jueves, 16 de octubre de 2008

La fiebre del petróleo de Brasil

Por: James Onnig Tamdjian

Brasil está por ocupar un lugar entre las potencias petroleras del mundo. Los cálculos de sus reservas recién descubiertas lo colocan en el octavo lugar de las naciones productoras de crudo, por delante de Nigeria y del país que es su rival por la influencia en América Latina, Venezuela. Una riqueza así es generalmente fuente de celebración. Pero el Presidente Luis Inacio Lula da Silva, tal vez temeroso de la tristemente célebre “maldición de los recursos” que ha afectado el desarrollo de tantos países dotados con riquezas minerales, está decidido a que la nueva riqueza petrolera no se convierta en “tonterías”.

En 2007 se descubrieron enormes depósitos de petróleo en las costas de Brasil. Según cálculos modestos, esas reservas son de alrededor de 30 mil millones de barriles. Credit Suisse y otros bancos de inversión afirman que hay 50 mil millones de barriles disponibles.

El descubrimiento es resultado de una política estratégica que se ha mantenido a lo largo de varias administraciones brasileñas, algo poco común en América Latina. En 1989, Cuando la guerra Irán–Iraq puso a temblar a los países consumidores de petróleo, Brasil comenzó a realizar exploraciones tanto dentro como fuera de su zona protegida de 200 millas náuticas. El tamaño de las áreas oceánicas era inmenso, lo que les valió el nombre de “la Amazonia azul”.

Se trata de las reservas de petróleo más grandes descubiertas en el océano en años recientes. Durante un tiempo Estados Unidos intentó cuestionar el derecho de propiedad de Brasil mediante una discusión sobre la “internacionalización” de los océanos y sus recursos minerales, pero la ONU no estuvo de acuerdo y se reconoció el derecho de Brasil.

El gobierno de Lula ha meditado mucho sobre la forma de administrar la riqueza petrolera y ha diseñado un programa único. En primer lugar, pretende distribuir la riqueza utilizando a la energía y la infraestructura como elementos de un nuevo modelo de integración regional. Planea crear un fondo, respaldado en un 70% por los recursos financieros de Brasil que se dedicará a proyectos como la rehabilitación de caminos en Uruguay y Paraguay a fin de mejorar las capacidades de sus vecinos y corregir los desequilibrios económicos.

El desarrollo económico equilibrado –nacional y regional—es esencial para Brasil. En efecto, el gobierno de Lula está buscando formas de asegurar que los beneficios obtenidos por el petróleo y el gas no se limiten a Sao Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais, Paraná y otras regiones de la costa desarrollada. A su juicio, es esencial instalar refinerías, industrias y unidades generadoras de energía adicionales en zonas del país que son adecuadas para ese desarrollo y que lo necesitan. Un beneficio adicional de distribuir estos recursos productivos será una mayor interacción con los socios sudamericanos de Brasil.

Las nuevas reservas petroleras de Brasil ciertamente afectarán la geopolítica regional. Los campos petroleros de México están disminuyendo, lo que significa que ese país tal vez necesitará buscar suministros del extranjero. Las tensiones en el Medio Oriente y la creciente rivalidad entre Estados Unidos y Venezuela harán de Brasil un proveedor atractivo.

Brasil ya está poniendo a prueba su capacidad de atracción como potencia petrolera mediante las acciones de su poderosa empresa estatal de energía, Petrobras, que ahora está tan activa en África como en Argentina. En efecto, actualmente Petrobras produce 100,000 barriles diarios tanto en Angola como en Nigeria y comercializa el petróleo a nivel local.

Pero los descubrimientos ponen a Brasil en una encrucijada. El Estado puede controlar los ingresos derivados del petróleo y utilizarlos en parte en programas sociales, como en Venezuela. O se le puede dar una mayor participación al capital privado y confiar en que el mercado se ocupe de las necesidades de la sociedad.

Este debate que sigue en curso ha impedido que se tomen decisiones sobre el futuro de los pozos profundos en la Amazonia azul. La administración de Lula incluso se ha planteado la creación de una nueva empresa petrolera nacional que se ocupe exclusivamente de los nuevos campos. Pero esta idea ha creado confusión entre los socios comerciales de Brasil y los inversionistas y no ha avanzado.

Hay una cuestión aun más compleja. El crecimiento de Brasil pronto se basará en un producto que es la fuente principal del calentamiento global. En efecto, al aceptar un futuro impulsado por el petróleo, Brasil da marcha atrás a la política de recurrir a los biocombustibles que ha aplicado desde hace mucho tiempo.

Así pues, Brasil se dirige a un choque contra el futuro. La magnitud de las nuevas reservas petroleras da más peso aún a la creciente influencia global del país. Pero ya no podrá condenar a Estados Unidos por no firmar los acuerdos ambientales o acusar a China por su enorme generación de contaminación. Mucho menos podrá Brasil exigir a sus vecinos un compromiso con el desarrollo sostenible. Parece que el petróleo no sólo transformará la economía brasileña sino su mismo papel en el mundo.

Fuente: www.project-syndicate.org

La paz del agua

Por: Vaclav Havel, André Glucksmann, Frederik Willem de Klerk, Mike Moore, Yohei Sasakawa, Karel Schwarzenberg, George Soros, El Hassan bin Talal, Desmond Mpilo Tutu, Richard von Weizsäcker, Grigori Yavlinsky.

La crisis financiera global está acaparando todos los titulares, pero no se debe permitir que resolverla distraiga la atención de otros asuntos vitales. En el Medio Oriente, por ejemplo, israelíes y palestinos –y muchos más en todo el mundo—comienzan a pensar que las negociaciones sobre el estatus permanente para determinar el futuro de Palestina no avanzan.

La situación puede ser más prometedora de lo que parece, pero no se puede negar que las esperanzas de que haya cambios verdaderos se han disipado desde que las pláticas recomenzaron hace dos años. Lamentablemente, esta pérdida de fe está estableciendo una dinámica que en sí misma inhibirá las concesiones que se requieren para alcanzar un acuerdo permanente.

Puesto que se avecina un estancamiento, es de importancia vital trabajar en aquellas áreas en las que las negociaciones intensivas tengan el potencial de producir resultados rápidos. El agua potable es una de ellas.

En todo el Medio Oriente el agua es una cuestión de seguridad. En efecto, actualmente se están reconociendo dos hechos importantes. En primer lugar, históricamente las naciones con reivindicaciones opuestas en relación con el agua han hallado formas de colaborar en lugar de luchar. Incluso durante los 60 años del conflicto en el valle del Jordán, el agua ha sido con más frecuencia fuente de cooperación que de conflicto.

En segundo lugar, la escasez de agua rara vez es absoluta y con menor frecuencia aún explica la pobreza. El Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas de 2006 dice lo siguiente: “En el mundo hay más que suficiente agua para el uso doméstico, la agricultura y la industria… La escasez es fruto de las instituciones y los procesos políticos que ponen a la población pobre en una situación de desventaja”.

Pero casi todas las naciones del Medio Oriente están utilizando más agua de la que obtienen de fuentes renovables. Sencillamente no hay suficiente agua para todos los usos que esas naciones le quieren dar, y la situación va a empeorar. Con todo, incluso en Palestina el problema más importante que se relaciona con el agua no es la sed sino el desarrollo económico atrofiado. A corto plazo, Palestina necesita más agua para generar empleos e ingresos de la agricultura; a largo plazo, se necesitan cambios educativos, culturales y políticos para desarrollar una capacidad de adaptación.

El clima y la geografía de la región significan que los recursos hídricos son inevitablemente compartidos. Pero la vida humana sólo será sostenible si se comparte el agua de manera racional respetando la frágil ecología de la región.

Es claro que no podrá haber un acuerdo definitivo en materia de agua hasta que se convengan las fronteras entre el Estado de Israel y el Estado de Palestina y se encuentre alguna solución a la cuestión de los asentamientos israelíes en Cisjordania. Pero no es necesario esperar la solución de los problemas principales para encontrar un arreglo temporal de las cuestiones relativas al agua. Puede ser más fácil encontrar formas de compartir y administrar de manera conjunta el agua que resolver los problemas “grandes”. De hecho, el agua podría ayudar a crear un clima de éxito que facilite el progreso en otras áreas.

Las buenas noticias son que la cantidad de agua que se necesita para beber, cocinar, otras labores del hogar y saneamiento es pequeña. La mayoría del agua se utiliza para producir alimentos, de modo que, si la economía de una nación es sana, hay margen para ahorrar agua mediante la importación de una mayor proporción de alimentos, aunque toda nación deseará garantizar un cierto suministro por motivos de seguridad.

Las malas noticias son que el agua, a diferencia de la tierra, no se puede dividir simplemente. El agua fluye en la superficie y bajo tierra. A medida que se desplaza, cambia en cantidad y calidad y sostiene distintos ecosistemas. Además, la demanda de agua cambia con el tiempo. Actualmente, sólo unos cuantos puntos porcentuales del PIB israelí proceden de la agricultura. Como resultado, su economía requiere menos agua que antes. Es probable que en Palestina se dé exactamente la misma transición, pero aún no sucede.

Pocos israelíes niegan que los palestinos necesitan más agua. Igualmente, hay un amplio acuerdo en el sentido de que parte del agua que los israelíes utilizan actualmente tendrá que asignarse a los palestinos. Las negociaciones actuales inevitablemente se ocuparán de los derechos al agua, que ya no parecen ser demasiado conflictivos, y en las pláticas pueden sugerirse distintos mecanismos para transferir la administración en algunos casos y compartirla en otros.

Estas son cuestiones muy negociables. Con seguridad se puede encontrar una fórmula flexible y sostenible, que casi con certeza incluirá un período de transición que permita a ambas partes ajustarse a sus distintos sistemas de administración del agua y justificarlos, así como tener en mente las condiciones cambiantes e instituciones futuras. Se debe tomar como punto de partida una división justa de los recursos hídricos para satisfacer las urgentes necesidades adicionales de agua de los palestinos. Todo lo demás se puede resolver.

Compartir el agua exige una administración flexible continua y cooperativa basada en derechos y responsabilidades acordados, así como mecanismos permanentes de vigilancia y solución de controversias. Es necesario agregar un punto importante: la participación amplia del público y la transparencia en términos tanto de procesos como de resultados serán esenciales para una administración exitosa.

Creemos que los progresos en el proceso de paz y en la búsqueda de soluciones a las cuestiones relacionadas con el agua en Israel y Palestina también ayudarían a destrabar los avances en el resto de la región, entre las partes que atraviesan los ríos Jordán, Orontes, Tigris y Eufrates. El agua puede ser un catalizador de la cooperación regional y abrir el camino a una futura “Comunidad del agua y la energía” integral para mejorar el ambiente humano. En ese foro, el agua y la energía solar en conjunto podrían ayudar a que el Medio Oriente pasara del conflicto a la colaboración.

El costo de la inacción o de simplemente fingir que se actúa probablemente será alto para todo el Medio Oriente. La futura política del agua ya no debe verse como una extensión de la política actual, sino como una nueva oportunidad. El agua es la esencia de la vida. Los pueblos de Palestina e Israel la necesitan; los pueblos de la región la necesitan. La cooperación para obtenerla es la única forma de avanzar.

www.project-syndicate.org

miércoles, 15 de octubre de 2008

Colombia, ¿Estado social de derecho?

Por: Eduardo Arias

La voz silenciada de los indígenas. De la misma manera que los medios masivos reproducen tal cual los partes de victoria de la Seguridad Democrática, reproduzco algunos de los comunicados de los indígenas del Cauca.

GOBIERNO ATACA CON BALA Y MACHETE A LOS INDIGENAS EN COLOMBIA. www.onic.org.co / escuche por la emisora virtual www.acincauca.net

ESTA VEZ EL GOBIERNO SI CUMPLIO RAPIDITO… CON BALA Y MACHETE NOS MASACRAN!!!! CAUCA: Tal Como lo alertamos ayer, desde las 5 de la mañana, la fuerza Publica ataca a más de 15 mil indígenas en la Maria Piendamó…." A punta de bala de fusil nos atacan, más de 10 heridos a bala, nos van a masacrar", es el clamor que hace la Consejera Mayor del CRIC, desde la María. Por su parte Feliciano Valencia, ratifica que "los únicos armados es la Fuerza Pública que nos atacan como a terroristas", "aquí resistiremos, por tanto pedimos a la comunidad nacional e internacional que nos apoyen"."nos están atacando con fusil, pero también con machete, a uno de nuestros compañeros lo machetearon en nuestra y se lo llevarón, creemos que va muerto"!!! RISARALDA: Por su parte en el Departamento de Risaralda, a más de mil 500 indígenas Emberas Chamí, con ancianos y niños, desde las 5 de la mañana, en la cabecera de Pueblo Rico, "nos atacaron con gases, tenemos muchos heridos, y nos tienen secuestrados a más de 10 compañeros en una casa, y niegan quelos tienen".

EMERGENCIA EN EL CAUCA SE AVECINA MASACRE EN LA MARIA PIENDAMO.

Las comunidades indígenas del Cauca, en compañía de sectores populares, iniciamos en el día de hoy la protesta y denuncia por política de muerte en contra nuestra por parte del Estado colombiano y del poder transnacional. Ante esta actividad de movilización y de lucha, la fuerza pública ha respondido con violencia institucional no legal ni amparada en la Constitución colombiana como disparar con arma de fuego contra los manifestantes, dando el triste espectáculo de un gobierno que masacra a su población.

A mediodía de hoy se presentan 25 heridos, en la María Piendamo, dentro de los cuales los siguientes:

Hermes Arbey Diaz del Resguardo de Huellas Caloto
Mauricio Menza de Jambaló, (herido en la frente con tiro recalzado)
Benjamín Ramos de Talaga (perdió un ojo y herido en el pecho)
Mariano Morano Dizu de Pitayo, (herido con arma de fuego en el cráneo)
Enyi Ulcue de Pueblo Nuevo (herido en la pierna con arma de fuego)
Jhon Fredy Piñacue de 16 años (herido con garrote en la frente)
Mario Guetoto de Delicias
Diomedes Quinto de San Andres de Pisimbala
Joaquin Cotocue de San Andres de Pisimbala
Milciades Tumbo de San Andres de Pisimbala
Jose Ferney Pardo de Inza
Adolfo Quitumbo de Corinto
Harold Cucuñame de Honduras
Delio Quitumbo de Toribío
Hernando Campo de Pitayo
Aldemar Ramos de Huellas, Caloto
Luis Felipe NN
Marco Antonio Guejia de Miranda
Lizardo Pete de Caloto
José Manzano de Tacueyo

Los compañeros Mariano Morano Dizu y Benjamín Ramos, se encuentran en grave estado de salud en el Hospital San José de Popayán; Mariano fue herido con arma de fuego en el cráneo, y los médicos no dan esperanza de vida; Benjamín Ramos perdió el ojo izquierdo. También hay 2 detenidos y 5 desaparecidos.

Llamamos a todos los sectores democráticos y populares a exigir al Gobierno nacional que respete la Constitución y los mínimos humanitarios reconocidos en el mundo, y que detenga esta masacre contra los movilizados. Igualmente nos solidarizamos con las otras regiones que se encuentran movilizadas en esta minga, y que igualmente están siendo brutalmente reprimidas.

martes, 14 de octubre de 2008

La Strada en Wall Street

Por: Alfred Gusenbauer, canciller federal de Austria.

Los apologistas del neoliberalismo no sólo suponen que los estados deberían ser administrados como empresas, sino también que, en la medida de lo posible, no deberían intervenir en la economía. El mercado, insisten, se regula solo. Pero, hace más de 50 años, el premio Nobel Paul Samuelson contradijo esta idealización de los mercados en términos gráficos: la absoluta libertad para el mercado conducirá a que el perro de Rockefeller se tome la leche que un niño pobre necesita para un desarrollo saludable, no por un fracaso del mercado, sino porque “los bienes van a parar a manos de quienes pagan más por ellos”.

Este dilema distributivo reside en el corazón del sistema capitalista, que consiste en una competencia infinita alimentada por el deseo de maximizar las ganancias. En un mundo así, no hay espacio para una conciencia social.

Es el estado el que, en algunas sociedades más que en otras, debe llenar la brecha. Nada supera a la economía de mercado como sistema para crear riqueza, pero sólo la compensación social asegura que esta riqueza se distribuya de manera justa. Las economías de mercado social de Europa, mucho más que el modelo neoliberal anglosajón, consideran que mitigar las desigualdades creadas por los mercados es la obligación del estado.

De hecho, la economía de mercado puede funcionar sólo si el estado sí interviene. La crisis financiera norteamericana demuestra lo que sucede cuando a los mercados se les da rienda suelta. Más que regularse a sí mismos, los actores del mercado se destruyen, por más que los hayan admirado como becerros de oro.

Por cierto, los banqueros de inversión transformaron los mercados bursátiles en un circo surrealista. En su mayoría, se parecían a artistas en la cuerda floja haciendo malabares con dinero ajeno sin una red de seguridad. Amenazaron con caerse -hasta que intervino el estado-. En la película “La Strada” de Fellini, los artistas de circo vivían en los márgenes de la sociedad; en el “Circo de Wall Street”, vivían como dioses, y ganaban millones.

Eso se terminó por un tiempo. Wall Street colapsó. La crisis actual, la caída de Wall Street, es al neoliberalismo lo que la caída del Muro de Berlín en 1989 fue al comunismo.

La dimensión global de esta crisis sorprendentemente también tiene un costado positivo. Ahora se acusa a la comunidad internacional de pensar en cómo reorganizar el sector financiero y minimizar el riesgo de una catástrofe similar en el futuro. Hasta ahora, una parte importante del problema fue la falta de voluntad de los países para cooperar. Las demandas previas de regulaciones más estrictas quedaron en la nada debido a la oposición del sector financiero. ¿Cuándo ha de cambiar esta postura si no es ahora?

Es necesario dar un primer paso en la reunión de jefes de Estado y de Gobierno del Consejo Europeo en Bruselas a mediados de octubre. Es crucial que la Unión Europea acepte el desafío de la crisis financiera al más alto nivel, extraiga las conclusiones apropiadas y dé los próximos pasos lógicos.

Entonces, ¿qué lecciones han de aprenderse del fracaso del modelo económico neoliberal?

Primero, los mercados necesitan reglas claras. Una regulación más fuerte implica reglas y normas vinculantes legalmente y aplicables a nivel global. Si bien áreas importantes de la política económica son objeto de reglas que permiten sanciones penales, el sector financiero tiene un status especial que ya no es aceptable.

Aquellas áreas del sector financiero que sufrieron el mayor daño a la reputación son las que menos se ajustan a la regulación y la supervisión: el mercado de derivados, los fondos de cobertura y fondos de capital privado, y las agencias de calificación. Los códigos voluntarios de buena conducta han sido un fracaso tétrico. Necesitamos urgentemente estándares mínimos aplicables a nivel global similares a los que existen, digamos, dentro de la OMC.

Necesitamos una organización de finanzas mundial legitimada democráticamente, que esté equipada con los instrumentos regulatorios necesarios para supervisar a las instituciones financieras globales de relevancia. Esta organización también debería tener autoridad para crear condiciones para una mayor transparencia e implementar mejores sistemas de advertencia temprana e instrumentos para la gestión de crisis.

La regulación recientemente creada no tiene por qué aplicarse a todos. Pero sólo aquellas instituciones financieras que se sometan a estas reglas podrían contar con el respaldo de las autoridades públicas en caso de una crisis. Esto aseguraría tanto una estabilidad fiscal como una innovación fiscal -en contraste con la situación actual, en la que nadie obedecía ninguna regla y, cuando estalló la crisis, los contribuyentes tuvieron que salir al rescate.

Segundo, debería fortalecerse a las instituciones del estado benefactor. La crisis dejó en claro que satisfacer las necesidades elementales de la gente no debe depender de la especulación y las curvas del mercado bursátil. La expansión del financiamiento público para pensiones, atención médica y seguro de salud es, por lo tanto, crucial.

Finalmente, necesitamos un programa de estímulo económico europeo -una “Gran Negociación”- y lo necesitamos ahora. La crisis en los mercados financieros internacionales ha tenido un impacto notable en la economía real de Europa. Algunos países grandes de la UE están al borde de la recesión. Japón a principios de los años 1990 esperó demasiado tiempo para actuar y se perdió la oportunidad correcta de implementar contramedidas, razón por la cual Japón todavía no se ha recuperado de su largo estancamiento.

Será necesaria la inversión pública en infraestructura (como por ejemplo una expansión masiva de la red ferroviaria europea), así como en tecnología de protección climática y ambiental. Para fortalecer el poder adquisitivo y estimular el consumo, será esencial implementar recortes tributarios para los hogares de ingresos bajos y medios.

Por supuesto, los estados miembro de la UE deberían determinar la forma concreta que adopten este tipo de programas de estabilización económica. Pero eso no debería impedir que los gobiernos europeos trabajen en estrecha colaboración. Para ser efectivo, cualquier programa de estímulo necesitará que las naciones de Europa actúen en concierto.

Fuente: www.project-syndicate.org

lunes, 13 de octubre de 2008

La hora de la verdad

Por: Paul Krugman

El mes pasado, cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos dejó que Lehman Brothers se derrumbara, escribí que Henry Paulson, el secretario del Tesoro, estaba jugando a la ruleta rusa financiera. Sin duda, había una bala en la recámara: la bancarrota de Lehman hizo que la crisis financiera mundial, que ya era grave, se pusiera mucho peor.

Las consecuencias del derrumbe de Lehman se hicieron evidentes en pocos días; sin embargo, algunos actores políticos clave han desperdiciado en gran parte las cuatro últimas semanas. Ahora han llegado al momento de la verdad: será mejor que hagan algo pronto o la economía mundial puede sufrir su peor caída desde la Gran Depresión.

La respuesta a esta crisis por parte de las dos grandes potencias monetarias del mundo —Estados Unidos y las 15 naciones que usan el euro— ha sido penosamente inadecuada.

Europa, por carecer de un gobierno común, ha sido literalmente incapaz de actuar en conjunto. Estados Unidos debería haber estado en una posición mucho más fuerte. Y cuando Paulson anunció su plan, hubo una fugaz oleada de optimismo. Pero pronto quedó claro que el plan padecía una fatal carencia de claridad intelectual.

Paulson propuso comprarles a los bancos "valores incobrables" por la suma de 700.000 millones de dólares —valores vinculados con las hipotecas tóxicas—, pero nunca fue capaz de explicar por qué eso resolvería la crisis.

Muchos economistas coinciden en que lo que debería haber propuesto era, en cambio, una inyección de capital directamente a las empresas financieras: el gobierno norteamericano proporcionaría a las instituciones el capital que necesitaban para seguir activas, deteniendo así la espiral descendente, a cambio de la propiedad parcial de esas instituciones.

Cuando el Congreso modificó el plan de Paulson, introdujo provisiones que posibilitaban esa inyección de capital, pero que no la hacían obligatoria. Y hasta hace dos días, Paulson seguía oponiéndose a hacer lo correcto.

Pero el miércoles pasado, el gobierno británico, demostrando la clase de pensamiento claro que tan escaso ha sido en este otro lado del charco, anunció un plan destinado a proporcionar a los bancos 90.000 millones de dólares de nuevo capital, junto con amplias garantías para las transacciones financieras entre bancos. Y los funcionarios del Tesoro norteamericano dicen ahora que planean hacer algo similar, usando la autoridad que no querían, pero que el Congreso les confirió de todas maneras.

El punto ahora es si esas acciones no son demasiado pequeñas y si no es demasiado tarde. No lo creo, pero resultará muy alarmante que pase este fin de semana sin que haya un anuncio creíble sobre un nuevo plan de rescate.

¿Por qué necesitamos la cooperación internacional? Porque tenemos un sistema financiero globalizado en el que una crisis que empezó con una burbuja en los condominios de Florida provocó una catástrofe monetaria en Islandia. Necesitamos una solución compartida.

¿Por qué este fin de semana? Por dos grandes reuniones en Washington: ayer, de los más altos funcionarios financieros de las principales naciones desarrolladas; y hoy y mañana, la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Si terminan sin que haya al menos un principio de acuerdo sobre un plan de rescate global si todo el mundo se va a su casa solamente con vagas afirmaciones de que se proponen controlar la situación, se habrá perdido una gran oportunidad y la espiral descendente seguramente se acentuará.

¿Qué habría que hacer? Estados Unidos y Europa deberían decir tan sólo "Sí, primer ministro". El plan británico no es perfecto, pero casi todos los economistas coinciden en que ofrece, por lejos, el mejor programa del que disponemos para instrumentar un intento de rescate generalizado.

Y el momento de actuar es ahora. Tal vez usted piense que las cosas ya no pueden empeorar pero pueden, y si no hace nada en los próximos días, empeorarán.

Fuente: www.nytimes.com

2008: El fallecimiento de la globalización neoliberal

Por: Immanuel Wallerstein

La ideología de la globalización neoliberal ha estado en boga desde principios de los años 80. No era, de hecho, una idea nueva en la historia del sistema-mundo moderno, aunque reivindicó serlo. Más bien era la muy vieja idea de que los gobiernos del mundo debían dejar de estorbarle a las grandes y eficientes empresas en sus esfuerzos por prevalecer en el mercado mundial. La primera implicación de política pública era que los gobiernos, todos los gobiernos, debían permitir que estas corporaciones cruzaran libremente todas las fronteras con sus bienes y su capital. La segunda implicación de política pública era que los gobiernos, todos los gobiernos, debían renunciar ellos mismos a cualquier papel de dueños de estas empresas productivas, y privatizar así todo lo que poseyeran. Una tercera implicación era que los gobiernos, todos ellos, debían minimizar, si no eliminar, todos y cada uno de los diferentes pagos de transferencia por seguridad social a sus poblaciones. Por ciclos, esta vieja idea siempre ha estado de moda.

En los años 80, estas ideas fueron propuestas para contrarrestar a las también viejas visiones keynesianas y/o socialistas que habían prevalecido en la mayoría de los países del mundo: que las economías deberían ser mixtas (el Estado más las empresas privadas); que los gobiernos deberían proteger a sus ciudadanos de las corporaciones cuasi monopólicas propiedad de extranjeros; que los gobiernos deberían intentar ecualizar las oportunidades de vida transfiriendo beneficios a sus residentes menos afortunados (especialmente en los niveles de educación, salud y garantías de ingreso a lo largo de la vida), lo que requeriría, por supuesto, fijarle impuestos a los residentes más acomodados y a las corporaciones.

El programa de globalización neoliberal sacó ventaja del estancamiento mundial de ganancias que vino tras el largo periodo de expansión global sin precedentes posterior a 1945 y que abarcó hasta principios de los años 70, el cual impulsó la visión keynesiana o socialista de dominar las políticas públicas. El estancamiento de ganancias creó problemas en el balance de pagos para un número muy grande de gobiernos en el mundo, especialmente en el Sur global y en el llamado bloque socialista de naciones. La contraofensiva neoliberal fue encabezada por los gobiernos de derecha de Estados Unidos y Gran Bretaña (Reagan y Thatcher) más las dos principales agencias financieras intergubernamentales –el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial–, y estas instancias, juntas, crearon e impusieron lo que vino a ser conocido como Consenso de Washington. El lema de esta política conjunta fue acuñada por la señora Thatcher: TINA, siglas para “There Is No Alternative” (No hay alternativa). El lema intentaba transmitirle a todos los gobiernos que tenían que cumplir con el lineamiento fijado por las recomendaciones de política pública, o ser castigados con un lento crecimiento y la negación de toda ayuda internacional ante cualquier dificultad que pudieran enfrentar.

El Consenso de Washington prometió un crecimiento económico renovado para todos y una salida del estancamiento global de ganancias. A nivel político, los proponentes de la globalización neoliberal tuvieron mucho éxito. Gobierno tras gobierno –en el Sur global, en el bloque socialista y en los fuertes estados occidentales– privatizó las industrias, abrió sus fronteras al comercio y a las transacciones financieras, y recortó el Estado benefactor. Las ideas socialistas, aun las keynesianas, fueron desacreditadas en la opinión pública y las elites políticas renunciaron a ellas. La consecuencia visible más dramática fue la caída de la Unión Soviética y los regímenes comunistas de Europa central y del este, más la adopción de políticas amigables con el mercado por parte de la todavía denominada China socialista.

El único problema con este gran éxito político fue que no pudo igualarlo el éxito económico. Continuó el estancamiento de ganancias en las empresas industriales del mundo. La repentina alza en los mercados bursátiles en todas partes no se basó en ganancias de la producción sino en las manipulaciones especulativas financieras. La distribución del ingreso a escala mundial y en los diferentes países se volvió muy asimétrica, un incremento masivo en el ingreso de 10 por ciento superior y en especial de uno por ciento más elevado de la población mundial, y una caída en el ingreso real para el resto de las poblaciones mundiales.

La desilusión con las glorias del “mercado” sin restricciones comenzó a ser visible a mediados de los 90. Esto pudo observarse en varios planos: en muchos países regresaron al poder gobiernos más orientados hacia el bienestar social; hubo nuevos llamados –especialmente por parte de los movimientos laborales y las organizaciones de trabajadores rurales– a que los gobiernos emprendieran políticas proteccionistas; creció a escala mundial un movimiento altermundista cuyo lema es “otro mundo es posible”.

La reacción creció lenta pero constantemente. Entretanto, con el régimen de George W. Bush, los proponentes de la globalización neoliberal no sólo persistieron sino que incrementaron su presión. El gobierno de Bush pujó simultáneamente por una distribución del ingreso más distorsionada (mediante grandes recortes fiscales para los más acaudalados) y por una política exterior de militarismo unilateral macho (la invasión de Irak). Financió esto mediante una fantástica expansión de préstamos (un endeudamiento) con la venta de bonos del Tesoro estadunidense a quienes controlan las existencias mundiales de energía y las instalaciones de producción a bajo costo.

Se veía bien en el papel, si sólo se fijaba uno en las cifras de los mercados bursátiles. Pero era una burbuja de crédito superlativo condenada a estallar, y ahora está estallando. La invasión de Irak (más Afganistán y Pakistán) está demostrando ser un enorme fiasco político y militar. La solidez económica de Estados Unidos cae en el descrédito, lo que ocasiona una radical caída del dólar. Y los mercados bursátiles del mundo tiemblan conforme confrontan el pinchazo de la burbuja.

¿Así que cuáles son las conclusiones de política pública que extraen los gobiernos y las poblaciones? Parece haber cuatro en curso. La primera es el fin del papel que tenía el dólar estadunidense como divisa de reserva para el mundo, lo cual hace imposible continuar la política de superendeudamiento del gobierno de Estados Unidos y de sus consumidores. La segunda es el regreso a un alto grado de proteccionismo, tanto en el Norte como en el Sur globales. La tercera es el regreso a la adquisición estatal de las empresas que fracasan y la implementación de medidas keynesianas. La última es el retorno a políticas redistributivas más enfocadas al bienestar social.

La balanza política oscila de regreso. De aquí a 10 años se escribirá acerca de la globalización neoliberal como un oscilamiento cíclico en la historia de la economía-mundo capitalista. La cuestión real no es si esta fase terminó sino si el retorno pendular podrá restaurar, como en el pasado, un relativo equilibrio en el sistema-mundo. ¿O se habrá hecho ya demasiado daño? ¿Estaremos en un caos más violento en la economía-mundo y como tal en el sistema-mundo como un todo?.

Fuente: www.globalizacion.org

viernes, 10 de octubre de 2008

Crisis de Estado y pacto social en Bolivia

Por: Laura Tedesco
Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE)

En agosto de 1985 el entonces Presidente de Bolivia, Víctor Paz Estenssoro, anunció el establecimiento de una serie de medidas económicas. En un mensaje lleno de dramatismo, justificó el conjunto de medidas neoliberales con una frase contundente: Bolivia se nos muere.

Bolivia no ha muerto, pero agoniza de forma violenta. La turbulencia política la acompaña desde hace décadas. En las últimas semanas el enfrentamiento entre el gobierno de Evo Morales y los autonomistas de las provincias de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Chuquisaca y Cochabamba se ha agravado, con víctimas mortales, heridos y desaparecidos. El gobierno nacional implementó el estado de sitio en el departamento de Pando logrando una tensa calma que finalizó con el arresto del gobernador por desacato de la medida de emergencia. Tras una reunión de los gobiernos latinoamericanos en el marco de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), ha comenzado el diálogo y pueden abrirse oportunidades para cierto optimismo.

El conflicto existente representa una lucha por la estructura económica del país, su propiedad y la propiedad de su producción. La mayoría indígena ha cuestionado el modelo de exclusión y marginación y una de las principales causas de los enfrentamientos se origina en que la antigua elite política, aún dominante en términos económicos, se niega a aceptar la redistribución de los recursos económicos y políticos. Más a fondo, los problemas actuales de la política boliviana son parte de un proceso histórico de formación del Estado. Si bien el proceso es complejo, se está llevando a cabo una transformación del Estado boliviano que podría impulsar la construcción de un consenso que dé lugar a un nuevo contrato social.

- Bases contractuales

El contrato social, una idea tradicional en el estudio de la formación del Estado nacional, supone que los individuos acuerdan vivir juntos bajo un marco legal que les otorga derechos y obligaciones, y la autoridad de las instituciones del Estado es la que hace cumplir estas reglas . Las reglas se concentran en la protección de los individuos y sus propiedades frente a otros individuos, otros Estados y ellos mismos. Este contrato se basa en egoísmo y solidaridad y otorga beneficios colectivos e individuales. Cada individuo que apoya al contrato espera beneficios de él y éstas son las razones principales que conducen a firmar el contrato y aceptar la autoridad del estado. Estos beneficios se generan a través de la cadena de solidaridad que se establece gracias al contrato social , y están protegidos por los principios de justicia que se crean en una sociedad como una parte fundamental del contrato. Históricamente, la idea del contrato social ha ayudado a mantener la legitimidad del Estado.

Durante los años 80 se produjo en América Latina un hecho paradójico: el regreso de la democracia política acentúo la desigualdad. En el caso de Bolivia se ha producido una constante presión para modificar implícita o explícitamente un contrato social que legitima esa desigualdad.


Existe una diferencia esencial entre el establecimiento de la democracia como un régimen político (elecciones libres, derechos civiles y políticos, separación de poderes como requerimientos mínimos) y la democratización del Estado como un contrato social, que refleja las relaciones sociales existentes, y como un conjunto de instituciones. La igualdad política puede perder su sentido en un contexto de desigualdades económicas y sociales profundas y persistentes. Así, al establecimiento de la democracia política debe seguirle un proceso de democratización del Estado. El Estado democrático debe tener como uno de sus objetivos principales la construcción de instituciones enmarcadas en el concepto Weberiano de legalidad y racionalidad en un contexto de equidad social y económica.

La inestabilidad política de Bolivia muestra que el contrato social existente está cuestionado. La élite política y económica ha ido perdiendo legitimidad tanto durante los regímenes autoritarios como los democráticos. Durante los años noventa, la sociedad civil adquirió la fuerza suficiente para bloquear las políticas de los distintos gobiernos sin poder articular una propuesta. A la vez, se realizaron una serie de reformas para la descentralización del Estado que otorgaron más poder a nivel local. La llegada de Evo Morales a la presidencia significó que aquellos que cuestionaban la legitimidad del contrato social -que mantenía unas relaciones sociales que condenaban a la mayoría indígena a la marginalidad- podían presentar una propuesta de cambio y un programa de gobierno en un marco democrático.

El gobierno de Morales cuestionó el papel del Estado en relación a la cuestión étnica, a la propiedad de la tierra y de los recursos naturales, y a la distribución de la riqueza. Estos tres factores, relanzaron, a la vez, el debate sobre la nación y su identidad. En términos políticos y económicos esto se tradujo en programas de nacionalización y redistribución de la riqueza y en una reforma constitucional y legislativa en las que la mayoría indígena adquiere nuevos derechos.

Este proceso de modificación de los términos del contrato social que da vida al Estado y sus relaciones sociales, implica ganadores y perdedores y genera conflictos. En Bolivia gana terreno la idea de un empate técnico. Parecería que nadie tiene el poder político necesario para imponer un nuevo contrato social, para sentar las bases de un nuevo Estado. Y en este escenario, nadie gana pero indefectiblemente todos están perdiendo. Algunos analistas indican que se puede llegar al empate catastrófico, que bloquea todas las opciones y puede generar más violencia.

Mientras la mayoría indígena aceptaba las antiguas reglas de juego y apenas participaba en la toma de decisiones, la élite dominante, en términos políticos y económicos sostenía un contrato social profundamente desigual. Una vez que la mayoría indígena puede producir una propuesta política se encuentra estancada por el enfrentamiento originado por la élite, políticamente desarticulada pero, aún, económicamente dominante. Y Bolivia, en lugar de morirse como vaticinó Paz Estenssoro, se sumerge en un Estado de naturaleza hobbesiano y en una tradicional lucha de clases que, por el momento, ha alcanzado, un empate.

El país está atravesando tiempos complejos y violentos que tienen un alto coste para la población, y que preocupa a los vecinos. Este conflicto retrasa, además, un crecimiento económico duradero. Sin embargo, este proceso puede ser también interpretado como un intento de reescribir el contrato social en un marco incluyente. Para ello es necesario descartar los discursos que polarizan a la sociedad y construir un consenso que ayude a la transformación del contrato social y las instituciones del Estado. En este proceso de construcción habrá ganancias y pérdidas como Hobbes, Rousseau y Locke señalaron al describir el abandono del estado de naturaleza para vivir bajo la autoridad del Estado.

Se enfrentan en Bolivia dos mundos, dos clases, dos modelos de izquierda política y económica y dos modelos políticos regionales. La estabilidad de Brasil, Chile, Uruguay -junto con los menos estables como Colombia y Perú- frente a la inestabilidad, la lucha permanente, el disenso creativo y destructivo de Chávez y alguno de sus aliados circunstanciales. Afortunadamente, el punto de vista conciliador del presidente Lula da Silva preponderó en la reunión de UNASUR en Santiago de Chile, mostrando, por otra parte, la importante capacidad de gestión y prevención de conflictos que hay en el continente latinoamericano.

Los países de la región junto a Estados Unidos, España y el resto de Europa deberían acompañar el proceso boliviano sin injerencias y con el fi n de garantizar la continuidad del sistema democrático. Es un dato positivo que la región haya podido colaborar con el gobierno boliviano defendiendo su legitimidad en un tono conciliador y prescindiendo de Estados Unidos. El papel de los actores externos es ayudar a establecer en Bolivia un diálogo con el fin de encontrar consensos que permitan diseñar un nuevo contrato social.

El Estado se comienza a construir cuando la polarización, las amenazas verbales, los insultos, la lucha y la prepotencia dejan lugar al diálogo y la construcción de consenso. Los actores bolivianos deberían ser conscientes que ni la avaricia desmedida de unos ni el rencor histórico de los otros pueden ser los pilares del contrato social.

Fuente: www.fride.org

miércoles, 8 de octubre de 2008

¿Fin del liderazgo estadounidense?

Por: John Gray

Es probable que tengamos la mirada puesta en los mercados que se derrumban, pero la conmoción que estamos experimentando es más que una crisis financiera, por grande que ésta sea. Estamos ante un cambio geopolítico histórico, en el cual el equilibrio de poder en el mundo está siendo alterado de manera irrevocable. La era del liderazgo global estadounidense, que se remonta a la Segunda Guerra Mundial, llegó a su fin.

Es algo visible en cómo a Estados Unidos se le ha ido el dominio de las manos en su propio patio trasero, con el presidente venezolano, Hugo Chávez, provocando y ridiculizando a la superpotencia con impunidad. Pero el revés para el estatus de Estados Unidos a nivel global es más sorprendente todavía. Con la nacionalización de partes cruciales del sistema financiero, el credo del mercado libre estadounidense se autodestruyó mientras que los países que mantuvieron el control general de los mercados han sido reivindicados.

En un cambio de tanto alcance en sus consecuencias como la caída de la Unión Soviética, lo que colapsó es todo un modelo de Estado y de economía. Desde el final de la Guerra Fría, sucesivas administraciones estadounidenses sermonearon a otros países sobre la necesidad de tener finanzas sólidas. Indonesia, Tailandia, Argentina y varios estados africanos soportaron severos recortes en el gasto y profundas recesiones como precio por la ayuda del Fondo Monetario Internacional, que aplicaba la ortodoxia estadounidense.

China, sobre todo, era constantemente intimidada por la debilidad de su sistema bancario. Pero el éxito de China se ha basado en su desprecio constante por los consejos occidentales y no son los bancos chinos los que en este momento se van al tacho. Pese a exhortar permanentemente a otros países a adoptar su manera de hacer negocios, Estados Unidos siempre había tenido una política económica para sí mismo y otra para el resto del mundo. Durante todos los años en que fustigó a los países que se apartaban de la prudencia fiscal, se endeudó a una escala colosal para financiar recortes fiscales y patrocinar compromisos militares desmesurados.

Ahora, con las finanzas federales críticamente dependientes de que continúen los grandes flujos de capital extranjero, los países que despreciaron el modelo estadounidense de capitalismo serán los que definirán el futuro económico de Estados Unidos. No es tan importante cuál de las versiones de salvataje de las instituciones financieras pergeñadas por el secretario del Tesoro, Henry Paulson, y el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke será adoptada finalmente como qué significa el rescate para la posición de Estados Unidos en el mundo.

El sermón populista sobre los bancos codiciosos que se está ventilando a los gritos en el Congreso es una distracción de las verdaderas causas de la crisis. La condición desastrosa de los mercados financieros de Estados Unidos es consecuencia de los bancos estadounidenses que operan en un entorno donde vale todo que esos mismos legisladores estadounidenses crearon. Es la clase política estadounidense, al adoptar la ideología peligrosamente simplista de la desregulación, la responsable de la confusión actual. En las actuales circunstancias, una expansión sin precedente del Estado es la única forma de prevenir una catástrofe del mercado. La consecuencia será, no obstante, que Estados Unidos dependerá más todavía de las nuevas potencias ascendentes. El Estado federal está acumulando préstamos aún más grandes, lo cual puede hacer temer acertadamente a sus acreedores que nunca los pagará.

Puede muy bien sentirse tentado de inflar esas deudas en una ola inflacionaria que dejaría a los inversores extranjeros con gravosas pérdidas. En esas circunstancias, ¿los gobiernos de países que compran grandes cantidades de bonos estadounidenses, China, los Estados del Golfo y Rusia, por ejemplo, estarán dispuestos a seguir apoyando el rol del dólar como divisa de las reservas? ¿O estos países verán ahora una oportunidad de inclinar la balanza del poder económico más a su favor?

Sea como sea, el control de los acontecimientos ya no está en manos estadounidenses. El destino de los imperios a menudo es sellado por la interacción de la guerra y la deuda. Es lo que pasó con el Imperio Británico, cuyas finanzas se deterioraron desde la Primera Guerra Mundial en adelante, y con la Unión Soviética. La Guerra de Irak y la burbuja crediticia debilitaron fatalmente la primacía económica de Estados Unidos. Continuará siendo la economía más grande del mundo durante un tiempo, pero las nuevas potencias ascendentes, una vez superada la crisis, se encargarán de comprar lo que quede intacto en el naufragio del sistema financiero estadounidense.

Está naciendo un nuevo mundo casi de manera inadvertida, en el que Estados Unidos es nada más que una de varias grandes potencias, enfrentando un futuro incierto que ya no puede definir. Copyright Clarín y John Gray, 2008. Traducción de Cristina Sardoy

Fuente: El Clarín (Argentina).

"Vamos a tener recesión por mucho tiempo"

Por: Larry Elliott, entrevista a Lawrence Summers.

Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y actual asesor en temas económicos del candidato demócrata Barak Obama, dio por descontado que la recesión llegó para quedarse en la economía más poderosa del planeta. "Vamos a tener recesión por mucho tiempo", dijo en una rueda de prensa en Buenos Aires, donde expuso en un seminario de la Cámara Argentino—Estadounidense de Comercio.

¿Cuánto tiempo cree que puede durar el efecto de esta crisis?

Existen dos tipos de recesiones que se han dado en los países industrializados. Las que se generan para combatir la inflación y las que sobrevienen para evitar burbujas como las que terminan en estos colapsos. Esta última es más prolongada. Creo que vamos a tener un crecimiento desacelerado de la economía por mucho tiempo.

¿Desaceleración o recesión?

Recesión es un tecnicismo, cuya definición depende que qué clase de organismo de investigación lo utilice. Pero si nos referimos a cómo se va a percibir esta crisis en las empresas y en los hogares, creo efectivamente que podemos hablar de una recesión.

¿Por qué las autoridades regulatorias de EE.UU. llegaron tarde?

Visto en retrospectiva, es fácil criticar la medicina empleada. Desde antes yo había criticado que la política (del gobierno de Bush) no fue reactiva. Por ese motivo no pudo luego controlar una situación tan seria. Hace algunos meses, una intervención decisiva como ésta hubiera sido satisfactoria. Ahora puede no ser suficiente.

¿Son suficientes 700.000 millones de dólares para frenar esta caída?

Creo que es una suma extraordinaria. El tema es cómo será empleada. Dependerá de la estrategia que se aplique.

¿Y para el día después de este plan de emergencia?

Es necesaria una revisión total de nuestro marco regulatorio financiero, para que se enfoque más en el sistema en general y no en las instituciones, en forma individual. Es decir, que haya una mayor preocupación por el carácter pro—cíclico del sistema y que se ponga énfasis en la seguridad del mismo. De modo que si una institución quiebra, no lo hagan las demás. Esta crisis ha sido creada por un exceso de codicia y una escasez de temor, pero debemos cuidarnos de que la crisis no se perpetúe por las razones inversas. Esto es, exceso de temor y déficit de codicia.

¿Qué efectos, cree, generará esta crisis en los países emergentes?

El ex presidente de México Zedillo dijo algo muy acertado hace unos años sobre este tema. Dijo que los mercados exageran su reacción y por lo tanto las políticas también tienen que reaccionar en forma exagerada. Es importante fortalecer los aspectos centrales de nuestros sistemas, como contar con colchones de liquidez. Por eso, hay que aprovechar cuando los commodities están altos.

¿El derrumbe bursátil de estas horas obedece a una depreciación real de los activos? ¿Hasta qué punto no son maniobras especulativas de los mismos actores que generaron esta crisis?

Creo que hay elementos de los dos tipos. Pero la especulación actúa menos como el origen de estos movimientos del mercado y más como un acelerador.

¿Es posible que tras esta crisis surja algún tipo de nuevo modelo económico o nuevo capitalismo?

Es difícil saber cuáles serán las consecuencias. Seguramente cambiará el marco normativo de las instituciones financieras. Si la crisis es controlada efectivamente, y creo que así será, entonces no creo que signifique que vayamos a apartarnos de un sistema de mercado. Si la crisis no llegara a ser controlada, en este caso tendría consecuencias más profundas, con otras visiones, y un escenario que yo creo que puede ser trágico.

Fuente: www.guardian.co.uk

El colapso de la ortodoxia neoliberal

Por: Madeleine Bunting

No hay más que una alternativa, decía el mantra neoliberal. Ahora que esta mitología corrupta se hizo trizas, la crisis de convicción es profunda. Todos coinciden en que las cosas podrían ponerse negras, pero ¿eso qué significa? Negras, o sea un poco de desempleo desagradable, ¿o negras es un colapso económico total con colas en comedores populares y millones de personas viviendo de sus pequeñas huertas? Si esto último suena gracioso, hay países como Argentina y Rusia que pueden contar por experiencia propia, amarga y reciente, lo que pasa cuando las economías colapsan.

Nadie tiene idea de lo que va a pasar. Apenas los economistas o los ministros enuncian algo usando palabras como "imposibilidad", "improbabilidad" o "nunca", tienen que tragárselas. Si éstas son aguas inexploradas tal vez nos encontremos en el momento en que el tsunami es visible en el horizonte, y la marea de golpe se retiró, y los peces quedaron en la playa, jadeando en busca de oxígeno, desparramados por toda la playa. ¿Cómo nos metimos en este lío y cómo nos aseguramos de que no vuelva a suceder?

Responder a estas dos preguntas no requiere un curso intensivo en altas finanzas, porque la crisis se refiere a la política y a la ideología por igual. Varios autores fueron los que rechazaron la idea de que el mercado es un mecanismo "auto—rregulador" que puede corregirse a sí mismo. No hay una "mano invisible" como sostienen los neoliberales, o sea que no hay nada inevitable o "natural" en cómo funcionan los mercados: siempre son definidos por decisiones políticas. Y muchos decían, también, que el capitalismo de libre mercado era crónica y destructivamente inestable, con terribles consecuencias políticas. Pero en los 70 y los 80 el neoliberalismo comenzó a adueñarse de la elite gobernante estadounidense y luego de la británica y europea: "Reducir el Estado, dejar que la economía funcione sola".

Ahora estamos descubriendo lo que los países en desarrollo del mundo entero experimentaron durante tres décadas: la economía neoliberal inestable y poco equitativa genera niveles inaceptables de trastorno social y penuria que sólo pueden contenerse mediante una represión brutal. A esto hay que sumar otras dos acusaciones esenciales contra el capitalismo desregulado: primero, puede crear riqueza pero no la distribuye eficazmente; y segundo, que no tiene en cuenta lo que no puede cosificar: ni las relaciones sociales de familia y comunidad ni el medio ambiente, que son vitales para el bienestar humano y de hecho para el funcionamiento del mercado en sí. En definitiva, el capitalismo neoliberal es autodestructivo.

Estamos asistiendo en este momento al colapso de esta absurda ortodoxia económica que ha dominado la política durante casi 30 años. Su arrogancia triunfalista, su insistencia en la ortodoxia, ha sido comparable en escala al comunismo soviético. Durante dos décadas nos han dicho que no hay alternativa.

Los economistas hablan de confianza, de fe, de convicción; ahora entendemos que todo el tiempo el capitalismo neoliberal fue una forma de mitología. Por eso era necesario el triunfalismo: no se podía permitir que nadie cuestionara el sistema o podíamos llegar a ver la desnudez del emperador.

Thomas Frank en su brillante libro, One Market Under God (2001), explica cómo el neoliberalismo afianzó su triunfalismo en el sistema político de Estados Unidos; cómo marginó y deslegitimó todo cuestionamiento y estableció su hegemonía en el llamado mundo libre. Ahora, mientras todo se tambalea, podemos reflexionar. Podemos preguntar cómo y por qué la crítica que empezó a surgir a fines de los 90 fue acallada. No hay alternativa, era el mantra que entonaban los políticos frente a los movimientos antiglobalización.

Después llegó el 11/9 y durante los siguientes siete años se ofreció como distracción un espectáculo paralelo con malos de caricatura y drama de thriller. Mientras las miradas estaban fijas en la absurda charada de la "amenaza del terrorismo islámico a la civilización occidental", el verdadero escenario de fin del mundo que plantea una amenaza mucho mayor a la civilización occidental (sea lo que sea) adquiría ímpetu precisamente al lado del Ground Zero, en Wall Street. Igual que en las mitologías, la única opción, tal como dijo Timothy Garton Ash, es rezar. Lo que me asusta es que ésta es una mitología corrupta que, como la de los aztecas, tal vez requiera mucho sacrificio humano.

Fuente: www.guardian.co.uk

martes, 7 de octubre de 2008

Los procesos constituyentes nuestramericanos, desde abajo y a la izquierda

Revista Insurrección 131
lunes, 22 de septiembre de 2008

Nuestros pueblos paulatinamente han entendido que los Estados y sus leyes no los representan. Los cambios de régimen conllevan nuevos contratos sociales, cambio de Constitución política, refundación de la convivencia. Poder constituyente contra el poder constituido. Ruptura desde abajo. Es parte de nuestra tradición libertaria, de nuestra construcción de los consensos. La renovación republicana. Los grandes conflictos se intentan sanar con una nueva Carta magna. La entendemos como la primera criatura que nace de las nuevas condiciones, de los nuevos tiempos. La nueva brújula social, la sistematización de los anhelos y esperanzas. Elemento central de la transición.

Las nuevas constituciones, son el marco de las transformaciones que necesitan los pueblos nuestramericanos. El camino hacia la justicia social. El primer resultado de la democracia participativa en construcción. De la erupción e irrupción de los nuevos sujetos sociales de las transformaciones e incluso de las revoluciones. Como expresión de una victoria en el marco de profundas confrontaciones, hasta ahora en paz, y en el camino de transformaciones profundas, Venezuela, Ecuador y Bolivia, levantaron la propuesta de una Asamblea Constituyente y en un franco proceso de debate político e ideológico están procesando su Ley de Leyes. Procesos constituyentes que permiten ordenar las tremendas confrontaciones previas, armonizar el futuro nacional, con la decisión del Soberano, en medio de contradicciones donde se expresan los privilegios y las injusticias que mueren y la democracia que se profundiza y la equidad a construir. Las nuevas Constituciones son el producto de confrontaciones sociales de gran envergadura. Se hacen en medio de la Batalla de ideas, de la toma de calles, de las rupturas históricas. Son desarrollos de la lucha del pueblo, de su participación sustantiva en el proceso constituyente, de la necesidad histórica de dejar sentados, detalladamente los derechos de los ciudadanos y los senderos de la justicia.

- La Vieja Constitución del 99 en Venezuela.

Venezuela ya transita por el noveno año de revolución y de nueva Constitución. Una Constitución , que ha permitido al gobierno y al pueblo venezolano, la recomposición del poder político, la emergencia de nuevos poderes económicos y el cumplimiento infatigable de la deuda social, en la búsqueda de la democracia participativa y protagónica que promueve ampliamente la Constitución de 1999. Las reformas que intentó el gobierno a esta Constitución en diciembre de 2007, no pasaron en un Referendo Nacional, donde la mitad de los votantes no quisieron la profundización política y social del proceso, postergando las reformas constitucionales. Sin embargo, la llamada oposición, que lidero el rechazó, confirmó la prevalencia de la más progresista y democrática Carta magna que hayan tenido jamás los venezolanos, recomponiendo un consenso, alrededor de su valía. El poder constituyente venezolano está en alza. La coyuntura que se abre luego de las elecciones estatales y municipales de fines de noviembre, pueden traer un nuevo escenario constituyente, una nueva empresa que ponga al día y de un nuevo marco, a la profundización del proceso político, social, cultural y económico que es la Revolución Bolivariana.La disputa en BoliviaBolivia a partir del ascenso al gobierno de la coalición que lidera el compañero Evo Morales, esta desarrollando un proceso de refundación de la nación, del Estado. Las mayorías bolivianas, compuesta por los campesinos e indígenas, los pobladores y trabajadores, los estudiantes, los mineros e intelectuales, avanzan en la concreción de una nueva Constitución, que responda a las transformaciones actuales y a las necesarias. En tumultuosas reuniones, enmarcados por una batalla en las calles y por los derechos de los pueblos, postergados por siglos, la Asamblea Constituyente aprobó un proyecto de Constitución, que quedo para ser refrendada o no por el pueblo en un referéndum. La oposición fascista de los Prefectos de la Media luna boliviana, le temen precisamente a esa nueva Ley de leyes, que fue aprobada por la Asamblea en angustiosas sesiones , asediadas por las hordas de los Partidos y estructuras paramilitares de los ahora llamados cívicos, que en su última acción asesinaron a 18 campesinos e indígenas, hiriendo a más de cien, al agredir una marcha que venía en apoyo al proceso de la llamada Revolución Democrática y Cultural. En estos momentos se está desarrollando una Mesa de diálogo, donde entre los puntos principales están la introducción de reformas al artículo de las Autonomías en la Nueva Constitución y la fijación de una fecha en este año para el llamado a referendo para la aprobación o no de la Carta. La oligarquía boliviana, con un historial racista y colonial, maneja aún muchos hilos del poder político regional, económico nacional y en las fuerzas militares. El pueblo boliviano está decidido a hacer valer sus conquistas democráticas. La ciudad de Santa Cruz está en estos momentos, cercada por una concentración popular indígena y campesina, hasta que la mesa de diálogo no de los resultados que ellos esperan. Bolivia esta en tiempos de definición.

- Un Ecuador en efervescencia.

Ecuador tiene este 28 de septiembre el referéndum, donde mas de de nueve millones de ecuatorianos y ecuatorianas votaran por la Nueva constitución de 444 artículos, producto de una asamblea Constituyente donde durante casi un año, deliberaron y consultaron con las organizaciones civiles de todo tipo. La Revolución Ciudadana que lidera el presidente Correa, generó el proceso, a partir de la aprobación por un 82% de la necesidad de la Asamblea constituyente. En la elección de los constituyentes, la Alianza País, que es la estructura política que sustenta el gobierno, alcanzó 80 de los 130 asambleístas, un mayoría suficiente. Ahora viene el referéndum. La oligarquía y sus medios de (in) comunicación, las jerarquías católicas y algunos sectores de la clase media son los que se oponen y trabajan por el NO. La Constitución a aprobar se centra en la participación democrática y eficaz de los ciudadanos; en el control social desde abajo, en la transparencia y fiscalización del poder publico. Toca todas las esferas de la vida, recalcando en el concepto central del "buen vivir" que en ultimas es el desarrollo de los derechos sociales, económicos y culturales. El trabajo por encima del capital, la naturaleza protegida, la soberanía nacional, alimentaria, económica. La independencia nacional efectiva, la obligación estatal de proveer condiciones para el florecimiento de un desarrollo nacional sustentable y sostenible. Una ruptura con el neoliberalismo y con los imperialismos. Con la exclusión y la sociedad de elites.La preponderancia del voto por el SI marca todas las encuestas. Aprobar la Constitución será un punto de partida, un escalón más en la toma de conciencia del pueblo ecuatoriano. El cambio de las estructuras de la injusticia es un proceso largo, lleno de confrontaciones con enemigos poderosos. Hacerlo en paz es la decisión, con los votos dice el Presidente Correa. La integración nuestramericana se nutre de estos procesos constituyentes y de la muerte, en estos casos paulatina, de los poderes constituidos. Ecuador, Bolivia y Venezuela marcan un camino, muestran una vía. Nuestros pueblos toman nota, recomponen sus fuerzas y proponen. Desde abajo y a la izquierda construimos el futuro.

Sentido común y buen sentido: si te golpeas la cabeza contra la pared, lo que se rompe es la cabeza

Por: Gary Younge (columnista de The Guardian)

Está el sentido común y está el buen sentido. El sentido común representa la sabiduría aceptada con los años y la opinión extendida del momento. Puede tener raíces en los hechos, la invención, el rumor o la realidad. Hay un plano en el que no importa. Mientras se sostiene de manera común, el sentido común, en lo esencial, se convierte en un dato de la vida.

El buen sentido, por otro lado, representa esas verdades perdurables y datos tozudos que sobreviven a su impopularidad. El hecho de que sea correcto no indica necesariamente que no sea marginal. Persiste por la sencilla razón de que las condiciones dominantes sostienen su pertinencia aún cuando la opinión dominante lo ignore.

Hay momentos en que coinciden y otros en que chocan. En momentos distintos en lugares distintos quemar brujas, defender que la tierra es plana, la eugenesia, la esclavitud, el fumar en los restaurantes y el castigo corporal en las escuelas formaba parte todo ello del sentido común. Pero nunca representó el buen sentido.

"El sentido común no es rígido y estacionario", escribió el marxista italiano Antonio Gramsci, que elaboró esa distinción en las cárceles de Mussolini. "Crea el folklore del futuro, una fase relativamente agarrotada del conocimiento popular en un tiempo y lugar determinados". El buen sentido, sostenía, se ocultaba a menudo en el sentido común, pero surgía primordialmente en tiempos de crisis y transformación.

Nos encontramos ahora mismo en una de esas crisis. Conforme se desploman los mercados, caen los bancos y se aterran los corredores de Bolsa, los principios nucleares que han sustentado la cultura económica y política durante una generación han quedado por completo desacreditados. Hace menos de un mes la invulnerabilidad e inviolabilidad del capitalismo global no regulado era de sentido común. El sistema que deja que la mitad del mundo viva con menos de un dólar diario, con gente tan depauperada que come pasteles de barro y vende a sus hijos como esclavos funcionaba aparentemente bien. Sugerir lo contrario era tachado de extremismo.

Pero esas ortodoxias se desploman aún más rápido que los mercados. A finales de la semana pasada, el Sectretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson, se arrodillaba literalmente ante Nancy Pelosi, portavoz demócrata de la Cámara, rogándole que salvara el acuerdo de rescate financiero. Después, George W. Bush avisó respecto al conjunto de la economía norteamericana: "Este pimpollo se nos puede ir". De repente, la intervención gubernamental en el mercado, refrenar los salarios de los ejecutivos y establecer controles del flujo de capital se convierten en buen sentido.

Si bien la gravedad de la crisis está clara, las perspectivas de transformación siguen siendo remotas. El hecho de que este desplome haya tenido lugar durante una elección presencia ha sido fortuito. Debería proporcionar a los candidatos la oportunidad de esbozar diferentes visiones respecto al modo en que enfrentarían la situación en un momento en el que la nación se centra atentamente en la política. Si alguna vez ha estado necesitado de liderazgo el país es ahora. Y aquí tenemos a dos hombres que se lo están disputando.

Sin embargo, la crisis financiera, en su mayor parte, ha hecho de la carrera presidencial algo menos y no más relevante. La crisis crediticia y las elecciones se suceden como si transcurrieran en una pantalla dividida en dos. Existe una conexión entre ambas: Barack Obama ha vuelto a irrumpir con fuerza como resultado de que la atención de la gente se ha reorientado de la barra de labios y el cerdo (1) a las hipotecas, las pensiones de jubilación y el empleo. Pero no se trata de algo substancial. Puesto que, aunque la crisis haya cambiado las conversaciones electorales, nadie busca en ellas nuevas ideas, y no digamos ya una solución.

La noción de que pudiera haber alternativas al capitalismo rapaz ha sido proscrita de la plaza pública. Ese discurso limitado nos deja opciones limitadas. Quienes pretendían que el problema era el gobierno ahora lo contemplan no ya como última sino como única solución. El buen sentido exige una reconsideración concienzuda de un sistema que se encuentra en estado de desmoronamiento; el sentido común exige que lo subvencionemos a perpetuidad por miedo a que se hunda. Esto suena a sinsentido.

"Si te golpeas la cabeza contra la pared," escribió en cierta ocasión Gramsci, "lo que se rompe es la cabeza, no la pared". Ahora mismo, la ciudadanía norteamericana tiene un terrible dolor de cabeza y no parece que esta carrera presidencial vaya a curárselo.

Para que estas elecciones tengan algún sentido en esta coyuntura, hay que poner en tela de juicio los supuestos de los últimos 30 años que han llevado a Norteamérica hasta aquí. Son supuestos que han sido promovidos de forma agresiva por los republicanos en general y por George Bush en particular. Pero para que ganaran peso tuvieron que ser primero admitidos y luego adoptados por los demócratas. El resultado es que una Norteamérica que se ve a sí misma arraigada en una superioridad militar y un poderío económico sin rivales se levanta ahora en cabal contradicción sobre una realidad más de relumbrón y hecha jirones. Añádase la crisis del crédito a la derrota en Irak y los problemas en Afganistán, y lo que queda es una nación de subprime, que abarca demasiado militar y económicamente, mientras vive a lo grande por encima de sus medios.

Será tarea de quien gane el 4 de noviembre gestionar el declive del estatus y poder norteamericano, y el consiguiente deterioro aun mayor del nivel de vida de los norteamericanos. Este proceso será doloroso y podría prolongarse. Poco ha de extrañar que nadie quiera, por tanto, hablar de ello. En su lugar se sigue hablando de Norteamérica como refulgente ciudad de la colina, sin caer en la cuenta de que la ciudad a la que se refieren anda en bancarrota y están a punto de cortarle la luz.

Quedó claro tras el debate del viernes (26 de septiembre) por la noche que ni John McCain ni Obama saben verdaderamente qué hacer. Lo poco a lo que se comprometerán se refiere a cosas en las que están de acuerdo. Ambos están a merced de los acontecimientos y del mercado.

Eso no significa que sea irrelevante quién venza. La diferencia entre ellos en torno a esta cuestión puede ser marginal, pero por ahora se trata de los márgenes entre los que vivimos y en los que muchos tendrán que sobrevivir. En 1932, en medio de la Depresión, muchos comentaristas lamentaron la ausencia de diferenciación entre Herbert Hoover y Franklin Roosevelt. Un humorista escribió un mordaz artículo sobre un imaginario combate entre Franklin Hoover y Herbert Roosevelt. "Considerando los acontecimientos posteriores, los discursos de la campaña a menudo se leen como una gigantesca serie de erratas, en la que Roosevelt y Hoover pronuncian los párrafos que corresponden al otro", escribió el presidente de la Reserva Federal, Marriner Eccles. Cualquier leve diferencia que existiera retóricamente demostraría ser enorme en la realidad durante un período vital. Tiene tanto sentido elegir a McCain como lo habría tenido reelegir a Hoover.

La respuesta de McCain ante las arcas del gobierno vaciadas por los planes de rescate financiero no estriba en cancelar los recortes de impuestos sino en congelar el gasto en todos los órdenes, salvo en lo tocante a la defensa, los veteranos y los derechos adquiridos, un complejo militar-financiero. Obama has admitido que habrá que recortar sus planes para ampliar el acceso a la atención sanitaria y la educación, y en favor de la independencia energética norteamericana. Finalmente, la clase política norteamericana se ha adherido a un orden del día redistributivo. El problema es que está a punto de desviar los dineros
públicos de los pobres a los banqueros y financieros.

"Los capitalistas pueden salir a flote de cualquier crisis mientras sean los trabajadores los que paguen", dijo Lenin. Rara vez se juzga de sentido común citarle entre gente civilizada. Sin embargo, como descripción de lo que está sucediendo ahora mismo, es lo más sensato que he oído en mucho tiempo.

Fuente: The Guardian (sinpermiso.info).

lunes, 6 de octubre de 2008

Necesitamos Estados fuertes

Por: Ricardo Lagos

Frente a la enorme crisis financiera generada desde Estados Unidos emergen dos preguntas ineludibles, repetidas en muy diversos idiomas: ¿cómo se llegó a esto?, ¿cómo se sale de ello?

Mientras se construyen las respuestas, toma forma lo que nadie creyó posible: el Gobierno norteamericano, con dinero de todos los contribuyentes, busca "comprar" los créditos otorgados con irresponsable riesgo por las instituciones financieras. La operación salvamento, con sus 700.000 millones de dólares, conlleva una dimensión de dudosa ética, pero también de fuerte enseñanza política. El mercado no fue capaz de autorregularse y los que debían regularlo no hicieron la tarea. Mientras tanto, en la sociedad hay desconfianza y miedo.

Lo que tenemos al frente es el desequilibrio de un triángulo llamado a ser virtuoso: aquel donde Estado, Mercado y Sociedad se convierten en soporte de una gobernabilidad sólida cuando los tres polos marchan con dinámicas fuertes y con interacciones responsables. Esta crisis emerge de instituciones estatales que se replegaron al rincón de las normas antiguas, que dejaron desbordarse las "inventivas financieras" acunadas en un neoliberalismo desatado y alentaron un consumismo engañoso en la sociedad.

Todo se vino abajo y, como sabemos, instituciones financieras de mucho nombre, con altos reconocimientos por parte de las calificadoras de riesgo, han declarado la quiebra o están siendo rescatadas en una inconmensurable danza de millones de dólares. Por cierto, esas clasificadoras de riesgo —que no se crearon en Bretton Woods ni en ningún otro acuerdo internacional, pero son tan determinantes para la marcha económica de países como los nuestros— clasificaban con Triple A a entidades que dos o tres días después estaban en la quiebra. ¿A quién rinden cuenta de sus errores? ¿Cómo responden a los inversionistas que siguieron sus pautas?

Vale la pena recordar en dos palabras cómo hemos llegado a esto. Todo comenzó por otorgar hipotecas secundarias a los propietarios de vivienda. La garantía de una casa —con valor superior a la totalidad del crédito otorgado— suponía ser un préstamo muy seguro. Los bancos luego descubren que pueden armar un gran paquete con estos y otros créditos y "venderlos" a otros bancos o agencias financieras, todos catalogados como "muy seguros".

Los entendidos venían hace tiempo hablando de la burbuja "inmobiliaria", de viviendas con un valor por encima de su relación con el mundo real. Veían más especulación que economía sólida. ¿No se debería regular esto?, preguntaban algunos. No, el mercado se autorregula, decían las autoridades, con un ideologismo extremo. Hoy, la conclusión es evidente: nunca el mercado puede ser el amo, éste será más sano cuando funcione bajo las políticas decididas por los ciudadanos y sus representantes.

Ya en la reunión del Grupo de los Ocho, en julio de 2007, la canciller Angela Merkel y el presidente Nicolas Sarkozy levantaron duras objeciones a la forma cómo se estaba desplegando un modelo capitalista donde los excesos y los riesgos eran crecientes. Pidieron a los mandatarios de Estados Unidos, Reino Unido y Japón que tomaran medidas, pero nada se hizo.

Ahora, en la hora de la crisis, también se ve mucha improvisación. ¿Por qué se "salva" a aquellos que más arriesgaron y cuyairresponsabilidad está trayendo consecuencias catastróficas?, pregunta más de un analista. No hay respuestas contundentes. Sólo sabemos que se habla de empresas "nacionalizadas", donde el Gobierno entra despidiendo y cortando cabezas tras colocar inmensas cantidades de dinero de origen público.

En el pasado aquello también ocurrió en algunos países de América Latina, incluido Chile, en 1982. Ahora, ante este descalabro, uno comparte lo dicho por un analista financiero en un periódico de Nueva York: si una actividad es tan importante que justifica la intervención del Gobierno para evitar su insolvencia, ello significa que esa actividad debió estar siempre regulada.

Como bien dijo el presidente Lula en Naciones Unidas, citando a un maestro de todos, al economista Celso Furtado, "no podemos permitir que las ganancias de los especuladores sean privatizadas, mientras sus pérdidas son invariablemente socializadas".

En tanto se prepara "la nueva legislación", que inevitablemente significa intervenir el mercado y poner más dinero público, surgen dos grandes ironías:

a) La culminación de la ideología neoliberal, tan determinada por su afán de disminuir el Estado y dejar al Mercado a su propia danza de ajustes, está terminando con la más grande intervención gubernamental que se conoce en el sistema financiero de Estados Unidos, ello medido por la cantidad de dólares que ha costado. Cuando suenan todas las sirenas de emergencia, está claro que el mercado no supo como "autorregularse".

b) La otra ironía es que esto ocurre en el país percibido como el más grande mercado financiero y para muchos, el más serio. Cuesta imaginar adónde habrían llegado las cosas si esta debacle se hubiera iniciado en América Latina. ¿Cuántos estarían hoy dándonos lecciones? ¿Cuántas misiones habrían llegado a enseñarnos lo que se debe hacer?

Por eso hemos recibido con satisfacción las palabras dichas por el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. A su juicio, Brasil y Chile son modelos de economía de mercado donde el Estado juega un papel importante. "Son países que no han caído en la trampa de aceptar el ataque al Estado y a lo público, de santificar la desregulación; países que se mantienen firmes", ha manifestado.

La verdad es que en el ámbito iberoamericano hemos venido caminando con mejor perspectiva. En la última Cumbre Iberoamericana, realizada en noviembre pasado en Santiago de Chile, convocada para levantar como referente común la búsqueda de la cohesión social, el primer punto rescata aquella trilogía virtuosa de la que antes hablábamos. Allí se señaló como primera meta: "Asegurar un crecimiento económico perdurable que garantice el desarrollo humano sostenible y la capacidad del Estado para implementar políticas y programas con ese fin".

En otras palabras, países como los nuestros requieren en el siglo XXI de un Estado fuerte y con capacidad de impulsar políticas y programas que respondan a las exigencias de sociedades desafiadas por la modernidad, a la vez que generen las condiciones para un despliegue sano e innovador de la economía. Es decir, un Mercado orientado al crecimiento económico persistente y con reglas claras. Y, por cierto, una Sociedad donde el desarrollo humano garantice las aspiraciones de los ciudadanos y sus afanes por tener una mejor calidad de vida.

Si alguna lección podemos sacar desde el sur frente a esta crisis financiera, la mayor desde 1929, es reforzar la convicción en el camino por el cual queremos avanzar. Tenemos un plan de trabajo mayor, tenemos en esa trilogía —Estado, Mercado, Sociedad— el referente desde el cual abordar los desafíos del futuro.

Desde allí podremos prevenir las crisis como la que ahora estamos viviendo. Desde allí podremos encontrar las soluciones cuando las perturbaciones asomen por el horizonte.

Fuente: El País (España)

Esta forma de enfrentarse al problema, realmente, apesta

Por: Amy Goodman y Juan González, entrevista a Joseph Stiglitz

Bienvenido a Democracy Now!, Professor Stiglitz.

Encantado de estar aquí.

¿Qué piensa de la aprobación del rescate por parte del Senado?

Creo que sigue siendo una ley muy mala. Es una decepción, pero no una sorpresa, que la Admimnistración venga ahora con una ley que sigue basándose en la teoría económica del derrame o del goteo de la riqueza de arriba abajo. La idea es que si viertes dinero bastante en Wall Street, una parte de él se derrama hacia abajo y llega a la economía. Es como un paciente con hemorragia interna sometido a transfusión masiva de sangre; no sirve de nada, y en nada toca a la causa que ha generado la hemorragia, que es el problema de base. Dicho esto, es mejor que no hacer nada, y hay que esperar que, tras las elecciones, podremos enmendar los muchos yerros del plan.

Debo decir, sin embargo, que esta forma de enfrentarse al problema realmente apesta. Añadieron –ya sabe que el coste inicial prevista era ya de 700 mil millones de dólares—, añadieron otros 150 mil millones en beneficios fiscales. Algunos de ellos resultan, de hecho, bastante, bastante, asombrosos: crédito fiscal para las empresas norteamericanas en Samoa, un 50% de crédito fiscal para algunos gastos o para el mantenimiento de vías ferroviarias, el ofrecimiento de siete años de recuperación para los propietarios del mundo de las carreras de automóviles… Y la lista sigue. Lo que han hecho ha sido, básicamente, proceder por la inveterada vía del soborno y la corrupción. Yo hice en su día el chiste de que lo que querían inicialmente era organizar una subasta invertida para vender los activos dañados; y ahora lo que han hecho es una subasta invertida para comprar congresistas, y han terminado por poner en el plan todo lo necesario para conseguir la adhesión de los congresistas a una medida legislativa que, en lo fundamental, anda errada.

Bueno, señor Stglitz, usted está ahora mismo hablándonos desde Europa. Y en Europa los gobiernos han optado por una vía muy distinta para enfrentarse a la crisis bancaria. ¿O no han nacionalizado esta semana pasada algunos de los mayores bancos, haciéndose así tanto con la deuda tóxica como con la deuda sana de esos bancos? Parece una vía distinta de la que se ha emprendido aquí, en donde, aparentemente, el Congreso se queda con toda la deuda tóxica, dejando en manos privadas la buena.

Así es; lleva usted razón. (…). El plan de Paulson es un rescate no-transparente de Wall Street, conforme al cual les sacamos de las manos la patata caliente de los malos activos y les dejamos con los activos buenos. Es complejo, porque estamos hablando de miles, de centenares de miles de activos, y el gobierno no está en una buena posición para hacer eso.

El modelo alternativo es un modelo probado. Funcionó en Suecia, en Noruega. No sé por qué no siguieron ese modelo, a todas luces mejor. Y hay versiones que no llegan a la nacionalización completa. A veces me refiero a eso como al modelo Buffett. Buffett puso dinero en Goldman Sachs, y a cambio, se quedó con acciones preferenciales y con garantías, de modo que obtuvo, a la vez, protección por abajo y participación por arriba. Eso habría sido mucho mejor que la revigorización de nuestros bancos, y habría servido para proteger al contribuyente norteamericano.

Me parece que el problema fundamental es que Paulson todavía no ha entendido que los bancos hicieron pésimos préstamos. Prestaron sobre la base de precios de activos hinchados por la burbuja inmobiliaria. Esa burbuja ha estallado. Algunos de esos préstamos no serán devueltos, o sólo lo serán en parte. Hay un agujero en la balanza contable, y eso ha de subsanarse. Lo tienen que hacer; y este plan no lo hará, a menos que proceda, subrepticiamente, a adquirir esos valores pagando un sobreprecio. (…)

Fuente: www.sinpermiso.info

domingo, 5 de octubre de 2008

"Dios es brasileño"

Lula recoge los frutos de las políticas de Estado aplicadas en Brasil

Por: JORGE MARIRRODRIGA

Al presidente de Brasil le gusta decir que "Dios es brasileño". Y quienes le han escuchado estos días durante la campaña de las elecciones municipales, que se celebran hoy, comienzan a preguntarse hasta qué punto Luiz Inácio Lula da Silva habla en broma o lo piensa en serio. Porque lo cierto es que el gigante suramericano, eternamente a punto de despegar, parece haber levantado definitivamente el vuelo. Y no sólo en términos económicos o de estabilidad política. Brasil ha asumido la responsabilidad de ejercer activamente el liderazgo regional, llevando a la práctica una doctrina manejada por todos los Gobiernos del país, según la cual Suramérica es el área de influencia estratégica de este país.

Viendo la trayectoria de Brasil en los últimos años, pocos recuerdan que apenas en 2002, cuando Lula estaba a punto de llegar a la presidencia del país a la cabeza del Partido de los Trabajadores (PT), el ex sindicalista pasó las últimas semanas de su campaña electoral tranquilizando a los mercados financieros y asegurando que Brasil cambiaría, pero que las reglas del juego serían respetadas. Lula demostró que en Brasil existe una realidad rara en Latinoamérica: las políticas de Estado. Y es que el presidente más popular del continente -el próximo 13 de octubre recibirá en Toledo el Premio Don Quijote-, que lidera una idea de izquierda alejada del populismo, está recogiendo los frutos sembrados por él mismo. Pero, además, ha asistido a la culminación de grandes proyectos iniciados por sus predecesores.

Brasil se siente fuerte y sus vecinos confían en él. Un ejemplo. La imagen registrada hace dos semanas del presidente boliviano, Evo Morales, sentado a la misma mesa de negociación junto a dirigentes regionales que niegan su autoridad y lideran un conflicto que amenaza con convertirse en una guerra civil, sólo es explicable por la intervención directa del presidente brasileño y su Ministerio de Exteriores.

Otro dato. Esta misma semana, Lula ha convertido a la ciudad de Manaos en el epicentro de la futura red de comunicaciones transamericana. En el mapa, Manaos se encuentra literalmente sepultada por la selva amazónica, pero el proyecto brasileño no ha sido recibido ni con una sombra de escepticismo entre sus vecinos, como hubiera pasado hace pocos años. Las propuestas brasileñas ya no provocan un levantamiento de ceja irónico entre los diplomáticos vecinos, especialmente los del sur.

Pero la excelente imagen internacional del presidente -bastante mejor que en el interior de su país, como suele suceder- no basta para justificar este momento dulce brasileño. Con una economía que actúa como un gran aspirador, Brasil se lleva 90 de cada 100 de los dólares que llegan a Suramérica en forma de inversión extranjera. Sus 180 millones de habitantes y una seguridad jurídica sólo igualada por Chile en la zona, convierten al país en uno de los mercados más atractivos del mundo. Desde hace décadas, comenzó a investigar con los biocombustibles. Hoy es el mayor productor del mundo de etanol y prácticamente todo su parque automovilístico funciona en mayor o menor medida con combustibles no derivados del petróleo. Estados Unidos no ha dudado -o no ha tenido más remedio- en buscar a Lula como aliado para introducir los biocombustibles a escala mundial y el brasileño ha aceptado la invitación, consciente de que la energía le permitirá aumentar de manera decisiva la influencia de su país en el continente.

A pesar de venir de una izquierda combativa como es el sindicalismo brasileño, Lula -al contrario de lo que hacen muchos de los presidentes suramericanos- no hace distinciones a priori entre amigos y enemigos. Este presidente, que no habla más que portugués, tiene una buena relación con mandatarios de todo el espectro político, desde George W. Bush a Hugo Chávez. Y al mismo tiempo Brasil se expresa con toda dureza cuando lo estima necesario. Igual lanza advertencias a Venezuela sobre su papel en Bolivia, o aplica medidas de estricta reciprocidad en el trato a ciudadanos de países como España, Canadá y Estados Unidos. En las fronteras brasileñas todos los ciudadanos estadounidenses deben someterse al mismo proceso -preguntas, huellas dactilares electrónicas, fotos y pago de tasas- al que los brasileños son sometidos cuando llegan a EE UU.

Lula ha continuado y dado nuevos argumentos a una tarea emprendida por sus predecesores y que es fundamental para hacerse con el liderazgo regional. Brasil capitanea la alternativa más seria y viable al proyecto estadounidense que cree en un área de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego. Evitando la tentación de recurrir sólo a la ideología, el presidente brasileño ha puesto sobre la mesa cifras, fechas y resultados para defender que esa fusión se produzca por bloques: uno de los más grandes, el Mercosur, está liderado por Brasil. Y cuando es necesario adopta buenas ideas ajenas que terminarán apareciendo como suyas. Así, esta semana Lula ha dado el visto bueno a la creación del Banco del Sur, una idea de Hugo Chávez, a la que el brasileño ha restado toda carga antiestadounidense.

La diferencia fundamental entre Brasil y sus vecinos es que el primero ve la jugada de lejos. Lula ya ha salido al paso de un nuevo movimiento estadounidense que si bien no produce preocupación desde un punto de vista práctico, sí lo es en cuanto simboliza. Washington ha decidido reactivar su IV Flota que tiene base en Florida, pero será destinada a patrullar las aguas del Atlántico Sur. Unas aguas en las que precisamente Brasil ha descubierto reservas de petróleo que se suponen entre las mayores del mundo. "Estamos preocupados", ha reconocido el mandatario brasileño ante la prensa local. Para Brasil, el Atlántico Sur se ha convertido en un área de interés estratégico y sólo está dispuesto a compartirlo con Suráfrica, país con el que ha estrechado relaciones político económicas de forma exponencial en los últimos años y a resignarse a la cada vez más importante presencia británica en una extensa zona en torno a las Malvinas.

Brasil tiene buena imagen y Lula sabe aprovecharlo. Fajado en décadas de discusiones políticas y en su segundo y último mandato, el inquilino del palacio de Planalto ha aprendido a torear con las cuestiones espinosas. "¿La crisis? Pregúntele a Bush. La crisis no es mía", responde cuando se le interpela.
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Fuente: El País (España)

viernes, 3 de octubre de 2008

El Putin de Arabia

Por: Mai Yamani

Casi sin que nadie se dé cuenta, Rusia está recuperando gran parte de la influencia que perdió en el Medio Oriente tras la caída de la Unión Soviética. Desde que Rusia invadió Georgia en agosto, en la televisión por satélite y los sitios Web árabes proliferan las discusiones sobre el papel de la religión en una “nueva Guerra Fría”. ¿En verdad ha vuelto el patrocinador de los árabes durante la Guerra Fría? Y de ser así, ¿qué significa eso para la paz en la región?

Con la caída de la URSS terminó también la ideología comunista, que los musulmanes creen que contradice su fe. El comunismo nunca evitó que los regímenes árabes que se oponían a los Estados Unidos aceptaran armas de los rusos de la era soviética, pero sí impidió que los rusos obtuvieran la clase de influencia profunda que Estados Unidos había conseguido sobre sus aliados regionales. Ahora, incluso los islamistas ven con buenos ojos el regreso de Rusia como actor regional a fin de fortalecer su lucha contra la hegemonía estadounidense y curiosamente se olvidan de la brutal represión rusa contra los musulmanes chechenos en los años noventa.

Esta es una inversión total del patrón que prevalecía en los años cincuenta. En ese entonces, los Estados Unidos apoyaron al Islam como un baluarte contra el comunismo. Sus aliados en el Medio Oriente, sobre todo Arabia Saudita, justificaban la influencia de Estados Unidos basándose en que los estadounidenses eran cristianos y, por lo tanto, parte de Ahl el-Kitab (los Pueblos del Libro). A los soviéticos se les atacaba continuamente como enemigos peligrosos de Dios.

Actualmente, el poder estadounidense en el Medio Oriente está en su nadir histórico, y Rusia busca llenar el vacío. Incluso los aliados más cercanos de Estados Unidos –Arabia Saudita, Egipto e Israel—son vulnerables ante la expansión agresiva de las “fuerzas radicales” representadas por Irán, Hamas, Hezbollá, Siria y la resistencia iraquí. En la atmósfera reinante de desorden y confusión, los islamistas radicales acusan a los estadounidenses de ser cruzados bárbaros que han sustituido a los comunistas como enemigos del Islam. En efecto, para la mayoría conservadora de la región, los Estados Unidos, con su cultura pop y su democracia liberal, son un aliado mucho más problemático que los rusos autocráticos y amantes de la riqueza.

Los avances rusos en la región comenzaron con la visita de Estado del ex Presidente Vladimir Putin a Irán en octubre de 2007 –la primera visita de un líder ruso desde el viaje de Stalin a Teherán en 1943. Rusia, por supuesto, ayudó a Irán a poner en marcha su programa nuclear y a menudo ha defendido al régimen iraní contra sanciones más severas de las Naciones Unidas.

Rusia ve sus relaciones con Irán como un medio de potenciar su influencia diplomática en el Medio Oriente, donde los Estados Unidos han buscado (con éxito) marginar al Kremlin desde el final de la Guerra Fría. El otro objetivo de Rusia ha sido eximir de las sanciones de las Naciones Unidas al reactor de Bushehr que está construyendo para Irán. Un conjunto de sanciones financieras respaldado por la ONU amenazaría las ganancias que obtendría Rusia por el suministro de combustible nuclear para el reactor, que empezará a funcionar dentro de poco.

En efecto, por primera vez en la historia de la presencia de Rusia en el Medio Oriente, puede contar con aliados locales verdaderamente poderosos. La Unión Soviética perdió Egipto en 1972 y sus bases navales en Siria fueron abandonadas en 1989. Ahora, Rusia ha firmado acuerdos estratégicos con Irán y está reconstruyendo las bases en Siria en respuesta a un llamado del Presidente Bashar Al-Assad (quien visitó Moscú en un descarado intento para obtener apoyo del Kremlin inmediatamente después de que terminara la guerra en Georgia).

El régimen de Irán está ansioso por publicar sus relaciones con Rusia y por hacer concesiones a los rusos a fin de encarar la amenaza estadounidense e israelí y de ganar más tiempo para su programa nuclear. Hamas también está orgullosa de sus vínculos con Rusia, tan es así que fue uno de los únicos tres regímenes del mundo que reconocieron la independencia de Abjazia y Osetia del Sur, las regiones a las que Rusia ha ayudado a separarse de Georgia.

En respuesta a las políticas fallidas de Estados Unidos en el Medio Oriente, ya sea en Iraq, Irán, Siria, Líbano o Palestina, Rusia parece estar utilizando su riqueza petrolera a fin de formar un nuevo bloque para contrarrestar la presencia estadounidense. Incluso en Iraq, Rusia está haciendo avances. Ha cancelado alrededor de 12 mil millones de dólares de deuda contraída en tiempos de Saddam y está presionando para crear un oleoducto Iraq-Siria que fortalecería sus proyectos de controlar la mayoría del transporte de petróleo y gas. Rusia también está dispuesta a suministrar armas más desarrolladas a Siria e Irán.

A corto plazo, con los altos precios del petróleo Rusia no tiene nada que perder, pero a largo plazo su política es doblemente equivocada. Un Irán con armas nucleares a sus puertas no favorece los intereses nacionales de Rusia, sobre todo dada la creciente radicalización de sus 20 millones de ciudadanos musulmanes –la única parte de su población que está creciendo. En efecto, Irán apoyó firmemente a los separatistas chechenos que Rusia combatió durante casi una década.

Puesto que los musulmanes serán un factor más importante en la política interna de Rusia en las próximas décadas, sería aconsejable que se interesara en los asuntos del Medio Oriente. Pero fortalecer a los elementos más radicales de la región únicamente les dará los medios para poder algún día prestar atención a los musulmanes “oprimidos” de Rusia.

Fuente: www.project-syndicate.org