domingo, 14 de septiembre de 2008

Los opositores a Morales anuncian que levantarán los bloqueos de carreteras

Los opositores autonomistas de Bolivia han anunciado que levantarán los cortes de carreteras organizados en protesta contra el Gobierno de Evo Morales como señal de "buena voluntad" para intentar llegar a acuerdos para la pacificación del país. Así lo ha anunciado el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Branco Marinkovic, quien ha hablado en nombre del resto de organizaciones cívicas de las regiones opositoras y ha dicho que espera que el Gobierno muestre "la misma disposición" ante estas señales.

Además, el prefecto de la región de Pando, Leopoldo Fernández, ha pedido a la población que acepte, "aunque nos duela mucho", el estado de sitio impuesto por el Gobierno de Evo Morales, y ha dicho que aceptará una investigación sobre los choques entre civiles, pero que su detención sería "un abuso", porque es "una autoridad electa". El prefecto ha explicado que permanece en Cobija, la capital de Pando, en su casa, y ha invitado al ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, que se encuentra en la región, a que acuda a su casa a dialogar.

La reacción se produce después de que ayer el Gobierno anunciara que detendrá al gobernador de Pando, el opositor Leopoldo Fernández, por desacato al estado de sitio, que no ha podido aplicarse plenamente debido a que en la ciudad de Cobija todavía hay grupos armados. "Esta convocatoria al desacato va a tener un límite: la detención de prefecto. Y vamos a detenerlo donde se encuentre acá en el departamento de Pando, para cumplir un mandato gubernamental, estatal que es el estado de sitio", dijo el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, a la emisora de radio Erbol.

Según el funcionario, que se encuentra en el aeropuerto de Cobija, capital de Pando, donde entre el jueves y el viernes murieron, según los últimos datos, una treintena de personas, el Ejército tuvo dificultades para imponer el estado de sitio pero "a partir de las 20.00 hora local (02.00 hora peninsular española) todas esa dificultades van a ser superadas". Juan Ramón Quintana ha señalado que en las próximas horas Cobija será controlada, se iniciarán las tareas humanitarias para las personas afectadas por la violencia y se procederá "a las detenciones por delitos flagrantes".

Bolivia está inmersa desde hace varias semanas en una ola de protestas emprendida por los opositores de las regiones de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca, que reclaman la devolución de unos ingresos procedentes de impuestos petroleros que les recortó el Gobierno de Evo Morales.

Marcha por la unidad

Mientras tanto, en Santa Cruz miles de personas, convocadas por la Iglesia Evangélica, han marchado para pedir paz en el país en unos momentos de máxima tensión en la nación. La inusual manifestación reunió a miles de personas, muchas de ellas adolescentes y familias enteras, que ondearon banderas bolivianas y del departamento de Santa Cruz en una atmósfera festiva y pacífica.

La marcha duró tres horas y concluyó bajo la estatua de Cristo Redentor -el habitual lugar de las concentraciones de los cruceños- con un discurso en el que se ensalzó la unidad del país y la necesidad de convivencia entre los bolivianos.

El acto de hoy contrasta con los violentos incidentes vividos el pasado jueves, cuando grupos de opositores radicales, muchos de ellos de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), se manifestaron contra el Gobierno protagonizando tomas de edificios públicos y actos de vandalismo callejero en pleno centro de la ciudad.

Tensión creciente

Santa Cruz es el principal foco de oposición al Gobierno de Evo Morales y lidera un proceso autonomista, que el Ejecutivo considera ilegal, secundado también por las regiones de Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca. Los sucesivos desencuentros políticos entre el Gobierno de La Paz y los prefectos autonomistas, agrupados en el Consejo Nacional Democrático (CONALDE) se han agravado en los últimos días con varios episodios de violencia en los departamentos de Tarija (sur), Santa Cruz (este) y Pando (norte).

En esta última región, una treintena personas murieron entre el jueves y el viernes por enfrentamientos armados, lo que llevó al Gobierno a decretar el estado de sitio en todo el departamento.

Este domingo se reúnen en Santa Cruz representantes de todos los departamentos opositores para unificar su postura ante las conversaciones que deben emprender mañana domingo con el Gobierno central en La Paz, con el fin de acabar con este ciclo de violencia.

Chávez pide al Ejército boliviano que apoye a Morales

El presidente de Venezuela Hugo Chávez, en su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de su país, ha pedido al general boliviano Luis Trigo, del mismo grado, respaldar al "presidente legítimo" de su país, Evo Morales. Tras recordar que Morales, pese a ser presidente no tiene esa condición castrense, Chávez ha respondido a Trigo, quien ya le pidió no inmiscuirse en los asuntos de Bolivia, y admitió que su intención de respaldar militarmente a su colega boliviano constituye efectivamente una intromisión, pero que la ratificaba.

Chávez también ha advertido de que una eventual intervención militar suya en Bolivia tendrá como precedente una acción del prócer indepedentista caraqueño, Simón Bolívar, a quien debe el nombre el país del altiplano.

FUente: El País (España)

sábado, 13 de septiembre de 2008

Aprendiendo las lecciones de Irak

Por: Joseph E. Stiglitz

El colapso de la economía ha reemplazado a la guerra de Irak como la cuestión más importante en la campaña electoral presidencial de Estados Unidos, en parte porque los norteamericanos llegaron a creer que la suerte ha cambiado en Irak: la "oleada" de tropas supuestamente atemorizó a los insurgentes, lo que redundó en una disminución de la violencia. Las implicancias son claras: una muestra de poder significa un triunfo.

Es precisamente este tipo de razonamiento machista lo que llevó a Estados Unidos a la guerra en Irak por empezar. La guerra estaba pensada como una demostración de poder estratégico de poderío militar. Por el contrario, la guerra dejó al descubierto sus limitaciones. Es más, socavó la verdadera fuente de poder de Estados Unidos -su autoridad moral.

Los acontecimientos recientes acentuaron los riesgos de la estrategia de la administración Bush. Siempre resultó claro que el momento de la partida de Estados Unidos de Irak podría no ser su elección -a menos que quisiera violar el derecho internacional una vez más-. Ahora, Irak exige que las tropas de combate norteamericanas se marchen en los próximos doce meses, y que todas las tropas ya se hayan ido en 2011.

Sin duda, la reducción de la violencia es bienvenida, y la oleada de tropas puede haber incidido de alguna manera. Sin embargo, el nivel de violencia, si tuviera lugar en cualquier otra parte del mundo, ocuparía los titulares; sólo que en Irak nos curtimos tanto frente a la violencia que es un buen día si sólo fueron asesinados 25 civiles.

Y el papel de la oleada de tropas en cuanto a reducir la violencia en Irak no es claro. Otros factores probablemente fueron mucho más importantes, entre otros el soborno a insurgentes sunitas para que combatieran con Estados Unidos contra Al Qaeda. Pero esa sigue siendo una estrategia peligrosa. Estados Unidos debería estar trabajando para crear un gobierno fuerte y unificado, en lugar de fortalecer a milicias sectarias. Ahora el gobierno iraquí tomó conciencia de los peligros y comenzó a arrestar a algunos de los líderes a quien el gobierno norteamericano ha estado respaldando. Las perspectivas de un futuro estable parecen cada vez más sombrías.

Ese es el punto clave: el objetivo de la oleada de tropas era ofrecer espacio para un acuerdo político, que ofrecería los cimientos de una estabilidad a largo plazo. Ese acuerdo político nunca se produjo. De manera que, como con los argumentos utilizados para justificar la guerra, y las medidas de su éxito, el razonamiento detrás de la oleada, también, sigue cambiando.

Mientras tanto, los costos militares y de oportunidades económicas de esta desventura se han vuelto cada vez más evidentes. Incluso si Estados Unidos hubiera alcanzado la estabilidad en Irak, ésta no habría asegurado una victoria en la "guerra contra el terrorismo", mucho menos un éxito en cuanto a alcanzar objetivos estratégicos más amplios. Las cosas, cuanto menos, no han estado saliendo bien en Afganistán, y Pakistán cada vez parece más inestable.

Es más, la mayoría de los analistas coinciden en que, al menos parte del razonamiento detrás de la invasión de Georgia por parte de Rusia, que encendió los temores a una nueva Guerra Fría, fue su confianza en que, con las fuerzas armadas de Estados Unidos ocupadas con dos guerras fallidas (y mal desplegadas por una política de no reemplazar los recursos militares tan rápido como se agotan), había poco que Estados Unidos pudiera hacer para responder el ataque. Los cálculos de Rusia resultaron acertados.

Hasta el país más grande y más rico del mundo tiene recursos limitados. La guerra de Irak ha sido financiada enteramente por el crédito; y en parte por eso, la deuda nacional de Estados Unidos aumentó dos terceras partes en apenas ocho años.

Pero las cosas no cesan de empeorar: se espera que el déficit sólo para 2009 sea superior a medio billón de dólares, excluyendo los costos de los rescates financieros y el segundo paquete de estímulo que, a decir de casi todos los economistas, hoy es urgentemente necesario. La guerra, y la manera en que se la condujo, redujeron el espacio de maniobras de Estados Unidos y casi seguramente agravarán y prolongarán la caída económica.

La idea de que la oleada de tropas fue exitosa es especialmente peligrosa porque los resultados de la guerra de Afganistán no son tan buenos. Los aliados europeos de Estados Unidos se están cansando de las batallas interminables y del incremento de las bajas. La mayoría de los líderes europeos no están tan entrenados en el arte del engaño como la administración Bush; les cuesta mucho más ocultarles los números a sus ciudadanos.

Los británicos, por ejemplo, son plenamente conscientes de los problemas con los que se encontraron con frecuencia en su era imperial en Afganistán. Estados Unidos, por supuesto, seguirá presionando a sus aliados, pero la democracia tiene una manera de limitar la efectividad de este tipo de presión. La oposición popular a la guerra de Irak hizo imposible que México y Chile cedieran ante la presión norteamericana en las Naciones Unidas para respaldar la invasión; los ciudadanos de esos países terminaron teniendo razón.

Pero en Estados Unidos, la idea de que la oleada de tropas "funcionó" hoy lleva a muchos a sostener que se necesitan más tropas en Afganistán. Es verdad, la guerra en Irak distrajo la atención norteamericana de Afganistán. Pero los fracasos en Irak son una cuestión de estrategia, no de fuerza de tropas. Es hora de que Estados Unidos, y Europa, aprendan las lecciones de Irak -o, más bien, vuelvan a aprender las lecciones de prácticamente todos los países que intentan ocupar a otro y determinar su futuro.

Fuente: www.project-syndicate.org

jueves, 11 de septiembre de 2008

martes, 9 de septiembre de 2008

Los cañones y el oro de agosto

Por: Joseph S. Nye

China y Rusia acaban de mostrar al mundo un marcado contraste en el uso del poder. Como dijo recientemente el analista francés Dominique Moisi, "mientras que China intenta seducir y asombrar al mundo con sus medallas olímpicas, Rusia quiere impresionarlo demostrando su superioridad militar –el poder blando de China frente al poder duro de Rusia". Algunos analistas estadounidenses, como Edward Luttwak, han concluido que la invasión rusa de Georgia demuestra la "irrelevancia" del poder blando y el dominio del poder militar duro. En realidad, la cosa resultará ser más complicada para ambos países.

El poder blando es la capacidad para obtener lo que se quiere mediante la atracción en lugar de la coerción o el pago. No es la solución a todos los problemas. Es poco probable que el gusto del dictador de Corea del Norte, Kim Jong Il, por las películas de Hollywood vaya a afectar su programa de armas nucleares. Y el poder blando no logró disuadir al gobierno talibán de Afganistán de dar su apoyo a Al Qaeda en los años noventa.

Pero otras metas, como la promoción de la democracia y los derechos humanos, se pueden alcanzar mejor con el poder blando, que también puede crear un ambiente favorable o desfavorable, como lo descubrió Estados Unidos tras la invasión de Iraq.

Los escépticos que menosprecian el poder blando porque no soluciona todos los problemas son como el boxeador que no utiliza su mano izquierda porque la derecha es más fuerte. El poder blando rara vez es suficiente, pero a menudo es crucial combinar el poder blando con el poder duro para obtener una estrategia efectiva de "poder inteligente". Como afirmó el Secretario de Defensa estadounidense Robert Gates el año pasado, "vengo a proponer el fortalecimiento de nuestra capacidad para utilizar el poder blando e integrarlo mejor con el poder duro".

La fuerza militar es, naturalmente, una fuente de poder duro, pero el mismo recurso puede contribuir en ocasiones a una conducta de poder blando. La impresionante labor de las fuerzas armadas estadounidenses al suministrar ayuda humanitaria después del tsunami del Océano Índico en 2004 y del terremoto del Sur de Asia en 2005 contribuyó a restablecer el prestigio de Estados Unidos.

Por el contrario, un mal uso de los recursos militares puede socavar el poder blando. La Unión Soviética tuvo mucho poder blando después de la Segunda Guerra Mundial, pero lo destruyó por la forma en que el Kremlin utilizó su poder duro contra Hungría y Checoslovaquia.

Rusia atraviesa actualmente un período de reacción nacionalista ante lo que considera la humillación que sufrió tras el colapso del imperio soviético. Ahora que el aumento en los precios de los energéticos impulsa su economía, Rusia ha encontrado la oportunidad de reafirmar su poder sobre sus vecinos. Además, se sentía perjudicada por los planes para una mayor expansión de la OTAN, la propuesta de un sistema de defensa de misiles balísticos en Europa oriental y el reconocimiento por Occidente de la secesión de Kosovo de Serbia, aliada de Rusia.

Desde hace tiempo Rusia ha tratado de debilitar al gobierno de Georgia. A principios de agosto, Rusia tendió una trampa en Osetia del Sur y Georgia imprudentemente cayó en ella.

Si los rusos hubieran utilizado sus fuerzas de "mantenimiento de la paz" únicamente para proteger la "autodeterminación" de los ciudadanos de Osetia del Sur (citando el precedente de las acciones de Occidente en Kosovo), no habrían dañado demasiado su poder blando y los beneficios podrían haber superado los costos. Al bombardear, bloquear y ocupar muchas partes de Georgia, retrasar su retiro, exhibir soldados georgianos con vendas en los ojos y no proteger a los ciudadanos de Georgia, Rusia ha perdido legitimidad y sembrado el temor y la desconfianza en gran parte del mundo.

Los países vecinos, como Ucrania, se han vuelto más recelosos. Uno de los costos inmediatos fue que Polonia dejó de resistirse al sistema estadounidense antimisiles balísticos. Cuando Rusia buscó apoyo de sus compañeros en la Organización de Cooperación de Shangai a su política en Georgia, China y otros se negaron. Los costos a largo plazo podrían incluir el fracaso de la propuesta de Rusia sobre un nuevo sistema europeo de seguridad, un renovado interés de Europa en los gasoductos Nabucco y White Stream que evitan el territorio ruso y una disminución de la inversión extranjera.

En contraste, China finalizó agosto con su poder blando reforzado por el éxito de sus juegos olímpicos. En octubre de 2007, el Presidente Hu Jintao declaró las intenciones de China de aumentar su poder blando y las olimpiadas fueron parte importante de esa estrategia. Mediante el establecimiento de Institutos Confucio para promover la cultura china, una mayor difusión internacional, la captación de estudiantes extranjeros en sus universidades y el uso de una diplomacia más suave hacia sus vecinos del Sureste asiático, China ha realizado una gran inversión en poder blando. Las encuestas muestran una mejoría en su reputación internacional.

Pero el gobierno chino no logró todos sus objetivos olímpicos. Al no cumplir sus promesas de permitir manifestaciones pacíficas y libre acceso a Internet, China redujo sus ganancias de poder blando.

Superar estas limitaciones auto impuestas tomará más que unos juegos olímpicos exitosos. Por ejemplo, una reciente encuesta Pew señaló que a pesar de los esfuerzos de China para aumentar su poder blando, los Estados Unidos siguen dominando todas las categorías en ese aspecto. Así, si bien China ganó el mayor número de medallas de oro, después de las olimpiadas de Beijing no ha superado a Estados Unidos fuera de los campos deportivos. Esperamos que los líderes de China aprendan la importancia de la libertad de expresión para establecer el poder blando.

Por supuesto, sólo con el tiempo conoceremos el resultado de los cañones y el oro de agosto para Rusia y China. A diferencia de una competencia olímpica, su reciente desempeño no recibirá calificaciones hasta que se hayan desarrollado los juegos de poder.

Fuente: www.project-syndicate.org

lunes, 8 de septiembre de 2008

La ecología, una clave de la campaña

Por: Thomas L. Friedman

De cara a esta elección yo pensaba que —por vez primera— tendríamos una alternativa entre dos candidatos "verdes". Esa opinión ya no sirve.

Con la elección para vicepresidenta de Sarah Palin —la gobernadora de Alaska que ha promovido las perforaciones en la Reserva Nacional de Vida Silvestre del Artico y no cree que el ser humano esté desempeñando papel alguno en el cambio climático—, John McCain ha completado su transformación yendo desde el republicano más ecologista que se postula a la presidencia de EE.UU. a, meramente, otro representante de los grandes intereses petroleros.

Dado que McCain evitó de manera deliberada votar en los ocho intentos por aprobar una ley que extendía los vitales créditos fiscales y subsidios para expandir nuestras industrias eólica y solar, dado su respaldo a una reducción del impuesto a la gasolina —un imprudente regalo que sólo fomentaría un mayor consumo de gasolina e intensificaría nuestra adicción al petróleo— y dado su deseo de hacer de las perforaciones (y no de la innovación en energías renovables) el elemento central de su política energética, McCain ha renunciado a cualquier reclamo de convertirse en un candidato "verde".

Así que, cuando McCain extienda nuevos afiches de turbinas de viento y paneles solares, sería bueno preguntarle por qué estuvo AWOL (acrónimo militar de "ausente sin permiso") cuando llegó al Congreso el momento de darle su respaldo a estas nuevas tecnologías.

"En junio, el Partido Republicano tuvo una reunión —dijo Carl Pope, director ejecutivo del Sierra Club— y uno de los animales del rebaño que no había sido marcado, un despierto e indomable viejo llamado John McCain, finalmente fue elegido. Después, lo marcaron con un gran sello que decía ´Lazy O , la marca de George W. Bush, donde la ´O representa al petróleo. Adiós al indomable."

"Una de las últimas estrategias independientes de McCain que lo ponía en contra de la gestión Bush era su oposición a la perforación en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Artico", agregó Pope. "Y, sin embargo, él ahora eligió a una compañera de fórmula que se ha opuesto a llamar a rendir cuentas a las grandes empresas petroleras, que ha mostrado su desdén por las energías alternativas y que está a favor de más perforaciones en reservas de vida silvestre y frente a las costas de Estados Unidos. Si bien el extremo norte de su estado literalmente cae en el creciente Océano Artico, Sarah Palin dice: ´El jurado aún no se decide con respecto al calentamiento global . Ella es la que está colgando al jurado... y John McCain se lo va a permitir".

De hecho, los publicitados choques de Palin con la industria petrolera han sido, todos, acerca de quién debería obtener más de las abundantes ganancias y no sobre cómo ponerle fin a nuestra adicción.

Barack Obama debería hacer más para impulsar su agenda ecologista, pero al menos tuvo el valor de no buscar votos con llamados a eliminar impuestos a la gasolina. Y aun cuando ha defendido una expansión limitada de la perforación frente a las costas, se abstuvo de engañar a los electores diciendo que esa es una solución a nuestros problemas de energía. Este debería ser uno de los temas centrales en esta elección: Quién tiene el mejor plan para promover la innovación masiva en tecnologías de energía limpia y eficiencia energética.

¿Por qué? Porque las tecnologías de energía renovable —lo que yo llamo ER— van a constituir la próxima gran industria mundial. Rivalizarán y probablemente superen a la TI, o tecnología de la información. El país que dé origen a la mayoría de las empresas de tecnologías de energía renovable gozará de mayor poder económico, una ventaja estratégica y aumento en los niveles de vida.

De modo que en lo concerniente al medio ambiente esta elección es de importancia vital, y la alternativa no podría ser más blanco o negro.

Fuente: www.yourhealthdaily.com

domingo, 7 de septiembre de 2008

Ending the Nation-State Myth

Por: Devin Stewart

Este otoño, a miles de estudiantes universitarios se les enseñará un mito como si fuera una realidad. Es un mito que ha contribuido a avivar guerras y puede impedir la búsqueda de soluciones para los mayores problemas del mundo. Aunque el origen de ese mito no está claro, la ciencia ha demostrado su falsedad y un planeta mundializado lo ha vuelto anacrónico. Me refiero al Estado-nación.

El mito del Estado-nación combina dos ideas: una concreta, el Estado, y otra difusa, la nación. La utilidad del Estado es clara. Es un principio organizativo necesario que permite a los pueblos aunar sus recursos en pro del bien común y movilizarse contra amenazas comunes, ya sean inundaciones o ejércitos invasores. Además, el Estado es el árbitro final de la ley. El poder del Estado está aumentando incluso, en parte como reacción a la mundialización y como consecuencia de la riqueza en aumento procedente de los mercados energéticos.

Pero el Estado-nación como base para el arte de gobernar obscurece la naturaleza de las mayores amenazas para la Humanidad. La contaminación, el terrorismo, las pandemias y el cambio climático son fenómenos mundiales. No respetan la soberanía nacional, por lo que requieren la cooperación mundial.

El origen de la idea de Estado-nación no está claro. Una mayoría cree que ofreció una vía para consolidar y legitimar el gobierno estatal sobre un grupo de población, ya se caracterizara por una lengua común o por su carácter étnico. El problema es que los contornos de una comunidad cultural raras veces coinciden con una entidad política, como tampoco el ideal de unidad nacional explica la diversidad y los conflictos internos.

Las identidades dentro de las naciones son inestables e incluso pueden cambiar de un minuto para otro. Hace unos quince años, pasé un verano en el valle del Loira, en Francia. Como pueden atestiguar muchos viajeros por Francia, los habitantes de la Francia rural están convencidos de que ellos, no los parisinos, constituyen la Francia “auténtica”.

Esa división entre el centro y la periferia es común en muchos países, pero también noté que la identidad de una persona cambiaba a lo largo de una conversación. “Nosotros, los franceses” cedía el paso a “nosotros, los galos”, “nosotros, los latinos”, “nosotros, los francos” o “nosotros, los europeos”, según el tema del que se hablara. Esa siempre cambiante identidad resultaba asombrosa, pero, pensándolo bien, tenía sentido: al fin y al cabo, según la célebre afirmación de Charles de Gaulle, resulta difícil gobernar un país con 246 clases de quesos.

Con frecuencia se piensa que China está gobernada por la mayoría han, pero este grupo es lingüística, cultural e incluso genéticamente diverso. Como comentó recientemente Ian Buruma, no está claro a qué se refieren quienes hablan de “China”. Taiwán es un Estado independiente, pero oficialmente forma parte de China. La lengua y la cultura chinas se han extendido por todo el mundo. La conclusión de Buruma es la de que “China” es mucho más que un Estado-nación. El erudito taiwanés Lee Hsiao-feng ha sostenido recientemente que el concepto al que se refiere la palabra “chino” carece de sentido y fue concebido para justificar el gobierno sobre minorías.

Resulta difícil imaginar una nación que esté limitada a un solo Estado o un Estado que contenga una sola nación. Algunos sostienen que el Japón es un ejemplo de Estado-nación. En innumerables debates acalorados he recordado a muchos japoneses que el pueblo japonés se compone de ainus, coreanos, chinos, filipinos y ryukus. Su respuesta es siempre ésta: “Sí, pero que queremos creer que existe un pueblo japonés”. Tienen incluso una disciplina de estudio dedicada a examinar lo que significa ser japonés.

Como la religión, el mito del Estado-nación requiere un acto de fe. El erudito japonés Yoshihisa Hagiwara sostiene que, como no se basa en una realidad factual, el mito del Estado-nación acabará disolviéndose y dando paso a la comprensión de que somos simplemente individuos que forman parte de una comunidad mundial. Lamenta que los japoneses aprecien muy en particular la idea de “japonesidad”, por lo que es posible que el Japón llegué a ser el “último héroe” de un espíritu agonizante.

En la cultura popular aparecen con frecuencia expresiones de esa idea. Un reciente anuncio de una tarjeta de crédito representa a un padre y su hijo que viajan a Noruega para rastrear los orígenes de su familia. Después de intimar apreciando la cerveza, la comida y los jerseys locales y nadando, descubren que su familia procede en realidad de Suecia.

Si yo hiciera ese viaje, podría ir a Irlanda para descubrir que mis antepasados irlandeses procedían originalmente de Escocia, pero, ¿de dónde procedían los escoceses? De allende otro mar tal vez. El mito de los origines continúa ad infinitum hasta que llegamos al antepasado común de la Humanidad o un auténtico mito: un huevo negro en China, una lanza en el océano en el Japón o la combinación del fuego y el hielo en Francia.

Para que los gobernantes aborden los problemas actuales, deben tener más amplitud de miras. Una forma de comenzar puede ser la de revisar el concepto de Estado-nación, que –según se enseña a los estudiantes de todo el mundo– es la unidad básica de las relaciones internacionales. Además de las teorías básicas realistas sobre el equilibrio de poder, se debería incluir en los programas de estudios sobre relaciones internacionales una introducción a la ética en los asuntos internacionales: filosofía moral, derechos humanos y el papel de los copartícipes no estatales.

Como mostró el filósofo Peter Singer en su libro Un solo mundo , un frente unido para abordar los mayores problemas que afronta el mundo requerirá un cambio fundamental de actitud: el de abandonar la estrechez de miras provinciana en pro de una revisión del interés propio. El interés propio ilustrado puede basarse en el Estado, pero se revisarían los intereses para que abarcaran principios universales, como, por ejemplo, la Declaración Universal de Derechos Humanos. Para que esos intereses obtengan un reconocimiento universal, necesitaremos deshacernos de una vez por todas del mito del Estado-nación.

Fuente: www.project-syndicate.org

jueves, 4 de septiembre de 2008

El retorno de las "potencias"

Por: Juan José Burniol

En 1915 Lenin diagnóstico que el "imperialismo, estadio supremo del capitalismo" había provocado la guerra mundial por la concentración del capital industrial y financiero en varios polos antagónicos. En efecto, las últimas décadas del siglo XIX habían presenciado una carrera frenética de las grandes potencias para establecer imperios coloniales en Asia y África; y con la guerra cada una de ellas esperaba redefinir favorablemente su zona de influencia. ¿Cómo se llegó a esta situación? Europa era entonces el escenario principal en el que se dilucidaba la hegemonía mundial, y los protagonistas eran cuatro imperios —británico, alemán, austriaco y ruso— y una república —la francesa—, con la intervención del reino de Italia como figurante y la presencia expectante y distante, pero no distinta, de Estados Unidos. Era un tiempo en el que no existía la conciencia de pertenencia a una comunidad internacional que impusiera unos deberes del hombre para con el hombre, sólo por ser tal. La razón de Estado primaba sobre cualquier otra consideración, lo que conllevaba que la política internacional de cada Estado estuviese dirigida exclusivamente a la concertación de alianzas con otros Estados, para defenderse de los Estados enemigos —que no adversarios— y presionar sobre ellos. De ahí que la historia diplomática del siglo XIX fuera un tejer y destejer de alianzas.

El juego de alianzas fue iniciado por Bismarck para consolidar el imperio alemán: "Necesitamos que Francia nos deje en paz —decía—, y por tanto no debe tener aliados". A este designio respondió la Liga de los Tres Emperadores —Alemania, Austria y Rusia—, concebida contra Francia y que pronto zozobró, al desligarse Rusia por la incompatibilidad de sus intereses con los de Austria —apoyada por Ale—mania— en los Balcanes, con el trasfondo del impulso germánico hacia el Este —Drang nach Osten—, que llegaba —¡ya entonces!— a Bagdad. Para compensar la pérdida de Rusia, los germanos tomaron a Italia como aliado: ésta fue la Triple Alianza.

Pero lo trascendente fue la Alianza franco—rusa de 1893, que dejó abierto un potencial frente Este al imperio alemán. Testimonio en piedra de esta Alianza franco—rusa es el puente parisino de Alejandro III, inaugurado dentro de los fastos motivados por la visita del zar a París. Mientras reinó Victoria —y pese a ser la abuela de media Europa coronada—, Inglaterra permaneció en su espléndido aislamiento, que siguió, pese a su Entente Cordial con Francia de 1904, pues éste sólo liquidaba disputas coloniales pero no obligaba a ayudar en caso de conflicto. Sólo en 1912 Francia y Gran Bretaña previeron su colaboración en el caso de que la paz europea fuese turbada.

Así las cosas, el polvorín estaba dispuesto: de un lado, Alemania y Austria, con la asistencia siempre incierta de Italia, y de otro, Francia y Rusia, con la ayuda prometida de Inglaterra. Bastó la chispa de Sarajevo para que —en un verano convulso que contempló el fin de la Belle Époque—, el 3 de agosto de 1914 estallase una guerra atroz que fue la primera etapa (1914—1918) de la tragedia que asoló Europa durante el siglo XX y que, tras su segunda fase (1939—1945), liquidó la hegemonía mundial de las antiguas potencias europeas.

El testigo pasó entonces a las dos superpotencias emergentes —Estados Unidos y la URSS—, que se distribuyeron el mundo en dos zonas de influencia y congelaron sus relaciones en una situación de equilibrio que pasó a denominarse guerra fría. Esta situación, sostenida gracias a la recíproca amenaza nuclear y a las respectivas organizaciones militares —OTAN y Pacto de Varsovia— sólo se desequilibró, con el paso de las décadas, gracias al colapso interno del imperio soviético.

Tras la caída del muro de Berlín, algunos —Fukuyama entre ellos— vaticinaron el fin de la historia gracias a la progresiva e irrevocable consolidación en todo el mundo de la democracia y de la economía de mercado. Pero erraban en el enfoque. La auténtica cuestión a dilucidar era entonces —y lo es ahora— si la paz mundial se consigue mediante la imposición unilateral del orden grato al imperio americano —que sólo persigue la defensa en el extranjero de los intereses americanos y la preservación en sus manos del control del comercio internacional—, o se busca a través del establecimiento de un orden multilateral basado en el único principio ético de validez universal no metafísico —la prevalencia del interés general sobre el particular—, expresado en normas jurídicas y encarnado en instituciones supraestatales, cuyo embrión ha de ser necesariamente la ONU. Ante esta disyuntiva, Estados Unidos erró gravemente al apostar por la solución unilateral defensora de su hegemonía absoluta, y, a partir de ahí —dislate tras dislate—, ha provocado el retorno a una situación en la que cada una de las restantes potencias actuales —Rusia, China y Unión Europea—, así como las emergentes —India, Brasil, etc.— se ven obligadas a proteger sus particulares intereses, concertando para ello alianzas defensivas y definitorias de sus respectivas áreas de influencia.

Lo sucedido en Georgia, con la acción de Rusia precedida por la similar de Occidente en Kosovo, así como el frustrado intento del presidente ruso Medvedev de conseguir la comprensión china para su actuación, muestran a las claras por donde irá a partir de ahora la política internacional: trenzar alianzas sobre la base de intereses concurrentes, con la finalidad de defender las posiciones propias y condicionar de modo determinante las ajenas. Y, en este marco, Europa tendrá que hacerse algunas preguntas: ¿ha de actuar siempre, a través de la OTAN, como comparsa de los norteamericanos, sin conformar una política propia?; ¿no puede buscar Europa una relación especial con Rusia, habida cuenta de su dependencia energética y, también, de los problemas que, a causa de Siberia, Rusia tendrá con China?; ¿no optará pronto Estados Unidos por el entendimiento preferente con China —de cuyos recursos financieros tanto depende—, postergando a Europa?

Algún día Europa deberá plantearse estas y otras cuestiones similares. Entretanto, está claro que han vuelto al escenario mundial las potencias, con su política de alianzas y los graves riesgos que esto comporta.

Fuente: www.elpais.com

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Estados Unidos y su política vudú de los derechos humanos en Haití

Por: Loune Viaud y Monika Kalra Varma

El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos publicó recientemente documentos que detallan intentos alarmantes de parte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del gobierno estadounidense de utilizar los préstamos destinados a salvar vidas en Haití como una palanca para urdir estrategias que desembocaran en los resultados políticos deseados. Estos documentos revelan las acciones de los Estados Unidos para impedir un préstamo del BID por un monto de 146 millones de dólares, aprobado en 1998, que se destinaría al suministro de agua limpia, la oferta de servicios de salud y de educación a los niños, la construcción de caminos rurales y el mejoramiento de la vida de los haitianos.

El BID, el banco de desarrollo regional más grande del mundo, trabaja en América Latina y en el Caribe con el supuesto propósito de “activar el desarrollo económico y social”. Sin embargo, sus acciones en Haití han desbaratado estos objetivos.

Unos préstamos del BID, de aproximadamente 54 millones de dólares, destinados a la infraestructura hídrica en Haití, en donde literalmente se encuentra la peor agua del mundo, demostraron que son una vía segura para prevenir las enfermedades mortales originadas por el agua. Esos préstamos, diseñados para ayudar a hacer valer el derecho al agua de calidad en la nación más pobre del Hemisferio Occidental, así como las vidas que podrían haber salvado, se convirtieron, en cambio, en motivos de extorsión de un deliberado juego de poder político.

En 2001, funcionarios estadounidenses amenazaron con utilizar su influencia para impedir que los fondos del BID, que ya habían sido aprobados, llegaran a Haití a menos que el partido mayoritario se sometiera a las exigencias políticas de aceptar una determinada distribución de puestos en un órgano de supervisión electoral del país. Poco después, a instancias de los Estados Unidos, el BID y sus miembros, en lugar de liberar los préstamos como se había planeado, decidieron, en un acto sin precedentes, incluir más condiciones en las que solicitaban que Haití tomara medidas políticas para liberar los fondos. Esto violó la propia carta del BID que prohíbe estrictamente a esa institución y a sus miembros intervenir en los asuntos políticos internos de los Estados miembros.

Los correos electrónicos internos revelan que el asesor legal estadounidense dentro del BID propuso al Departamento del Tesoro estadounidense que, aunque los préstamos no tuvieran ningún obstáculo técnico legítimo, los Estados Unidos podían bloquearlos efectivamente al hacer más lento el proceso. En efecto, al solicitar otro análisis de los préstamos, Haití tendría que realizar pagos programados antes de que los préstamos se desembolsaran siquiera. “Si bien este no es un método seguro para retener los desembolsos del BID”, escribió el asesor, “ciertamente pondrá más obstáculos en el camino”.

En 2001, el entonces embajador de los Estados Unidos en Haití, Dean Curran, pública y explícitamente vinculó la retención de los préstamos del BID con la exigencia de que los partidos políticos de Haití llegaran al arreglo que los Estados Unidos querían.

Estas tácticas funcionaron. Sin los fondos ya prometidos y esperados, Haití se retrasó en los pagos para rembolsar el préstamo; ello desencadenó la aplicación de las políticas del BID que impedían que la institución desembolsara los préstamos. En los años siguientes, los Estados Unidos emplearon más tácticas de dilación al trabajar conjuntamente con el BID para cambiar las metas cada vez que parecía que Haití cumpliría las exigencias impuestas.

Los resultados han sido devastadores. La ciudad de Port-de-Paix, designado hace diez años por el BID como el primer programa debido a la situación particularmente deplorable del agua, sigue sin un proyecto para el agua. Un estudio realizado por Zanmi Lasante , Partners In Health , el Centro de Derechos Humanos Robert F. Kennedy y Global Justice concluyó que no hay fuentes públicas de suministro de agua en la ciudad que funcionen.

Los investigadores encontraron en el 75% de las fuentes de suministro de agua de la ciudad altos niveles de bacterias coliformes, un indicador clave de contaminación fecal. Un alarmante 15% de los hogares informaron que tenían síntomas relacionados probablemente con la tifoidea.

Si los Estados Unidos y otros Estados miembros se adhieren al BID y asumen la responsabilidad de mejorar las condiciones en el continente americano, no pueden utilizar su calidad de miembros para socavar los derechos fundamentales de la gente que dicen servir simplemente para buscar sus propios intereses políticos.

El BID y el gobierno de los Estados Unidos deben responder por sus acciones e implementar los mecanismos de transparencia necesarios que aseguren que tales abusos no se repitan. Las investigaciones y revisiones anuales al Departamento del Tesoro por parte de la Oficina de Supervisión del Gobierno(GAO por sus siglas en inglés) podrían ofrecer la vigilancia necesaria para prevenir en el futuro un mal uso del BID y de sus fondos. La población haitiana, así como los contribuyentes estadounidenses, merecen un sistema que ponga a disposición del público la información sobre los préstamos y proyectos del BID en Haití para asegurar que los Estados Unidos y los Estados miembros del Banco mantengan sus compromisos con el desarrollo y los derechos humanos.

Fuente: www.project-syndicate.org

jueves, 28 de agosto de 2008

El momento Sputnik de Estados Unidos en Beijing

Por: Jamie F. Metzl

Tal vez algún día se recuerde al 8 de agosto de 2008 como el primer día de la era post-norteamericana. O se lo podría recordar como otro "momento Sputnik" cuando, como sucediera con la incursión soviética en el espacio exterior en 1957, el pueblo norteamericano tomó conciencia de que el país había perdido pisada y decidió que era hora de que Estados Unidos recuperara su dirección.

No hubo ningún error de comprensión en el poder y simbolismo de las ceremonias de inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing el 8 de agosto. Ese espectáculo multimediático hizo mucho más que reconstruir la historia de 5.000 años de China; fue una manifestación de que China es una civilización importante que exige y merece el lugar que le corresponde en la jerarquía global.

Tampoco hubo un error de comprensión en el simbolismo de ver al presidente Bush, saludando alegremente con la mano desde su lugar en las gradas mientras el presidente chino, Hu Jintao, estaba sentado detrás de lo que se asemejaba a un trono. Cuesta imaginar que el gobierno de China, obsesionado con cada detalle del protocolo diplomático, no haya orquestado esta imagen sombría de la decadencia de Estados Unidos en relación al país al que le debe 1,4 billones de dólares. Sería difícil imaginar a Franklin Roosevelt o a Ronald Reagan aceptando una posición relativa similar.

Al mismo momento en que Bush agitaba la mano desde la tribuna, Rusia invadía Georgia, el socio más cercano de Estados Unidos en el Cáucaso. El mensaje de Rusia a otros países amigos de Occidente en el ex mundo soviético fue claro: Estados Unidos no los puede proteger.

Inquietantemente, los rusos tal vez tuvieran razón. Mientras que el fangal iraquí hizo que a Estados Unidos le resultara difícil proyectar fuerza en todo el mundo, la creciente deuda de Estados Unidos, sus conflictos con amigos y enemigos por igual, la falta de alguna estrategia perceptible para los tiempos cambiantes y la aparente incapacidad de su sistema político para tomar medidas destinadas a abordar esos desafíos se combinaron para convertir a Estados Unidos en un gigante en problemas.

Hoy, desde Irán hasta Darfur y desde Zimbabwe hasta Georgia, el mundo es testigo de los efectos de un mundo post-norteamericano en ciernes, y el panorama no parece agradable. A pesar de todo lo que valoremos el ascenso de nuevas potencias como China e India, todavía está por verse si estos países serán tan benevolentes como potencias como lo ha sido Estados Unidos, a pesar de sus defectos, en el último medio siglo.

El neo-colonialismo está regresando al Africa, el proyecto global de derechos humanos está en retirada y el sistema de comercio mundial se está volviendo menos abierto. Dictadores brutales no reciben castigo porque sus intereses son protegidos por grandes potencias con participaciones en sus recursos naturales. Revertir esta tendencia no es sólo el interés de Estados Unidos, sino también del mundo.

Para hacerlo, los norteamericanos deben identificar y encarar los grandes desafíos que enfrenta Estados Unidos, empezando de abajo hacia arriba. Reparar la estructura financiera de campaña de Estados Unidos, que lleva a masivas adjudicaciones erróneas de los fondos gubernamentales, resucitar el sistema educativo salvajemente desigual y muchas veces moribundo de Estados Unidos, crear un sistema inmigratorio que reclute activamente a la gente más talentosa de todo el mundo a través de una vía rápida a la ciudadanía estadounidense y desarrollar una política energética nacional que haga avanzar a Estados Unidos mucho más rápidamente hacia una independencia energética serían, todos, pasos importantes en esta dirección.

Trabajar para reconstruir el tradicional consenso de política exterior bipartidario también convertiría a Estados Unidos en un socio mucho más predecible para los amigos y aliados en todo el mundo. Y Estados Unidos debe ser un socio respetuoso si quiere alentar a potencias en ascenso como India y China a desempeñar papeles más constructivos en los asuntos internacionales.

El mundo no está preparado para una era post-norteamericana, y países como China e India deben desempeñar un papel mucho más importante en el fortalecimiento de las instituciones existentes de la paz mundial y, donde corresponda, crear otras nuevas que puedan promover una agenda positiva de seguridad, dignidad, derechos y prosperidad en todo el mundo.

La comunidad mundial todavía no ha llegado a esa instancia y, hasta que lo haga, el mundo necesita un nuevo tipo de líder norteamericano -un líder capaz de inspirar a los norteamericanos a reparar sus problemas en casa y trabajar con sus socios en todo el mundo para promover una agenda común tan audaz y progresista como el orden construido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial hace 60 años.

Las Olimpíadas de Beijing podrían recordarse como un nuevo "momento Sputnik" para Estados Unidos, que inspire al país a enfrentar, de forma significativa, la música de un mundo cambiante. Pero Estados Unidos puede lograrlo sólo si reconoce los grandes desafíos que enfrenta y toma medidas audaces para encararlos, en casa y con sus aliados en el exterior.

Fuente: Project Syndicate

lunes, 25 de agosto de 2008

¿Una nueva dinastía Tang?

Por: Vishakha N Desai

El 8 de agosto de 2008, el mundo contempló maravillado el asombroso espectáculo de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos en Beijing. Vimos el despliegue electrónico de rollos chinos repletos de grandes símbolos históricos y quedamos cautivados por los bailarines que creaban “armonía” usando sus cuerpos como pinceles de tinta china. 2008 estudiantes de artes marciales interpretaron con precisión mecánica movimientos de una antigüedad milenaria, mientras los seres celestiales volanderos y el galopante portador de la antorcha creaban la sensación de una morada celestial en la Tierra.

Hubo otra época en que China deslumbró al mundo en su umbral: la dinastía Tang (618-907), con frecuencia considerada la edad de oro de China, cuando fue en verdad el “Reino de en medio” en el centro del Universo. Su capital, Chang An (la actual Xian) era una ciudad de talla mundial; llegaban a ella visitantes de todo el mundo y quedaban deslumbrados por su riqueza, belleza y poder. Sus emperadores usaban plata de Persia, cristal de Europa, piedras preciosas del Asia central y utensilios de oro de la India. China, abierta, segura de sí misma y cosmopolita, conectaba fácilmente con el mundo, adoptaba nuevas ideas y proyectaba sus creaciones propias. No es de extrañar que a veces los estudiosos chinos se refieran a la China actual como la nueva Dinastía Tang.

De hecho, cuando se adjudicaron los Juegos Olímpicos a China en 2001, la agencia oficial de noticias de este país, Xinhua, lo llamó un “hito en la categoría internacional en ascenso de China y un acontecimiento memorable en el gran renacimiento de la nación china”. Los funcionarios y artistas chinos han trabajado incansablemente durante siete años para hacer de ese sueño de un “renacimiento” una realidad resplandeciente y han superado todas las previsiones, pero, ¿cómo debemos entender las consecuencias más amplias de la ceremonia de inauguración tanto para China como para el mundo exterior?

En primer lugar, la buena noticia. En consonancia con los recientes esfuerzos de China para proyectar su poder “blando”, la ceremonia de inauguración dio idea de una cultura histórica, pero dinámica, en su mejor momento. Aparte de la presencia de algunos soldados del Ejército Popular de Liberación, habría costado mucho encontrar prueba visible alguna del régimen comunista reinante o de su fundador, Mao Zedong.

Igualmente significativa fue la proyección de China como una de las cabezas naciente del nuevo orden cultural internacional. El estadio en forma de nido de aves fue la creación del equipo multinacional de diseño de Herzog & De Meuron, con aportaciones del artista plástico Ai Weiwei. Muchos artistas participantes en la creación del espectáculo, incluido el especialista en fuegos artificiales Cai Guo Qiang, la estrella de la danza Shen Wei y el compositor Tan Dun, se granjearon su fama primordialmente en Occidente. Incluso Zhang Yimou, el principal organizador del espectáculo, se hizo famoso en Occidente gracias a sus primeras películas, en las que describía la dura vida de una joven China moderna.

Está claro que los funcionarios chinos habían llegado a la conclusión de que esos destacados representantes de la escena artística internacional y miembros de la diáspora debían ser reivindicados ahora como parte de China. La capacidad de esos artistas para tender puentes entre las tradiciones de Oriente y Occidente y crear un nuevo espacio para la creatividad que pueda transcender las especificidades culturales del pasado en pro de un nuevo futuro combinado se podía asociar directamente con las aspiraciones mundiales de China. Como los artistas y su arte, el país podía alzarse por encima de las dicotomías antiguo-nuevo, pasado-presente y tradicional-moderno para proyectar una imagen apropiada para nuestra era mundializante.

No es de extrañar que los dirigentes chinos tuvieran mucho interés en evitar cualquier referencia a los dos últimos siglos de luchas y humillación o a su problemático panorama político y a las cuestiones comerciales espinosas. Al mismo tiempo, se podría sostener que el espectáculo de la ceremonia de inauguración iba encaminado a superar la humillación histórica de China por Occidente y señalar un nuevo capítulo. El “dragón dormido”, como Napoleón calificó a China a comienzos del siglo XIX, estaba ahora totalmente despierto y listo para lanzarse hacia el nuevo mundo. Como durante la dinastía Tang, las artes y la cultura estaban en el centro del escenario y reflejaban la proeza económica y el poder político del país.

Pero tan fastuoso espectáculo dejó también dudas sin despejar. ¿Por qué ese empuje para demostrar al mundo que éstos habían de ser los mejores Juegos Olímpicos de la Historia? (Las autoridades chinas presionaron incluso al Comité Olímpico Internacional para que hiciera una declaración en ese sentido al final de los Juegos.) Algunos han indicado que ese esfuerzo constituye una señal de inseguridad.

Conviene observar también que, si bien Mao ha estado llamativamente ausente en los Juegos Olímpicos, su legado comunista ha estado presente de formas sutiles. La incesante insistencia en la presencia “armoniosa” de grandes grupos de intérpretes no dejó margen para voces individuales (incluso la joven cantante Lin Miaoke, como ahora sabemos, no cantó con su propia voz). Resulta irónico que, mientras que los chinos más jóvenes (productos de la política de un solo hijo de China) están obsesionados con las afirmaciones estilísticas personales, el espectáculo de la ceremonia de inauguración consistiera en una expresión colectiva al servicio del Estado.

Los intelectuales chinos siempre han sido conscientes de esa tensión entre la creatividad individual y la voluntad colectiva. ¿Cómo conciliará la nueva China esas dos necesidades contradictorias?

Mientras contemplamos la posible llegada de la nueva dinastía Tang en China, debemos recordar el mensaje del poeta de la antigua dinastía Tang, Po Chü-i (772-846 a.C.):

Una cacatúa roja enviada
Como regalo desde Annam,
Colorada como la flor del pérsico,
Capaz de usar el lenguaje humano,
Y le hicieron lo que siempre se hace
Con los cultos y elocuentes.
Cogieron una jaula con fuertes
Barrotes y la encerraron dentro.

Fuente: Project Syndicate

El miedo y el lento deterioro

Por: Paul Krugman

Hace un año, cuando empezaban a percibirse los primeros signos de la actual crisis financiera, yo insinué que esta crisis, a diferencia de la de 1998, similar a primera vista, no acabaría rápidamente. Y no lo ha hecho. La buena noticia, supongo, es que hemos experimentado un deterioro a cámara lenta, por así decirlo, sin Viernes Negros y demás. La forma paulatina en que se ha desarrollado la crisis ha dado pie a un debate sin sentido entre los economistas sobre si lo que estamos sufriendo merece realmente llamarse recesión. Pero incluso una crisis lenta puede causar mucho daño si dura más de un año.

Los precios de la vivienda descendieron cerca del 16% el año pasado, y no dan señales de que vayan a estabilizarse. Los perjuicios de esta bajada se han sentido ampliamente: hay millones de familias estadounidenses que no compraron activos hipotecarios y que no han perdido sus casas, pero que no obstante son más pobres por culpa de la destrucción de buena parte o la totalidad del aval crediticio que les aporta su vivienda.

Entretanto, el mercado de trabajo se ha deteriorado aún más de lo que podría suponerse observando el salto que ha dado la tasa de desempleo que vemos en los titulares. La valoración más amplia del desempleo, que tiene en cuenta el número rápidamente creciente de trabajadores obligados a aceptar recortes en las horas pagadas y en los salarios, ha aumentado del 8,3% al 10,3% en el último año, alcanzando aproximadamente el techo al que llegó hace cinco años. Y no se vislumbra el final.

Desde el pasado septiembre, Ben Bernanke y sus colaboradores de la Reserva Federal han bajado repetidamente los tipos de interés que controlan. Pero no han conseguido reducir los costes de los préstamos para el sector privado. Los intereses hipotecarios son aproximadamente los mismos que el verano pasado, y los tipos de interés que muchas empresas tienen que pagar han subido de hecho. Por lo tanto, la política de la Reserva Federal no ha servido para fomentar la inversión privada.

El problema es el miedo: la financiación del sector privado se ha agotado porque los inversores, quemados por las pérdidas sufridas en activos financieros que supuestamente eran seguros, se muestran ahora reacios a comprar nada que no esté garantizado por el Gobierno estadounidense. Y la proliferación de medidas de rescate especiales —el TAF

[Mecanismo de subasta de bonos con vencimiento fijo], el TSLF

[Mecanismo de préstamo de valores con vencimiento fijo] y el acuerdo Bear Stearns— tal vez haya servido para evitar el pánico ciego, pero no ha conseguido ni de lejos restaurar la confianza. Ah, y esas devoluciones de impuestos que el Congreso y la Casa Blanca acordaron enviar por correo ya han hecho todo lo que podían hacer. Mirando al futuro, es difícil ver cómo pueden los consumidores seguir gastando aunque sea al ritmo actual, lo cual significa que probablemente las cosas empeorarán considerablemente antes de que empiecen a mejorar.

¿Qué más puede hacer la política? La Reserva Federal prácticamente ha agotado su munición: nadie cree que unos nuevos recortes de los tipos de interés sirvan para mucho. Y nada puede o debería hacerse para sostener el precio de las viviendas, que sigue estando demasiado alto después de ajustar la inflación. Washington tampoco puede evitar que continúe la escasez de créditos: las instituciones financieras, excesivamente grandes y con poco capital, tienen que controlar sus préstamos, y no es realista esperar que el sector público cargue con el muerto, en especial cuando instituciones semipúblicas también tienen problemas. Sin embargo, es recomendable establecer otro conjunto de estímulos fiscales más serios, como modo de sostener el empleo mientras los mercados superan los efectos secundarios de la burbuja inmobiliaria. El "plan económico de emergencia" anunciado por Barack Obama es un paso en la dirección adecuada, aunque sería preferible que fuera mayor y más audaz. Aun así, Obama ofrece más que John McCain, cuya política económica equivale principalmente a "mantener el rumbo".

Por cierto, es sorprendente que la mala situación económica no haya tenido todavía más impacto en la campaña. McCain propone en esencia mantener las políticas de un presidente cuyo índice de aprobación en economía es sólo del 20%. Entonces, ¿por qué Obama no le adelanta más en las encuestas?

Una de las respuestas podría ser que Obama, a quien a lo mejor inhibe su deseo de superar las líneas partidistas (¿y evitar elogiar al anterior presidente demócrata?), se ha mostrado sorprendentemente reacio a atacar el historial económico de Bush. Un ejemplo: si vamos a la página oficial de Obama en Internet y entramos en la sección de asuntos económicos, lo primero que vemos no es un llamamiento al cambio, sino una larga cita del candidato exaltando las maravillas del libre mercado, que fácilmente podría haber salido de un discurso del presidente Bush.

En todo caso, volvamos a la economía. Hace un año titulé una de estas columnas sobre las primeras fases de la crisis económica Cosas que dan mucho miedo. Un año después, con la crisis todavía en marcha, está claro que tenía razones para estar asustado.

Fuente: www.nytsyn.com

"Sin reglas, el capitalismo se destruirá"

Entrevista a George Soros.

Multimillonario, activista político y filántropo, George Soros advierte sobre la necesidad de controlar mejor los mercados financieros y de poner límites a los abusos de la especulación. Afirma que el mundo se dirige hacia la peor crisis desde los años 30 y no duda en pronunciarse a favor de Barack Obama: su elección, dice, "sería algo positivo para el mundo"

El hombre que hizo temblar el sistema monetario europeo con sus malabarismos financieros, dueño de una de las mayores fortunas del mundo, hace tiempo que se ha reconvertido en filántropo y activista político. Nadie mejor que él, por lo tanto, para emitir un diagnóstico sobre la crisis económica que afecta a buena parte del Primer Mundo y sugerir soluciones.

George Soros, nacido en Budapest hace 78 años, se ganó la vida como empleado de baños públicos y como mozo antes de hacerse un lugar como broker en Wall Street, para lo que estudió filosofía y economía en la London School of Economics. Desde finales de los años 60 dirige su propio fondo de inversiones. Saltó a la fama en 1992, cuando sus movimientos especulativos forzaron al Banco de Inglaterra a devaluar la libra esterlina, operación con la que ganó 1000 millones de dólares. Hoy, su fortuna está valuada en cerca de 9000 millones de dólares.

—Señor Soros, ¿cómo se siente un especulador en días como los que estamos viviendo?

—(Vacila, finalmente sonríe.) No es algo fácil, pero cuando la gente me pregunta a qué me dedico, sigo contestando: "Sí, soy especulador". Especulo en el terreno de las finanzas, pero también en el de las actividades benéficas y en el de la filosofía. Y en este último sentido es en el que más orgulloso me siento de ser un especulador.

—Los mercados financieros internacionales, en los que usted ha ganado miles de millones en estos últimos años, fueron calificados por Horst Köhler, presidente de la República Federal de Alemania, como "un monstruo". ¿Se siente concernido por esa crítica?

—(Vuelve a dudar.) Probablemente haya algo de verdad en esa afirmación. Para ser claro, soy un especulador, pero no defiendo la especulación actual...

—¿Cómo hay que interpretar estas palabras?

—Yo me atengo a las reglas. Y llevo tiempo pidiendo que se mejore el control de los mercados financieros, los criterios para la concesión de créditos, por ejemplo. En ese sentido, el presidente alemán tiene razón. Tenemos que regular mejor el capitalismo, de una vez por todas. Si no lo hacemos, él mismo se acabará destruyendo, nos destruiremos todos.

—Parece que ya está pasando: los precios del petróleo y de los alimentos básicos están por las nubes. El Estado de bienestar se encuentra amenazado en los países desarrollados, y en los países pobres ya se han producido huelgas y protestas. ¿Los especuladores están conduciendo al mundo a la próxima gran crisis?

—Es cierto en parte. Cualquier forma de especulación se basa también en la realidad. Tomemos el ejemplo del petróleo: hay gran cantidad de motivos objetivos para que su precio siga subiendo.

—¿Por ejemplo?

—Oferta y demanda. Muchos campos petrolíferos son viejos, su producción se está reduciendo parcialmente, por ejemplo en México y Arabia Saudita, los principales suministradores de Occidente. Esto hace que la oferta sea menor. Además, muchos productores prefieren conservar sus reservas bajo tierra pues confían en que los precios seguirán subiendo. A esto hay que sumarle la demanda de países como China y la India. Y los precios elevados ayudan a estabilizar regímenes autoritarios y corruptos como los de Venezuela, Irán o Rusia. Es como la maldición de las materias primas. Es algo realmente perverso.

—Así que, en realidad, los especuladores son inocentes

—No, por supuesto que no. Los especuladores han creado la burbuja sobre la que descansa todo. Han tirado de los precios hacia arriba con sus expectativas, con sus especulaciones sobre el futuro, y sus actividades han alterado los precios, los han deformado, sobre todo en el campo de las materias primas. Es como acaparar alimentos en época de hambruna para beneficiarse con la previsible subida de los precios. Esto no debería permitirse. Por eso yo pido que se les prohíba a los grandes fondos de pensiones estadounidenses invertir en materias primas. Los fondos de inversión también deberían atenerse a unos requisitos mínimos si quieren invertir en materias primas. La carrera actual por hacerse con ellas me recuerda una idea recurrente hace 20 años. En aquella época, todos estaban locos por las llamadas "carteras de seguros". Al final, los inversores acabaron desequilibrando el mercado. Se cometieron excesos que terminaron en la crisis bursátil de 1987.

—¿No nos encontramos ahora ante la amenaza de una crisis semejante?

—Nos estamos adentrando en la crisis financiera más profunda desde los años 30. En los últimos tiempos hemos visto cómo estallaban varias burbujas, como la de las acciones tecnológicas y, más recientemente, la del mercado inmobiliario. En este último sector, la crisis aún no se ha manifestado en toda su magnitud. Creo que todavía no hemos visto ni la mitad de la caída de precios. En el próximo año habrá más de dos millones de propietarios incapaces de pagar sus hipotecas. Ya se está produciendo una enorme destrucción de patrimonio.

—Usted ha llegado a hablar de una "superburbuja"...

—Sí. Empezó a formarse en 1980, cuando se asentó la ideología del fundamentalismo del mercado.

—De acuerdo con la cual los mercados debían autorregularse, había que rechazar el intervencionismo estatal y eliminar las limitaciones.

—Había que confiarlo todo a la libre interacción de las fuerzas económicas. En realidad no fue un descubrimiento estadounidense. Comenzó en Gran Bretaña con Margaret Thatcher y fue llevado a Estados Unidos por el republicano Ronald Reagan. El presidente Reagan llegó a hablar de "la magia del mercado". Ni qué decir tiene que muchos lo consideran una especie de santo. Pero los tan alabados mercados empezaron a cometer toda clase de excesos que ya no podían ser controlados. Los tipos de interés eran tan bajos en Estados Unidos que los bancos animaban a los ciudadanos a que cada vez pidieran más dinero prestado. Es algo sorprendente, casi irresponsable. Al mismo tiempo existía la confianza de que el Estado intervendría cuando las cosas se pusiesen feas.

—Como en el caso del derrumbe del banco de inversiones norteamericano Bear Sterns, hace sólo unos meses. El banco central estadounidense inyectó miles de millones en el sistema bancario para impedir nuevos desastres.

—Sí, así se les salvó el pellejo; prácticamente se compró su libertad. Sin embargo, el supuesto boom acabó convirtiéndose en una crisis. Y eso es lo que estamos viviendo ahora: el final de un súper boom, el fracaso de una ideología equivocada. Estamos asistiendo al final de la sociedad de bienestar, al final de una era.

—¿Hasta qué punto está enferma la economía estadounidense?

—Creo que la recesión es inevitable. Estados Unidos prácticamente ha absorbido el dinero de la economía mundial durante años porque el dólar era la divisa base y también una divisa de reserva. Nos hemos dedicado sobre todo a pedir prestado dinero, hemos consumido más de lo que hemos producido y estamos endeudados. Pero el dólar es cada vez menos una divisa de reserva. Los precios suben, las crisis inmobiliaria y crediticia penden sobre nosotros como una espada de Damocles. Apenas tenemos margen de maniobra. Y Europa también ha cometido errores: ha subido los tipos de interés por miedo a la inflación. No es una medida inteligente. Es cierto que la recesión parte de Estados Unidos, pero los europeos están a punto de importarla.

—¿Es este el legado de la Administración Bush? Fue él quien definió la crisis económica como "un momento interesante"...

—Critico a Bush por muchos aspectos de su política, pero en este campo ha sido sólo un alumno aplicado. Su peor legado es la llamada "guerra contra el terrorismo", fue el pretexto ideal para la guerra contra Irak. Bush socavó nuestros derechos civiles y los fundamentos de nuestra Constitución.

—Usted afirma que Estados Unidos es el mayor obstáculo para conseguir un orden mundial estable y justo.

—Sí, y lo peor es el abuso del concepto de democracia por parte de Bush. A lo largo de mi ya larga vida he dedicado la mitad de mi fortuna a fomentar la democracia en el mundo...

—Ha invertido miles de millones de dólares en su Instituto de la Sociedad Abierta...

— Y he aprendido que la gente debe buscar su propio camino hacia la democracia. En el mejor de los casos, sólo se les puede ayudar a encontrarlo. Pero la democracia no se puede imponer. Bush ha abusado de los principios de la democracia. Ese es su legado.

—Sólo le quedan unos meses en el cargo. ¿Con qué sucesor especula George Soros?

—Si dependiera de ustedes, los europeos, la elección sería clara: Barack Obama.

—¿Sería una buena elección?

—Sí. Barack Obama es una personalidad extraordinaria. Tiene el potencial para transformar Estados Unidos. Lo demuestra su propia carrera, su vida de ciudadano negro en una sociedad blanca, sus esfuerzos por buscar la reconciliación. Tiene la capacidad para afrontar los grandes problemas del país. El día de las elecciones, a la gente sólo le interesa una cosa: su puesto de trabajo, la crisis inmobiliaria. Todo girará en torno a la economía.

—Muchos dudan de que Estados Unidos acabe eligiendo a un negro como presidente.

—Creo que está preparado. Y sería algo positivo para el mundo. Obama posee una buena comprensión del mundo, de lo que otras personas sienten, de cómo viven. Y Estados Unidos necesita urgentemente esta comprensión del resto del mundo. Además, los republicanos han perdido todo su prestigio.

—Sin embargo, John McCain, el antiguo héroe de guerra, parece tener posibilidades.

—Lo respeto, respeto su historia. Pero es prácticamente un fósil. No, está demasiado anclado en el pasado. Es como elegir a Herbert Hoover...

— Aquello ocurrió en 1929 y terminó en la Gran Depresión.

—No tengo ninguna duda de que John McCain es un buen hombre. Simplemente no es la persona adecuada para esta época.

*George Soros nació en Budapest en 1930. En tiempos del nazismo huyó de su país y se trasladó a Inglaterra. Allí se graduó en la London School of Economics y, posteriormente, se instaló en Estados Unidos. Reconocido promotor de la filantropía desde hace dos décadas, es el fundador del Open Society Institute, fundación dedicada a impulsar reformas sociales, económicas y legales. Es autor de numerosos ensayos y artículos, así como de nueve libros.

Fuente: www.abc.es

"Sin reglas, el capitalismo se destruirá"

Entrevista a George Soros.

Multimillonario, activista político y filántropo, George Soros advierte sobre la necesidad de controlar mejor los mercados financieros y de poner límites a los abusos de la especulación. Afirma que el mundo se dirige hacia la peor crisis desde los años 30 y no duda en pronunciarse a favor de Barack Obama: su elección, dice, "sería algo positivo para el mundo"

El hombre que hizo temblar el sistema monetario europeo con sus malabarismos financieros, dueño de una de las mayores fortunas del mundo, hace tiempo que se ha reconvertido en filántropo y activista político. Nadie mejor que él, por lo tanto, para emitir un diagnóstico sobre la crisis económica que afecta a buena parte del Primer Mundo y sugerir soluciones.

George Soros, nacido en Budapest hace 78 años, se ganó la vida como empleado de baños públicos y como mozo antes de hacerse un lugar como broker en Wall Street, para lo que estudió filosofía y economía en la London School of Economics. Desde finales de los años 60 dirige su propio fondo de inversiones. Saltó a la fama en 1992, cuando sus movimientos especulativos forzaron al Banco de Inglaterra a devaluar la libra esterlina, operación con la que ganó 1000 millones de dólares. Hoy, su fortuna está valuada en cerca de 9000 millones de dólares.

—Señor Soros, ¿cómo se siente un especulador en días como los que estamos viviendo?

—(Vacila, finalmente sonríe.) No es algo fácil, pero cuando la gente me pregunta a qué me dedico, sigo contestando: "Sí, soy especulador". Especulo en el terreno de las finanzas, pero también en el de las actividades benéficas y en el de la filosofía. Y en este último sentido es en el que más orgulloso me siento de ser un especulador.

—Los mercados financieros internacionales, en los que usted ha ganado miles de millones en estos últimos años, fueron calificados por Horst Köhler, presidente de la República Federal de Alemania, como "un monstruo". ¿Se siente concernido por esa crítica?

—(Vuelve a dudar.) Probablemente haya algo de verdad en esa afirmación. Para ser claro, soy un especulador, pero no defiendo la especulación actual...

—¿Cómo hay que interpretar estas palabras?

—Yo me atengo a las reglas. Y llevo tiempo pidiendo que se mejore el control de los mercados financieros, los criterios para la concesión de créditos, por ejemplo. En ese sentido, el presidente alemán tiene razón. Tenemos que regular mejor el capitalismo, de una vez por todas. Si no lo hacemos, él mismo se acabará destruyendo, nos destruiremos todos.

—Parece que ya está pasando: los precios del petróleo y de los alimentos básicos están por las nubes. El Estado de bienestar se encuentra amenazado en los países desarrollados, y en los países pobres ya se han producido huelgas y protestas. ¿Los especuladores están conduciendo al mundo a la próxima gran crisis?

—Es cierto en parte. Cualquier forma de especulación se basa también en la realidad. Tomemos el ejemplo del petróleo: hay gran cantidad de motivos objetivos para que su precio siga subiendo.

—¿Por ejemplo?

—Oferta y demanda. Muchos campos petrolíferos son viejos, su producción se está reduciendo parcialmente, por ejemplo en México y Arabia Saudita, los principales suministradores de Occidente. Esto hace que la oferta sea menor. Además, muchos productores prefieren conservar sus reservas bajo tierra pues confían en que los precios seguirán subiendo. A esto hay que sumarle la demanda de países como China y la India. Y los precios elevados ayudan a estabilizar regímenes autoritarios y corruptos como los de Venezuela, Irán o Rusia. Es como la maldición de las materias primas. Es algo realmente perverso.

—Así que, en realidad, los especuladores son inocentes

—No, por supuesto que no. Los especuladores han creado la burbuja sobre la que descansa todo. Han tirado de los precios hacia arriba con sus expectativas, con sus especulaciones sobre el futuro, y sus actividades han alterado los precios, los han deformado, sobre todo en el campo de las materias primas. Es como acaparar alimentos en época de hambruna para beneficiarse con la previsible subida de los precios. Esto no debería permitirse. Por eso yo pido que se les prohíba a los grandes fondos de pensiones estadounidenses invertir en materias primas. Los fondos de inversión también deberían atenerse a unos requisitos mínimos si quieren invertir en materias primas. La carrera actual por hacerse con ellas me recuerda una idea recurrente hace 20 años. En aquella época, todos estaban locos por las llamadas "carteras de seguros". Al final, los inversores acabaron desequilibrando el mercado. Se cometieron excesos que terminaron en la crisis bursátil de 1987.

—¿No nos encontramos ahora ante la amenaza de una crisis semejante?

—Nos estamos adentrando en la crisis financiera más profunda desde los años 30. En los últimos tiempos hemos visto cómo estallaban varias burbujas, como la de las acciones tecnológicas y, más recientemente, la del mercado inmobiliario. En este último sector, la crisis aún no se ha manifestado en toda su magnitud. Creo que todavía no hemos visto ni la mitad de la caída de precios. En el próximo año habrá más de dos millones de propietarios incapaces de pagar sus hipotecas. Ya se está produciendo una enorme destrucción de patrimonio.

—Usted ha llegado a hablar de una "superburbuja"...

—Sí. Empezó a formarse en 1980, cuando se asentó la ideología del fundamentalismo del mercado.

—De acuerdo con la cual los mercados debían autorregularse, había que rechazar el intervencionismo estatal y eliminar las limitaciones.

—Había que confiarlo todo a la libre interacción de las fuerzas económicas. En realidad no fue un descubrimiento estadounidense. Comenzó en Gran Bretaña con Margaret Thatcher y fue llevado a Estados Unidos por el republicano Ronald Reagan. El presidente Reagan llegó a hablar de "la magia del mercado". Ni qué decir tiene que muchos lo consideran una especie de santo. Pero los tan alabados mercados empezaron a cometer toda clase de excesos que ya no podían ser controlados. Los tipos de interés eran tan bajos en Estados Unidos que los bancos animaban a los ciudadanos a que cada vez pidieran más dinero prestado. Es algo sorprendente, casi irresponsable. Al mismo tiempo existía la confianza de que el Estado intervendría cuando las cosas se pusiesen feas.

—Como en el caso del derrumbe del banco de inversiones norteamericano Bear Sterns, hace sólo unos meses. El banco central estadounidense inyectó miles de millones en el sistema bancario para impedir nuevos desastres.

—Sí, así se les salvó el pellejo; prácticamente se compró su libertad. Sin embargo, el supuesto boom acabó convirtiéndose en una crisis. Y eso es lo que estamos viviendo ahora: el final de un súper boom, el fracaso de una ideología equivocada. Estamos asistiendo al final de la sociedad de bienestar, al final de una era.

—¿Hasta qué punto está enferma la economía estadounidense?

—Creo que la recesión es inevitable. Estados Unidos prácticamente ha absorbido el dinero de la economía mundial durante años porque el dólar era la divisa base y también una divisa de reserva. Nos hemos dedicado sobre todo a pedir prestado dinero, hemos consumido más de lo que hemos producido y estamos endeudados. Pero el dólar es cada vez menos una divisa de reserva. Los precios suben, las crisis inmobiliaria y crediticia penden sobre nosotros como una espada de Damocles. Apenas tenemos margen de maniobra. Y Europa también ha cometido errores: ha subido los tipos de interés por miedo a la inflación. No es una medida inteligente. Es cierto que la recesión parte de Estados Unidos, pero los europeos están a punto de importarla.

—¿Es este el legado de la Administración Bush? Fue él quien definió la crisis económica como "un momento interesante"...

—Critico a Bush por muchos aspectos de su política, pero en este campo ha sido sólo un alumno aplicado. Su peor legado es la llamada "guerra contra el terrorismo", fue el pretexto ideal para la guerra contra Irak. Bush socavó nuestros derechos civiles y los fundamentos de nuestra Constitución.

—Usted afirma que Estados Unidos es el mayor obstáculo para conseguir un orden mundial estable y justo.

—Sí, y lo peor es el abuso del concepto de democracia por parte de Bush. A lo largo de mi ya larga vida he dedicado la mitad de mi fortuna a fomentar la democracia en el mundo...

—Ha invertido miles de millones de dólares en su Instituto de la Sociedad Abierta...

— Y he aprendido que la gente debe buscar su propio camino hacia la democracia. En el mejor de los casos, sólo se les puede ayudar a encontrarlo. Pero la democracia no se puede imponer. Bush ha abusado de los principios de la democracia. Ese es su legado.

—Sólo le quedan unos meses en el cargo. ¿Con qué sucesor especula George Soros?

—Si dependiera de ustedes, los europeos, la elección sería clara: Barack Obama.

—¿Sería una buena elección?

—Sí. Barack Obama es una personalidad extraordinaria. Tiene el potencial para transformar Estados Unidos. Lo demuestra su propia carrera, su vida de ciudadano negro en una sociedad blanca, sus esfuerzos por buscar la reconciliación. Tiene la capacidad para afrontar los grandes problemas del país. El día de las elecciones, a la gente sólo le interesa una cosa: su puesto de trabajo, la crisis inmobiliaria. Todo girará en torno a la economía.

—Muchos dudan de que Estados Unidos acabe eligiendo a un negro como presidente.

—Creo que está preparado. Y sería algo positivo para el mundo. Obama posee una buena comprensión del mundo, de lo que otras personas sienten, de cómo viven. Y Estados Unidos necesita urgentemente esta comprensión del resto del mundo. Además, los republicanos han perdido todo su prestigio.

—Sin embargo, John McCain, el antiguo héroe de guerra, parece tener posibilidades.

—Lo respeto, respeto su historia. Pero es prácticamente un fósil. No, está demasiado anclado en el pasado. Es como elegir a Herbert Hoover...

— Aquello ocurrió en 1929 y terminó en la Gran Depresión.

—No tengo ninguna duda de que John McCain es un buen hombre. Simplemente no es la persona adecuada para esta época.

*George Soros nació en Budapest en 1930. En tiempos del nazismo huyó de su país y se trasladó a Inglaterra. Allí se graduó en la London School of Economics y, posteriormente, se instaló en Estados Unidos. Reconocido promotor de la filantropía desde hace dos décadas, es el fundador del Open Society Institute, fundación dedicada a impulsar reformas sociales, económicas y legales. Es autor de numerosos ensayos y artículos, así como de nueve libros.

Fuente: www.abc.es

viernes, 22 de agosto de 2008

El poder de los partidos

Por: Claudio Fuentes, Director de FLACSO-Chile
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Los actores políticos no cesan de buscar fórmulas para fortalecer el rol de los partidos. Hace poco, el gobierno envió una propuesta al Congreso proponiendo la pérdida del escaño para aquellos parlamentarios electos que renunciaran al partido por el cual habían competido en las elecciones. Y la semana pasada tuvo que escogerse a quien ocuparía el escaño que quedó vacante tras el fallecimiento del diputado Juan Bustos (PS). La reforma constitucional de 2005 -aprobada con los votos de la oposición y el gobierno- estableció que le correspondía a los partidos definir el reemplazo en caso de vacancia de un representante de la ciudadanía.
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¿Resulta adecuada esta estrategia para fortalecer la democracia? Estimo que no. En un marco de partidos con precarios mecanismos de democracia interna, lo que estas iniciativas hacen es alejar todavía más a la ciudadanía de la representación política. Se fortalecería la democracia si, por ejemplo, se convocara a nuevas elecciones dentro del distrito de producirse una vacante. Si las autoridades del Congreso representan a un determinado territorio, lo esperable es que la ciudadanía de ese mismo territorio pueda definir al reemplazante.
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Algunos sistemas políticos establecen la modalidad de "suplentes" que son definidos en listas cuando se compite en una elección. En otros casos, la fórmula elegida para reemplazar a un representante es la convocatoria a elecciones inmediatas. Una democracia sin partidos corre un serio peligro. Sin embargo, la exigencia contemporánea es que dichos partidos puedan representar los intereses presentes en la sociedad. Otorgarle atribuciones a los partidos sin considerar a quienes ellos representan es el mejor prefacio para su muerte.
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Sabida es la distancia entre la ciudadanía y la política. Las encuestas muestran el descrédito de los partidos, la apatía de la ciudadanía por participar de instancias políticas y el fuerte cuestionamiento que existe respecto del rol que cumplen los partidos en posiciones de poder. Aquella distancia no es particular de Chile ni de este preciso momento político. Comparativamente, otras democracias mucho más consolidadas que la nuestra evidencian esa misma brecha y es muy probable que nuestros padres y abuelos criticaran de igual manera al sistema político.
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El problema es otro. No debiese preocuparnos tanto la distancia entre ciudadanos y partidos -que es probable que se mantenga e incremente en forma oscilante-, sino la existencia o no de vasos comunicantes entre una esfera y otra. En los últimos años se ha advertido una recuperación de los niveles de actividad social, pero ella tiende a ocurrir fuera del espacio de los partidos. No sería aconsejable ni deseable que los partidos coopten a estas nuevas expresiones sociales. El desafío para los partidos -como intermediarios entre la sociedad y el Estado- es hacerse cargo de las demandas sociales incorporándolas en sus agendas y abriendo oportunidades para el debate político y social. Una estructura de partidos más abierta es capaz de captar nuevas sensibilidades y conflictos emergentes.
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Lo anterior no ocurre en Chile y el marco legal no favorece aquella necesaria interacción entre partidos y sociedad. Desde el retorno a la democracia prácticamente la totalidad de los partidos se han constituido en grupos cerrados, organizados a partir de "lotes" y que más que promover agendas programáticas han buscado mantener y ampliar sus bases de poder interno. La legislación de partidos heredada del régimen militar favorece precisamente este esquema de funcionamiento cerrado.
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Fuente: FLACSO-Chile

martes, 19 de agosto de 2008

El clima de la seguridad

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Si bien George W. Bush ha comenzado a admitir los riesgos del cambio climático global, su administración no tomó la delantera en el tema durante ocho años. Esto puede cambiar después de las elecciones norteamericanas de 2008. Ambos candidatos presidenciales, Barack Obama y John McCain, prometen tomarse el cambio climático más seriamente.
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Las emisiones de dióxido de carbono, un gas de tipo invernadero que se acumula en la atmósfera y es una causa importante de las crecientes temperaturas, es un producto derivado de una amplia gama de actividades económicas normales. Y, como las emisiones de CO2 son lo que los economistas llaman una “externalidad negativa” –los emisores no cargan con el costo total del daño que causan-, existe pocos incentivos para reducirlas.
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El consumo de cigarrillo es un ejemplo similar: los que no fuman deben cargar con parte de los costos incrementados de la atención sanitaria que impone el hábito de fumar. Pero, a diferencia del consumo de cigarrillo, que se puede desalentar a través de impuestos y regulaciones, no existe ningún gobierno global que regule las excesivas emisiones de CO2, y los países se sienten tentados de dejarle el remedio a otros. Es más, algunos países, como Rusia, que podrían beneficiarse económicamente si Siberia fuera más cálida, tienen diferentes incentivos que países como Bangladesh, un país pobre que probablemente termine inundado como consecuencia de los crecientes niveles del mar que acompañarán el calentamiento global.
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Algunos científicos predicen que el cambio climático causará serios problemas, como desastres naturales vinculados con el clima, sequías y hambrunas, que pueden derivar en una cuantiosa pérdida de vida. El calentamiento global entre 1,6 y 2,8 grados Celsius en las próximas tres décadas haría crecer los niveles del mar en medio metro.
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Este es un cálculo conservador, y si el calentamiento avanza más rápidamente por la pérdida de la reflectividad del hielo del Artico y la liberación de CO2 y metano del permafrost que se derrite, los crecientes niveles del mar podrían conducir al sumergimiento de islas bajas y, por ende, amenazar la supervivencia de naciones enteras. Al mismo tiempo, en Africa y Asia central, el agua se volverá más escasa y las sequías reducirán el suministro de alimentos.
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Los shocks externos producidos por el cambio climático afectarán directamente a las economías avanzadas. Si los crecientes niveles del mar inundan las Islas Maldivas, los efectos del cambio climático serían tan devastadores como una bomba nuclear, y hasta para Estados Unidos y Europa, el daño ocasionado, digamos en Florida u Holanda, podría ser igualmente costoso.
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Pero estos shocks externos también pueden tener efectos indirectos al agravar las disparidades entre países desarrollados y en desarrollo y crear incentivos adicionales para la migración masiva a regiones ricas, menos afectadas y más adaptables. Por otra parte, el cambio climático ejercerá presión sobre los gobiernos débiles en los países pobres, y puede generar un incremento en la cantidad de estados fallidos así como convertirse en una fuente indirecta de conflicto internacional. El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, sostuvo en 2007 que el conflicto de Darfur “empezó como una crisis ecológica, que surgió en parte del cambio climático”.
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Este tipo de efectos directos e indirectos de la actividad humana, si bien no tienen intenciones malevolentes como el terrorismo, son un argumento para la ampliación de nuestro concepto de seguridad y la adopción de nuevas políticas.
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Existen dos instrumentos básicos para reducir las emisiones de carbono y, por ende, mitigar el calentamiento global. La innovación tecnológica y la mayor eficiencia energética tienen un potencial considerable. Por ejemplo, el secuestro de carbono permite la captura y el almacenamiento de carbono en formaciones geológicas subterráneas y mares profundos. Por lo tanto, se libera menos CO2 a la atmósfera.
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Pero la innovación tecnológica por sí sola tal vez no sea suficiente. El otro instrumento básico incluye incentivos y desincentivos económicos. El llamado sistema de intercambio de emisiones apunta a controlar las emisiones de carbono asignando permisos comerciables. También se propuso un impuesto al carbono como un método para reducir el consumo de combustibles fósiles.
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No todos adoptarán este tipo de instrumentos. En 2007, China superó a Estados Unidos como el principal emisor de CO2 del mundo. Pero China señala que, sobre un cálculo per capita, las emisiones norteamericanas son cinco veces superiores. China, India y otros países sostienen que el desarrollo económico en los países ricos causó la mayor parte del problema existente, y que es injusto que los países en desarrollo tengan que reducir sus emisiones hasta alcanzar los niveles de emisiones de los países ricos. Pero se trata de una fórmula para el desastre global. El clima del mundo se ve afectado por las emisiones totales, no importa su origen.
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China utiliza carbón, un combustible particularmente intenso en CO2, para el 70% de su suministro de energía comercial, mientras que el carbón representa una tercera parte de la energía total de Estados Unidos. Se estima que China hoy construye dos nuevas plantas energéticas alimentadas a carbón por semana.
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El carbón es barato y existe en abundancia en China, lo cual es importante ya que el país brega por recursos energéticos para mantener en funcionamiento sus muchas industrias consumidoras de energía. Dado que las bombas, las balas y los embargos de la política de seguridad tradicional son irrelevantes, ¿qué pueden hacer Estados Unidos y otros países ricos respecto de esta amenaza a la seguridad?
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Un informe de 2007 de la Agencia Internacional de Energía (creada después de la crisis petrolera de 1973 para brindar asesoramiento a los países industriales) instó a que se implementara una estrategia de cooperación para ayudar a China y a India a volverse más eficientes en materia de energía. En otras palabras, para impedir un cambio climático peligroso y promover su propia seguridad, Estados Unidos y otros países ricos quizá tengan que forjar una sociedad con China, India y otros países para desarrollar ideas creativas, tecnologías y políticas.
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Cada vez se reconoce con más frecuencia que el cambio climático es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y de seguridad, y un poderoso movimiento ambientalista global constantemente resalta su importancia. Los primeros pronunciamientos de McCain y Obama son alentadores, pero buscar un acuerdo internacional seguirá siendo un desafío no importa quién resulte electo.
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Fuente: Project Syndicate

lunes, 18 de agosto de 2008

En busca de más calidad democrática

Por: Manuel Antonio Garretón
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Terminadas las transiciones y asegurada una consolidación de los regímenes post—dictatoriales, a pesar de las desestabilizaciones y caídas de presidentes bajo presión popular —problemática central de los ochenta y noventa y comienzos de esta década—, una nueva cuestión se hace predominante: es la calidad de la democracia conquistada y consolidada. Si bien es cierto que desde la instalación misma de los nuevos regímenes existió en varios sectores la preocupación por el tipo de democracia que se estaba gestando, ella fue menor frente al tema de la mera existencia del régimen democrático y a los riesgos iniciales de reposición de dictaduras, y también se orientaba más a la herencia o enclaves legados por éstas que a los rasgos nuevos de la vida política. Hoy que este riesgo parece lejano, la calidad de las democracias latinoamericanas ocupa el lugar principal del análisis y debate político.
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De eso dan cuenta rankings e indicadores que se ofrecen, sea a partir de encuestas que miden subjetividad, o a través de datos que se extraen de la realidad institucional o del funcionamiento efectivo de las democracias. Ellos pueden ser de resultados socioeconómicos, de calidad de las instituciones o de niveles de satisfacción o una combinación de algunos o todos ellos.
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Hay tres aspectos, sin embargo, de los que estos rankings o indicadores no dan cuenta. El primero de ellos se refiere a que la mera existencia de determinadas instituciones, propias de la democracia, en determinados contextos no garantiza su carácter democrático. Por ejemplo, la presencia de elementos constitucionales antidemocráticos o el hecho que una Constitución haya sido heredada del régimen dictatorial sin la generación de una nueva y democrática. O, al revés, elementos que en una determinada sociedad pueden satisfacer los estándares democráticos, en otras pueden mermar la calidad de esa democracia. Es lo que ocurre con los sistemas electorales. Se ha hecho un lugar común afirmar que éstos son neutros y que uno no es más democrático que otro. Y lo cierto es que si uno examina los efectos en una sociedad, se dará cuenta de que no es igualmente democrático un sistema que otro y que los bienes que todo sistema electoral busca garantizar, como proporcionalidad, pluralismo, participación, no quedan igualmente garantizados en determinada sociedad por un sistema que sí puede garantizarlo en otra. Así se pueden cumplir todos los requerimientos de elecciones libres, competitivas y transparentes y el resultado no ser la expansión y profundización democrática sino la conformación de una elite cerrada y excluyente. Lo mismo ocurre con la conformación del Poder Judicial o las relaciones Ejecutivo—Legislativo, por nombrar algunos temas que no pueden ser analizados con criterios cuantitativos y que ponen un límite al análisis comparativo. Cuando el análisis de la calidad democrática en un sistema de rankings e indicadores que no muestran la historicidad de cada situación deja de ser una manera más de analizar y se transforma en la única, estamos frente al predominio de la razón tecnocrática y mediática por sobre la deliberación argumentativa que es la esencia del análisis democrático. Para decirlo muy directamente y con un ejemplo, no deja de ser grosero que un país como Chile, que no tiene una Constitución democrática, que tiene un sistema electoral excluyente y que le da a la minoría un poder de veto, un Poder Judicial con jueces que defienden la impunidad por las violaciones de derechos humanos, aparezca en los primeros lugares de los rankings de calidad democrática.
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El segundo aspecto tiene que ver con que, sin minusvalorar la autonomía de la democracia política, la calidad de ésta se ve afectada necesariamente por elementos socioeconómicos y culturales. La cuestión de la igualdad efectiva de derechos, que toca a uno de los principios éticos fundantes de la democracia política y que exige la distribución equitativa del poder y la riqueza y la existencia de una verdadera comunidad socioeconómica, y la cuestión de la diversidad cultural, que no impide sino fortalece la cohesión social, son elementos que si bien no pueden considerarse como condición de existencia de los regímenes democráticos, son indispensables de considerar a la hora de evaluar su calidad. La ausencia de estas dimensiones en los rankings de democraticidad, desfigura absolutamente los análisis comparativos y los transforma a veces en instrumentos más ideológicos que científicos.
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El tercer aspecto, del que daba cuenta Fernando Vallespín hace unas semanas en la reunión de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política de Costa Rica, se refiere a que no siempre en la evaluación de la calidad de la democracia se tiene en cuenta la transformación de las democracias representativas a través de partidos políticos en democracias orientadas por la lógica mediática en que el demos, ciudadanía o electorado, los candidatos y también los que ocupan los más altos puestos de representación, dejan de responder a las opciones partidarias y quedan capturados en la lógica de los medios de comunicación, que es todo menos el reino de la democracia deliberativa o argumentativa, aunque en determinados contextos los medios puedan jugar un papel de gran importancia democrática, siempre que no sean la única fuente de información y análisis y que no domine la idea de que no se existe si no se está en los medios. La transformación de los medios en poderes fácticos limita el carácter democrático de los procesos políticos, lo que se agrava en situaciones en que ni siquiera existe el pluralismo dentro de ellos. Para decirlo con ejemplos, es evidente que la Italia de Berlusconi es menos democrática que muchas democracias que aparecen más bajo que Italia en los rankings, aunque figure en un lugar alto en esas mediciones. Y eso se puede aplicar en nuestros propios países también.
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No se trata de negar el valor que puedan tener los índices y rankings de la calidad democrática, sino de señalar sus límites y profundizar los análisis con argumentos que den cuenta de los contextos históricos y del sentido que en esos marcos tienen tales índices.
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