
Ha empezado a cundir el pánico por la creciente inflación que vive hoy el Perú, a pesar de que, mirando nuestros antecedentes, esta es hoy muy reducida.
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¿Cuáles han sido las políticas del segundo gobierno aprista ante este panorama?
Respecto al precio del petróleo, se ha creado un “fondo de compensación” de los combustibles, que según cálculos recientes de Waldo Mendoza, le costará al fisco más de S/. 3,000 millones en el 2008 (cerca de 1% del PBI), y lo que es peor, favorece enormemente a las refinerías por la manera en que se calcula el fondo.
Respecto al alza internacional de los precios de alimentos, el gobierno ha bajado los aranceles de 6.9% en el 2005 a 2.2% en noviembre del 2007. Esto no se ha traducido en una reducción de los precios al consumidor, debido al carácter oligopólico de los grandes comerciantes de alimentos, y a la especulación de los comerciantes minoristas. La receta neoliberal de bajar aranceles no ha frenado la inflación, sino que le ha quitado competitividad al Perú en futuras negociaciones de TLCs.
Volviendo a los biocombustibles, ya tenemos obligatoriedad en su consumo a partir del 1 de enero de 2009, cuando se requiera que 98% de diesel 2 se mezcle con 2% de biodiesel, mezcla que se conoce como Diesel B2. Para el 1 de enero de 2010 92,2% de gasolina deberá mezclarse con 7,8% de etanol (la mezcla se llama gasohol); y desde el 1 de enero de 2011 el Diesel B2 será Diesel B5, es decir se mezclará con 5% de biodiesel.
Al requerirse vastas áreas de terreno para satisfacer esta creciente demanda, la elección está entre reemplazar tierra agrícola para cultivar biocombustibles, o transformar bosques para cultivos energéticos. La primera opción reduce los terrenos disponibles para la siembra de alimentos (y conduce a la inflación); y la conversión de bosques afecta recursos naturales tales como agua, suelo y biodiversidad. No obstante, la incursión en el tema de grandes grupos empresariales, entre ellos el Grupo Romero, demuestra que el negocio será inmenso, y que juega en pared con la “Ley de la Selva”.
Tal vez el terror a repetir la pesadilla inflacionaria haga recapacitar al presidente García respecto al rumbo que asume su gobierno. En el tercer año de su primer gobierno, algunos asesores le señalaron que había que ajustar la economía, que se estaba sobrecalentando. No quiso bajar de su ola de popularidad e insistió hasta las últimas consecuencias con un modelo intervencionista que ya se presentaba caduco en el resto de la región. Las consecuencias son conocidas. Hoy, bajo una lógica diametralmente opuesta, se mantiene el fanatismo, expresado en el discurso contra “el perro del hortelano”.La visión primario-exportadora del neoliberalismo criollo expresada en los artículos es un revival de las perspectivas clásicas de la derecha económica en el Perú, que tantas veces se han probado antimodernas y equivocadas. Como buen fanático, es lo más probable que el presidente García mantenga el encasillamiento y no escuche razones; y que otra vez, el desenlace de su gobierno sea un completo desastre.