orientales.

Fuente: El País

Capitalismo bueno y malo

Por: Michel Rocard

La realidad del intercambio en el mercado -transacciones directas entre comerciantes y sus clientes- apareció gradualmente hace 3000 a 4000 años. En esta nueva relación social, el cliente era libre de comprar lo que deseara, en cualquier momento y a quien quisiera, a menudo negociando el precio con el vendedor.

Gracias a estas características, el libre mercado es una libertad básica que está arraigada en la vida cotidiana. Sigue predominando hoy, ya que han fracasado todos los intentos de crear una alternativa, incluso el totalitarismo. De hecho, han pasado 20 años desde que los países ex comunistas de Europa del Este se volvieran a unir al mundo de la economía de mercado, paso dado en 1946 por los socialdemócratas de todo del mundo.

A lo largo de varios miles de años, el libre mercado estuvo compuesto por personas: artesanos, comerciantes y consumidores. Cuando surgió hace tres siglos, el capitalismo era simplemente la misma actividad, a una escala mayor. Gracias a los motores a vapor y la electricidad, una gran cantidad de personas pudieron trabajar en conjunto, y las corporaciones pudieron atraer a una gran cantidad de pequeños ahorristas, que se convirtieron en capitalistas.

Este sistema es fantástico. Para la época de la Revolución Francesa, el estándar de vida casi se había duplicado desde los tiempos del Imperio Romano. Hoy es 150 veces mayor.

Sin embargo, el capitalismo es también cruel. En sus comienzos, las personas se veían obligadas a trabajar 17 horas al día, sin días libres ni jubilación. Gracias a la democracia, las luchas sociales y los sindicatos, junto con los esfuerzos políticos de la democracia social, la inhumanidad del sistema se ha suavizado en parte.

No obstante, si se lo deja funcionar por si mismo, el sistema es inestable. Sufre una crisis aproximadamente una vez por década. La peor crisis del siglo veinte, de entre 1929 y 1932, acabó con los empleos de 70 millones de trabajadores en Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania (sin beneficios de desempleo) en menos de seis meses. Llevó a Adolf Hitler al poder, causando una guerra que dejó 50 millones de muertos.

Después de la guerra, se generalizó la creencia de que era necesario estabilizar el sistema. Finalmente surgió un sistema más equilibrado, basado en tres instituciones principales: seguro de salud, política fiscal y monetaria keynesiana para suavizar el impacto del ciclo económico y, de la mayor importancia, una política de altos salarios y reducción de la desigualdad económica con el fin de impulsar el consumo de los hogares.

Lo que se logró fue notable: 30 años de crecimiento económico rápido y consistente, empleo completo y permanente en todas las naciones desarrolladas, y ninguna crisis financiera o económica. Durante este periodo, los estándares de vida se multiplicaron por diez. La prosperidad se convirtió en la principal arma que aseguró la victoria de Occidente sobre el comunismo soviético. Los pueblos de Europa del Este estaban ansiosos de abrazar este tipo de capitalismo.

Sin embargo, el éxito político del capitalismo ocurrió en el momento mismo en que el sistema se empezó a deteriorar. Los salarios altos impulsaron el crecimiento pero redujeron las ganancias. Los accionistas se organizaron en fondos de pensiones, fondos de inversión y fondos de cobertura. Debido a su presión, el empleo cayó, reduciendo la proporción de los salarios en el ingreso nacional total en un 10% a lo largo de los últimos 30 años.

En las naciones desarrolladas, la cantidad de trabajadores pobres llegó al 10-15% de la fuerza de trabajo, con otro 5-10% de trabajadores desempleados y un 5-10% de trabajadores que abandonaron del todo el mercado laboral. Más aún, a lo largo de los últimos 25 años ha surgido una grave crisis financiera -regional o global- cada cuatro o cinco años. El crecimiento anual cayó por debajo del 3% en promedio. La actual crisis tuvo su origen en el ocultamiento generalizado de préstamos incobrables dentro de conjuntos de valores que se vendieron en todo el mundo.

La seguidilla de bancarrotas generó una grave crisis del crédito, que a su vez provocó una profunda recesión y, con ella, un brutal aumento del desempleo. Los tres recursos de estabilización del capitalismo perdieron su eficacia. Si bien los países ricos reaccionaron más rápidamente y de manera más sensata para estimular sus economías que en 1929, y la hemorragia de los bancos se pudo contener, esto no ha sido suficiente para dar impulso al crecimiento.

Nos encontramos ahora en un extraño periodo en el que gobiernos, banqueros y periodistas anuncian el final de la crisis sólo porque ya no quiebran grandes bancos cada semana. Sin embargo, nada se ha resuelto y el desempleo sigue en alza.

Peor aún: el sector bancario está intentando aprovecharse de los paquetes de rescate con financiamiento público para proteger sus privilegios, entre ellos gratificaciones inmoralmente enormes y extravagantes libertades para crear activos financieros especulativos sin vínculos con la economía real. De hecho, el supuesto fin de la crisis parece más una reconstrucción de los mecanismos que la causaron.

En todos los países, la economía económica se está estabilizando penosamente a entre un 5% y un 10% por debajo de los niveles de 2007. La raíz de la crisis sigue siendo la caída del poder de compra de las clases media y baja, y el colapso de las burbujas especulativas creadas por la avaricia de las clases adineradas. Sin embargo, si hemos de tener un sistema en que casi todos puedan mejorar su nivel de vida, los ricos no pueden volverse más ricos al mismo tiempo. De lo contrario, podemos esperar un largo periodo de estancamiento, marcado por crisis financieras periódicas.

En estas circunstancias, una mayoría de los votantes europeos ha mostrado hace poco, una vez más, estar a favor de la derecha y su tendencia a apoyar a quienes buscan mejorar sus fortunas. Un sombrío futuro nos espera.

Fuente: project-syndicate

jueves, 6 de agosto de 2009

Las bases de Uribe

Editorial

La pugna para establecer un cierto ordenamiento estratégico de América Latina -como en la Europa del siglo XIX- ha sufrido su primera conmoción grave con el acuerdo entre Colombia y Estados Unidos para el uso de siete bases militares norteamericanas en su suelo. Y que ese proyecto lo persigan dos prima donnas de signos opuestos, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el de Brasil, Lula da Silva, complica aún más las cosas.

El mandatario colombiano Álvaro Uribe dice perseguir los más apolíticos propósitos -la lucha contra el narcotráfico- y asegura que las bases no son una amenaza para nadie. Pero, tanto en la versión Chávez, que pretende formar una coalición "antiimperialista", es decir, aun bajo la presidencia de Obama, contra lo que representa Washington, como en la de Lula, que busca la creación de un bloque de acción común bajo la suave dirección de Brasilia, Bogotá altera este incipiente equilibrio de fuerzas con lo que constituye la afirmación de un fuerte hecho de poder. Uribe nunca ha querido, y ahora lo deja claro, que exista ese bloque latinoamericano, ni bajo la advocación de Chávez, ni, aunque sin acritud, patrocinado por Lula.

Pero la reacción en América Latina ha sido negativa y por ello el presidente ha tenido que salir de estampida para dar explicaciones. En el Perú de Alan García, Álvaro Uribe ha recibido la única y genuina buena acogida; Michelle Bachelet en Chile ha entonado la conocida salmodia de que cada país es soberano, como también ha hecho, pero de forma especialmente seca, Fernando Lugo en Paraguay, todo lo cual equivale a no comprometerse; pero la reacción de Cristina Fernández en Argentina y Evo Morales en Bolivia era predeciblemente negativa, como lo es en tono menor la de Tabaré Vázquez en Uruguay, y educada pero decisiva la de Lula en Brasil.

Y si la operación mira a obligar a Estados Unidos en la perspectiva de un tercer mandato de Uribe, sobre lo que al presidente pronto le tocará definirse, las consecuencias no varían. De siempre ha habido un consenso internacional a favor del proceso de integración de América Latina, que sería vano pensar que pudiera no abarcar lo político. Y España y la UE tienen motivos para ver con interés esa nueva arquitectura de Lula para Iberoamérica. Pero Colombia, por razones de política interior, dice que nones.

Fuente: El País

martes, 4 de agosto de 2009

Todos los caminos del estímulo conducen a China

Por: Barry Eichengreen

Ahora que los "retoños verdes" de la recuperación se marchitaron, el debate sobre el estímulo fiscal regresó para vengarse. En Estados Unidos, quienes argumentan a favor de otro paquete de estímulo observan que siempre fue un pensamiento ilusorio creer que un paquete de 787.000 millones de dólares podía compensar una caída de 3 billones de dólares en el gasto privado. Pero el desempleo aumentó incluso más rápido, y más, de lo esperado. Combinemos esto con la continua caída de los precios de la vivienda, y es entendible que el gasto de los consumidores se mantenga deprimido.

Los bancos, después de haber sido recapitalizados sólo lo necesario para mantenerlos a flote, todavía tienen balances débiles. Su consiguiente rechazo a prestar dinero restringe la inversión. Mientras tanto, los gobiernos estatales, al ver que los ingresos cayeron como resultado de menores ingresos tributarios el año pasado, están aplicando recortes como locos. Si había un argumento a favor de un estímulo adicional allá por febrero, ese argumento hoy es incluso más fuerte.

Pero el argumento en contra de un estímulo adicional también es fuerte. El déficit federal de Estados Unidos representa un alarmante 12% del PBI, y la deuda pública como un porcentaje del ingreso nacional ya se proyecta al doble, al 80% del PBI. La idea de que Estados Unidos puede salir de su carga de deuda, como lo hicieron Finlandia y Suecia después de sus crisis financieras en los años 1990, parece poco realista.

Frente a todo esto, un mayor gasto deficitario no hará más que avivar los temores de mayores impuestos y más inflación en el futuro. También alentará el resurgimiento de desequilibrios globales. Y no tranquilizará a los consumidores o inversores.

La economía puede tener dos argumentos posibles, pero la política apunta en una sola dirección. El Congreso de Estados Unidos no tiene el estómago para otro paquete de estímulo. Ya enfrentó una intensa crítica por no haber podido poner en orden la casa fiscal del país. La lentitud con la que se desarrolló el primer estímulo, y el hecho de que incluso pasará más tiempo antes de que se sientan sus plenos efectos, le da más de comer a las fieras.

La desilusión frente a los efectos del TARP ya destruyó el respaldo popular -y parlamentario- a que se invierta más dinero público en recapitalizar a los bancos. De modo que, incluso los que encuentran convincente la lógica económica de los argumentos a favor del activismo fiscal deben reconocer que los políticos no muestran su apoyo. Un segundo estímulo simplemente no está en las cartas.

Si va a haber una mayor demanda agregada, se puede generar en un solo lugar. Ese lugar no es ni Europa ni Japón, donde las deudas son aún mayores que en Estados Unidos -y las precondiciones demográficas para pagarlas, menos favorables-. Más bien, son los mercados emergentes como China.

El problema es que China ya hizo mucho para estimular la demanda interna, tanto a través del gasto gubernamental como obligando a sus bancos a prestar. En consecuencia, su mercado accionario perdió sustancia, y está experimentando un alarmante boom de la propiedad. En el transcurso de mayo, los precios de las propiedades subieron el 18% en un año. Es comprensible que las autoridades chinas teman un problema de burbuja.

La manera obvia de cuadrar este círculo es invertir más en importaciones. China puede comprar más maquinaria industrial, equipamientos de transporte y material para la fabricación de acero, que están entre sus principales importaciones de Estados Unidos. Direccionar el gasto hacia las importaciones de bienes de capital evitaría un recalentamiento de los propios mercados de China, alentaría la capacidad productiva de la economía (y, en consecuencia, su capacidad para crecer en el futuro) y sustentaría la demanda de productos norteamericanos, europeos y japoneses justo cuando ese sostén se necesita más.

Esta estrategia conlleva riesgos. Permitir que el renminbi se aprecie como una forma de fomentar las importaciones también puede desalentar las exportaciones, el motor tradicional del crecimiento chino. Y bajar las barreras administrativas a las importaciones puede redireccionar más gasto hacia bienes extranjeros de lo que las autoridades pretenden. Pero estos son riesgos que vale la pena correr si China habla en serio sobre asumir un papel de liderazgo global.

La pregunta es qué obtendrá China a cambio. Y la respuesta nos remonta al punto de partida; es decir, la política fiscal norteamericana. A China le preocupa que su inversión de más de 1 billón de dólares en títulos del Tesoro de Estados Unidos pierda su valor. Quiere un reaseguro de que Estados Unidos respaldará sus deudas. Por lo tanto quiere ver un programa creíble para equilibrar el presupuesto norteamericano una vez que termine la recesión.

Y, a pesar del tono amenazador, la administración Obama todavía tiene que ofrecer un mapa de ruta creíble para la consolidación fiscal. El hacerlo tranquilizaría a los contribuyentes norteamericanos preocupados por los déficits actuales. Igualmente importante, tranquilizaría a los estrategas políticos chinos.

Vivimos en un mundo multipolar donde ni Estados Unidos ni China son lo suficientemente grandes como para ejercer por sí solos un liderazgo económico global. Para China, liderazgo significa asumir riesgos adicionales. Pero para que esto sea tolerable, Estados Unidos necesita aliviar a China de los riesgos existentes. Sólo trabajando juntos los dos países pueden liderar la economía mundial y sacarla de su abatimiento actual.

Fuente: Project Syndicate

La tasa de ahorro de los Estados Unidos y el futuro del dólar

Por: Martin Feldstein

La tasa de ahorro de los hogares americanos ha experimentado un marcado aumento desde el comienzo de este año, al alcanzar en mayo el 6,9 por ciento de la renta personal neta de impuestos, el mayor desde 1992. En la economía actual, eso equivale a unos ahorros anuales de 750.000 millones de dólares.

Si bien una tasa de ahorro de 6,9 por ciento no es mucha en comparación con la de muchos otros países, constituye un cambio espectacular en comparación con la tasa de ahorro de los hogares de menos del 1 por ciento con la que contaron los Estados Unidos en 2005, 2006 y 2007.

Antes de que empezara a aumentar el año pasado, la tasa de ahorro de los hogares de los EE.UU. había estado disminuyendo durante más de 20 años como consecuencia del aumento del nivel de riqueza de los hogares. El aumento del mercado de valores y el mayor valor de las viviendas indujo a las personas a consumir una parte mayor de sus ingresos y ahorrar menos. A consecuencia de ello, la mayoría de las personas con trabajo redujo la cantidad que ahorraba para su jubilación y los jubilados pudieron aumentar sus gastos. La tasa neta de ahorro cayó hasta casi cero.

Sin embargo, la rápida reducción de la riqueza de los hogares en los dos últimos años puso fin a esa situación. Unos precios espectacularmente menores de las acciones y una disminución del 35 por ciento en los precios de las viviendas redujo la riqueza de los hogares en 14 billones de dólares, pérdida equivalente al 140 por ciento de la renta anual disponible, Ahora las personas tienen que ahorrar más a fin de prepararse para la jubilación y los jubilados tienen menos riqueza para gastar. Con vistas al futuro, la tasa de ahorro puede aumentar aún más y, en cualquier caso, seguirá siendo alta durante muchos años.

El aumento de la tasa de ahorro de los hogares reduce la necesidad en los Estados Unidos de fondos extranjeros para financiar su inversión empresarial y construcción de viviendas. Por sí sola, la actual tasa anual de ahorro de los hogares, que asciende a 750.000 millones de dólares, podría substituir la cantidad de entradas de capital procedentes del resto del mundo. Como el nivel más alto de la tasa anual de entradas de capital ascendió a 803.000 millones de dólares (en 2006), el aumento del ahorro de los hogares podría eliminar casi toda la dependencia de capital extranjero en los Estados Unidos.

Las entradas anuales de capital equivalen todos los años al actual déficit por cuenta corriente de los EE.UU.: la suma del déficit comercial más el interés y los dividendos netos que el Gobierno de los Estados Unidos y las empresas de los Estados Unidos deben al resto del mundo. Así, pues, la disminución de las entradas de capital llevaría consigo una reducción del déficit comercial. Como la reducción del déficit comercial requiere aumentar las exportaciones y reducir las importaciones, el valor internacional del dólar debe disminuir para que los productos de los EE.UU. resulten más atractivos a los compradores extranjeros y los bienes y servicios de los EE.UU más atractivos para los consumidores americanos.

Sin una bajada del dólar y el consiguiente aumento de las exportaciones netas, una tasa mayor de ahorro y un gasto en consumo reducido, podrían provocar una profunda depresión en la economía de los EE.UU. En cambio, un dólar más bajo hace que la reducción del consumo cuadre con el pleno empleo al trasladar el gasto en consumo de las importaciones a los bienes y servicios nacionales y complementar ese aumento de la demanda nacional con un aumento de las exportaciones.

Pero sólo si un mayor ahorro de los hogares resulta inferior a un aumento del gasto por parte del Gobierno, es decir, mediante un mayor déficit gubernamental, se creará ese vínculo directo entre un mayor ahorro de los hogares y un valor inferior del dólar, Un gran déficit fiscal aumenta la necesidad de fondos extranjeros para evitar la reducción de la inversión privada. Dicho de otro modo, el valor del dólar refleja el ahorro nacional total, no sólo el ahorro en el sector de los hogares.

Lamentablemente, el déficit fiscal de los EE.UU. seguirá siendo, según las proyecciones, alto durante muchos años. Según las proyecciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, el déficit presupuestario del Gobierno ascenderá a un 5,2 por ciento por término medio durante el próximo decenio y ascenderá al 5,5 por ciento del PIB dentro de un decenio. Si se da ese alto nivel de deuda pública, absorberá todo el ahorro de los hogares aun con su actual nivel elevado. Eso significaría que los EE.UU. seguirían necesitando importantes entradas de capital extranjero para financiar la inversión de las empresas y la construcción de viviendas. Así, pues, el dólar tendría que mantenerse en su nivel actual para seguir creando el gran déficit comercial y las consiguientes entradas de capital.

Naturalmente, es posible –probable, me parece a mí– que China y otros prestamistas extranjeros no estén dispuestos a seguir aportando el actual volumen de préstamo a los EE.UU. La reducción de su demanda de dólares hará que el dólar baje y el déficit comercial disminuya. Esa reducción del déficit comercial y la consiguiente disminución de las entradas de capital provocarán una subida de los tipos de interés reales en los EE.UU. y éstos reducirán el nivel de inversión de las empresas y de la construcción de viviendas hasta que se pueda financiarlas con el menor volumen de ahorro nacional más las menores entradas de capital.

Aunque el mayor nivel de ahorro de los hogares limitará el aumento de los tipos de interés en los EE.UU., no por ello la combinación de grandes déficits fiscales futuros y menor disposición de los prestamistas extranjeros a comprar valores de los EE.UU. dejará de provocar una bajada del dólar y un aumento de los tipos de interés en los EE.UU.

Fuente: Project Syndicate

El intervencionismo conservador

Por: J. Bradford DeLong

En esta etapa de la lucha mundial contra la depresión, vale la pena detenerse un momento para considerar hasta qué grado han sido conservadoras las políticas implementadas por los bancos centrales, las tesorerías y las oficinas de presupuesto a nivel mundial. Casi todo lo que han hecho – aumentar el gasto, disminuir los impuestos, recapitalizar los bancos, comprar activos de riesgo, realizar operaciones de mercado abierto y otras expansiones de la oferta monetaria – ha seguido una ruta de política que tiene casi 200 años, desde los primeros días de la revolución industrial y, por lo tanto, las primeras fases del ciclo empresarial.

Para empezar, tomemos el año1825, cuando los inversionistas presa del pánico querían invertir su dinero en efectivo seguro y no en empresas riesgosas. Robert Banks Jenkinson, Segundo Conde de Liverpool y Primer Lord de la Tesorería del Rey Jorge IV, suplicó a Cornelius Buller, el Gobernador del Banco de Inglaterra, que tomara medidas para impedir el colapso de los precios de los activos financieros. Lord Liverpool razonaba de esta manera: “Creemos en una economía de mercado, pero no cuando los precios que tal economía produce llevan al desempleo masivo en las calles de Londres, Bristol, Liverpool y Manchester.”

El Banco de Inglaterra actuó: intervino en el mercado y compró bonos en efectivo, con lo que presionó al alza los precios de las activos financieros y expandió la oferta monetaria. Hizo préstamos con pocas garantías a bancos que no tenían bases sólidas. Anunció su intención de estabilizar el mercado – y emitió una advertencia a quienes especularan a la baja.

Desde entonces, siempre que los gobiernos se hicieron a un lado y dejaron que los mercados financieros superaran el pánico por sí mismos – pensemos en los años 1873 y 1929 en Estados Unidos – las cosas salieron mal. Pero cuando los gobiernos intervinieron o recurrieron a un banco de inversiones privado para apoyar al mercado, los resultados parecen haber sido bastante mejores. Por ejemplo, tras los pánicos de 1893 y 1907, el gobierno de Estados Unidos básicamente autorizó a J.P. Morgan para que actuara como el banco central del país, creó la Resolution Trust Corporation a principios de los años 1990 y, junto con el FMI, intervino para apoyar a México en 1995 y a las economías del Este de Asia en 1997-98.

Por decir lo menos, pocos gobiernos modernos están dispuestos ahora a dejar que los mercados financieros sanen por sí solos. Hacerlo sería un paso verdaderamente radical.

Por lo tanto, en cierto sentido la administración Obama y otros banqueros centrales y autoridades fiscales de todo el mundo están actuando de forma muy conservadora al adoptar programas de gasto deficitario, aumentar el volumen de los bonos gubernamentales, garantizar deudas privadas riesgosas y comprar empresas automotrices.

Entiendo lo que están tratando de hacer y siento cierta reticencia a especular sobre sus decisiones. Todos están haciendo su máximo esfuerzo y sé que si yo estuviera en su lugar estaría cometiendo errores mayores que ellos – distintos, tal vez, pero seguramente mayores.

Sin embargo, sí tengo una pregunta importante. Durante esta crisis, el gobierno de Estados Unidos especialmente, pero también otros gobiernos, se han involucrado de lleno en la política industrial y financiera. Lo han hecho sin crear instituciones tecnocráticas como la Reconstruction Finance Corporation de los años 1930 y la RTC de los 1990, que desempeñaron papeles fundamentales para permitir que los anteriores episodios de intervención extraordinaria del gobierno en las entrañas industriales y financieras de la economía tuvieran resultados relativamente buenos, sin un grado abrumador de corrupción y busca de provecho. Las nuevas instituciones intervencionistas creadas sobre la marcha mediante actos legislativos limitaron el poder discrecional de los ejecutivos en las crisis anteriores.

Así es como los padres fundadores de Estados Unidos como James Madison y Alexander Hamilton imaginaron que las cosas debían funcionar. Desconfiaban del poder ejecutivo y pensaban que el presidente debía tener un poder discrecional bastante menor que los distintos Reyes Jorge de la época. No obstante, la crisis actual ha conducido al establecimiento de ese tipo de instituciones financieras.

Así pues, me pregunto: ¿Por qué el Congreso estadounidense no adoptó el modelo RFC/RTC cuando autorizó las políticas industriales y financieras de George W. Bush y Barack Obama? ¿Por qué no se ha dado a las instituciones tecnocráticas que tenemos, como el FMI, un papel más amplio en esta crisis? ¿Y qué podemos hacer para reconstruir las instituciones financieras-administrativas internacionales sobre la marcha para que funcionen lo mejor posible?

Fuente: project-syndicate.org

Bases EE.UU en Colombia: Brasil levanta la voz

Por: Cristian Leyton Salas

El canciller brasileño Celso Amorim, en una entrevista publicada en el diario Folha de Sao Paulo, señaló que su país está "preocupado" por la intención de Estados Unidos de ampliar su presencia militar y civil en América latina, específicamente en tres bases militares colombianas hasta 2019.

Según este personero, "...lo que preocupa a Brasil es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad parecen ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia". El canciller Amorim fue claro en señalar que Brasilia duda de las reales intenciones de los EE.UU en orden a servirse de estas bases para ,únicamente ,luchar contra el narcotráfico. Habría algo más... Tanta es la preocupación de la Administración de Obama que este decidió enviar a su consejero de Seguridad Nacional, Jim Jones, con la misión de explicarle a Lula los detalles del acuerdo con Colombia.

Ruidos y señales estamos recibiendo desde el extremo norte de América del Sur, todo parece indicar que la luna de miel entre Brasil y los EE.UU. está llegando a su fin y que una convivencia “normal” se está imponiendo. Una convivencia según los dictámenes de un sistema hemisférico sometido a los vaivenes propios del realismo político.

Para los Estados Unidos de Barack Obama resulta complicado establecer el equilibrio entre las necesidades geopolíticas tradicionales de su país en la región, romper, a su vez, con la imagen de una potencia hegemónica, que impone a la región un "orden" según sus intereses y por otro lado, establecer su propia firma política, más consensuada y en absoluto "preventiva".

No lo obstante ello, Obama mantiene la tendencia impuesta por su antecesor. Recordemos que Bush, siguiendo imperativos económicos y estratégicos decidió transformar la naturaleza de sus bases militares en el hemisferio sur latinoamericano. Para ello se establecieron las llamadas "bases FOL" (Forward Operating Locations). Bases altamente funcionales, poco visibles pero adaptadas a las nuevas necesidades de los EE.UU.: capacitadas para acoger grandes contingentes, en poco tiempo y con capacidades de alta proyección de fuerza.

Hoy, los EE.UU., se ven afrontados a una problemática mayor. De las tres bases oficiales que poseían en el hemisferio, es decir, en Ecuador, en El Salvador y en las Islas Azores (sin contar el contingente de Colombia), deben restituir la primera, mientras que la segunda siga posiblemente el mismo camino. En efecto, la base de Manta, en Ecuador deben restituirla al breve plazo (como resultado de la llegada al poder un gobierno bolivariano). En El Salvador, recordémoslo, llegó al poder el Mauricio Funes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) vislumbrándose posible una restitución, reeditando con ello la postura de Rafael Correa. Por estas razones, los EE.UU. necesitan reforzar su presencia en la zona, siendo Colombia la elección natural y lógica.

Brasil, frente a las negociaciones entre Uribe y Obama por incrementar la presencia estadounidense en su suelo, se encuentra entre la espada y la pared: mantener y alimentar las “nuevas” buenas relaciones con su antiguo adversario, los EE.UU, mientras que por otro lado, aparecer como la potencia regional con rango hegemónico que “protege” y “defiende” su espacio de influencia, es decir Sudamérica.

El factor Chávez desempeña aqui también un papel central. Brasil siente que, para limitar el poder de influencia del chavismo ,debe “cortarle el pasto” antes que éste se alimente de el. En este caso, “el pasto” es la presencia de los EE.UU en la zona, con sus bases militares y sus políticas de cooperación militar. Por ello, para Lula, es fundamental que la lógica de la “potencia benigna” se materialice y que los EE.UU reconozcan, de una vez por todas, que el tiempo de su presencia en la zona llegó a su fin y que el espacio vacío lo deben llenar ellos, Brasil.

Fuente: La Tercera

lunes, 3 de agosto de 2009

Vecinos (cada vez más) lejanos

Por: Jorge Elías

Brasil, Uruguay y Chile recuperaron la democracia un poco después que la Argentina, pero su evolución política los muestra hoy, dos décadas más tarde, muy lejos de los personalismos, las antinomias y las mañas de la política partidaria vigentes en nuestro país. Tres ejemplos que elegimos no seguir

Qué nos sucede, vida, que, últimamente, la Argentina se parece cada vez menos a países vecinos como Uruguay, Chile y Brasil? En ellos habrá elecciones presidenciales este año y el próximo. Los mandatarios, con altos índices de aprobación, no serán reelegidos ni, más allá de sus afinidades personales y partidarias, designarán a dedo a sus sucesores, como en la transición de los Kirchner en 2007. En las listas para cargos legislativos no se prevé que vaya a haber candidatos que, de ser elegidos, no cumplan con el compromiso ético de dejar de ser funcionarios o gobernadores, como en las legislativas argentinas. Nadie teme un caos si los gobiernos cambian de color.

La Argentina, pionera en juzgar a las juntas militares, recobró en forma precipitada la democracia a finales de 1983, un año y monedas antes que Uruguay y Brasil, y casi siete antes que Chile. Más allá de las asociaciones regionales, cada país progresó por su cuenta y, a su vez, resolvió como pudo el drama de los años de plomo. En el último Índice Global de Competitividad, diagnóstico del Foro Económico Mundial sobre la habilidad de los gobiernos para proveer prosperidad a sus ciudadanos, Chile, Brasil y Uruguay, en ese orden, superan por varios cuerpos a la Argentina, rezagada al puesto número 13 entre 19 países latinoamericanos auscultados.

¿Qué nos sucede, en definitiva? ¿Insistimos en violar la ley, confundir lo público con lo privado y desdeñar la palabra empeñada, como dice Carlos Ortiz de Rozas? ¿O priman las decisiones sobre las deliberaciones y las negociaciones, como apunta Gerardo Caetano? ¿O, a diferencia de los otros países, el peronismo marca la cancha cual fenómeno político y cultural, como coinciden en afirmar Fabián Calle y Patricio Navia? ¿O los otros países, como Uruguay, invirtieron más en despertar confianza, como juzga Rafael Michelini? ¿O los liderazgos están por encima de las instituciones, como señala Gabriel Salvia? ¿O, acaso, campea entre nosotros una enorme confusión entre cuál de los Kirchner gobierna, como observa Chico Santa Rita? ¿O nos sucede todo eso, síntesis de las opiniones recogidas por LA NACION en los cuatro países, y algún bolero más?

"La diferencia básica con Uruguay y Chile es que, a pesar de haber tenido rupturas del orden constitucional como nosotros, respetan las leyes —dice el embajador Carlos Ortiz de Rozas, director del Instituto de Política Internacional de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas tras una dilatada trayectoria diplomática—. En la Argentina se condenó a las juntas militares, pero vino un presidente con facultades constitucionales y les concedió el indulto a los militares y los jefes guerrilleros. Después vino otro presidente y, como si nada hubiera pasado, retomó la condena contra los militares, no contra los jefes guerrilleros."

Como miembro del consejo de notables que elaboró la ley de ética pública, Ortiz de Rozas advierte sobre el peligro de dar malos ejemplos: "El argentino conduce su coche y, si nada se cruza en su camino, pasa el semáforo en rojo. En esa esquina puede cumplir o violar la ley. Tenemos varios ejemplos de incumplimientos de leyes. Nada es gratis. La imagen en el exterior es mala y no vienen inversiones. En Uruguay, en las recientes elecciones internas, el presidente Tabaré Vázquez respetó a los opositores y los opositores respetaron al presidente Tabaré Vázquez. No hemos visto eso en la Argentina desde que retornó la democracia. El ejemplo siempre viene de arriba".

Tras las internas de Uruguay, los candidatos presidenciales por el Frente Amplio y el Partido Nacional convocaron a los derrotados como compañeros de fórmula para los comicios del 28 de octubre. A su vez, el candidato oficialista, José Mujica, preso durante la dictadura que se había hecho famoso por fugarse con otros tupamaros de la antigua cárcel de Punta Carretas, se reunió con el candidato colorado, Pedro Bordaberry, hijo del presidente de facto Juan María Bordaberry. En la Argentina, tras los juicios promovidos por Raúl Alfonsín y los indultos firmados por Carlos Menem, los Kirchner ahondaron la antinomia entre los bandos enfrentados en los años setenta en lugar de abogar por la reconciliación.

"El problema argentino es ante todo político —considera, desde Montevideo, Gerardo Caetano, profesor de historia de varias universidades y miembro de número de la Academia Nacional de Letras de Uruguay—. La persistencia de una cultura política de la confrontación, de las antinomias irreductibles, de una acumulación de poder sobre otras perspectivas más negociadoras o institucionalistas que admitan al adversario y no lo estigmaticen hasta su negación configuraron, bajo gobiernos diferentes, una constante que ha bloqueado la consolidación del desarrollo y el arraigo de la democracia."

En 2003, en su primera cita con Bush, Néstor Kirchner se llamó a sí mismo "patagónico testarudo". En el Salón Oval, su anfitrión replicó: "Yo soy un texano testarudo, así que vamos a llevarnos bien". Luego quiso saber si, como "ese muchacho, Lula", era de izquierda: "Yo soy peronista", obtuvo como respuesta. Kirchner ya había percibido el interés de Chávez por acercarse a él la primera vez que se vieron, en Asunción, ese mismo año: "¿Por qué tengo 14.000 gasolineras en EE.UU. y no en la Argentina?". No era una pregunta; era una propuesta.

Este año, Barack Obama elogió a Lula a pesar de ser "percibido como un fuerte izquierdista" en los Estados Unidos: "¡Este es el hombre! —exclamó—. Me encanta este tipo"; dijo también que era "el político más popular de la Tierra". Con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, aunque "su gobierno no concuerde con nuestra política exterior", tampoco ahorró alabanzas: "Es una de los mejores líderes de América latina". La relación de su país con ambos gobiernos, agregó, "señala el camino para otros países".

En la Argentina, herida por las viles "operaciones basura" supuestamente montadas por la CIA con los petrodólares de Chávez durante el gobierno de Bush, Cristina Kirchner comparó a Obama con su marido y aventuró que había leído a Perón. Los Kirchner siempre creyeron que sus desplantes a Bush y sus loas a Obama estuvieron dirigidos a presidentes de países distintos.

"Las nuevas formas de la política afectan a todos los países del Cono Sur, pero en la Argentina existen fenómenos que van contra las instituciones —concluye Caetano—. Me refiero al vaciamiento de los partidos, las persistentes apelaciones hacia movimientos y personas, la farandulización de la política, la banalización de los procedimientos y las garantías, y la prioridad otorgada a las decisiones sobre la deliberación y la negociación."

Néstor Kirchner desechó la posibilidad de ser reelegido en 2007. La designación de su mujer como delfina y, una vez en la presidencia, la continuidad de sus ministros y su estilo hermético de gestión dejaron entrever "que no entendió que las hegemonías no alcanzan a durar una década en la Argentina, como ocurrió con Menem y Perón", evalúa Fabián Calle, profesor de relaciones internacionales de las universidades Di Tella y Católica Argentina. Por definición, agrega, "el peronismo es una cultura impregnada de populismo, que deriva en una hegemonía por falta de instituciones. Puede ser tanto pro mercado y pro Washington como desarrollista y no alineado, y puede ser oficialista y opositor a la vez. El caudillo gobierna. Desde 1991 hasta proclamados antiperonistas votan por el peronismo. Y aquellos que quieren formar partidos necesitan una pata peronista".

Esa pata peronista, reflejo del movimiento que se resiste a ser partido, no existe en Uruguay, Chile y Brasil, donde los populismos de sesgo personalista tuvieron su cuarto de hora en el siglo pasado. En la Argentina, cara y cruz con el mundo, todo tiempo pasado fue mejor. La nostalgia fija la agenda, pero el largo plazo vence en un par de días.

"Prevalecen los liderazgos por encima de las instituciones y la confrontación por encima de la búsqueda de consensos —juzga Gabriel Salvia, director del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal)—. El Frente Amplio, la Concertación y el Partido de los Trabajadores tienen institucionalidad interna. El nivel de la dirigencia política argentina es claramente inferior."

Prueba de ello es la escasa cotización en foros internacionales de los ex presidentes argentinos en comparación con figuras como Julio María Sanguinetti, Ricardo Lagos y Fernando Henrique Cardoso.

La reinvención de la rueda

En poco más de un cuarto de siglo, el desarrollo de las democracias de Uruguay, Chile y Brasil resultó ser desparejo en comparación con el argentino. "La transición en nuestro país se dio en forma precipitada por la derrota en la guerra de las Malvinas —conviene Calle—. El primer gobierno democrático terminó antes de tiempo por la hiperinflación. En los otros países no terminaron de ese modo."

En la transición, Uruguay se resistió durante años a juzgar a los militares; Chile no habría revisado el prontuario de Pinochet de no haber sido detenido en 1998 en Londres, y Brasil tardó 24 años en responsabilizar al régimen militar de las violaciones de los derechos humanos entre 1964 y 1985.

En Chile, la Concertación gobierna desde el final de la dictadura de Pinochet, en 1990: en 19 años, socialistas y democristianos se alternaron en La Moneda acompañados de ministros propuestos por el partido derrotado en las elecciones internas. En la Argentina, la transversalidad declamada por Néstor Kirchner como una presunta reinvención de la malograda Alianza descarriló en el conflicto del gobierno de su mujer con el campo: el vicepresidente radical Julio Cobos terminó siendo una suerte de enemigo íntimo, vedado de inmiscuirse en los asuntos del Estado y de pisar el despacho presidencial.

"El gobierno de Cristina Kirchner parece ser muy artificial —dice desde San Pablo el especialista brasileño en marketing político Chico Santa Rita—. La presidenta no tiene un contenido profundo ni demuestra una inmersión total en los valores y las aspiraciones del pueblo. Su gobierno no se formó en la razón, sino en la emoción, que, por lo general, nunca es una buena asesora política. Le falta una fuerza impulsora. En la Argentina hay una gran confusión entre las dos personas que ejercen el poder. ¿Quién es Cristina y quién es Néstor? ¿Qué hace cada uno? Eso crea una dicotomía en la mente de las personas."

En el comienzo de su primer libro, Batalhas Eleitorais ["Batallas electorales"], Santa Rita sostiene: "Eleicao é guerra" [´Elección es guerra´]. En las legislativas del 28 de junio hubo un conato de guerra, más allá de haberse desestimado que, como toda consulta de medio término, eran un referéndum sobre la gestión presidencial. Estuvieron precedidas de una campaña mediocre, reflejado esto en el interés que despertó la caricaturización de los candidatos en Gran Cuñado, en desmedro de los mismos candidatos. Una vez concluidas las elecciones, la única certeza resultó ser la cuenta regresiva hacia las presidenciales de 2011. Y comenzaron las especulaciones. Cristina Kirchner, en lugar de felicitar a la ciudadanía por su conducta cívica, se tomó su tiempo para evaluar el resultado con extrañas ecuaciones y deducciones aritméticas. El llamado al diálogo y el cambio de ministros confirmaron la derrota no asumida.

En Uruguay, según el senador oficialista Rafael Michelini, líder de Nuevo Espacio, "la fórmula del gobierno del Frente Amplio fue más y más inversión. La inversión trajo empleo, mayor consumo interno, mejora de las exportaciones, aumento de la recaudación de las arcas públicas y, por lo tanto, dinero para llevar las políticas sociales adelante, lo cual retroalimentó la economía del país. Para que exista inversión, la estrategia de la izquierda fue simple: generar una ola de confianza inmensa en el país, y en sus reglas claras, transparentes, sostenidas en el tiempo".

En comparación con los vecinos, la Argentina no parece preocupada en cuidar su imagen: privilegia la democracia electoral, sustentada en los resultados de las urnas, sobre la cultura democrática, sustentada en las instituciones. "Las instituciones funcionan cuando la discrecionalidad de los actores se reduce y las reglas se aplican para todos por igual —dice, desde Manhattan, Patricio Navia, chileno, profesor de América latina de las universidades de Nueva York y Diego Portales, de Santiago—. Si las instituciones funcionan en una sola dirección, carecen de legitimidad. La Argentina ha querido hacer reformas muy rápidas y profundas. Chile ha privilegiado el gradualismo y el pragmatismo. La Concertación no intentó empezar de cero. Cambió cosas malas de la dictadura, pero mantuvo otras. En la Argentina parece que todos quieren reinventar la rueda. Incluso los malos gobiernos hacen cosas buenas."

Por regla general, según Navia, "las instituciones deben ser más importantes que las personas y las presidencias deben ser más importantes que los presidentes. Si los partidos y los movimientos se asocian con personas, como el kirchnerismo, el menemismo o el peronismo, va a ser difícil que puedan existir como instituciones políticas sólidas. Van a seguir siendo movimientos oportunistas, en torno a líderes personalistas."

¿Qué nos sucede, entonces? Todo eso y, seguramente, algún bolero más.

Fuente: www.lanacion.com.ar

Los cambios de Obama no son cosméticos

Por: Ricardo Lagos Escobar

Se cumplieron seis meses desde que Barack Obama asumió la presidencia de Estados Unidos. Si los ciudadanos de su país han hecho una evaluación de este período, también puede y debe hacerla el resto del mundo. Ello para identificar los avances y advertir las tareas pendientes.

Barack Obama ha demostrado que es posible tener un enfoque distinto en las relaciones internacionales. La huella de estos primeros meses nos dice que el cambio registrado en Estados Unidos no es cosmético. Obama no sólo es el primer presidente negro en ese país, sino más importante, es el primero en comprender la existencia de un mapa distinto para entender las relaciones internacionales del siglo XXI y en aceptar los desafíos de ese mapa.

Su tarea principal ha sido enfrentar la crisis desencadenada bajo las políticas de su antecesor, que de Estados Unidos saltó al resto del planeta para afectar no sólo a los mercados financieros sino también a la economía real. Pero junto con abordar con decisión dicha crisis, Obama ha sido capaz de posicionarse en el mundo y ha logrado cambiar en poco tiempo la visión que se tenía de Estados Unidos.

Así lo demuestra una encuesta reciente. El Informe "Actitudes Globales" del Pew Center, entregado hace diez días, señala que la imagen de Estados Unidos vuelve donde se encontraba antes del gobierno de George Bush. De los 25 países participantes en el estudio, Francia marcó el cambio mayor, donde si en 2008 sólo el 42% tenía confianza en Estados Unidos, este año la cifra subió al 75%. Por cierto, la sola elección de Obama ha sido una verdadera revolución dentro de los Estados Unidos y ha impactado en la forma como el mundo mira a ese país. El viene de un sector con una dura y larga historia por conquistar sus derechos civiles, pero a quienes también ha dicho con vehemencia: "ustedes pueden, basta de lamentos".

El saldo de los seis meses ratifica un dato evidente de la realidad contemporánea: Estados Unidos no es capaz de abordar solo los grandes problemas globales, pero al mismo tiempo el mundo sabe que sin Estados Unidos esos problemas tampoco encontrarán solución. Lo dijo con claridad en Europa, hablando a socios con los cuales se asumen tareas, pero también responsabilidades comunes. Atrás quedaron los desencuentros desencadenados por la Guerra de Irak.

¿Y Rusia? Allí se ha dado un trato distinto. Ha planteado la necesidad de ser amigos, pero con una agenda concreta donde la clave está en activar las negociaciones para reducir las cabezas nucleares porque ellas corresponden a una etapa ya superada de Guerra Fría. Es cierto que Rusia ha tenido planteamientos como el de Georgia que hacen pensar en el resurgimiento de antiguas desavenencias, pero pasando por sobre ello, Obama ha sido claro al plantear una agenda de futuro sustentada en gestos de mutua confianza entre ambas potencias.

Por otra parte, está la buena práctica de los enviados especiales para tratar cuestiones como la de Pakistán, donde la situación interna raya el desgobierno por su cercanía con el conflicto de Afganistán, o para buscar salidas al conflicto milenario de Oriente Medio, donde también gravita la presencia de Irán y sus aspiraciones de poder nuclear. Los enviados especiales tienen la tarea de hacen ver a sus contrapartes la relación especial que Obama busca establecer para resolver los desafíos de común acuerdo. Al llegar a Ghana, el primer país africano donde fue porque éste ha sabido manejarse bien en medio de las complejidades que azotan el continente, dijo una frase profunda: "llevo dentro de mí la sangre de Africa". Y ello, por cierto, generó un impacto político mayor.

Como también lo produjo el discurso magistral pronunciado en El Cairo hablando para el mundo musulmán. Lo hizo con un lenguaje elaborado para llegar a ese mundo, con la naturalidad de quien vivió parte de su vida en Indonesia, el país más grande de población musulmana. Y también cabe valorar lo ocurrido recién, el 27 de julio, cuando Obama hace algo inédito: decide hablar en Washington para abrir la habitual reunión de trabajo a nivel ministerial del diálogo estratégico entre Estados Unidos y China.

¿Por qué lo hace? Para enviar un mensaje muy claro a China como potencia emergente: "Nuestra cooperación en temas de interés común es un prerrequisito para avanzar en los mayores desafíos globales" tales como política económica, cambio climático, tecnologías de energías limpias, no proliferación nuclear, combate al terrorismo y abordar crisis humanitarias como Darfur. Finalizó diciendo: "Ninguna nación puede enfrentar estos desafíos del siglo XXI por sí sola".

Desde América latina debemos mirar toda esta reformulación política como una oportunidad y preguntarnos qué haremos en ella. Obama también le habló a este continente con una actitud nueva, capaz de aminorar la retórica antiimperialista de algunos líderes de la región. Por cierto, hay discrepancias entre nosotros y Estados Unidos, pero el escenario de discusión es distinto. Hay una nueva actitud hacia Cuba. Y frente a la crisis de Honduras lo primero ha sido decir No al golpe de Estado y luego ver cómo se resuelve lo demás. La Cumbre de Trinidad y Tobago, como los diálogos con los presidentes de la región, dan indicios claros de un nuevo momento en las relaciones hemisféricas. El punto es saber aprovecharlo, levantar una agenda de siglo XXI y tratar de hablar en ese diálogo con una voz común.

Un presidente con ideas claras y propósitos definidos puede abordar muchos problemas simultáneamente. Es lo demostrado por Obama en estos seis meses. Y en ello Hillary Clinton también ha sido un respaldo clave para ganar credibilidad. El comienzo ha sido bueno, ahora cabe estar atentos a cómo sigue la marcha porque es un tema que atañe al futuro del mundo.

Fuente: www.clarin.com